A la mujer le toca soltar y al hombre retener

En la relación hombre- mujer corresponde a cada uno desempeñar un papel que es el eje del éxito en el mantenimiento y consolidación de esta unión.
Al hombre le corresponde retener a su mujer y lo hace a través de la solidez de su amor, con demostraciones de afecto, ejercitando su rol de proveedor ya sea en lo económico, en lo afectivo y sexualmente, dando cuidados, protección, ternura y apoyo.
A la mujer le toca soltar, hacer sentir a su hombre la total libertad, …y cómo es esto? A base de confianza, las mujeres deben hacer sentir a su hombre que no es perseguido, ni acorralado, nada de estar pidiendo explicaciones por todo, ni pedir cuentas, tampoco interrogatorios de porqués? y a dónde vas? Al hombre le desagrada amenazado, cuanto más libre y a sus anchas se sienta más esta es la condición idónea para entregarse plenamente, solamente así está dispuesto a correr el riesgo de amar totalmente a una mujer y permitir que sea el amor quien tome las riendas en su relación..

En nuestro entorno observamos demasiadas relaciones tóxicas donde cada uno intenta someter al otro, a base de chantajes, de amenazas, de actitudes .Más bien parece que cuando inician una relación con otra persona estuviesen adquiriendo un cachorro del que son dueños y de aquí en adelante a exigirle que le bailen el son preferido. Son modelos que han perdido vigencia porque persiste la creencia de que una relación de dos es para competir, es para sojuzgar, es para ponerse encima del otro. Hoy por hoy la mayoría de personas buscan relaciones ligeras, sin complicaciones, donde pasarla bien y sin mayores compromisos u obligaciones.
La mujer verdaderamente libre es la mujer sabia, la mujer madura, que sabe lo que vale y merece, que reconoce en su hombre a un compañero en iguales condiciones, y que puede tratarlo desde su corazón con amor, consideración y empatía, cada uno es dueño de su vida, tiene planes individuales y planes de pareja, ambos se apoyan uno a otro en el logro de sus objetivos, animan y motivan para persistir, para enfocarse para lograr lo que más anhelan, miran en la misma dirección, se conocen, se admiran, hay atracción sexual y tienen planes en común. No se juran amor eterno, más bien se eligen cada día como compañeros de viaje, se comprometen en el trabajo arduo de mantener su relación en equilibrio, saludable, próspera, feliz. Las dificultades son oportunidades para crecer y aprender, existe la confianza, el apoyo, el entendimiento para que así sea, de tal manera que su vida en común es como una danza continua de celebración de regocijo porque están conscientes de la maravillosa oportunidad que la vida les brinda para crecer en plenitud, para hacerse más sabios, para enriquecerse emocionalmente. Tienen claro que la relación de pareja es un regalo divino, por tanto lo agradecen y celebran todo el tiempo.

CUANDO MI FELICIDAD DEPENDE DE TI

 

El apego es un estado emocional de dependencia a un cosa, a una situación o persona”.

Para el psicólogo John Bowlby. la conducta de apego tiene dos funciones básicas: una función biológica, que es obtener protección para asegurar la supervivencia, y la otra de carácter más psicológico, la de adquirir seguridad.

Hay quienes afirman que la mayor causa del sufrimiento humano proviene de falsas creencias y apegos. Pongo como ejemplo algunas frases: “sin ti yo me muero”, “me haces tanta falta”, “es que no como, no duermo desde que tú no estás”, “que voy hacer sin ti”, “tu eres toda mi felicidad”, se corresponden con depender, necesitar, carecer, tomar de afuera algo para estar bien.

Las personas necesitamos establecer vínculos de amor, respeto y protección hacia nuestros seres amados, estos mismos no pueden ni deben ser excesivos como lo es sobre-proteger, rescatar, controlar, dominar o   inmiscuirse con el afán de  apropiarnos de la vida de ellos. Amar es desear el bien máximo de la otra persona, entonces hay que abrir espacio para que el otro se desarrolle a todo su potencial, podemos acompañar, podemos motivar pero de ninguna forma invadir.

