METERSE AL DUELO CON TODAS SUS CONSECUENCIAS

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La biografía de toda persona, hombre o mujer, en cualquier edad, está sembrada de una sucesión de apegos, pérdidas y separaciones que le recuerdan, consciente o inconscientemente la precariedad y fragilidad del ser humano pero además de todo vínculo con los demás.
Vivir es ir diciendo adiós a las cosas .Es una lista de adioses y despedidas, de boletos de avión y de  tren volando en nuestros rostros.
Y es en la capacidad de experimentar, acomodar y asumir de una manera constructiva todo ese conjunto de pérdidas en las que el ser humano encontrará una de las mayores fuentes de energía para su crecimiento personal y para seguir enfrentándose a la vida con actitudes vitales sanas.

 Toda pérdida requiere de un duelo:

El duelo  según Jorge Bucay “ es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a la nueva realidad”
La autora Kübler Ros (1969- 1975) determina cinco etapas por las que se pasa en un proceso de duelo que son:
1  Etapa de Negación.-Es cuando la persona rechaza obstinadamente la posibilidad de muerte y en su desesperación busca otras opciones como curas mágicas, terapias exóticas, recursos sobrenaturales entre otras.
2  Etapa de la Ira.-Es cuando el enfermo se percata de que está próxima la muerte sin remedio y las personas sienten que sus planes y sueños no se realizaran provocando la aparición de emociones como ira, resentimiento y envidia.
3  Etapa de Negociación.- Existe un acercamiento con el poder superior (Dios, o en quien se crea) realizando promesas en una especie de ganar tiempo buscando un alivio al dolor.
4 Etapa de Depresión.- Cuando el enfermo se percata de que el tiempo se está acabando se lamenta las pérdidas que hayan ocurrido por separaciones de familia, amigos y demás.
5  Etapa de Aceptación.-En esta se acepta y espera con tranquilidad y serenidad el desenlace y los familiares alcanzan la resignación.
Estas etapas no siempre se presentan en todos los casos y en el orden que se comentan si no que pueden variar de acuerdo a los factores personales culturales, religiosos y filosóficos que cada sujeto vive. Lo que en general buscan las personas es poner en orden los asuntos de su vida y es común la búsqueda de parientes y amigos para despedirse, pedir perdón por rencillas, faltas y esto deja un legado de sabiduría y conformidad a los seres queridos que atraviesan por este trance.”(1 )
La ayuda que se requiere por quienes pasan el duelo es escucha activa y empática para acompañarles en la superación de la pérdida además de propiciar la reflexión, brindando apoyo moral y conocimiento profundo de lo que se está experimentando.
El duelo es un proceso y no un estado. Por eso, después de sufrir una pérdida, hay ciertas tareas que podemos llevar a cabo quienes decidimos acompañar al doliente.
• Familiarizarse con el proceso de duelo para acompañar al que sufre con un mayor equilibrio y serenidad.
• Evitar las frases hechas, repetir palabras no sirve de mucho es mejor es el silencio o el contacto físico
• Sugerir la ayuda de un profesional especializado cuando intuimos que existe el riesgo de que el duelo pueda prolongarse o hacerse crónico.
• Cultivar los recuerdos, permitiéndoles evocar los momentos positivos vividos junto a la persona desaparecida; así también se puede alternar los aspectos negativos, para completar el sentimiento y la verdad total respecto a la persona ausente.
• Buscar la objetividad al elegir y tomar decisiones, ya que la persona en duelo se encuentra muy confundida y a veces fuera de su centro durante algún tiempo.
Respetar la diversidad de reacciones, ya que el duelo es una experiencia universal, pero que cada uno la vive de un modo extremadamente personal.
• Promover un clima de esperanza.
• Acompañarle a descubrir nuevos horizontes, nuevos motivos y relaciones, invitándole a que poco a poco vaya saliendo del aislamiento y la pena ocupándose también de otros sentimientos y necesidades de los demás y de sus familiares cercanos.
Cuando nos entregamos al duelo y nos permitimos abrazarlo completamente, abriendo nuestro corazón, dando rienda suelta a todo lo que sentimos, y aceptamos nuestras emociones sin juzgarlas. Experimentamos en toda su magnitud nuestro dolor, nuestro vacío, nuestra orfandad y es gracias a este tiempo que entramos a sentir en él de forma absoluta lo que nos hará posible salir de él más rápido y a su vez mas integrados y con capacidades futuras para enfrentarnos a situaciones similares.
El objetivo de establecer contacto con nuestra desolación es favorecer la curación, no escapar de ella, no es un atajo para saltarse ninguna de las fases del proceso de curación. Debe ser más bien un enriquecimiento para sanar, una fuente de la cual se puede extraer consuelo y estímulo.
Honrar los sentimientos significa que al advertir nuestras emociones de forma pura y simple, tengamos conciencia de ellas. Si estás triste, date permiso de estarlo, si estás feliz, permítete estarlo. Los sentimientos, no son peligrosos. La mayoría de las personas descubren que una vez que comienzan a sentir, no es tan terrible como temían. Cuanto más aprenda yo a soltar más fácil va a ser que el crecimiento se produzca, dejo algo dolorosamente para dar lugar a lo nuevo que me espera.
Sanar es soltar, dejar ir, permitir que se vaya la tristeza, el dolor, los hubiera y también los debería, es darnos permiso de aceptar nuestro pasado, tal y como fue, con la convicción de que en el presente podemos modificar lo que si se puede cambiar.
Sanar requiere el coraje de volvernos a enamorar de nuestra vida, requiere de la sabiduría para aceptar nuestra nueva condición, volver a instalarnos en el presente poniendo en la mesa todo lo aprendido y continuar desarrollando nuestro enorme potencial que con esta experiencia seguramente se habrá incrementado.
Es abrirnos para la ternura del hoy sin tener la sensación de estar traicionando a quien ya se fue. Valorar que sucedió, -que estuvo conmigo-, -que me perteneció una parte de su ser, de su tiempo, y eso que compartimos juntos le dio sentido a mi vida, en su tiempo y forma, con quien probablemente aprendí también muchas cosas. Permitir soltar no es olvidar, ni desear borrar las huellas del ausente, es aceptar que estuvo en mi vida, que sigue siendo parte de mí y que ahora debo aprender a vivir sin su presencia física.

