AMAR PARA SEGUIR CRECIENDO

En verdad ha sido nuestra elección estar solos?

Que mentiras nos hemos contado para justificar esa rendición?

Cuando hemos erigido murallas infranqueables para  impedir el paso de otros a ese mundo ilusorio creado por nuestra mente, a esa   fortaleza que nos pone a salvo del  sufrimiento imaginario por amor, y creemos que nos protegemos evitando mirar, tocar y  entrar en contacto con probables enamoramientos y aproximaciones emocionales,  vivimos un estado de restricción a nuestros  afectos, no hay un espacio para  que nuevas personas lleguen a nuestras vidas y luego nos quejamos y decimos: -que  mala suerte tengo con los hombres- (o mujeres) pues  nadie se me acerca, nadie me ve, pareciese que me he vuelto invisible-, te suenan estos ejemplos, te son familiares? Sin duda son parte de  una lista de justificaciones  en que cimentamos   nuestra condición de soltería.  Porque no te animas a elegir pero tampoco  sientes que nadie te elige. -Lo cierto es que no mostramos interés y aun mejor  disponibilidad a que alguien venga-, -quien querría acercarse a una persona  enojada y  reactiva que culpa a la mala suerte de su soledad? , solo observar que  si vamos por la vida con una coraza  de que “nadie nos  merece”, ese eso exactamente lo que recibimos, nuestra actitud vale en un gran porcentaje y si  dice: “prefiero estar sola” u otra persona en mi vida representa  un “estorbo”, hasta la persona más neutral puede reconocer la negatividad que encierran estas actitudes defensivas.

Estar a la defensiva es una actitud aparentemente de autoprotección, en previsión de un peligro o de  alguien que nos puede dañar. Es un mecanismo que la mayoría de nosotros utilizamos cuando detectamos que somos atacados y queremos defendernos. De que nos defendemos? De repetir los viejos errores?, de que a nuestra vida  amorosa solo lleguen seres  iguales a los anteriores?  Lo cierto es que mucho del dolor emocional está más en nuestra cabeza que en la realidad. Nunca lo que nuestra mente nos diga podrá compararse con una realidad siempre cambiante.

Muchos estamos solos por tontos, porque creemos que así estamos bien, hemos racionalizado tanto esa decisión  que nos hemos ido  convenciendo de que es la mejor opción y que da mucha flojera intentar estar con alguien. Es más que obvio que nos estamos engañando pues al renunciar a estar con alguien también estamos renunciando a dar y recibir afecto,  a conocernos en zonas desconocidas de nuestro yo interno,   así  también a crecer emocionalmente, nos  negamos a  hacer aflorar en nosotros  un potencial de recursos afectivos que ni sabemos que tenemos.

Photo by Josh Hild on Pexels.com

Pero si en verdad queremos  derribar esas murallas entonces hay que abrirnos a que alguien entre, hay que hacer saber a los demás que en verdad deseamos ser vistas y reconocidas de manera enfocada e  intencionada. En su lugar ponernos el sombrero de seducción y de apertura, esa apertura tiene que ver con ese gran espacio que abrimos para recibir, Una forma juguetona y traviesa de comunicar que estamos listas para realizar el viaje del amor  y es desde ahí  donde podemos movilizar extraordinarios recursos para que personas afines lleguen a nosotros.

Darnos la oportunidad de aprender a quedarnos a pesar de la incomodidad, de conectar emocionalmente: hacer saber nuestras preferencias, lo que afecta, conmueve o promueve,   ensayando formas de robustecer  el vínculo amoroso,  reconocer que pedir ayuda requiere humildad y mucho coraje para dejarse conducir, abandonar viejas creencias de desmerecimiento, dejar de castigar nuestra feminidad y masculinidad  con soledad.Dar la espalda al individualismo extremo donde no hay más nada que aprender.

Photo by Josh Willink on Pexels.com

Una gran cantidad de personas que enfrentan problemas para estar en pareja, para hacer solida una relación, para abastecer muchas necesidades emocionales con un compañero deben revisar con toda honestidad cómo es que llegaron a este punto, especialmente sus  creencias erróneas  provenientes de un pasado que se fue, que no es más ya y que no tiene por qué repetirse.

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