SER CONFIABLES

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Pienso, digo y hago en el mismo sentido, convierto en acciones lo que creo,  cumplo lo que digo, me responsabilizo de lo que digo. No es posible que piense una cosa, diga otra y haga otra diferente.
Aplicar el principio de congruencia en nuestras vidas nos libera de contradicciones. Si nos permitimos actuar coherentemente, brindar confianza, sostener nuestra palabra,  nos convertimos en  personas  confiables.
De qué forma el ser humano vive tan disociado de sí mismo que puede funcionar en canales tan diferentes y muchas veces contradictorios?
Existe una conciencia interior que nos obliga a actuar conforme a nosotros mismos?

Cuando a un hombre le preguntas si se considera una buena persona  te va a contestar que sí, y continúas preguntando, de que manera aplica su amor al prójimo? si pone en práctica valores de convivencia? lo más seguro es que va responder que sí. Pero si observas atentamente el comportamiento de este sujeto podremos darnos cuenta de que miente con frecuencia, promete y no cumple, difama a otras personas pues habla mal de ellas sin que tenga pruebas, dice ser una buena persona que a nadie daña, pero se estaciona enfrente de la cochera del vecino y le obstruye la entrada, cuando maneja jamás cede el paso y si se puede meter en la fila antes de los que están formados lo hará sin mayor remilgo. Si en determinado momento confrontaras a la persona con todas estas acciones lo que te va a contestar es que así son todas las demás personas.

  Los medios de comunicación de manera contundente proponen; que para darnos un valor a nosotros y  a nuestro país tenemos que erradicar actitudes que nos degradan tales como:  dar mordidas, llegar tarde, no tener palabra ,ser incumplidos, romper las reglas, ser flojos, no tomarnos en serio lo que es importante, y en una palabra yo propondría ser congruentes.

Ciertamente la mayoría de la gente aplica aquello de que ‘”donde quiera que fueres has lo que vieres” y no reflexiona de donde salió tal o cual comportamiento, simplemente igual que el vecino, mi familia y hasta en la telenovela tomo mi ejemplo de conducta.

Necesito estar verdaderamente conectado conmigo mismo, con los valores que defiendo, con mis propósitos de vida, para comportarme coherentemente y dejar de hacer todo en automático, copiar lo que los demás hacer o bien ser reactivo, -como me haces te hago-, ser yo mismo desde lo que soy, grande o pequeño como yo    me defino, desde donde yo mismo me coloco y desde ahí hacerme responsable de todo lo que digo, y de todo lo que hago, revisando cuando algo no checa, de donde salió? De mis creencias, de mi cabeza obvio, pero quizá ni sabía que ahí estaba ahora que lo pienso.

Nosotros los dizque españoles modernos seguimos practicando una cultura patriarcal, violenta, incongruente y fraticida.  Observemos como nos  comportamos y como vivimos: llenos de complejos, de traumas, de prejuicios, mintiéndonos, robándonos, humillándonos, aprovechándonos de los más  débiles devaluando a los que logran superarse, burlándonos de las leyes. Cómo podemos evolucionar a relaciones más justas, a sociedades más humanas si arrastramos la abominable historia de nuestra colonización pero la ceñimos a una visión acomodaticia de los hechos que nos conformaron, esto es: confirmamos lo que actualmente somos justificados por el pasado.

Samuel Ramos (1951) En su ensayo “en torno a las ideas del mexicano” habla de un complejo de inferioridad que se traduce en “una susceptibilidad extraordinaria a la crítica mantenida a raya anticipándose a esgrimir la maledicencia contra el prójimo. Por la misma razón la autocrítica queda paralizada. Necesita convencerse que los otros son inferiores a él. No admite por tanto, superioridad ninguna y no conoce la veneración, el respeto, la disciplina. Es ingenioso para desvalorar al prójimo hasta el aniquilamiento.”

Para que yo pueda evolucionar, debo revisarme, darme cuenta en que estoy fallando e intentar corregir mis errores, tener el valor de reconocerme en mis acciones, dirigirlas y  transformarlas responsablemente.

A los hijos se les enseña con el ejemplo y cuando empiezan a elaborar un criterio propio, serán los primeros en cuestionarnos al respecto. Y no se vale responderles pues así es porque lo digo yo, o porque soy tu padre o madre. O porque así se ha practicado desde siempre. Dejamos de ser sus héroes y caemos al suelo hechos  añicos porque ahora nos ven tal como somos no es  de extrañar entonces que ahora nos falten al respeto, se burlen, nos griten y  dejen de  obedecer  pues no tenemos autoridad moral para corregirlos.

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