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La escritura, como instrumento de sanación puede servir pues se trata de volcar en ella todas las emociones reprimidas. Lo que harás es una especie de escritura libre, a vuelta pluma, o automática, siguiendo el discurrir de la conciencia cuando estés conectado con tus sentimientos, esto es inspirado, permite sacar todo lo que está atorado, ya que seguramente vas a hacer grandes descubrimientos, es decir que te van a caer muchos veintes. El sentido que tiene este ejercicio es el de desconectar algunos de nuestros censores para poder decir lo que necesitamos decir.”(3 )

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 Una segunda y posteriores relaciones se deben construir sobre el amor de la anterior

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Aceptar con  una sonrisa en los labios la ruptura de una relación amorosa  es sumamente difícil, pues casi siempre hay  mucho enojo, resentimiento, culpa, dolor, abatimiento y mucha tristeza, emociones que nos remiten a  aquello que callamos, a lo que dimos y dimos sin jamar poner límites, y la  aceptación estoica lo que nuestra media naranja nos quiso dar. Esas rupturas civilizadas ausentes de gritos, enfado y reproches no son comunes en nuestra cultura.

Duele también todo aquello que nos reprochamos por no estar a la altura  del otro, los debería se asoman por todos lados, exceso de  preguntas obsesivas del como, cuando, donde, con quién? se apoderan de nuestra mente y   el desmerecimiento se instala en una balanza que oscila hacia ambos lados e inclinándose tendenciosamente según nuestro estado de animo, según nuestras racionalizaciones y también según la opinión de los que nos rodean.

Me gusta mucho la propuesta de Joan Garriga autor del libro “el buen amor en la pareja” para abordar este tema cuya propuesta es la siguiente:

“Cuando se rompe una relación es muy natural experimentar enfado y rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y sacar el enorme malestar si es preciso. La rabia es el resultado de la frustración de las ilusiones y proyectos comunes, de las expectativas de vida. Es una forma de rebelarse contra lo ocurrido y mostrar nuestro desacuerdo. Para salir del enfado y la rabia es necesario rendirse, aceptar la situación, la ruptura, el dolor de la pérdida” Llorar, gritar, patalear, meterse en el dolor hasta la médula, le hace bien al cuerpo, y también al alma. No es posible hacer como que no pasa nada cuando había tantas esperanzas, afanes y promesas” Al final si somos capaces de sostener el dolor, nos mantendremos en el amor, ya que dolor y amor son dos caras de la misma moneda”.

“Cómo se cierra bien el pasado? Primero entregándonos al dolor, abriéndonos al dolor de la herida, de la decepción y de la frustración. Y, durante un tiempo viviendo la turbulencia emocional que toque, la culpa o la tristeza, o el enfado, o la sensación de fracaso o desesperación, o miedo”

Y después cuando se empieza a acomodar, a aceptar e integrar esta experiencia como parte de nosotros desde una postura de aceptación evitando el victimismo y el resentimiento.

Cuando asumimos una posición de víctima no estamos siendo adultos y tampoco nos estamos responsabilizando de lo que hicimos a la relación, al reconocernos sujetos activos de la misma recuperamos nuestro poder y logramos mirar con mayor objetividad lo bueno y lo malo de esta misma.

“Cuando podemos ver lo que nos ha aportado una relación y lo que hemos aprendido de ella, estamos en disposición de cerrarla y abrirnos al porvenir”.

“Un proceso de ruptura concluye cuando:

…Podemos mirar atrás con paz y alegría

…logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra anterior relación

… le damos internamente las gracias a nuestra ex pareja por lo que fue posible y lo que nos aportó;

…podemos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida

…reconocemos el amor que hubo y lo guardamos como un regalo;

…somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor, y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor;

…alojamos al otro en el lugar interior de los vínculos significativos en nuestra alma y pasa a formar parte de la narrativa que configura y da sentido a nuestra vida.

En definitiva, el gran reto para todos consiste en aprender amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos, ponemos nuestros errores al servicio de la vida y de un camino feliz, sea en pareja o no.”

Agradecer a la vida por haber tenido cerca alguien a quien amar, con quien crecer, a quien mirar y ser mirado es símbolo de grandeza moral y espiritual.

“Se construye mal sobre las cenizas y los escombros, y que al contrario, se edifica bien sobre los aprendizajes anteriores, sobre la integración nutritiva de nuestro pasado, sea el que sea. De ahí lo imprescindible de aceptar nuestra historia afectiva”

“Una segunda y posteriores relaciones se deben construir sobre el amor de la anterior, sobre lo bueno de la anterior, dignificándola por así decirlo”

“Edificamos mejor cuando tenemos buenos cimientos y cuando podemos reconocer el amor que hubo en lo anterior y sus límites, y rendirnos a esos límites”.

Cuando permitimos que el odio se instale en nosotros a causa de una ruptura nos envenenamos y lejos de reconocer nuestros aprendizajes que hacen posible nuestro crecimiento, retrocedemos, nos contaminamos y va a ser imposible el abrirnos a otras experiencias que continúen nuestro desarrollo evolutivo.

“El buen amor en la pareja, Joan Garriga,Edit.Paidós,Méx. 2014 pp. 150- 164

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