Cómo se originan los miedos y que podemos hacer para enfrentarlos

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El miedo es uno de los sentimientos más adversos que dominan la sociedad actual. Tanto el temor que nace de las circunstancias colectivas (desastres climatológicos, crisis económicas galopantes, guerras, aumento de la violencia y criminalidad) como los que surgen del interior nuestro (fobia, ansiedad, terror, angustia, pánico, incertidumbre). Con la creciente influencia de los medios de comunicación, se ha logrado mediatizar a las grandes mayorías mediante un incesante bombardeo con noticias salpicadas de violencia con sesgos tendenciosos para hacer parecer más terribles de lo que en realidad son.
El miedo como respuesta de lucha o huida al estrés se originó con nuestros primeros ancestros, que debieron enfrentarse a amenazas que podían poner en riesgo su existencia. Se localiza en la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que es responsable de enviarnos señales de alerta y de protegernos del peligro, de mantenernos a salvo y con vida.

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El miedo actualmente es el resultado de teñir el hecho presente con ideas, imágenes y experiencias negativas dolorosas o frustrantes de nuestro pasado construidas sobre la base de un almacén de recuerdos personales que cada uno alberga, llamado memoria, lo que no podemos descartar es que la mayoría son interpretaciones de sucesos exagerados o imaginarios.
Los Miedos más frecuentes: miedo al éxito, a la muerte, al fracaso, al compromiso, a la intimidad, a volar, a las alturas, a las arañas a hablar en público, a la obscuridad, a la soledad, entre otros más.
Analicemos el primero: el éxito se asocia con la responsabilidad y nos lleva al compromiso, trabajo y esfuerzo; por tanto rompe con la dependencia hacia algo o alguien. En pocas palabras es temor a la acción. Esta nos enfrenta a situaciones nuevas que nos alejan de la zona de confort en la que estamos. Las creencias deformadas que tenemos sobre el futuro lo vuelven intimidante y provocan que nos quedemos estacionados y lo justificamos diciendo “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero recuerda, “el que no arriesga, no gana.
“Y aunque el miedo parece tener muchas causas:. pero en últimas el miedo es el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego la muerte está siempre a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta todos los aspectos de su vida. Por ejemplo algo que aparentemente resulta “trivial” y “normal” como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión, y hacer ver que el otro está equivocado-defendiendo la posición mental con la que usted se ha identificado-se debe al miedo a la muerte”

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Goleman en su texto el cerebro y la inteligencia emocional revisa la anatomía del cerebro y propone: “la amígdala es el punto desencadenante de la angustia, la ira, el impulso, el miedo, etc. Cuando ese circuito toma las riendas actúa como el “jefe malo” y nos conduce a realizar acciones de las que más tarde podemos arrepentirnos. La amígdala es el radar que detecta los peligros, si detecta una amenaza, en un instante toma el mando del resto del cerebro (en especial del córtex prefrontal) y sufrimos lo que se conoce como un secuestro amigdalar, la memoria deja de funcionar con normalidad, perdemos concentración y capacidad de aprendizaje. Al activarse este sistema de alarma sufrimos la clásica respuesta de lucha, huida o paralización, significa que la amígdala ha puesto en funcionamiento el eje hipotalámico hipofisiario, suprarrenal y el cuerpo sufre una descarga de hormonas del estrés, sobretodo cortisol y adrenalina. Resulta relevante aclara que la amígdala se equivoca con frecuencia, comete errores a menudo, en especial en la vida moderna, donde los peligros son simbólicos y no amenazas físicas”(3)
Las personas mayormente susceptibles al miedo son: las que han recibido maltrato psicológico, las que han enfrentado robos, las que cursan con trastornos nerviosos, las que son excesivamente perfeccionistas, , las que no practican ejercicio físico, las que viven en ambientes tóxicos con reglas confusas, de descalificación e invisibilidad. Las que tienen pensamiento mágico y dan explicaciones ilógicas a sucesos fuera de su comprensión, las que, las que guardan mucha culpa, odio, y resentimiento. En fin aquellas personas que se dejan arrastrar instintivamente por sus emociones y todas aquellas faltas de confianza en su ser interno y en la inteligencia divina.