Nuestra dependencia a personas y cosas proviene del miedo a la perdida, proviene de heridas antiguas que no han sanado y requieren atención especial, Necesitar al otro con tanta aprehensión lesiona mi integridad, es una proyección de mis vacíos y carencias, de sentirme incompleto y separado de los demás. Pero además me limita porque pone freno a mi independencia, a mi autonomía, me esclaviza y no me permite salir de mi zona de confort.

Por ejemplo cuando compro una casa y me enamoro de ella, le hago arreglos y adecuaciones por aquí y allá, de tal forma que me siento plenamente identificada con ella, mi casa es como yo, y si en algún momento tengo la oportunidad de cambiar de residencia y debo elegir entre este cambio o mi casa, entonces voy a preferir quedarme en ella, pues es lo que conozco y mudarme significa volver a empezar, cosa que no estoy dispuesta a “sufrir”

 

Yo soy responsable de mi felicidad, yo dedico mi atención a estar bien, a permanecer equilibrada, soy responsable de la satisfacción de mis necesidades, estoy atenta al vaivén de mis emociones y me comprometo en mi salud emocional. No le temo a la soledad, me elijo como mi mejor compañera. Me conozco y me acepto así como soy, puedo reconocer mis debilidades, identifico mis fortalezas y trabajo en mi crecimiento personal. Estoy consciente de que lo que nunca va a cambiar es mi capacidad de amar y asumo ésta empezando por mí misma.

La necesidad de reconocer nuestros apegos y la forma en que nos lastiman, nos limitan, esclavizan y promueven en nosotros actitudes y conductas destructivas es de un valor incalculable. Estar dispuestos a revisar y empezar a modificar patrones de conducta dañinos suma en nosotros bienestar, sobre todo ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido. Todos estamos de paso por esta vida, nuestros vínculos afectivos no se rompen con la salida de casa de nuestros hijos, o de la pareja, unos amigos llegan y otros se van. Lo único que permanece es el cambio. No me aferro a mis seres queridos como si fueran lo más importante, no  busco auto-realizarme a través de ellos, ellos contribuyen a mi felicidad pero no son la fuente misma: Te elijo, pero no te necesito, prefiero estar contigo pero puedo estar sin ti. Disfruto de compartir mi tiempo contigo pero no vivo con el miedo a perderte. Estas frases requieren un alto grado de auto-conocimiento e independencia, de mucha salud emocional del cual todavía la mayoría estamos alejados. Nuestra cultura promueve el apego, promueve el compromiso en las relaciones, la lealtad, la reciprocidad,  y habría que revisar si esta propuesta de desapegarse no está reñida con el modelo mencionado. Finalmente son propuestas que ponen en riesgo nuestras formas de convivencia, porque en el mundo de las relaciones liquidas hay tanto temor al compromiso entre mucha gente y se elige lo transitorio y superficial, entonces vivir desapegado es ideal para no permanecer en algo profundo y duradero.

Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría:
la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire
sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío
dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.(1)

 

 

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LAS TRAMPAS DEL EGO

 

 

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De que formas nos dejamos manipular por el ego? Como podemos saber que es el ego quien ha tomado las riendas de nuestra vida? Si es el ego quien está en un extremo, es de suponer que hay otra alternativa ¿Podemos quitarle poder a nuestro ego?
El ego es el conjunto de nuestras personalidades. Son todos los papeles que nos toca desempeñar socialmente, con los cuales nos hemos identificado tanto que a veces los actuamos indiferenciadamente, por ejemplo un profesor, que se comporta como tal ya no solo en el salón de clases, sino en cualquier ámbito. El ego es un conjunto de facetas creadas y con vida propia, que existen en nuestra mente, que manejan los mandos y el teclado de nuestro súper ordenador, que estimulan ciertas reacciones nuestras: el miedo, el titubeo, el valor, el deseo de ganar, etc., y que sobre-todo tiene una función precisa: la supervivencia del cuerpo humano, y con ello, de la raza humana.

