Porque el amor duele?

 

 

 

Son muchas las generaciones que hemos sobrevalorado al amor, le hemos encargado el cumplimiento de muchos sueños, de grandes alegrías, de nuestra auto-realización, entre muchas otras. Nos llenamos de expectativas con el interés de que sea una especie de tabla de salvación. Llegará o nos lo encontramos en la persona adecuada que nos hará felices para siempre.
Resulta lógico pensar y sentir así pues nuestra educación emocional estuvo en manos de la televisión abierta con programas como la Rosa de Guadalupe, Mujer casos de la vida real y las incontables telenovelas que hemos visto. Así también en las canciones de José José, Juan Gabriel, Vicente Fernández, entre otros, donde el tema principal es el abandono, el engaño, la perfidia, y la frustración. Aprendimos una forma de amar, un estilo de ser pareja -obviamente no el más sano-  el mal amor en otras palabras. Mucho de lo que aprendimos en estas dramáticas historias es que el amor duele, que provoca sufrimiento, que hay que ganarlo, que entre mayores dificultades tengamos con la pareja más fuerte y profundo será nuestro amor, Un amor que nos libera de la tristeza, de la soledad, que nos hace ser alguien en la vida, que le da sentido, que nos limpia del dolor y la miseria.
Mantenemos una creencia errónea; – que la persona existe en algún lugar y solo se requiere de un poco de suerte para hallarla- y luego todo sucederá mágicamente.
El buen amor se edifica, hay una construcción del mismo, la mayoría de las veces cuando ha pasado el enamoramiento. Es a base de una buena comunicación aceptación, admiración, respeto, trabajo de equipo y proyectos en común como podemos cimentarlo. Para hacerlo crecer hay que creer en nosotros y en nuestro vínculo al que hay que tener fidelidad, confianza y perseverancia.
Modificar todas las creencias que subyacen en torno a la vida afectiva de la pareja depende de una actitud madura para relacionarnos, también así del autoconocimiento que tenemos, depende de la forma que hemos enfrentado y curado nuestras heridas de la infancia, de tejer con conciencia y coraje un presente digno, así también la disposición de enfrentarnos a nosotros mismos con el espejo que es nuestra pareja, pues es en ella donde podemos vernos reflejados en nuestra totalidad.
El vínculo amoroso atraviesa por un proceso evolutivo donde los dos somos responsables de su desarrollo y plenitud.
Vivir la relación de pareja con la expectativa de que debe hacerme feliz es alimentar la codependencia, mi felicidad depende de mí y mi pareja amplifica esa mi felicidad pero no le toca resolveré mis insatisfacciones.
La pareja es un ingrediente, aunque no el único, de un estado interno que experimentamos como gozo y armonía y que consiste en sentirnos vinculados, pertenecientes, unidos y en familia. A través de la pareja nos sentimos acompañados hay un sensación de esperanza en la que nuestros vacíos desaparecen y aunque sea por momentos nos sentimos completos.
Jorge Bucay explica; muchas parejas reales admiten que el otro no les trajo mayor felicidad, sino mayores retos y complicaciones, así como una mayor capacidad para afrontar problemas, conflictos y desacuerdos, además incluso sienten que la relación y la convivencia les debilitan, desgastan, y desvitalizan, por lo que necesitan revisarlas cada tanto y modificar lo que ha dejado de funcionar. Las parejas que perduran afrontan distintos ciclos vitales y retos, como la crianza de los hijos, su crecimiento, su autonomía, la muerte de los padres, la vejez, etcétera, y a menudo necesitan movilizar grandes recursos para salir airosos y reforzar su vínculo. Convivir es mucho más que estar juntos, mucho más difícil, mucho más desgastante, mucho más movilizador pues requiere ingenio, creatividad y constancia para mantenernos unidos
La convivencia implica necesariamente la constitución de una lista de pactos que mientras no convivíamos no eran necesarios.
Por eso la convivencia representa en sí misma una gran puesta a prueba para el vínculo amoroso. Es muy diferente que nos peleemos y te lleve a casa y vuelva a la mía, o cuelgue el teléfono y no te llame hasta que se me pase, o no atienda el timbre para ignorarte, que discutir a rabiar pero dormir en la misma cama toda la noche.
Aunque algunos son escépticos ante los vínculos actuales, pues tienen una duración cada vez más corta, hay hombres y mujeres que a los treinta años han tenido tres parejas e hijos con cada una, que sucede entonces?
En el mundo de los amores líquidos se plantea de esta manera; “el compromiso con otra persona, particularmente un compromiso incondicional como el de “hasta que la muerte nos separe, en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza, se parece cada vez más a una trampa que debe evitarse a cualquier precio”. Significa que las parejas actuales no están dispuestas a soportar, sostener y equilibrar la relación porque hoy todo es desechable, es intercambiable entonces no necesitan esforzarse por permanecer juntas.
“La dependencia que ha cobrado rápidamente un matiz peyorativo, es la base de la responsabilidad moral hacia el otro” Esto también lo podemos observar en relaciones donde hay sexo sin amor, y parece que la apuesta es no enamorarse para no crear lazos, ni derechos, tampoco obligaciones. Se permanece junto al otro mientras no haya dificultades, de lo contrario buscan la salida fácil ya que la oferta afuera es impresionante.

