NO  GUSTAR NI CAER BIEN A LOS DEMÁS

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Sucede con cierta frecuencia que estando entre mucha gente no me relajo, estoy a la defensiva, me hieren las actitudes de los demás, sus bromas resultas estúpidas, las charlas superfluas, y no acierto a decir algo que aligere la tensión, <me siento fuera de lugar>, por más que intento poner de mi parte termino regándola y haciendo sentir mal también a otros, no me reconozco en ellos, el tema  que me gustaría hablar no parece adecuado, quizá ridículo y lo que escucho de ellos me desagrada, así que prefiero arrinconarme y evitar en la medida posible este tipo de confrontaciones, <sé que yo estoy mal>, pero que me queda?

Entre mucha gente con la que convivimos cotidianamente siempre habrá los diferentes, inadecuados sociales, rechazados e insuficientes, son esa muestra de gente que carecen de rasgos reconocidos y alabados  entre las mayorías, Ante la gran dificultad que les representa el poder establecer un puente de comunicación con personas comunes y corrientes es mejor la evasión, el amurallarse para evitar ser lastimados, sin deseos de sobre-adaptarse.

Experimentarnos  como defectuosos y diferentes proviene de nuestro núcleo de origen, de la familia donde surgimos: es ahí donde se inició el no gustar y  quizá a la primer persona a la que le caímos mal fue a nuestra madre o  padre, hermanos, abuelos….y esa herida vuelve a sangrar  cuando percibimos afuera esa misma omisión, hostilidad o indiferencia

La Psicología puede hoy reconocer que en cada persona existe un impulso a ser uno con el todo, pero  si ese todo no me reconoce como parte del mismo, ¿en dónde está mi lugar? pertenecer es mi más grande necesidad, solo que no es de manera corriente sino  con   delicadeza, ser mirado con cierto nivel de reconocimiento. Saberme  diferente  por no necesitar lo que la mayoría, por buscar una forma de  ser y estar en el mundo como algo genuino e insólito es acaso una provocación?

Photo by Magda Ehlers on Pexels.com

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Ser hábil socialmente hablando equivale a encajar bien en los grupos sociales, saber llevarse bien con todo tipo de gente, agradar, no ser pesado,  ni defensivo o  antipático. Así también en fiestas y reuniones es más frecuente  que sean invitadas personas que poseen talentos como cantar, bailar, contar chistes, hablar de muchos  temas, sin miedos a exponerse o incluso a provocar las burlas de los demás.

Estoy convencida de que muchas actitudes se tornan antisociales sin que sean a propósito o por maldad más bien son lecturas equivocadas  de rasgos de carácter individuales como son el exceso de seriedad, la reserva, la introversión, poca expresividad emocional, diálogo forzado, escaso  sentido del humor, miedo y vergüenza entre muchos otros más y que se malinterpretan.

Una verdad que no se puede cuestionar es que no tenemos por-qué caer bien a todos, y que a nosotros mismos también nos pasa que hay gente que nos cae mal desde la primera vez que la vimos, ya sea por juicios mal fundamentados y mejor aún sin motivo alguno.

Hay estudios que demuestran que las personas con pocas habilidades sociales son más predispuestas a la ansiedad, depresión y  cambios de estados de ánimo, al igual que al  aislamiento y  enfermedades psicosomáticas.

En  este tipo de personas también se  observa poca  satisfacción de la vida, evitación social y dificultad para tomar decisiones

Aprender a ser fuerte ante la impopularidad y marcado rechazo requiere hacerse de un centro de nuestro SER estable que se construye con mucho amor propio,  lucidez, ecuanimidad y  estabilidad emocional para que permanezca  inamovible ante los vaivenes de afuera.  Valor y osadía que proviene desde ese eje quieto de sabiduría en la aceptación  de  que así son de singulares y no tiene nada de malo ser así.

Y es que quizá este tipo de personas defienden su esencia, no están dispuestos a catapultarse en una      torre de expectativas ajenas, buscan ser aceptados tal cual sin ceder a las exigencias del mundo social y se atreven a pagar las consecuencias: ir en busca de sus iguales con los  que si resuenen en  esa pureza de espíritu.

Así como venimos al mundo éramos perfectos, nuestra esencia se va perdiendo en la aceptación de modos y costumbres impuestas por la vida social y que muchas veces nos convierte en una caricatura, para defendernos a un mundo cruel, competitivo, lleno de soberbia, de  máscaras, y vamos dando  pincelazos aquí y allá de eso que se nos ha ido pegando solo para complacer a los demás, ¿pero que queda al final de nosotros mismos?

Photo by Liza Summer on Pexels.com

4 Comentarios »

  1. Me parece que dentro de cada uno se encuentra la esencia de nuestro ser y debemos aceptar os con nuestras virtudes y diferencias a los demás y dejar de lado lo que digan solo por el mero hecho de ser diferentes, así mismo retomar nuestras responsabilidades con la firmeza de nuestro ser y de un futuro mejor.

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  2. Muy acertado éste artículo, ya que me permite observar las situaciones en que he sentido cierta incomodidad para socializar y comunicarme con los demás, inseguridad al desconocer ciertos temas o miedo a exponerme tal cuál soy. El diálogo de estrés que se crea en mi mente por tratar de decir lo acertado o lo correcto me hace sentir juzgada por mi misma, alejandome de oportunidades para conocer diferentes formas de pensamiento.
    Gracias Caro, saludos

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