PORQUE SOY TU MADRE

“En esta casa se hace lo que yo digo, -a mí no me vas a venir a enseñar modas, soy tu madre- Habla la voz de la experiencia, una madre nunca se equivoca”

En países como México  ser madre es  la máxima realización, pues otorga a la mujer el mejor título: el de dar vida, no es de extrañar que esté  sobre-valorado: más que amor es idolatría, es hacerle un altar a nuestra mamá y desde ahí rendir tributo, eso sí solo cada diez de mayo. Para algunas madres esto equivale a  gozar de un gran poder, es tener un rango superior. Una madre lo sabe todo, y por supuesto nunca pierde, pues socialmente tiene un lugar especial. Se le compara con la virgen, con la santidad, con la sabiduría. Pero no todas las madres obedecen este perfil: las hay que cumplen tres jornadas cada día solo para brindar bienestar y felicidad a sus hijos, las hay agobiadas con grandes sentimientos de culpa por tener que ir a trabajar y dejar el hogar y los hijos a la deriva, las hay que ocupan puestos importantes en su trabajo y que deben robarle tiempo al  hogar para cumplir en el mismo. Las hay que forman hermosas familias amorosas fuertes, exitosas. Las hay que se han preparado tanto que su  pareja  se va quedando atrás. Las hay que nunca se miran a sí mismas pues todo su quehacer es para los demás, las hay que son infatigables, comprometidas, responsables e invencibles.

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Habiendo tantos estilos de ser madre conviene explorar el concepto de “madre toxica“  pues reúne matices tan obscuros en su forma de ser y relacionarse con su familia  que no solo dañan a los hijos sino que muchas veces les aniquilan. “’Una madre tóxica reflejara todas sus carencias en sus hijos. Hará de ellos su depósito de frustraciones”

por Nikita dura de matar el 16/03/14, 11:25 a.m

Una madre es tóxica cuando hace comentarios de sus hijos  y aprovecha la oportunidad  para sabotear descalificar, minimizar y dañar  su auto-concepto.

Este modelo de madre existe en mujeres que fueron golpeadas muy duramente por la vida y que no lograron sanar sus heridas y en su lugar se amargaron, que con sus tristes historias provocan culpa en sus hijos obligando así a permanecer cerca para protegerlas, otorgar cuidados y todo aquello que mamá necesite.

La madre mexicana es y ha sido un ejemplo de abnegación y sacrificio, solo que ha convertido este rasgo en una arma para controlar así a su familia, disponiendo la forma en que esta debe vivir, resolviendo, entrometiéndose, haciéndose indispensable, pues se cree con derecho a decidir sobre cada uno de sus hijos, compite con las nueras acaparando la atención y cuidados del hijo, compite con la hija adolescente obligando a vivir la vida que ella no se permitió.

Muchas de ellas a pesar de contar con una pareja son las que mandan y ordenan, enviando mensajes a los hijos varones de sometimiento y dominación,  y por supuesto logran así que ellos menos quieran salir del nido.

Ninguna madre pierde a su hijo porque este se vaya del hogar. Cuando existen  vínculos sanos se acepta de manera natural que los hijos salgan de casa. Así también hay madres que al quedar viudas hacen todo lo posible por separar al hijo de la esposa para conservarlo junto a ellas,  o bien se apropian de los nietos para retener a las hijas y  en otras circunstancias  parecidas evitan que sus hijas o hijos se casen.

Es muy importante asumir una vida adulta independiente, Una mujer debe estar consciente de que no puede ni debe vivir a expensas de sus hijos. El llevar nueve meses en el vientre a un hijo y criarlo durante sus años de vida no otorga un documento de propiedad.

Las madres posesivas hacen todo lo posible por ser indispensables, limitan  para que siempre  se tenga que depender de ellas, logran el dominio de manera constante con su descendencia; bien sea a través de lo material: la casa,  la alimentación, el dinero,  regalos y   trabajo o bien a  nivel emocional creando miedos, inseguridades y hasta enfermedades. 