Nuestra mente o ego se nutre de todas aquellas programaciones que desde muy pequeños fuimos incorporando con la familia, la escuela y otras figuras de autoridad. Hemos asimilado la creencia que somos imperfectos e incompletos, que hay algo malo en nosotros que tenemos que modificar, que hay que ser “alguien” “exitoso” en la vida para recibir aceptación.

 

El ego corresponde con todo aquello que aceptamos como cierto pero que solo es una opinión de los demás
Nuestro ego nos mantiene en una zona de confort, nos arraiga con el pasado, con lo ya conocido, a lo familiar y en cuanto pretendemos escabullirnos inmediatamente nos trae de regreso. A nuestro ego no le gustan las sorpresas, ni lo incierto, tampoco lo ambiguo. La pretensión del ego es evitarnos sufrimiento así que siempre nos está avisando de peligros incluyendo aquellos que son imaginarios.
Nuestro ego jamás se satisface, se inventa falsas necesidades siempre quiere más por lo tanto nos obliga a ser competitivos. Somos movidos por infinidad de motivaciones, algunas muy claras y otras no tanto, la mayoría de nuestras decisiones son inconscientes, a veces relacionadas con motivos del pasado. Quiero, deseo, necesito, me tienes que dar… no soporto estar sin… es insoportable no tener…son solo algunas palabras y frases que designan carencia, vacío y/o dependencia, pero además que implican tomar algo de afuera para satisfacerse. Es aquí donde proviene la idea de que mi felicidad corresponde con tener lo de afuera, sin percatarme que lo que debiera hacerme sentir satisfecho está dentro de mí.
Muchos de nuestros momentos de alegría se los atribuimos a circunstancias externas: asistir a una fiesta, ir de vacaciones, hacer compras millonarias o degustar un platillo excesivamente caro son condiciones que el mundo coloca como imprescindibles para ser felices. Entonces andamos a la caza de este tipo de experiencias para llenarnos de esa dizque felicidad tan codiciada Pero cuidado…podemos estar alegres, sin ser felices
Nos da mucho miedo la infelicidad, nos aterra estar solos y sentir nuestros vacíos, cuando aparece la tristeza queremos evitarla a toda costa, entonces vamos de shopping y nos engañamos pensando que así vamos a estar a la altura de las circunstancias, entre otras porque hemos validado un catálogo de todo aquello que nos mantiene en la línea de la normalidad, es decir estables. Todo ha sido clasificado y ordenado de acuerdo a intereses de consumo en un mundo global.
En nuestra separación con la naturaleza hemos renunciado a sentir, vivimos anestesiados, separados de los demás, siempre en la competencia de haber quien tiene más, quien acumula, quien va a la vanguardia de lo más nuevo y sofisticado.
Permitimos que nuestra mente o ego nos guie, razonamos todo, y racionalizamos también, decidimos desde una postura de miedo, no del amor y nos conformamos con medio vivir, sin atrevernos a soltar nuestros miedos para regalarnos lo que más deseamos, y es que una parte de nosotros sabe que lo que más anhelamos no tiene nada que ver con el consumo, ni con quedar bien. Porque en el fondo le tenemos mucho pánico a obtener lo que más queremos, y preferimos posponer, conformarnos, racionalizar, pedimos con la mente, no con el corazón, pero preferimos lo tibiecito nunca los extremos, así que vamos por la vida dando tumbos, convencidos de que esta es nuestra alegría, felicidad, goce, abandonando todo intento de conectar con nuestra esencia, de nuestra divinidad, porque el mundo dice que así está bien. No solo es no aceptarme, es no amarme y también odiarme, por diferentes motivos: por no estar a la altura de las circunstancias, por sentir que no merezco lo bueno, por no agradar a los demás, por ser como soy, por sentirme un ser inacabado, defectuoso, alguien que debe ser reparado y ajustado.