Cuando hacemos frente a nuestros miedos, y entrenamos nuestra mente para restarles fuerza, o bien pedimos ayuda y recurrimos a terapias basadas en la inteligencia emocional (PNL, terapia cognitiva, hipnosis entre otras) ganamos autoestima, hay una sensación de autorrealización y ya nada nos podrá detener para lograr lo que más deseamos y merecemos.
Te invito a enfrentar tus miedos:
|”.-Cierra los ojos un momento y siente el miedo. ¿En qué parte del cuerpo lo sientes? Cércalo, no permitas que recorra todo el cuerpo, te dominará, tenlo en la mira. TÚ mandas. Sintiendo el miedo has lo siguiente:
2.-Pregúntate. Cierra los ojos para contestar. ¿A que le tengo miedo?.¿Qué puedo perder? ¿Sobreviviré con esta consecuencia?, lo más seguro es que si, rara vez se pierde o se gana todo ¿Qué puedo ganar? Después de obtener las respuestas es muy importante que te preguntes, ¿cuáles son las probabilidades de ganar más?: dando un paso hacia mi meta o quedándome paralizado sin ella?
Ponle nombre. Una vez que identificamos algo por su nombre, se vuelve algo ajeno a nosotros, disminuye de tamaño y es más fácil de vencer.
Ejemplo: a lo que le tengo miedo es a sentirme insuficiente y no digno de ser amado. Por lo que llamo a mi miedo “sentirme insuficiente”. Si permito que me domine este miedo es seguro que me sentiré insuficiente por no lograr lo que deseo, ya estoy viviendo eso a que tengo miedo.
Cuando lo identifico y le pongo nombre, el miedo pierde fuerza y gano confianza en mí mismo, me doy cuenta ahora de que lo que hago no puede disgustar a todas las personas; puede desagradar a algunas pero no a todas”(2)

 

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El día que no compro me siento mal

 

thMDN228C7Comprar produce un placer indescriptible, sobre todo cuando lo hacemos impulsivamente, pues resulta un poco amargo razonar ¿el por qué queremos una blusa más? si tenemos guardadas treinta, de las cuales solo cinco usamos con frecuencia.
Demasiada gente acude a tiendas cuando se siente ansiosa, triste, deprimida y sola. Entonces compra, compra y sigue comprando cosas que no necesita, que ya tiene, o que resultan excesivas. Si comprar requiere cierta dosis de inconciencia, tiene que ver con un ego al que necesitamos alimentar. Sabernos importantes, que somos alguien, que elegimos libremente, que asumimos nuestro gran poder con solo firmar.
En el mundo globalizado que habitamos somos equis y al parecer dejamos de serlo cuando un vendedor nos llama por nuestro nombre y apellido, salimos del anonimato para surgir como un don Enrique o Doctor Ruvalcaba, o Licenciado fulano. Nuestra hambre de pertenencia entra en escena, aunque esa necesidad de encajar en una sociedad post moderna nos obligue a acumular cosas.
Que saciamos cuando compramos? El sentirnos separados de los demás? El querer llenar uno o varios vacíos en lo más profundo de nuestro ser? El creer que al darnos nos estamos amando porque así dice el eslogan” “porque te lo mereces”, creer que lo adquirido nos vuelve interesantes, más populares, más guapos, atractivos y modernos?
Desear y necesitar no es igual, sin embargo frecuentemente decimos voy a tal o cual tienda porque necesito un vestido, como si tuviésemos una carencia. Nuestros deseos toman las riendas de muchas decisiones, porque lo hacemos desde nuestra esfera emocional.
Sin embargo cuando compramos algo, más bien estamos pagando por intangibles como son la belleza, la inteligencia, la pertenencia, el poder, la autenticidad y muchos otros más. Finalmente el comprar significa un estilo de vida.

