ENCARIÑARSE ES APEGARSE

 

 

handsclippedDaniel Goleman en su libro emociones destructivas menciona la especificación que hace el Dalai Lama acerca de los tres venenos, y señalando al apego como uno de ellos. Sin embargo el apego es innato a la especie humana, cabe preguntarse entonces ¿en que momentos se vuelve perjudicial?
Se entiende como apego al tipo de lazo emocional y afectivo que surge entre dos individuos y que genera la voluntad de permanecer en la cercanía o en contacto con el otro, de preferencia física.

El apego es parte de estar vivos, sentirnos unidos a los demás nos genera bienestar, confianza, tranquilidad, sentido de pertenencia.

La mayoría de seres que estamos en esta tierra vamos por la vida buscando ser vistos y escuchados, esto es sentirnos vivos en presencia de alguien, tenemos relaciones afectivas con la pareja, los hijos, los amigos, conocidos y muchas más personas de nuestro entorno porque mediante estas se producen intercambios generadores de bienestar emocional.
En su gran mayoría de relaciones hay apegos, y nos apegamos más con quien hay lazos sanguíneos, atracción física, intereses en común, con quien nos quiere como a nosotros nos gusta o es como lo hicieron nuestros padres cuando éramos muy pequeños, y mucho mejor con aquellos que está dispuestos a darnos su tiempo, su espacio, su escucha y sus palabras.
Son en muchos casos nuestro estilo de apego el que definen a quien elegir, con quien estar y a veces lo que se deba soportar, subyacen en nuestras memorias de las formas de relacionarnos con los demás conforme a la respuesta a nuestras demandas de atención recibida por quien nos cuidó en la infancia.
El psiquiatra y psicoanalista John Bowlby (1907 – 1990) creía que las causas del estado de salud mental y los problemas de comportamiento podían atribuirse a la primera infancia. De hecho, La teoría del apego de John Bowlby enuncia que venimos pre-programados biológicamente para construir vínculos con los demás y estos nos ayudan a sobrevivir
El apego infantil es el vínculo emocional específico que adquiere el infante con la madre o con su cuidador primario. Proviene de sentirse protegido, respaldado y aceptado incondicionalmente.
El bebé desde su nacimiento está capacitado para utilizar una serie de técnicas que le harán captar la atención de los padres: llanto, balbuceo, succión, sonrisas. Algo propio de los mamíferos. Ante estos estímulos los cuidadores han de estar pendientes y responder a sus demandas, para que el bebé sienta el vínculo afectivo, que le proporcionará un apego seguro.

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Es así como se instala una relación sólida con el cuidador primario cuando le proporciona al bebé seguridad y estabilidad emocional. Al implante de apego seguro en el niño, este mismo al ir crecer lo irá transformando en habilidades psicológicas y sociales.
Este sistema es generador de cuidados, por eso las figuras que lo representan son los cuidadores, los cuales representan los cimientos de lo que Bowlby llamó la “base segura”.
Bowlby propone cuatro categorías
A. Apego seguro ; prevalece una idea positiva de uno mismo y de los demás
B. Apego evitativo: hay una idea positiva de uno mismo pero negativa hacia los demás
C. Apego ambivalente ; hay una idea negativa de uno mismo y positiva de los demás
D. Apego desorganizado: existe una idea negativa de uno mismo y de los demás.

Lo que nos pasa ahora de adultos tiene que ver con la forma de responder a nuestras demandas de atención de quien nos cuidó durante nuestra infancia. Amamos y queremos siguiendo un modelo de apego, nos relacionamos con nosotros, con los demás y con el mundo exterior a partir del sistema de apego que desarrollamos.
“Quienes sufren la separación o alejamiento de una forma catastrófica, quienes ante la amenaza de perder al amor de su vida optan por doblegarse y sufrir humillaciones, quienes prefieren dar el primer paso para separarse a permitir que los abandonen, quienes ante la muerte de un ser querido pierden su sentido de vida. Quienes mueren al poco tiempo de perder a la persona con mayor convivencia, o ante la pérdida de un empleo, de su salud, de sus pertenencias entablan un sufrimiento crónico son solo algunos ejemplos de personas cuyo sistema de apego no resulta adecuado para sentirse completos aun estando solos”

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Es a partir de esta teoría que podemos explicar nuestra tendencia a establecer vínculos fuertes, selectivos y duraderos entre sí cuando se instaló un apego seguro. Esto nos da la pauta para entender porque hay gente demasiado desconfiada, celosa, controladora y dependiente cuando hay apego desorganizado. O si hay un apego evitativo identificamos actitudes evasivas y la discapacidad de algunas personas para permanecer en una relación o alejarse ante las primeras dificultades.
Observamos cómo la amenaza de ruptura resulta catastrófica cuando tenemos un apego ambivalente.
Salir al mundo, dejar el hogar, alejarnos de nuestros padres, de la familia requiere una gran dosis de apego seguro, el prescindir de la base segura para arriesgarnos nos convierte en personas autosuficientes e independientes que estamos dispuestas a continuar aprendiendo y adquiriendo las herramientas internas necesarias que nos hagan desarrollarnos como adultos competentes. Dependiendo de cómo sea nuestro estilo de apego, podremos enfrentarnos al mundo y a la exploración de lo que nos interesa de una forma u otra. Con angustia, con miedo, con necesidad y ansiedad, con dificultad, o por lo contrario, con interés, valentía, ilusión y viendo las adversidades como retos que nos hagan crecer y avanzar.

La mayoría de nuestras experiencias con nuestro entorno y nuestras interrelaciones personales a lo largo de nuestro ciclo vital, y sobre todo en la infancia, quedan registradas en el inconsciente influyendo en nuestra manera de vincularnos y ofrecer respuestas interpersonales futuras.
El principio de sanar se inicia cuando aceptamos que algo anda mal, cuando identificamos de donde proviene, cuando estamos dispuestos a modificar lo que nos produce daño, cuando pedimos ayuda y sobre todo cuando empezamos a defender nuestro bienestar.
Sanar nuestro apego inseguro, desorientado o ambivalente requiere recibir grandes dosis de afecto a través de palabras y gestos. El desarrollo afectivo de nuestros niños se incrementa mediante caricias armoniosas y palabras que incrementan la autoestima, miradas en cuyos ojos uno percibe la grandiosidad y la aceptación con las que el otro le mira. Incluso cuando interponemos un límite o sanación de una conducta debe estar impregnada de calor emocional además de aceptación.

Nuestro maestro Anand Dilvar autor del libro “El esclavo” nos conforta el corazón con estas palabras: “No estás solo en esta experiencia hermanito, el miedo, el anhelo de una madre que te abrace, la necesidad tremenda de un padre que te apoye, esa ansia de unirte con otro hasta perderte en el, este deseo de que alguien te proteja, este sentirte tremendamente vulnerable. Todo es compartido por cada ser humano en este planeta, no hay nada malo en ello, no es debilidad, no hay tampoco solución porque nada de eso es problema. Una vez más es parte de estar consciente de que existes, parte de la experiencia humana.”

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Referencias
Pérdida afectiva, Bowlby J. Buenos Aires Paidós 1980
Vínculos Afectivos Bowlby J. Buenos Aires Paidós 1993
A través de ti. Anand Dilvar. El camino rojo mayo 2018.

 

 

 

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