El odio es la brújula que indica hacia dónde va nuestra vibración, odiamos ser lo que somos, odiamos nuestra vida y odiamos a los demás, porque odiar nos da fuerza, nos da poder, mientras que muy debajo está la tristeza, de no aceptarnos tal y como somos, de no tenernos un poquito de misericordia para abrazar nuestros miedos, nuestras frustraciones y empezar de nuevo, ahora en la confianza de que lo que hay en este momento no pudo ser mejor

 

VOLVER A SENTIR

 

 

Hombres y mujeres después de los cincuenta experimentan sentimientos de inutilidad cuando dejan de ser productivos pues habiendo cumplido: las mujeres con la crianza de los hijos y los hombres con prodigarse un patrimonio, creen que hasta ahí ha concluido su paso por este planeta. Tanta es la influencia que hijos tienen sobre sus padres porque los empiezan a subestimar, les dicen viejos, más aún con apodos que los denigran, se sitúan por encima de ellos, en una palabra hay un cierto menosprecio hacia su vitalidad porque midiendo fuerzas hay mucha desventajas. Los hijos tienen el vigor, los padres la sabiduría. En el caso de las mujeres son vistas como sus cuidadoras de tiempo completo ya que deben vigilar y alimentar a los hijos y nietos.
Así también toda el mundo del consumo está orientado a las personas jóvenes, a cuerpos atléticos, esbeltos, piel firme, con todo en su lugar. Entonces una mujer en esta fase experimenta su impotencia al no poder competir con este tipo de mujeres que representan una arrolladora oferta cuantitativa.
Las mujeres hemos deambulado por nuestra existencia cumpliendo a la perfección el rol de esposas, madres, hermanas e hijas, nos conformamos con sobrevivir a expensas de los logros de nuestros hijos, marido, nietos y al que poca importancia le damos es al de ser mujeres, nuestros anhelos, nuestros sueños los hemos ido traicionando, hemos renunciado a sentir placer, a buscarlo y a prodigarlo también, Cuando concluimos nuestra vida sexual porque dejamos de gustar, porque ya no hay atracción y el fuego se ha apagado nos refugiamos en dar atención a los demás. Si somos solteras recicladas nos negamos la oportunidad de una vida afectiva plena, de atrevernos a probar una nueva relación amorosa, volver a experimentar nuestra sensualidad, nos avergüenza nuestro cuerpo, somos sensibles al qué dirán. Es así como sepultamos un ámbito de nuestra vida inmenso en creatividad, en ternura, en experimentarnos deseadas y amadas. Porque ciertamente el amor nunca termina y nuestro apetito sexual, y el vigor solo se transforman. Lo mejor de tener una pareja es un incremento en la vitalidad, en la autoestima y la confianza.
Si porque somos mujeres en toda la extensión de la palabra. Una mujer que practica algún deporte, se mantiene en forma, que cuida su salud, que es moderna, que busca actualizarse y que es activa socialmente, que pertenece a muchos grupos y que se sabe consentir es una mujer plena entre los cincuenta sesenta años tiene mucho que ofrecer y sabe también recibir. Mujeres que ya no tienen miedo al embarazo, que son dueñas de su tiempo, que han roto con esquemas de represión, que se informan, que conocen su cuerpo, que reconocen sus necesidades, que han aprendido a ser compañeras, amigas y amantes.