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El día que no compro me siento mal

 

thMDN228C7Comprar produce un placer indescriptible, sobre todo cuando lo hacemos impulsivamente, pues resulta un poco amargo razonar ¿el por qué queremos una blusa más? si tenemos guardadas treinta, de las cuales solo cinco usamos con frecuencia.
Demasiada gente acude a tiendas cuando se siente ansiosa, triste, deprimida y sola. Entonces compra, compra y sigue comprando cosas que no necesita, que ya tiene, o que resultan excesivas. Si comprar requiere cierta dosis de inconciencia, tiene que ver con un ego al que necesitamos alimentar. Sabernos importantes, que somos alguien, que elegimos libremente, que asumimos nuestro gran poder con solo firmar.
En el mundo globalizado que habitamos somos equis y al parecer dejamos de serlo cuando un vendedor nos llama por nuestro nombre y apellido, salimos del anonimato para surgir como un don Enrique o Doctor Ruvalcaba, o Licenciado fulano. Nuestra hambre de pertenencia entra en escena, aunque esa necesidad de encajar en una sociedad post moderna nos obligue a acumular cosas.
Que saciamos cuando compramos? El sentirnos separados de los demás? El querer llenar uno o varios vacíos en lo más profundo de nuestro ser? El creer que al darnos nos estamos amando porque así dice el eslogan” “porque te lo mereces”, creer que lo adquirido nos vuelve interesantes, más populares, más guapos, atractivos y modernos?
Desear y necesitar no es igual, sin embargo frecuentemente decimos voy a tal o cual tienda porque necesito un vestido, como si tuviésemos una carencia. Nuestros deseos toman las riendas de muchas decisiones, porque lo hacemos desde nuestra esfera emocional.
Sin embargo cuando compramos algo, más bien estamos pagando por intangibles como son la belleza, la inteligencia, la pertenencia, el poder, la autenticidad y muchos otros más. Finalmente el comprar significa un estilo de vida.

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Para April Lane Bénson experta en el tema: “Tener más cosas no significa ser más feliz, sino ir más pesado. Lo que consumimos termina consumiéndonos”.
Es en la década de los noventa cuando la escritora Guadalupe Loaeza en sus libros: las niñas bien, las reinas de Polanco, Debo luego sufro y otros más, hace un análisis concienzudo sobre este fenómeno del consumo en todos sus niveles: no solo de cosas, también de diversión, de ocio, tiempo libre, de lugares donde se exhiben los bienes que dan estatus tales como son: salas de espectáculos, clubes, restaurantes, y todos aquellos donde transcurre la vida de una burguesía que nuestra querida escritora retrata con sentido del humor ameno e ingenioso. He aquí un párrafo en la presentación de Debo luego sufro: ” Guadalupe Loaeza ha creado personajes que les aqueja un mal tipificado por los psiquiatras como trastorno del control de los impulsos: compulsive shopping; buscan mediante las compras, subsanar carencias esenciales: la falta de un sentido concreto para sus vidas, de un auténtico conocimiento de quienes son y quienes les rodean. Pero esta es una conducta contraproducente. A las aflicciones radicales por el destino de la existencia, se suma el horror de los vauchers, de las fechas límite, de ser fichado en la versión moderna del Santo Oficio; El Buro Nacional de crédito”. (1)
“La era del vacío significa, en lo más profundo, la derrota de las grandes ideologías, de la historia, y al mismo tiempo, el advenimiento de un nuevo individualismo, marcado por el culto de la autonomía individual del cuerpo, por el culto del placer. Este proceso tiene como resultado un fenómeno de ansiedad y de comunicación de esa ansiedad. Esta nueva faceta del individualismo continúa desde hace varias décadas porque la sociedad de consumo y la comunicación se desarrolla siempre y cuando las grandes ideologías ya no pueden regresar. Vivimos una época marcada por el derrumbe de las grandes ideologías y las tradiciones, . Ya no existe el orden social y religioso que lo guiaba y que, de cierta manera le ayudaba a vivir”.(2)