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Para April Lane Bénson experta en el tema: “Tener más cosas no significa ser más feliz, sino ir más pesado. Lo que consumimos termina consumiéndonos”.
Es en la década de los noventa cuando la escritora Guadalupe Loaeza en sus libros: las niñas bien, las reinas de Polanco, Debo luego sufro y otros más, hace un análisis concienzudo sobre este fenómeno del consumo en todos sus niveles: no solo de cosas, también de diversión, de ocio, tiempo libre, de lugares donde se exhiben los bienes que dan estatus tales como son: salas de espectáculos, clubes, restaurantes, y todos aquellos donde transcurre la vida de una burguesía que nuestra querida escritora retrata con sentido del humor ameno e ingenioso. He aquí un párrafo en la presentación de Debo luego sufro: ” Guadalupe Loaeza ha creado personajes que les aqueja un mal tipificado por los psiquiatras como trastorno del control de los impulsos: compulsive shopping; buscan mediante las compras, subsanar carencias esenciales: la falta de un sentido concreto para sus vidas, de un auténtico conocimiento de quienes son y quienes les rodean. Pero esta es una conducta contraproducente. A las aflicciones radicales por el destino de la existencia, se suma el horror de los vauchers, de las fechas límite, de ser fichado en la versión moderna del Santo Oficio; El Buro Nacional de crédito”. (1)
“La era del vacío significa, en lo más profundo, la derrota de las grandes ideologías, de la historia, y al mismo tiempo, el advenimiento de un nuevo individualismo, marcado por el culto de la autonomía individual del cuerpo, por el culto del placer. Este proceso tiene como resultado un fenómeno de ansiedad y de comunicación de esa ansiedad. Esta nueva faceta del individualismo continúa desde hace varias décadas porque la sociedad de consumo y la comunicación se desarrolla siempre y cuando las grandes ideologías ya no pueden regresar. Vivimos una época marcada por el derrumbe de las grandes ideologías y las tradiciones, . Ya no existe el orden social y religioso que lo guiaba y que, de cierta manera le ayudaba a vivir”.(2)

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LO FEO ES ESPANTOSO, LO MALO ES HORRIBLE, LO MOLESTO ES INSOPORTABLE

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Me vuelvo iracundo cuando me dicen ¡no!
Frustración es posponer la gratificación de algo que deseamos para disfrutar aún más cuando por fin lo conseguimos.
Mucha gente alude a este término para designar a personas que no han logrado sus propósitos, es decir que no hay ganancias visibles que justifiquen sus esfuerzos. También para aquellos que viven con resentimiento por no haber logrado éxito, dinero, fama o suficiencia y que van por la vida salpicando de amargura a quienes les rodean.
La baja tolerancia a la frustración implica una actitud aversiva hacia todo lo desagradable, que funciona como una lente de aumento, amplificando el lado no deseado de cada situación. Lo feo es espantoso, lo malo es horrible, lo molesto es insoportable. De este modo la vida de estas personas está llena de tragedias y acontecimientos estresantes. Frecuentemente albergan sentimientos de ansiedad, tristeza, agitación, resentimiento, humillación y enfado se creen víctimas, se quejan continuamente, culpan a los demás y al mundo.

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Cuando reprueban un examen, los deja la novia o no obtienen likes en sus publicaciones se quieren suicidar ¿qué significa esto?, que hay una anemia emocional.
Algunas generaciones formamos a nuestros hijos con la creencia de que ellos no debían padecer por nada, cualquier deseo que ellos manifestasen nosotros de los debíamos de conceder, pues ellos no soportarían sufrimiento como pasó con nosotros. Hemos criado hijos intolerantes, mal agradecidos, tiranos, groseros, y sobretodo desnutridos emocionales ante cualquier tipo de obstáculo. Tolerar la frustración es aceptar < los no>, < muchos no>, <todos los no que la vida va ir poniendo en nuestro camino>. Es generarnos recursos y lograr nuestros propósitos enfocando nuestras energías, es hacernos merecedores de un sinfín de oportunidades, experiencias y regalos que el universo no da por el simple hecho de existir. . Es saber que hay una ley de correspondencia y que todo lo que va, regresa, que no podemos recibir solamente, sino también nos toca devolver.