 


Atrevernos a confrontar nuestras creencias que nos mantienen estancadas y reprimidas, revisar nuestra educación sexual y modificarla si es necesario, atrevernos a superarnos académicamente, hacer a un lado el qué dirán, dejar de co-depender de nuestros familiares cercanos, revisar nuestros mitos y tabúes respecto al amor y la sexualidad, recordar nuestros sueños, darnos permiso de explorar, de vivir, de emerger, de meter la pata, pero finalmente atreviéndonos a vivir.
Que bueno sería promover una cultura al rescate de esta esfera de la vida, Que hubiese más mujeres satisfechas, más mujeres que se saben amadas, más mujeres aferradas a vibrar con la vida, porque estoy segura que el mundo sería diferente, quizá el amor irrumpiese de manera sonora, vibrante amorosa, fecunda, prospera y luminosa.

 

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Aprende a volar con tu pareja

 

Demasiadas veces he escuchado a parejas reñir, y preguntarse entre ellos, o el a “ella dime que tienes, o que quieres”? Y escuchar de ella un no sé, tu deberías saberlo, si me quisieras no tendrías porqué preguntar”, inmediatamente ella llora, se hace la ofendida, se retira y dejan de hablar, En este episodio caben un sinfín de actitudes que nos ponen a pensar ¡Cómo la estamos regando hombres y mujeres al no permitirnos la oportunidad de hablar sobre las cosas que verdaderamente importan!, y es que con medias palabras no podemos darnos a entender, ninguno está para adivinar, y aunque nos amemos mucho nadie está obligado a interpretar cada señal, gesto, postura etc. Todo esto que acabo de mencionar son  malos hábitos aprendidos culturalmente  que lejos de facilitarnos el entendimiento si lo empobrece.
Y es que en el sistema que habitamos casi nadie habla de lo que siente, mucho menos de lo que le duele, por tanto nuestro mundo emocional va hacia adentro, nunca hacia afuera. Las mujeres no estamos acostumbradas a decir cosas simples pero contundentes como; “sabes hoy no me has mirado, ni me has acariciado, me gusta que toques mi cuerpo, no me has preguntado cómo estoy, me gustaría que lo hicieras con frecuencia, porque esto me hace sentir más cerca de ti” .Y qué decir de ellos que todo el tiempo se hacen los fuertes quizá si fuesen capaces de dejar entrever la gran necesidad que hay de reconocimiento por lo bien que hacen su trabajo, o de respetar sus silencios sin empezar a cuestionarles, y de recostar su hombro en nuestro pecho tan solo para que se sientan queridos. Quizá podríamos avanzar en construir bienestar emocional, intimidad, relaciones más satisfactorias y placenteras. El escuchar y ser escuchados es parte indispensable de la relación, conocer que pensamos, que nos preocupa, ocupa, y motiva.
Tener una pareja no es tener un objeto o cosa ahí para cambiarle de lugar cuando ya no me guste. Es un proyecto de amor donde ambos deseamos compartirnos, deseamos crecimiento mutuo, deseamos el bien del otro. A veces la relación de pareja es desgastante, otras agobiante, requiere de mucha energía y de gran sabiduría. Tenemos que dejar atrás todo aquello que nos contaron del amor, esquemas, retratos hablados, mapas del tesoro de nada sirven cuando queremos amar lúcidamente.