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METERSE AL DUELO CON TODAS SUS CONSECUENCIAS

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La biografía de toda persona, hombre o mujer, en cualquier edad, está sembrada de una sucesión de apegos, pérdidas y separaciones que le recuerdan, consciente o inconscientemente la precariedad y fragilidad de todo vínculo y de toda realidad.
Vivir es ir diciendo adiós a las cosas .Es una lista de adioses y despedidas, de boletos de tren volando en nuestros rostros.
Y es en la capacidad de experimentar, acomodar y asumir de una manera constructiva todo ese conjunto de pérdidas en las que el ser humano encontrará una de las mayores fuentes de energía para su crecimiento personal y para seguir enfrentándose a la vida con actitudes vitales sanas.

El duelo  según Jorge Bucay “ es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a la nueva realidad”
La autora Kübler Ros (1969- 1975) determina cinco etapas por las que se pasa en un proceso de duelo que son:
 Etapa de Negación.-Es cuando la persona rechaza obstinadamente la posibilidad de muerte y en su desesperación busca otras opciones como curas mágicas, terapias exóticas, recursos sobrenaturales entre otras.
 Etapa de la Ira.-Es cuando el enfermo se percata de que está próxima la muerte sin remedio y las personas sienten que sus planes y sueños no se realizaran provocando la aparición de emociones como ira, resentimiento y envidia.
 Etapa de Negociación.- Existe un acercamiento con el poder superior (Dios, o en quien se crea) realizando promesas en una especie de ganar tiempo buscando un alivio al dolor.
 Etapa de Depresión.- Cuando el enfermo se percata de que el tiempo se está acabando se lamenta las pérdidas que hayan ocurrido por separaciones de familia, amigos y demás.
 Etapa de Aceptación.-En esta se acepta y espera con tranquilidad y serenidad el desenlace y los familiares alcanzan la resignación.
 Estas etapas no siempre se presentan en todos los casos y en el orden que se comentan si no que pueden variar de acuerdo a los factores personales culturales, religiosos y filosóficos que cada sujeto vive. Lo que en general buscan las personas es poner en orden los asuntos de su vida y es común la búsqueda de parientes y amigos para despedirse, pedir perdón por rencillas, faltas y esto deja un legado de sabiduría y conformidad a los seres queridos que atraviesan por este trance.
 La ayuda que se requiere por quienes pasan el duelo es escucha activa y empática para acompañarles en la superación de la pérdida además de propiciar la reflexión, brindando apoyo moral y conocimiento profundo de lo que se está experimentando.
El duelo es un proceso y no un estado. Por eso, después de sufrir una pérdida, hay ciertas tareas que podemos llevar a cabo quienes decidimos acompañar al doliente.
• Familiarizarse con el proceso de duelo para acompañar al que sufre con un mayor equilibrio y serenidad.
• Evitar las frases hechas, repetir palabras no sirve de mucho es mejor es el silencio o el contacto físico
• Sugerir la ayuda de un profesional especializado cuando intuimos que existe el riesgo de que el duelo pueda prolongarse o hacerse crónico.
• Cultivar los recuerdos, permitiéndoles evocar los momentos positivos vividos junto a la persona desaparecida; así también se puede alternar los aspectos negativos, para completar el sentimiento y la verdad total respecto a la persona ausente.
• Buscar la objetividad al elegir y tomar decisiones, ya que la persona en duelo se encuentra muy confundida y a veces fuera de su centro durante algún tiempo.
• Respetar la diversidad de reacciones, ya que el duelo es una experiencia universal, pero que cada uno la vive de un modo extremadamente personal.
• Promover un clima de esperanza.
• Acompañarle a descubrir nuevos horizontes, nuevos motivos y relaciones, invitándole a que poco a poco vaya saliendo del aislamiento y la pena ocupándose también de otros sentimientos y necesidades de los demás y de sus familiares cercanos.
Cuando nos entregamos al duelo y nos permitimos abrazarlo completamente, abriendo nuestro corazón, dando rienda suelta a todo lo que sentimos, y aceptamos nuestras emociones sin juzgarlas. Experimentamos en toda su magnitud nuestro dolor, nuestro vacío, nuestra orfandad y es gracias a este tiempo que entramos a sentir en él de forma absoluta lo que nos hará posible salir de él más rápido y a su vez mas integrados y con capacidades futuras para enfrentarnos a situaciones similares.
El objetivo de establecer contacto con nuestra desolación es favorecer la curación, no escapar de ella, no es un atajo para saltarse ninguna de las fases del proceso de curación. Debe ser más bien un enriquecimiento para sanar, una fuente de la cual se puede extraer consuelo y estímulo.
Honrar los sentimientos significa que al advertir nuestras emociones de forma pura y simple, tengamos conciencia de ellas. Si estás triste, date permiso de estarlo, si estás feliz, permítete estarlo. Los sentimientos, no son peligrosos. La mayoría de las personas descubren que una vez que comienzan a sentir, no es tan terrible como temían. Cuanto más aprenda yo a soltar más fácil va a ser que el crecimiento se produzca, dejo algo dolorosamente para dar lugar a lo nuevo que me espera.
Sanar es soltar, dejar ir, permitir que se vaya la tristeza, el dolor, los hubiera y también los debería, es darnos permiso de aceptar nuestro pasado, tal y como fue, modificando en el presente lo que sí se puede cambiar.
Sanar requiere el coraje de volvernos a enamorar de nuestra vida, requiere de la sabiduría para aceptar nuestra nueva condición, volver a instalarnos en el presente poniendo en la mesa todo lo aprendido y continuar desarrollando nuestro enorme potencial que con esta experiencia seguramente se habrá incrementado.
Es abrirnos para la ternura del hoy sin tener la sensación de estar traicionando a quien ya se fue. Valorar que sucedió, -que estuvo conmigo-, -que me perteneció una parte de su ser, de su tiempo, y eso que compartimos juntos le dio sentido a mi vida, en su tiempo y forma, con quien probablemente aprendí también muchas cosas. Permitir soltar no es olvidar, ni desear borrar las huellas del ausente, es aceptar que estuvo en mi vida, que sigue siendo parte de mí y que ahora debo aprender a vivir sin su presencia física.