La mejor madre es la que se ama a sí misma y se sabe amada por su pareja, es la que se da a si misma primero para poder dar a los demás, la que tiene una vida propia, una vida paralela a la de su familia, que no sustituye a la familia por el trabajo ni al trabajo por la familia, sino que le da un lugar a cada ámbito, la que sabe poner límites, la que es generosa, firme, segura, que se ha permitido madurar, que se ha hallado a sí misma.   Una mujer que aprende a valorarse, que se celebra por el solo hecho de existir. Sin pretexto o excusa, sin colgarse de su rol de madre o esposa, la que se reafirma dándose permiso de ser, de equivocarse, de enmendarse, de crecer,  de liberarse, de emprender el vuelo por nuevos horizontes.

A nosotras las madres mexicanas, nos falta un largo camino por recorrer en el encuentro con nuestro yo adulto y equilibrado para poder legar al mundo seres completos, integrados y felices, solo así podemos apoyar la evolución de nuestra raza.

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EMOCIONES DESTRUCTIVAS O AFLICCIONES MENTALES

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Las emociones destructivas son aquellas que dañan a los demás o a nosotros mismos.

Desde la perspectiva darwiniana las emociones destructivas perduran en nosotros a modo de vestigios de aspectos que, en algún momento de nuestra evolución desempeñaron un papel esencial para nuestra supervivencia. Un ejemplo es el miedo, pues nos avisa de probables peligros

Gran parte del sufrimiento humano se deriva de las emociones destructivas como el odio, que alienta la violencia, o el deseo que promueve la adicción.

La mayoría de filósofos occidentales solo atienden a la función de las emociones como facilitadoras de las relaciones interpersonales despreocupándose de su importancia para el perfeccionamiento de nuestra naturaleza interna.

Existen algunas emociones que son indisociables de la naturaleza humana como la ira, el desprecio, la indignación, el miedo, la felicidad, la tristeza, el amor, la amistad, el perdón, la gratitud, el arrepentimiento (o el remordimiento por haber hecho algo mal). Y luego también está la compasión.

El análisis budista no establece la misma diferencia entre las emociones destructivas y las emociones constructivas, sino que las considera como estados mentales que empañan la claridad y ocasionan un desequilibrio emocional.

En la medida en que las emociones negativas se adueñan poco a poco de la mente acaban transformándose en estados de ánimo y, a la postre, en rasgos temperamentales. Por ejemplo si varias veces al día me pongo triste, me convierto en una persona deprimida, o si permito que el enojo se apodere de mi con facilidad, entonces me vuelvo hostil y gruñón, si rio con facilidad, la gente me va a considerar una persona alegre.

Ciertamente no tenemos que reprimir las emociones, pero podemos encausarlas de manera adecuada e inteligente, utilizándolas para conocer la naturaleza de nuestra mente. Identificar que emociones aparecen con frecuencia? cómo aparecen?  Si se han vuelto rasgos de personalidad? Que he hecho para darles una salida favorable?

Podemos considerar que las emociones destructivas restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, el hecho de liberarnos de ellas disminuirá su fuerza y nos permitirá gozar de mayor libertad y felicidad.

A continuación se presenta una lista de seis aflicciones mentales primarias, algunas de las cuales identificaremos fácilmente como emociones, y otras no.

  1. Apego o deseo
  2. Ira (que incluye la hostilidad y el odio)
  3. Orgullo
  4. Ignorancia o ilusión
  5. Duda
  6. Visiones erróneas

El apego, el deseo y la hostilidad están fijadas en algún objeto; en el primer caso, esa fijación tiene que ver con el apego, es decir ir hacia el objeto; en el segundo, con la repulsión, con el hecho de alejarse del objeto.