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Relaciones saludables requieren presencia, no fantasías ni falsas esperanzas, con un profundo compromiso de dos seres dispuestos a enfrentar las situaciones más crudas de desesperación, de miedo, de dudas, de ansiedad, de desastre, -poder decir me duele-, -me carcome-, -siento dolor- y no culpo al otro por ese dolor, puedo pedir un poco de apoyo, sin exigirlo. Podemos recomenzar nuestra relación a partir del desplome de sueños prefabricados, de ideales y de expectativas no cumplidas, hacer conscientes nuestros no y nuestros sí dentro de la relación, ¿Qué queremos?, que podemos? Que resulta imposible? Porque en esta relación de reciprocidad no caben los debería.
Admitir profundos sentimientos de desconexión, porque imperceptibles cambios se operan en la psique de cada uno sin saber, porque sin darnos cuenta empezamos a mirar en otra dirección y a querer nuevas cosas, porque el alma y la piel no se ponen de acuerdo.
El aprendizaje sobre lo que nos hace diferentes y a la vez tan únicos es parte de la vida de pareja. Mi pareja es mi espejo, está ahí para revelarme todo aquello que no puedo o no quiero ver de mí misma, mi pareja me da identidad, porque es mi puerto seguro a donde llegar, mi pareja es mi fuente de ternura, de reconocimiento, de estructura cuando tambaleo, cuando me derrumbo y necesito que alguien me diga cómo levantarme. El mundo femenino y masculino parecieran equidistantes, pero si ambos pensamos, sentimos, necesitamos, deseamos porque no tender puentes para acercarnos más, para querernos bien, para regocijarnos por tenernos  y  agradecer a la vida tener alguien a quien amar, a quien reconocer, con quien compartir, impulsar e inspirar.
Cuando en una discusión empleamos frases como: “haz lo que se te la gana”, o “me vale un cacahuate”, o ”no es mi problema” o “yo no tengo nada que ver con eso” estamos siendo excluyentes, egoístas y desconsiderados porque no nos reconocemos como parte de un sistema familiar. Hacerse a un lado vuelve complicado aquello que podría ser fácil, crea resentimiento en la otra parte, es evidente que se le está cargando con toda la responsabilidad. Aprender a ser pareja requiere la toma de conciencia de una decisión que se hizo en algún momento para participar en este proyecto, apropiarnos de nuestro cincuenta por ciento de compromiso y responsabilidad requiere, reciprocidad, paciencia, comunicación asertiva, tomar acuerdos, aprender a negociar, ceder con sensatez, colaborar activamente en todo, sabernos parte de un sistema, asumirlo con gusto, dispuestos siempre a aprender pues al final es una elección personal el querer o no convertirnos en la mejor pareja.

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EL LENGUAJE DEL AMOR

 

 

Hace días que lo traigo metido entre ceja y ceja, me gusta, si me gusta demasiado, ya hemos platicado en cinco seis ocasiones, somos amigos nada más, y a él no parece interesarle otra cosa. Veo sus manos, sus dedos afilados e imagino que tocan mi rostro, que se deslizan lentamente por mi espalda, por mis muslos, por mis rodillas, ahhh no puedo dejar divagar así mi mente, porque si sigo imaginando no sé hasta donde me va a llevar. Mente….mente, empiezo a sospechar que no es mi mente pues cuando estamos juntos mi piel se pone chinita, transpiro, mi corazón se agita, tan solo de verle y aún más de tocar sus manos!!! ¿Cómo se nombra esto? En verdad puedo definirlo con palabras…creo que me estoy enamorando y él no se dá cuenta, o quizá no le gusto, cómo saberlo? Ayer estuvimos cantando y entre nota y nota le solté una que otra frase de amor, ahhhh como un pajarillo inquieto que quiere emprender el vuelo así es este sentimiento atrapado en la jaula de mi corazón. Ensaye frente al espejo como decirle, pero me desarma, cuando me mira empiezo a perder contacto con la tierra y si me roza con su cuerpo accidentalmente tiemblo.


Y es que no puedo ir a decirle: -mira estas semanas que hemos estado saliendo has logrado que me enamore perdidamente de ti-, ¿qué hacemos con esto? O es algo mío que sólo yo debo resolver? ¿A ver como hago con todo lo que siento?, ¡si eres tú quien lo provoca!. Bueno no es que no pueda, creo que me detengo porque habíamos decidido ser sólo amigos y no estaba en mis planes que esto pasara. Por otro lado ser yo quien tome la iniciativa puede desdibujar la imagen que tiene de mí, y si además no me corresponde tan solo voy hacer el ridículo, y esto- ¡mi ego no lo puede tolerar!.- Mejor hago como que no pasa nada, a ver cuánto resisto, quizá él lo adivine, quizá él sea quien me tome entre sus brazos… y sea el él de la iniciativa.
Han transcurrido más de diez semanas y percibo que algo muy dentro de mí va estallar, tengo tanto miedo de mí, de entregar mi corazón y volver a sufrir, tengo miedo al desengaño, a la duda, tengo miedo de que todo sea producto de mi mente, de estar soñando y despertar a solas como hace ya tantos años. Le he pedido vernos, le he dicho que venga a cenar