 

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La escritura, como instrumento de sanación puede servir pues se trata de volcar en ella todas las emociones reprimidas. Lo que harás es una especie de escritura libre, a vuelta pluma, o automática, siguiendo el discurrir de la conciencia cuando estés conectado con tus sentimientos, esto es inspirado, permite sacar todo lo que está atorado, ya que seguramente vas a hacer grandes descubrimientos, es decir que te van a caer muchos veintes. El sentido que tiene este ejercicio es el de desconectar algunos de nuestros censores para poder decir lo que necesitamos decir.

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Dar una segunda oportunidad

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En el cofre de recuerdos afectivos perduran recuerdos de las parejas que más nos amaron, las que nos transformaron, también así las que nos lastimaron.

Si en tiempos pasados tuviste con alguien una muy buena relación puedes sentirte satisfecho y hasta orgulloso, porque esta suele es la mejor versión   ante tu pareja en turno, así que la idealizas y le cuelgas muchas virtudes que a lo mejor ni siquiera fueron ciertas, también es una fuente de seguridad pues recurres a dicha persona para recordarle a tu pareja actual que hubo alguien que te valoró más, que te quiso más, aunque desafortunadamente se haya ido.

Y otra de nuestras fantasías que se asoma de vez en cuando es qué sucedería si tal o cual pareja viniese a buscarme para pedirme una segunda oportunidad: ¿Es válido dárnosla?, son de mal gusto los segundos tiempos?¿que es lo peor que puede pasar?

