Si sientes culpa es porque no eres congruente

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La culpa aparece cuando hay un contraste entre lo que tenemos por ideal y lo que se hace en la realidad. Este sentimiento tiene un fin adaptativo además de que está estrechamente ligado con el desarrollo moral del sujeto.
Sentir culpa es natural porque poseemos un grado de conciencia, porque sabemos que somos afectados y afectamos con nuestras acciones a muchas personas, cercanas y lejanas. En situaciones específicas sentirse culpable no es del todo negativo, puede ser una señal que nos permita aprender de nuestros errores y crecer. Si nos sentimos culpables porque le hemos dicho algo ofensivo a alguien o porque le dedicamos demasiado tiempo al trabajo y muy poco a la familia, la culpabilidad es un signo de alarma que nos indica que debemos detenernos en el camino y reflexionar sobre lo que estamos sintiendo. Esta sería una “culpa sana” pues conduce a un cambio positivo, obviamente, siempre y cuando ajustemos nuestro comportamiento.
Si somos capaces de asumir nuestra responsabilidad quitando la connotación de pecado, falta grave, delito, estamos en condiciones de darle una dimensión más humana y por lo mismo nos sentiremos capaces de resarcirla.
A menudo la culpa es utilizada por demasiada gente para chantajear emocionalmente y conseguir egoístamente lo que desean, esto es se aprovechan de su rango, de su poder, de su influencia y hasta del cariño que la persona en cuestión mantiene hacia él.
“Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (“Ya no te quiero”, “No ves cuánto nos haces sufrir”) provocan sentimientos de culpa intensos”
Si desde niños nos repiten que si algo sale mal es culpa nuestra, si sólo se nos indica lo negativo que hacemos y no lo positivo, el niño puede pensar que es culpable de todo lo malo. Un niño que se siente culpable tendrá miedo, una autoestima baja. Este sentimiento puede afectar al niño para dormir bien, para alimentarse correctamente, para relacionarse con los demás, en definitiva para crecer sano física y mentalmente.
Aunque la persona que desaprueba nuestras acciones no es ya nuestro padre o nuestro maestro, el simple hecho de recibir la desaprobación desencadena automáticamente un deseo de ganar de nuevo la aprobación perdida.
Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros (a través de nuestro condicionamiento prematuro) se alineará con todo lo que es popular, común o deseable.

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Normalmente intentaremos no decepcionar a aquellas personas que consideramos relevantes en nuestra vida. Por lo general, estos serán la familia, amigos cercanos, compañeros de trabajo, y en general los grupos que se denominan comúnmente como “grupos de referencia”.
Con el fin de ser aceptados por ellos, terminamos haciendo las cosas que sabemos que van a aceptar y aprobar. De este modo pretendemos reducir el riesgo de desaprobación social.
Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.
A menudo en la base de la culpa se encuentra la creencia de que podemos controlarlo todo.
Acepta el error y aprende de él. No tenemos la posibilidad de cambiar el pasado pero podemos transformar el presente. Todos nos equivocamos. Si no hay forma de subsanar el error pidiendo disculpas o perdón, aclarando un malentendido traerá tranquilidad a nuestro corazón.
Habla de tus sentimientos. En vez de negar el sentimiento de culpa y todos los sentimientos negativos que suelen estar asociados a él, deja que te embarguen. No intentes esconderlos porque solo lograrás pasarlos a un segundo plano pero continuarán ejerciendo una poderosa influencia sobre ti. Lo ideal sería que hablases con otras personas sobre cómo te sientes, probablemente estas te darán nuevas perspectivas sobre la situación que no habías considerado antes y que darán pie a reflexiones más profundas.
Perdónate. Se trata del paso más complicado pero es fundamental para poder seguir adelante. Un ejercicio muy útil para perdonarse es conectar con nuestro niño interior ¿Qué le dirías? De seguro no le recriminarías constantemente haciendo crecer la culpa, lo más probable es que le dieras cariño y le dijeras palabras de aliento. Por tanto, cada vez que te descubras rumiando la culpabilidad, trátate como si fueses un niño pequeño que necesita comprensión y apoyo.
Busca ayuda psicológica. Si tu sentimientos de culpa son demasiado fuertes y te resulta difícil superarlos busca la ayuda de un psicólogo. Una persona experta y ajena a tu vida, que no te juzgará y que comprende las limitaciones humanas, que sabe además de que todos tenemos nuestras” miserias”, te hará ver las cosas de forma más objetiva y te dará herramientas para perdonarte