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He estado silenciosa más que nunca, perdida en la profundidad de sus hermosos ojos castaños, le he besado en los ojos con mi mirada y cada silencio ha ido telegrafiando palabra a palabra todo lo que ahora siento por él. Él sabe que lo amo locamente….me ha besado en la boca…….no han hecho falta palabras, el lenguaje del amor ha triunfado. Me siento libre y en conexión con él, es el inicio de la mejor historia de mi vida.
En cosas del amor no hay reglas, tampoco se pueden seguir acuerdos, no es con razonamientos que nos encontramos frente a frente con nuestros sentimientos, se requiere una dosis de honestidad, otra de valor, mucha alegría por este gran descubrimiento, creatividad, intuición, emoción. Y permitir que sea el corazón quien nos guíe, es confiar en el proceso de la vida, es permitirnos fluir con el universo
P.D. Toda relación se convierte en un ser vivo que ha sido engendrado por dos soñadores.

 

 

“En el encuentro verdadero y amoroso con el otro logramos reconocernos profundamente a nosotros mismos” Joan Garriga

 

Sana a tu niño interior y recupera tu Poder

 

 

 

pisomap-emociones-sentimientos-comprar-viviendaDemasiadas personas crecemos con inseguridades, temores, dudas y un carácter conflictivo marcado por el dolor, el miedo y el abandono. Llegamos a la edad adulta vigorosos y con grandes probabilidades de convertirnos en seres auto-realizados, o en el otro extremo, amargados e inconformes porque pensamos que la vida es cruel e injusta. Entonces nos preguntamos: -¿si lo tenemos todo para ser felices porque hay una sensación de carencia, de vacío, de insatisfacción? hagamos lo que hagamos esto persiste-.
Y son muchas ocasiones en nos hemos mirado al espejo repitiéndonos: ahora empiezo de nuevo, cambio mi vida, olvidaré todo lo malo y seguiré adelante. Si esto fuera tan fácil, parte de los psicólogos no tendríamos trabajo. Sanar las heridas del alma no es tarea sencilla, pero no significa que sea imposible, todo está en el conocimiento que tengamos sobre nuestros sentimientos, en saber cómo gestionarlos y nuestra actitud ante los cambios.
¿Por qué nos saboteamos cuando estamos a punto de lograr lo que más deseamos? Porque nos cuesta tanto trabajo decidir? , porque dejamos cosas inconclusas? O bien porque somos incapaces de reconocer y retener a las personas que nos hacen bien?
La mayor parte de nuestros resultados de no-éxito están relacionados con la relación que tuvimos con nuestros padres, las heridas producidas durante nuestra infancia temprana.
Nuestra alma elige los padres y las circunstancias de nacimiento por razones muy precisas. Venimos a experimentar una serie de vivencias para sanar una serie de heridas, y así integrar la personalidad con el alma. Venimos a aprender a aceptar y amar incondicionalmente partes de nosotros que hasta ahora han vivido ignoradas y con miedo. Somos atraídos hacia padres con heridas como las nuestras para recordarnos qué hemos venido a amar. Aprender a aceptar nuestras heridas es aprender a ser responsables y a amarnos incondicionalmente, y esa es la llave para la transformación y la sanación del alma”