El paso del tiempo junto con todas las experiencias vividas nos transforman, pero no todos cambiamos de la misma forma ni en el mismo nivel. Así puede suceder que de la persona de la que me enamore hace diez años e incluso hace dos ya no sea la misma, ni tampoco yo. Podemos transformarnos en la mejor versión de nosotros, podemos quedarnos atorados sin hallar un rumbo. Habrá cambios que nos ayuden a florecer, habrá cambios que nos dañen, nuestra evolución puede tomar diferentes caminos y por todo ello también es posible que descubramos que nuestro gran amor de antaño es ahora un ente raro alejado de esa extraordinaria persona de la que un lejano día me enamore.

También puede pasar que el reencuentro con esa mi pareja sea de lo más valioso que me esté pasando, cuando percibo que me siento tan bien, como si el tiempo no haya pasado, y que esos cambios que se operaron en cada uno de nosotros nos acerquen todavía más .

Nuestro camino evolutivo suele ser caprichoso, a veces encontramos personas y condiciones inmejorables de superar conflictos que hemos arrastrado desde nuestra infancia y es que gracias a esto porque creamos resiliencia, nos volvemos más fuertes y más hábiles pero también más comprensivos y bondadosos. También suele suceder lo contrario que las circunstancias con las que hemos tenido que lidiar incrementen nuestra condición de desamparo, de conflicto y que esto de lugar a una situación de estancamiento. En definitiva; no solo que ya no me parezco al que fui, sino además me desdibujo frente a los que me conocieron en otras épocas. Con quien va a ser más fácil que me relacione? Con aquellas personas con las que vibro en la misma frecuencia, desconfianza atrae desconfianza, pobreza de corazón igual, deshonestidad atrae más deshonestidad. Todos elaboramos siendo niños un estilo afectivo afirma  Boris Cyrulnik (1) y es el que determina la forma en que nos perciben los demás y a la vez percibimos nosotros.

“El estilo afectivo adquirido y el sentido atribuido a la herida constituyen por tanto el capital mental con el que la persona se representa su implicación futura, y también el capital mental con el que responderá a ella. Algunos ejemplos son: Vínculo seguro son los que se desenvuelven mejor, vinculo de evitación son aquellos a quienes les da miedo expresar sus emociones, vínculo ambivalente son los que por angustia agreden a quien aman, Vinculo angustiado son los que solo se sienten bien si aprisionan el objeto de su amor, vínculo desorganizado corresponde a los que siempre se encuentran desamparados, tienen pocos amigos a causa de sus relaciones difíciles”

Entonces no es casual que atraiga a determinado tipo de personas, pues de la forma en que me manifiesto, actúo, me trato a mi mismo y+ trato a los demás será el tipo de relación y  de pareja que podre establecer.

Si hemos podido gestionar nuestras carencias, debilidades, vacíos, y limitaciones en consonancia con nuestras relaciones familiares y de pareja, sin duda hemos logrado evolucionar y esto nos dará oportunidades de relaciones más satisfactorias.

Entonces mi decisión de volver o no con mi ex no puede estar basada en mis emociones, o en los recuerdos, tiene que ver con la forma en que hemos evolucionado cada uno, cada una de las experiencias que tuvimos alguna marca habrán dejado ya sea para bien o para mal, en conjunto todo esto nos habrá convertido en alguien diferente, más atractivo o menos deseable.

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Lo que el dinero no puede comprar

 

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El dinero por sí mismo no hace que la gente nos ame, tampoco nos hace simpáticos o agradables, no puede comprar: amistad, dignidad, alegría, salud, felicidad, integridad, paciencia, humildad, sabiduría y muchos otros valores más. Ya que estos provienen de nuestro espíritu así como del nivel de conciencia que hemos logrado. Quizá aquí es donde podemos decir que hay personas que han estado tan ocupadas gastando su dinero que no han tenido tiempo de desarrollar estos valores que antes mencionados, arrastrando consigo un nivel mayor de pobreza en todas las esferas de su vida.

 Nuestra relación con el dinero está condicionada con la forma en que nuestros padres lo hicieron. Si hubo una relación de carencia o lo fue de abundancia ello se reflejará en el valor que le asignamos a lo material. Tener una relación sana con el dinero nos permite muchas libertades.Pero si nuestro apego a el se vuelve excesivo terminamos esclavizados a posesiones y a cosas.