La duda, nos lleva a una comprensión errónea de la realidad. No se trata de una mera vacilación, sino de un titubeo que nos aleja de la realidad. Aunque también existen formas sanas de duda. De hecho, la duda es muy importante para el cultivo de la comprensión profunda. Del mismo modo que no todas las dudas son aflictivas, tampoco toda ira es aflictiva. Existen ciertos tipos de ira movilizados por la compasión en cuyo caso se trata de un estado mental ajeno al odio. Es cierto que se expresa en forma de ira, pero una ira derivada de la compasión.

A la compasión se le considera como un estado mental virtuoso y sano. Pero también es posible que el afecto se combine con la identificación, en cuyo caso esa mezcla de compasión y apego es muy probable que acabe convirtiendo la compasión en algo aflictivo.

Mencionaremos ahora otras veinte aflicciones mentales secundarias derivadas, todas ellas, de las aflicciones fundamentales del apego o deseo, la ira y la ignorancia, lo que la literatura budista denomina los Tres Venenos:

Los tres venenos

 

 

 

Ira

 

 

 

Apego

 

 

 

Ignorancia

 

 

 

Ignorancia+ Apego

 

1.       Cólera

2.       Resentimiento

3.       Rencor

4.       Envidia/Celos

5.       Crueldad

6.       Avaricia

7.       Autoestima exagerada

8.       Excitación

9.       Ocultamiento de los propios defectos

10.   Embotamiento

11.   Fe ciega

12. Pereza espiritual

13.  Olvido

14.  Falta de atención    introspectiva

15. Petulancia

16. Engaño

17. Desverguenza

18. Desconsideración hacia los demás

19. Falta de escrúpulos

20. Distracción

Explicaremos algunas. Las cinco primeras aflicciones secundarias se derivan de la ira. La cólera no es más que un brote de exasperación, un ataque de furia. El resentimiento es un ataque de ira más duradero. El rencor es otro derivado de la ira, como también se dice que lo son la envidia y los celos

El exceso de autoestima consiste en una visión desproporcionada de nuestras propias cualidades.

El embotamiento es un término ligado a la meditación, aunque tiene manifestaciones mucho más ubicuas y consiste en una falta de claridad mental.

El budismo considera la fe como una virtud, pero no ocurre lo mismo con la fe ciega, en este sentido la fe inteligente se basa en la realidad.

El olvido es un término procedente de la literatura meditativa que se refiere a la falta de atención o falta de interés.

La petulancia es un tipo de ilusión en la que uno pretende de manera consciente y deliberada tener cualidades que, de hecho no posee o exagerarlas desproporcionadamente.

La desvergüenza se deriva de una falta de conciencia en la que, independientemente de que los demás nos descubren o no, uno carece de toda sensación de dignidad.

La inconsciencia es una actitud de completa indiferencia hacia las acciones, las palabras y los pensamientos sin la menor preocupación por su adecuación. La distracción se asemeja al olvido y tiene que ver con una mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos.

-Según la tradición tibetana todas las aflicciones mentales son procesos que desestabilizan el equilibrio de la mente, independientemente de que posean un componente fuertemente emocional o no.

Para contrarrestar a las aflicciones mentales o emociones destructivas es importante la introspección o conocimiento de uno mismo, control emocional, la meditación y la auto-reflexión.

Nuestras actitudes erróneas acompañadas de emociones negativas como la culpabilidad, búsqueda de atención, la hostilidad, la tristeza, la fe ciega, la inconsistencia, la soberbia y muchas otras más deben considerarse como las causas más severas de desequilibrio físico, mental y emocional.

Cuando el cuerpo nos habla a través de un malestar o una enfermedad, lo hace para ayudarnos a tomar conciencia de una forma de pensar que no es benéfica para nosotros. Esto, aunque sea de forma inconsciente perjudica a todo nuestro ser, es la razón por la que enfermamos.

Las emociones destructivas, Daniel Goleman en colaboración con  el Dalai Lama.Edit. Vergara México, 2005

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