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Si quieres aprender cómo sanar las heridas del alma y del corazón es importante que sepas la causa de tu dolor. Muchas veces, el dolor puede proceder por una relación con alguien (tanto amorosa como de amistad o familiar): por muerte pérdida, abandono, enfermedad , traición y muchas otras más. Sin embargo el dolor actual se mescla con los dolores del pasado. De los duelos ante pérdidas, por no cerrar nuestras relaciones afectivas con amor, por todos los rencores, tristezas, enojos, culpas, vergüenza y miedo guardados en nuestro interior. Siguen ahí nuestras emociones reprimidas porque no supimos cómo afrontarlas, ni darles cauce y experimentarlas en toda su magnitud. Suprimirlas creímos que era lo mejor y ahora regresan aumentadas exponencialmente.
Si seguimos el camino de recordar y lamentar a cada rato todo el dolor de nuestro pasado, no vamos a salir nunca del círculo y estaremos haciéndonos a nosotros lo que otros nos hicieron, cobrar conciencia total de que el pasado ya se fue y no hay nada para cambiarlo, requiere de toda nuestra valentía para dejarlo ir con amor, agradeciendo todos y cada uno de los aprendizajes logrados, pues sin ellos no seríamos quienes somos en este momento. Valorar nuestro presente, cuidando lo que pensamos, decimos y hacemos, dado que es lo único que tenemos, y cada minuto representa una oportunidad para darnos permiso de ser felices.

Sanar no es hacer como que no está pasando nada, claro que está pasando y nos duele, duele mucho… entonces abracemos nuestro dolor, hagámosle espacio para que se manifieste. Si experimentamos tristeza está bien nos permite tomar distancia con el ruido de afuera y adentrarnos en nosotros. Generalmente el llanto es la forma de defensa del cuerpo; nos calma y nos alivia, pero al mismo tiempo nos humaniza, porque reconocemos nuestra fragilidad, nuestra necesidad de ser consolados por los demás
Empezamos a sanar cuando tomamos la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos, y aquí es preciso evaluar a quienes nos rodean, ya sean familia, compañeros de trabajo, o amigos nuestros; si son el tipo de personas que se la pasan criticando, peleando, juzgando, entonces podemos poner distancia, límites o cambiar de fila.
Trata de hacer relaciones nuevas llenas de entusiasmo y alegría, esto es rodearnos de gente que haga aflorar en nosotros lo mejor.
Hay quienes creen que meditar es poner atención a un problema, reflexionando y sacando conclusiones, esto es cierto en parte pero lo mejor es que asistas con un grupo con profesionales y aprendas técnicas específicas.
Leer libros de auto-ayuda y de superación personal es bueno pues nos dan indicadores de lo que anda mal en nosotros, es muy recomendable, asistir a talleres de desarrollo humano siempre y cuando nos comprometamos a poner en práctica cambios sustanciales en nuestra vida.
Atrévete a enfrentar a tus demonios, a convivir con ellos, a domarlos E incluso a convertirlos en tus amigos. Todo esto es posible si miras adentro de ti, te reconoces, te aceptas e inicias el proceso de restauración, como cuando una vieja casa se renueva, se vacía, se saca lo inservible y se vuelve a llenar ahora solo de aquello hermoso y valioso, inicia con cosas sencillas y ve sumándoles un grado de dificultad, por ejemplo si no estás haciendo ejercicio físico inicia con una meta de 4 hs. a la semana y ve incrementando a 6, 8 o más.
Lo ideal es que pidas ayuda a un terapeuta calificado en sanación del niño interior, que esté entrenado para manejar las heridas, la relación con los padres y todo aquello que está desarmonizado como resultado de lo mismo. Hay talleres para sanar las cinco heridas que Lise Bourbeau ha clasificado así: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Todos estamos marcados por una, dos, o varias de ellas y se manifiestan en la forma en que nos relacionamos con todo; amor, dinero, amistad, empleo, éxito, salud, Dios.
Todos sin excepción podemos aspirar a una vida feliz, plena, sin culpas ni complejos. La clave: aliviar el dolor de nuestro niño interior y sanar las heridas que nuestros padres y las circunstancias dejaron en nuestra vida. Apostar por una existencia de libertad, prosperidad y de gozo es nuestro derecho.

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