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Cómo se originan los miedos y que podemos hacer para enfrentarlos

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El miedo es uno de los sentimientos más adversos que dominan la sociedad actual. Tanto el temor que nace de las circunstancias colectivas (desastres climatológicos, crisis económicas galopantes, guerras, aumento de la violencia y criminalidad) como los que surgen del interior nuestro (fobia, ansiedad, terror, angustia, pánico, incertidumbre). Con la creciente influencia de los medios de comunicación, se ha logrado mediatizar a las grandes mayorías mediante un incesante bombardeo con noticias salpicadas de agresiones con sesgos tendenciosos para hacerlos parecer más terribles de lo que en realidad son.
El miedo como respuesta de lucha o huida al estrés se originó con nuestros primeros ancestros, que debieron enfrentarse a amenazas que podían poner en riesgo su existencia. Se localiza en la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que es responsable de enviarnos señales de alerta y de protegernos del peligro, de mantenernos a salvo y con vida.

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El miedo actualmente es el resultado de teñir el hecho presente con ideas, imágenes y experiencias negativas dolorosas o frustrantes de nuestro pasado construidas sobre la base de un almacén de recuerdos personales que cada uno alberga, llamado memoria, lo que no podemos descartar es que la mayoría son interpretaciones de sucesos exagerados o imaginarios.
Los Miedos más frecuentes: miedo al éxito, a la muerte, al fracaso, al compromiso, a la intimidad, a volar, a las alturas, a las arañas a hablar en público, a la obscuridad, a la soledad, entre otros más.
Analicemos el primero: el éxito se asocia con la responsabilidad y nos lleva al compromiso, trabajo y esfuerzo; por tanto rompe con la dependencia hacia algo o alguien. En pocas palabras es temor a la acción. Esta nos enfrenta a situaciones nuevas que nos alejan de la zona de confort en la que estamos. Las creencias deformadas que tenemos sobre el futuro lo vuelven intimidante y provocan que nos quedemos estacionados y lo justificamos diciendo “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero recuerda, “el que no arriesga, no gana.
“Y aunque el miedo parece tener muchas causas:. pero en últimas el miedo es el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego la muerte está siempre a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta todos los aspectos de su vida. Por ejemplo algo que aparentemente resulta “trivial” y “normal” como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión, y hacer ver que el otro está equivocado-defendiendo la posición mental con la que usted se ha identificado-se debe al miedo a la muerte”(1 )

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Goleman en su texto el cerebro y la inteligencia emocional revisa la anatomía del cerebro y propone: “la amígdala es el punto desencadenante de la angustia, la ira, el impulso, el miedo, etc. Cuando ese circuito toma las riendas actúa como el “jefe malo” y nos conduce a realizar acciones de las que más tarde podemos arrepentirnos. La amígdala es el radar que detecta los peligros, si detecta una amenaza, en un instante toma el mando del resto del cerebro (en especial del córtex prefrontal) y sufrimos lo que se conoce como un secuestro amigdalar, la memoria deja de funcionar con normalidad, perdemos concentración y capacidad de aprendizaje. Al activarse este sistema de alarma sufrimos la clásica respuesta de lucha, huida o paralización, significa que la amígdala ha puesto en funcionamiento el eje hipotalámico hipofisiario, suprarrenal y el cuerpo sufre una descarga de hormonas del estrés, sobretodo cortisol y adrenalina. Resulta relevante aclara que la amígdala se equivoca con frecuencia, comete errores a menudo, en especial en la vida moderna, donde los peligros son simbólicos y no amenazas físicas”(3)
Las personas mayormente susceptibles al miedo son: las que han recibido maltrato psicológico, las que han enfrentado robos, las que cursan con trastornos nerviosos, las que son excesivamente perfeccionistas, , las que no practican ejercicio físico, las que viven en ambientes tóxicos con reglas confusas, de descalificación e invisibilidad. Las que tienen pensamiento mágico y dan explicaciones ilógicas a sucesos fuera de su comprensión, las que, las que guardan mucha culpa, odio, y resentimiento. En fin aquellas personas que se dejan arrastrar instintivamente por sus emociones y todas aquellas faltas de confianza en su ser interno y en la inteligencia divina.

