Y SI NOS COMPLEMENTAMOS EN LUGAR DE COMPETIR?

Habitamos un mundo que durante mucho tiempo ha sido organizado por los hombres para ser ellos quienes ostenten el poder, tomen decisiones, repartan beneficios a su favor y mantengan un orden.

«Reconoceremos que muchas mujeres usurpan las funciones del hombre contribuyendo al total desapego e   irresponsabilidad de ellos, que muchas jefas de familia se han hecho cómplices del abuso de sus hombres al tomar las riendas de una forma arbitraria y segregándolos de las decisiones importantes, que la forma tendenciosa de educar a los hijos  perpetúa más de lo mismo, Y además que demasiadas mujeres que dicen  haberse  sacrificado por los hijos al sacarlos adelante solas les da  motivo para ser controladoras de ellos aunque ya sean adultos .Es un tema que debe ser revisado a profundidad de manera imparcial, aún hay mucho que hacer al respecto”

El machismo es entendido como la supremacía del hombre sobre la mujer. Prevalece con la creencia de mujer- objeto, ya sea de uso, de placer, de sometimiento y de explotación, corresponde con una de las concepciones más desfavorables y negativas que ha tenido y tendrá la sociedad a lo largo de diferentes épocas. Todavía hoy vergonzosamente mantenida por las políticas conservadoras y religiosas. Actitudes que se han venido repitiendo de generación en generación y a las cuales nos hemos acostumbrado y que hemos terminado aceptándolas como naturales.

El machismo considera que la mujer es inferior al hombre, tanto en inteligencia, fuerza, capacidades, habilidades y destrezas; dando al hombre mayores oportunidades y beneficios en todos los ámbitos. Es éste quien tiene derecho a mandar, exigir, gritar, imponer su voluntad y tomar decisiones. En este sentido la mujer es símbolo de debilidad, y solo sirve para cuidar la casa, procrear, alimentar y rendirse a los encantos del  amo y señor. Y no resulta ajeno que todavía hay demasiadas mujeres que miran a su hombre como un ser divino al que han colocado en un pedestal y viven para complacerlo en todo.

El machismo se esconde detrás de muchas máscaras:  se esconde detrás de un hombre seductor, que  piropea y  toca, que abraza, que besa sin pedir permiso, también detrás de aquellos que se la pasan hablando de sus conquistas, de la facilidad con la que muchas mujeres se les regalan sin pedir nada a cambio, así también de los que hacen bromas a costa de los atributos femeninos, detrás de miradas lascivas con que desnudan a cuanta mujer se ponga enfrente, Hombres  que cuando ven a una mujer voltean descaradamente, hacen comentarios de que si está  muy buena o no, Los que todo lo dicen en doble sentido. Y ante este tipo de provocaciones cabe hacer notar que nuestras mujeres de hoy y muchos jóvenes también ya no están dispuestos a hacerse cómplices de estas actitudes.

«¿Estamos dispuestos a admitir la violencia y el machismo en cada uno de nosotros? Tanto en hombres como mujeres? ¿Dejaremos nosotros hombres a nuestras mujeres continuar   criando cenicientas y machitos,  haciendo distinciones entre niños y niñas? ¿Poniendo a los niños a barrer, a hacer las camas y sirviendo a sus hermanas? ¿Dejaremos los papás de aplaudirle al hijo que tenga muchas viejas y criticando a la hija si disfruta de su sexualidad?»

Un macho te compara con otras mujeres aludiendo a que son mejores en muchos aspectos, no te dice directamente que te ve poca cosa, más bien se vale de estas comparaciones para que así te sientas.  Todo el tiempo están mandando mensajes de descalificación, así que seguramente van a dañar tu autoestima, hasta lograr hacerte creer que te están haciendo un favor al estar contigo  y pueden entonces manipularte a su antojo, obteniendo de ti gran cantidad de  beneficios –inclusive  que lo mantengas-.

Un macho no necesita pregonarse superior aunque busca mujeres que lo reafirmen, que lo vean con adoración, que le aumenten el ego. Es por ello también que muchas veces eligen mujeres llamativas solo para lucirlas como trofeos con sus amigos.

El machismo se  maneja como algo natural por tanto cuesta trabajo percibir sus maniobras. Muchas veces sentimos la incomodidad ante sus miradas, actitudes, comentarios  pero estamos tan acostumbradas a recibirlos como algo normal que no decimos nada, nos confundimos y no atinamos a elegir una forma de hablar de esto con ellos. Estos son solo algunos de los más relevantes y seguramente hay más y  demasiado sutiles que no alcanzamos a descifrar.

Nos hacemos cómplices de ellos  Cuando dejamos de dialogar, proponer, hacer acuerdos para la reciprocidad, cuando elegimos ser las aguantadoras y sufridas mujeres y les restamos su espacio de participación en la dinámica familiar y social.

Cuando permitimos que paguen nuestras cuentas, porque de una forma implícita nos están pagando la compañía, si en verdad deseamos igualdad podemos empezar a practicar la equidad haciéndonos cargo cada quien  de sus consumos.

Cuando permitimos que nos mantengan,  y de forma muy cómoda aceptamos quedarnos en casa sin esforzarnos por prepararnos más y contribuir con la economía familiar.

Cuando nos  convertirnos en enfermeras, camareras, cocineras, administradoras, plomeras, recepcionistas, lavanderas que todo resolvemos y a pesar de ello cuando cuándo nos pregunten a que nos dedicamos contestemos que a nada, porque  al hacernos indispensables les fomentamos que se vuelvan dependientes y comodinos .

Cuando tomamos decisiones importantes respecto a los hijos y los vamos marginando.

Cuando aceptamos el maltrato como una forma de relacionarnos.

Photo by Duanu00e9 Viljoen on Pexels.com

He aquí una propuesta del maestro Anand Dilvar

“Qué hacemos pues? Mujeres y hombres unidos. Más allá de enfurecernos, del reclamo, de la queja, de las manifestaciones, del feminismo, conscientes del enorme reto que se nos presenta como especie, como sociedad, este es un que debe resolverse  de raíz.

¿Admitiremos que la religión que nos seguimos imponiendo  nos fue heredada por el patriarcado y es justamente de desprecio hacia las mujeres además de  machista?

¿Dejaremos de justificar el pegarles a nuestros hijos por ser un método violento e inadmisible para intentar educarlos? ¿Dejaremos de consumir la violencia injustificada en la tele y el cine y así dejar en claro que queremos un cambio? ¿Repudiaremos la música absurda donde se degrada y humilla a las mujeres? ¿Dejaremos de vanagloriar la sumisión y la abnegación de las esposas y madres mexicanas que más que un mérito es una desgracia?  Porque detrás de esa abnegación hay control, posesividad, toxicidad. Estaremos de acuerdo en que el machismo ha ponderado la desigualdad entre hombres y mujeres haciendo de ellos seres comodinos, dependientes, incapaces de afrontar una vida propia y total”

 

Publicación a propósito del día de la mujer Anand Dilvar abril 2020

Raíces de la violencia en la educación del niño –  Por tu propio bien Miller, Alice.1998: Tusquets Editores.  

Psicoanálisis, feminismo y el problema de la dominación. Los lazos del amor – Benjamín, Jessica. 1996. Paidós.  

Igualdad y Diferencia.   Una reflexión sobre la  sumisión en la mujer.               María Jesús Soriano 

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