El dinero sirve para gastos de supervivencia : comida, techo, ropa, en primer lugar, también para darnos comodidad, sirve entre muchas cosas para hacernos la vida más ligera, para darnos gustos, satisfacciones y caprichos. Pero no puede darnos todo, adjudicarle todo el valor a este elemento no hace bien a nadie. Por ejemplo el dinero me da la posibilidad de inscribirme en un gimnasio, no así las ganas, la persistencia y la fuerza de voluntad para ejercitar mi cuerpo, moldearlo y mantenerlo en forma. El dinero no compra carácter ni fuerza de voluntad, no compra persistencia, ni interés, tampoco motivación o placer por realizar algo. Me da la posibilidad de comprar ropa cara, perfumes, cosméticos, accesorios, alhajas, pero no así el que al portarlos yo me vea bien y además me sienta cómoda confiada, y plena. El dinero me abre infinidad de posibilidades; da vuelo a mis fantasías, anhelos, pone de relieve mis carencias y me enfrenta con mi ego. Claro que si porque mucho de lo que yo haga con el dinero va a ser para encajar, para quedar bien, para sorprender, para competir con gente que alguna vez me trató con desdén. Le doy gusto a mi ego en este mano a mano con la vida, con todo lo que me ha hecho sentir inferior o insuficiente. El dinero me permite jugar muchos juegos que en algún momento se convierten en trampas que la vida moderna enarbola como éxito.

Nuestra relación con el dinero puede ser fluida, podemos si queremos aprender a darle su justo valor sin esperar de él magia, ni milagros, ya que tampoco es responsable de nuestro crecimiento emocional, moral o espiritual. Si hemos logrado resolver las necesidades de subsistencia entonces podemos aprovecharlo con sensatez para crecer más en aquellas áreas de nuestra vida que permanecen incompletas. Como pueden ser mayor preparación académica, mayor salud física y emocional, mayor sentido de vida, mayor participación social y un sinfín de proyectos.

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LAS CARAS DE LA ENVIDIA

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La envidia es un sentimiento que causa desagrado contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo. La envidia se da entre pares de hermanos, amigos, conocidos y demás ámbitos de convivencia. El envidioso es insaciable, su deseo es tener aquello que lleva puesto el otro:  el amor de su pareja, su casa, su auto, su mascota o bien la admiración y cariño que recibe de los demás porque su envidia proviene de su interior y por eso nunca puede quedar satisfecho, ya que siempre se centra en lo que cree que le falta, nunca en lo que verdaderamente tiene.

La envidia daña la capacidad de gozar y de apreciar todo aquello que le pertenece a uno mismo. Es una emoción que perturba y acaba debilitando los sentimientos de amor, ternura o gratitud.

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La envidia puede tener muchos orígenes, pero lo más destacado de este sentimiento negativo hacia los demás es la misma persona y su forma de ver las cosas en su vida. Generalmente, esta emoción surge debido a que se padecen frustraciones personales, inseguridad, baja autoestima y la dificultad de poder conseguir objetivos que se han planteado en la vida. Cuando a otras personas del entorno tienen una mejor condición de vida y esta situación no es aceptada, es de allí que se origina resentimiento a veces, rivalidad y enojo en muchas otras ocasiones.

Quedarnos anclados en actitudes envidiosas corrompe nuestras vidas, dejamos de saborear todo lo bueno que a diario nos sucede, y proyectamos hacia los demás actitudes corrosivas que dañan nuestras relaciones. La envidia destruye familias, aniquila relaciones, pervierte la amistad, envenena el ambiente de trabajo porque contamina la confianza, la fe, la empatía, la solidaridad. Un envidioso está muy lejos de permitirse experimentar dichos sentimientos.[

La envidia llevada a un extremo puede considerarse una enfermedad: Es cuando el sujeto se obsesiona con los logros y triunfos de su adversario ante los cuales que va a experimentar graves ataques de furia demostrando con ellos fuertes sentimientos de inferioridad y una poderosa incapacidad para centrarse en su propia vida.

Los envidiosos no pueden ser felices, todo lo bueno que sucede a los demás les provoca desagrado, cualquier logro que no sea suyo les afecta, creen que la vida es una competencia y que nunca deben perder, así también que no importa los medios siempre y cuando se obtenga eso que para ellos representa tener éxito.

¿Y a quien más se puede envidiar si no es aquella persona cercana con las que convivimos a diario que puede ser el compañero de trabajo, el amigo, el vecino, o algún familiar?

La mayoría de los humanos tienen las herramientas para ir a conquistar sus metas, pero cuando miran a los demás en desigualdad aparece la envidia, cabe preguntarse ¿estarían dispuestos a realizar todo aquello que una persona auto-realizada hace e ir aún más allá para lograr sus propósitos?]