Cuando hacemos frente a nuestros miedos, y entrenamos nuestra mente para restarles fuerza, o bien pedimos ayuda y recurrimos a terapias basadas en la inteligencia emocional (PNL, terapia cognitiva, hipnosis entre otras) ganamos autoestima, hay una sensación de autorrealización y ya nada nos podrá detener para lograr lo que más deseamos y merecemos.
Te invito a enfrentar tus miedos:
|”.-Cierra los ojos un momento y siente el miedo. ¿En qué parte del cuerpo lo sientes? Cércalo, no permitas que recorra todo el cuerpo, te dominará, tenlo en la mira. TÚ mandas. Sintiendo el miedo has lo siguiente:
2.-Pregúntate. Cierra los ojos para contestar. ¿A que le tengo miedo?.¿Qué puedo perder? ¿Sobreviviré con esta consecuencia?, lo más seguro es que si, rara vez se pierde o se gana todo ¿Qué puedo ganar? Después de obtener las respuestas es muy importante que te preguntes, ¿cuáles son las probabilidades de ganar más?: dando un paso hacia mi meta o quedándome paralizado sin ella?
Ponle nombre. Una vez que identificamos algo por su nombre, se vuelve algo ajeno a nosotros, disminuye de tamaño y es más fácil de vencer.
Ejemplo: a lo que le tengo miedo es a sentirme insuficiente y no digno de ser amado. Por lo que llamo a mi miedo “sentirme insuficiente”. Si permito que me domine este miedo es seguro que me sentiré insuficiente por no lograr lo que deseo, ya estoy viviendo eso a que tengo miedo.
Cuando lo identifico y le pongo nombre, el miedo pierde fuerza y gano confianza en mí mismo, me doy cuenta ahora de que lo que hago no puede disgustar a todas las personas; puede desagradar a algunas pero no a todas”(2)

 

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El día que no compro me siento mal

 

thMDN228C7Comprar produce un placer indescriptible, sobre todo cuando lo hacemos impulsivamente, pues resulta un poco amargo razonar ¿el por qué queremos una blusa más? si tenemos guardadas treinta, de las cuales solo cinco usamos con frecuencia.
Demasiada gente acude a tiendas cuando se siente ansiosa, triste, deprimida y sola. Entonces compra, compra y sigue comprando cosas que no necesita, que ya tiene, o que resultan excesivas. Si comprar requiere cierta dosis de inconciencia, tiene que ver con un ego al que necesitamos alimentar. Sabernos importantes, que somos alguien, que elegimos libremente, que asumimos nuestro gran poder con solo firmar.
En el mundo globalizado que habitamos somos equis y al parecer dejamos de serlo cuando un vendedor nos llama por nuestro nombre y apellido, salimos del anonimato para surgir como un don Enrique o Doctor Ruvalcaba, o Licenciado fulano. Nuestra hambre de pertenencia entra en escena, aunque esa necesidad de encajar en una sociedad post moderna nos obligue a acumular cosas.
Que saciamos cuando compramos? El sentirnos separados de los demás? El querer llenar uno o varios vacíos en lo más profundo de nuestro ser? El creer que al darnos nos estamos amando porque así dice el eslogan” “porque te lo mereces”, creer que lo adquirido nos vuelve interesantes, más populares, más guapos, atractivos y modernos?
Desear y necesitar no es igual, sin embargo frecuentemente decimos voy a tal o cual tienda porque necesito un vestido, como si tuviésemos una carencia. Nuestros deseos toman las riendas de muchas decisiones, porque lo hacemos desde nuestra esfera emocional.
Sin embargo cuando compramos algo, más bien estamos pagando por intangibles como son la belleza, la inteligencia, la pertenencia, el poder, la autenticidad y muchos otros más. Finalmente el comprar significa un estilo de vida.

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Para April Lane Bénson experta en el tema: “Tener más cosas no significa ser más feliz, sino ir más pesado. Lo que consumimos termina consumiéndonos”.
Es en la década de los noventa cuando la escritora Guadalupe Loaeza en sus libros: las niñas bien, las reinas de Polanco, Debo luego sufro y otros más, hace un análisis concienzudo sobre este fenómeno del consumo en todos sus niveles: no solo de cosas, también de diversión, de ocio, tiempo libre, de lugares donde se exhiben los bienes que dan estatus tales como son: salas de espectáculos, clubes, restaurantes, y todos aquellos donde transcurre la vida de una burguesía que nuestra querida escritora retrata con sentido del humor ameno e ingenioso. He aquí un párrafo en la presentación de Debo luego sufro: ” Guadalupe Loaeza ha creado personajes que les aqueja un mal tipificado por los psiquiatras como trastorno del control de los impulsos: compulsive shopping; buscan mediante las compras, subsanar carencias esenciales: la falta de un sentido concreto para sus vidas, de un auténtico conocimiento de quienes son y quienes les rodean. Pero esta es una conducta contraproducente. A las aflicciones radicales por el destino de la existencia, se suma el horror de los vauchers, de las fechas límite, de ser fichado en la versión moderna del Santo Oficio; El Buro Nacional de crédito”. (1)
“La era del vacío significa, en lo más profundo, la derrota de las grandes ideologías, de la historia, y al mismo tiempo, el advenimiento de un nuevo individualismo, marcado por el culto de la autonomía individual del cuerpo, por el culto del placer. Este proceso tiene como resultado un fenómeno de ansiedad y de comunicación de esa ansiedad. Esta nueva faceta del individualismo continúa desde hace varias décadas porque la sociedad de consumo y la comunicación se desarrolla siempre y cuando las grandes ideologías ya no pueden regresar. Vivimos una época marcada por el derrumbe de las grandes ideologías y las tradiciones, . Ya no existe el orden social y religioso que lo guiaba y que, de cierta manera le ayudaba a vivir”.(2)

 

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Una inteligente educación emocional

 

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Por definición las emociones son producto de nuestras experiencias en la vida. Cualquier evento que se experimente crea redes neuronales con una estructura en particular que lo reflejan. Inmediatamente al conectarse las células nerviosas, el cerebro libera sustancias químicas que van a producir en el cuerpo una reacción llamada emoción.
Los sentimientos son percepciones sobre el estado de nuestro cuerpo es por ello que las emociones surgen a partir de lo que estamos sintiendo.
Los neuro-trasmisores son mensajeros químicos procedentes del cerebro y de la mente, los neuro-péptidos son señaladores químicos que comunican al cerebro con el cuerpo, para hacernos sentir acorde con nuestros pensamientos y las hormonas son sustancias químicas relacionadas con los sentimientos del cuerpo. Es así como se conectan el cerebro y el cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.
La aparición de una emoción provoca una serie de cambios en nuestra expresión, en nuestro rostro, en la voz, (enrojecer, temblor, sudoración, taquicardia)en el modo que pensamos y nos moviliza a la acción. Estos cambios se producen de manera involuntaria y si no estamos de acuerdo con ellos, se inicia una lucha interna, en cuyo caso nos esforzamos por controlar, por no mostrar, por no hablar o por no actuar.
He aquí algunos ejemplos:
Cuando paso del enfado a la cólera, mi ser emocional se desequilibra, me vuelvo impulsivo, grito, insulto, todo lo que estaba por ahí arrinconado sube como leche a derramarse, y si permito que exceda de nivel puedo parecer un demente vociferando, pateando, manoteando. Puede surgir entonces otra emoción derivada de esto como es el rencor, el odio, la crueldad o deseos de venganza.
Expresar el enojo o ira es extraordinario, limpiamos de toxinas nuestro cuerpo, nos permite hacer contacto con lo que sentimos, nos conocemos más y, cuantificamos nuestros alcances, siempre y cuando lo hagamos en el momento, lugar y con las personas apropiadas.