 

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 Cerrar una relación amorosa con dignidad

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Aceptar cordialmente la ruptura de una relación es sumamente difícil, pues casi siempre nos quedamos con mucho resentimiento, culpa, dolor, y a veces tristeza por todo aquello que callamos, por lo que no fuimos capaces de ser al lado del otro. Y es que nuestra historia afectiva se vuelve dramática cuando de separaciones se trata. Hay tantas emociones encontradas que no entendemos pero que intentamos reprimir, negar, ocultar o disfrazar.

Esas rupturas civilizadas ausentes de gritos, enfado y reproches no son comunes en nuestra cultura.

Me gusta mucho la propuesta de Joan Garriga autor del libro “el buen amor en la pareja” para abordar este tema cuya propuesta es la siguiente:

“Cuando se rompe una relación es muy natural experimentar enfado y rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y sacar el enorme malestar si es preciso. La rabia es el resultado de la frustración de las ilusiones y proyectos comunes, de las expectativas de vida. Es una forma de rebelarse contra lo ocurrido y mostrar nuestro desacuerdo. Para salir del enfado y la rabia es necesario rendirse, aceptar la situación, la ruptura, el dolor de la pérdida” Llorar, gritar, patalear, meterse en el dolor hasta la médula, le hace bien al cuerpo, y también al alma. No es posible hacer como que no pasa nada cuando había tantas esperanzas, afanes y promesas” Al final si somos capaces de sostener el dolor, nos mantendremos en el amor, ya que dolor y amor son dos caras de la misma moneda”.

“Cómo se cierra bien el pasado? Primero entregándonos al dolor, abriéndonos al dolor de la herida, de la decepción y de la frustración. Y, durante un tiempo viviendo la turbulencia emocional que toque, la culpa o la tristeza, o el enfado, o la sensación de fracaso o desesperación, o miedo”

Y después cuando se empieza a acomodar, a aceptar e integrar esta experiencia como parte de nosotros desde una postura de aceptación evitando el victimismo y el resentimiento.

Cuando asumimos una posición de víctima no estamos siendo adultos y tampoco nos estamos responsabilizando de lo que hicimos a la relación, al reconocernos sujetos activos de la misma recuperamos nuestro poder y logramos mirar con mayor objetividad lo bueno y lo malo de esta misma.

“Cuando podemos ver lo que nos ha aportado una relación y lo que hemos aprendido de ella, estamos en disposición de cerrarla y abrirnos al porvenir”.

“Un proceso de ruptura concluye cuando:

…Podemos mirar atrás con paz y alegría

…logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra anterior relación

… le damos internamente las gracias a nuestra ex pareja por lo que fue posible y lo que nos aportó;

…podemos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida

…reconocemos el amor que hubo y lo guardamos como un regalo;

…somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor, y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor;

…alojamos al otro en el lugar interior de los vínculos significativos en nuestra alma y pasa a formar parte de la narrativa que configura y da sentido a nuestra vida.

En definitiva, el gran reto para todos consiste en aprender amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos, ponemos nuestros errores al servicio de la vida y de un camino feliz, sea en pareja o no.”

Agradecer a la vida por haber tenido cerca alguien a quien amar, con quien crecer, a quien mirar y ser mirado es símbolo de grandeza moral y espiritual

“Se construye mal sobre las cenizas y los escombros, y que al contrario, se edifica bien sobre los aprendizajes anteriores, sobre la integración nutritiva de nuestro pasado, sea el que sea. De ahí lo imprescindible de aceptar nuestra historia afectiva”

“Una segunda y posteriores relaciones se deben construir sobre el amor de la anterior, sobre lo bueno de la anterior, dignificándola por así decirlo”

“Edificamos mejor cuando tenemos buenos cimientos y cuando podemos reconocer el amor que hubo en lo anterior y sus límites, y rendirnos a esos límites”.

“Muchos hombres y mujeres se apoyan en las heridas que les causaron parejas anteriores para decir NO a un nuevo amor. Podría decir entonces <puesto que he sido herido y he podido superarlo, no necesito nuevas armaduras>”

“El buen amor en la pareja, Joan Garriga,Edit.Paidós,Méx. 2014 pp. 150- 164

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