Cuando tengo miedo, me vuelvo desconfiado, siento recelo, ando a la defensiva, no espero nada bueno de la vida ni de los demás. Yo solo me aíslo si adopto una actitud hostil me pierdo de momentos que podrían ser reconfortantes. Como consecuencia me siento perseguido, amenazado, cualquier acontecimiento parece ser un indicio de algún desastre. Veo descorazonador mi futuro, vibro en una frecuencia muy baja y atraigo eso que me produce pánico.. Convierto mi vida es un drama continuo.
Cuando hay apatía nada me conmueve, todo es plano y gris, ni me enojo, ni me entristezco, el panorama es descolorido, la chispa divina se extingue, es como si me arrastrara en cámara lenta, mi mente divaga, o hay nada que me atrape solo el desinterés. He perdido mi conexión con los demás, y con mi esencia divina.
Cuando siento envidia creo que no es justo que los demás tengan más y mejor que yo, pienso que no se lo merecen pues yo me esfuerzo muchísimo y tengo menos, me irita que les pasen cosas buenas, ahhh -como disfruto cuando les pasa algo malo-. Si ellos se compran una camioneta yo tendría una mejor, y si van a comer a un buen restaurant yo elijo otro más caro, solo para que me vean.
Cuando siento culpa, hay una sensación de desmerecimiento que proviene de la comparación. No estoy a la altura de muchas de las cosas buenas que me suceden, creo que necesito sacrificarme más, sufrir, sentir dolor para merecer algo bueno.Cuando las cosas buenas llegan a mi y siento que no las merezco , me provoco accidentes, pérdidas, dilemas en donde renuncio a la ventaja que había ganado. Esta emoción resulta inútil es una pérdida de energía.

La distracción o el olvido que tiene que ver con mi falta de interés o de atención proveniente de mi mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos. No logro control interno, no he aprendido a enfocar mi atención en lo importante, quien tiene el control es una mente desbocada y para rematar desconozco la introspección.
Codicia es una identificación con algo en concreto y la necesidad apremiante de tenerlo, esta emoción puede ser alentada por el enojo, la ambición, la envidia u otras más.
La mente es por naturaleza luminosa. pero su luminosidad se opaca cuando dejamos que emociones negativas nos dominen  considerando que este tipo de emociones restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, ya que son formas distorsionadas de percibir el mundo.

Quizá llegue el momento en que podamos afrontarlas con inteligencia, permitiéndonos observarlas poniendo un poco de distancia, encausarlas hacia un objetivo y mirar como desparecen por sí solas, sin sembrar semillas para su posterior reaparición.
Y si en su lugar empezamos a sembrar en el jardín de nuestra mente emociones que nos generen dicha, bienestar, satisfacción, calma entre otras más, podemos crear nuevas redes neuronales que irán modificando nuestros estados de ánimo y la percepción tóxica que tenemos de la vida, del mundo y hasta de nosotros mismos.
La dicha y la paz no dependen de factores externos sino que son un conjunto de habilidades que se aprenden, se practican y de las cuales, nosotros somos responsables. Yo puedo transformar mi destino si asumo que mis pensamientos generan consecuencias para mi bienestar  o para hacerme difícil la existencia.

Considero que si nos proponemos cultivar emociones tales como: la humildad, sentido del humor, el perdón, la aceptación, el agradecimiento, la compasión y la generosidad empezaremos a vibrar en otra frecuencia y entonces nos alineamos con el plan infinito.

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Dar una segunda oportunidad

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En el cofre de recuerdos afectivos perduran recuerdos de las parejas que más nos amaron, las que nos transformaron, también así las que nos lastimaron.

Si en tiempos pasados tuviste con alguien una muy buena relación puedes sentirte satisfecho y hasta orgulloso, porque esta suele es la mejor versión   ante tu pareja en turno, así que la idealizas y le cuelgas muchas virtudes que a lo mejor ni siquiera fueron ciertas, también es una fuente de seguridad pues recurres a dicha persona para recordarle a tu pareja actual que hubo alguien que te valoró más, que te quiso más, aunque desafortunadamente se haya ido.

Y otra de nuestras fantasías que se asoma de vez en cuando es qué sucedería si tal o cual pareja viniese a buscarme para pedirme una segunda oportunidad: ¿Es válido dárnosla?, son de mal gusto los segundos tiempos?¿que es lo peor que puede pasar?

El paso del tiempo junto con todas las experiencias vividas nos afinan, pero no todos cambiamos de la misma forma ni en el mismo nivel. Así puede suceder que de la persona de la que me enamore hace diez años e incluso hace dos ya no sea la misma, ni tampoco yo. Podemos transformarnos en la mejor versión de nosotros, podemos quedarnos atorados sin hallar un rumbo. Habrá cambios que nos ayuden a florecer, habrá cambios que nos dañen, nuestra evolución puede tomar diferentes caminos y por todo ello también es posible que descubramos que nuestro gran amor de antaño es ahora un ente raro alejado de esa extraordinaria persona de la que un lejano día me enamore.

También puede pasar que el reencuentro con esa mi pareja sea de lo más valioso que me esté pasando, cuando percibo que me siento tan bien, como si el tiempo no haya pasado, y que esos cambios que se operaron en cada uno de nosotros nos acerquen todavía más .

Nuestro camino evolutivo suele ser caprichoso, a veces encontramos personas y condiciones inmejorables de superar conflictos que hemos arrastrado desde nuestra infancia y es que gracias a esto porque creamos resiliencia, nos volvemos más fuertes y más hábiles pero también más comprensivos y bondadosos. También suele suceder lo contrario que las circunstancias con las que hemos tenido que lidiar incrementen nuestra condición de desamparo, de conflicto y que esto de lugar a una situación de estancamiento. En definitiva; no solo que ya no me parezco al que fui, sino además me desdibujo frente a los que me conocieron en otras épocas. Con quien va a ser más fácil que me relacione? Con aquellas personas con las que vibro en la misma frecuencia, desconfianza atrae desconfianza, pobreza de corazón igual, deshonestidad atrae más deshonestidad. Todos elaboramos siendo niños un estilo afectivo afirma  Boris Cyrulnik (1) y es el que determina la forma en que nos perciben los demás y a la vez percibimos nosotros.

“El estilo afectivo adquirido y el sentido atribuido a la herida constituyen por tanto el capital mental con el que la persona se representa su implicación futura, y también el capital mental con el que responderá a ella. Algunos ejemplos son: Vínculo seguro son los que se desenvuelven mejor, vinculo de evitación son aquellos a quienes les da miedo expresar sus emociones, vínculo ambivalente son los que por angustia agreden a quien aman, Vinculo angustiado son los que solo se sienten bien si aprisionan el objeto de su amor, vínculo desorganizado corresponde a los que siempre se encuentran desamparados, tienen pocos amigos a causa de sus relaciones difíciles”

Entonces no es casual que atraiga a determinado tipo de personas, pues de la forma en que me manifiesto, actúo, me trato a mi mismo y+ trato a los demás será el tipo de relación y  de pareja que podre establecer.

Si hemos podido gestionar nuestras carencias, debilidades, vacíos, y limitaciones en consonancia con nuestras relaciones familiares y de pareja, sin duda hemos logrado evolucionar y esto nos dará oportunidades de relaciones más satisfactorias.

Entonces mi decisión de volver o no con mi ex no puede estar basada en mis emociones, o en los recuerdos, tiene que ver con la forma en que hemos evolucionado cada uno, cada una de las experiencias que tuvimos alguna marca habrán dejado ya sea para bien o para mal, en conjunto todo esto nos habrá convertido en alguien diferente, más atractivo o menos deseable.

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BIPOLARIDAD ES CREATIVIDAD

 

 

Reaccionar con alegría o tristeza es normal ante determinadas situaciones de la vida. Es natural afligirse ante una pérdida o privación (muerte de un ser querido, enfermedad, desengaño y otros más.)  y alegrarnos con los éxitos, los deseos cumplidos y cualquier suceso agradable . Sin embargo cuando los trastornos afectivos resultan excesivos o se prolongan demasiado  tiempo, pueden llegar a ser altamente perjudiciales en nuestro desempeño laboral y familiar, además de  requerir atención médica.

A veces estamos seguros de que nuestros cambios de humor son parte de nuestra personalidad y nos conformamos, los sufrimos de manera cotidiana, y sin querer  contaminamos nuestras relaciones con la demás gente, porque somos conflictivos, inestables, intolerantes. Resulta  imprescindible darles atención y seguimiento cuando son frecuentes,  debido a que se van convirtiendo en estados de ánimo y afectan todo lo que nos rodea.Un trastorno del estado de ánimo no debe ser un impedimento para ser feliz, llevar una vida normal, tener un rendimiento óptimo y conseguir todo lo que deseamos en la vida.

Se le llama trastorno bipolar a un desequilibrio en el estado de ánimo,  quienes la padecen alternan episodios depresivos con otros de euforia (manía) .Los psiquiatras afirman que dicho trastorno suele volverse crónico, por lo que los bipolares requieren  medicamento controlado  toda la vida. También se pueden referir a categorías similares como los obsesivos compulsivos, maniaco depresivos, etc.

 

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La mayoría de las personas usan este término de forma despectiva ya sea para referirse a sus padres, pareja o cualquier persona que resulte desagradable, debido a que son propensas a oscilar en sus estados de ánimo. Sin embargo no están debidamente documentadas con respecto a la gravedad de esta enfermedad

 Toda la raza humana es  dual, dicotómica y,  bipolar. Dicha dualidad proviene de haber nacido de dos polos opuestos: hombre y mujer, ambos nos presentan dos posibilidades para cada día elegir y decidir. También fuimos diseñados con dos manos, dos oídos, dos piernas, dos ojos, dos fosas nasales, un corazón con dos ventrículos. Y aún más tenemos dos hemisferios cerebrales: ambos gobiernan campos de acción diferentes.

El hemisferio o cerebro izquierdo nos permite razonar lógicamente, construir ideas y el lenguaje con palabras. Es convencional, analítico, muy preciso, gobierna la voluntad. Clasifica nuestra historia, también ordena linealmente las cosas. Este cerebro elabora una historia oficial de cada acontecimiento. Este cerebro nos impulsa a actuar, se rige por lo que debe ser. Usa la comunicación analógica. -Metafóricamente equivale a la voz de papá-.

El cerebro derecho se parece mucho a la mente inconsciente. Nos permite sintetizar y condensar, le da colorido a lo  que decimos, es decir una carga emocional, ya que construye nuestras emociones. Hay carencia de negación, es decir no existe el equivalente de “no”. Con este cerebro sentimos, imaginamos y soñamos despiertos, a él le debemos que los tiempos pasado presente y futuro pueden encimarse o traslaparse. Su lenguaje son los símbolos. Registra las huellas que constituyen cada experiencia. Este cerebro nos impulsa a sentir, a disfrutar y a evitar el dolor. Maneja la comunicación digital: uso de metáforas comunicación corporal, expresividad, poesía, música, humor y es ambigua.  -Es el equivalente de la voz de mamá-.

Aunque ambos hemisferios nos impulsan a actuar, cada uno lo hace de diferente manera, el cerebro derecho presiona para mantener hábitos arraigados, en cambio el izquierdo insiste en cambiar a lo que debe ser. En la práctica el derecho es más fuerte porque influye en nuestros automatismos.

Esta contradicción de nuestros cerebros la palpamos cuando queremos hacer una dieta y vaciamos la bolsa de papas fritas, cuando intentamos dar fin a una relación dañina y no podemos o cuando nos proponemos confiar plenamente en la pareja y seguimos sintiendo celos absurdos. El que gana es el cerebro derecho.

Como puedo lograr que mis dos hemisferios en vez de estar peleando, colaboren entre si y lograr grandes propósitos?

Al cerebro izquierdo hay que explicarle, darle razones que garanticen bienestar y nos va entender. Y al cerebro derecho hay que hablarle en su lenguaje, con símbolos y hacerlo sentir.

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Si quieres aprender a pensar con el hemisferio derecho, hay que aquietarlo, es decir practicar auto-hipnosis. Aprende a reducir la velocidad de tus ondas cerebrales hasta llegar al nivel alfa, sin quedarte dormido. Para maximizar nuestras funciones cerebrales, al principio, debemos utilizar una rutina específica de relajación e ir logrando una experiencia necesaria para estar y funcionar en estado alfa. Mantener la concentración enfocando la atención son requisitos indispensables para lograrlo. Es en este nivel alfa de entre 7 y catorce ciclos por segundo donde radica nuestra  creatividad, imaginación, intuición y soñar despierto. Cuando accedemos a él, la mente puede cuestionar, explorar, deducir  y encontrar soluciones a problemas. Relajarte por los  15 minutos recomendados diariamente te va ayudar a reducir los niveles de estrés, además de fortalecer tu sistema inmunológico. Se ha comprobado que las enzimas del estrés se disuelven con relajación constante. Ahora ya puedes estar seguro cuando te portas bipolar o ves a otros en este trance.

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