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Como padres podemos reafirmar en nuestros hijos el ser persistentes, tener autocontrol, automotivación, desempeño, que no se rindan ante las dificultades. Moldear actitudes de fortaleza ante las derrotas, ante los golpes, ante la adversidad. De lo contrario cualquier experiencia de este tipo los hará pedazos incluso ya nunca sobreponerse.
La gente con baja tolerancia a la frustración mantiene una serie de creencias que están condicionadas por su forma de ver el mundo e interpretar la realidad sin tener mucha conciencia de ello. Es decir, siguen manteniendo un modo inmaduro de ver las cosas, tal y como hacían en la infancia. Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten para que se satisfagan sus deseos a toda costa. Son irracionales, mandones, amargados, tiranos, déspotas. Personas con quienes la convivencia es un severo suplicio.


Mandatos controladores

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Desde la P N L estar programados equivale a haber guardado datos…¿de quién? obviamente de una figura de autoridad, un ejemplo de ello sería lo que nuestra madre nos ha dicho : “te enfermas porque no me haces caso”, ”Tienes que cuidar de tus hermanos”, “los niños que son conformes son los mejores”, “tú me vas a matar con tu desobediencia”, “búscate un hombre que valga la pena”. Estos decretos constituyen creencias encadenadas no lógicas que dominan nuestra vida ya que no son observables a simple vista, casi siempre subyacen a nuestra estructura superficial, pero se hacen visibles por la forma en que hablamos, la forma en que se dicen las cosas, ejemplo (Uno de mis defectos es ser muy aprehensiva)…..quién lo puso en mi cabeza? Papá, mamá, mi pareja, algún profesor? -es así como emergen de nuestra estructura profunda o subconsciente-.

“La programación se realiza de diferentes maneras ya sea en forma seductora, en forma de amenaza, de consejo, como dar instrucciones o chantaje. y conlleva distintos personajes: el niño interior, el padre o adulto interior y la relación   interior. Se le llama “niño interior” a la parte de la personalidad que representa todos los sentimientos y experiencias infantiles, al “adulto interior” al padre a quien nos parecemos, y “compañero interior” a la persona con quien repetimos la relación programada y a la “relación interior” a la manera programada de relacionarnos”.

Casi nadie está consciente de las actitudes que asume mientras se relaciona ejemplo: como alguien desamparado, como alguien con poder, dominante, pasivo, permisivo, soberbio, humilde etc.

Fue durante nuestra infancia que experimentamos circunstancias y emociones, quizá harto desagradables, mismas que tuvimos que aprender a reprimir. Ya adultos repetiremos automáticamente dichas emociones, y de aquí en adelante nos van a controlar.

Somos programados a través de las creencias que sostienen nuestros familiares, educadores y figuras con autoridad sobre nosotros. Dichas creencias no son verdaderas en la mayoría de los casos, sin embargo son cercos que delimitan conductas en todas las personas. Si por ejemplo mi creencia es todos los hombres son infieles, entonces lo que yo voy a encontrar y atraer para mí son este tipo de hombres.

Existen creencias limitantes pero también las hay liberadoras. Las creencias limitantes te restan poder, te inhiben, las utilizas para justificar tu pasividad. Las liberadoras en cambio estimulan tu iniciativa y te ayudan a superarte. Cuando quieres quitar una creencia que te perjudica: (En nuestra familia nunca ha habido divorcios) debes substituirla por otra liberadora:(Tengo derecho a decidir con quiero pasar el resto de mi vida)

“Las razones por las que escogemos cualquier cosa, desde el sabor de una bebida, hasta la persona con la cual planeamos pasar el resto de nuestras vidas, no son el resultado de lo que deseamos, sino de cómo estamos programados subconscientemente para atraer o evitar, seleccionar o rechazar, aquello que decimos desear”

“La mayoría de nuestras preferencias no provienen de nuestra mente consciente, no son una elección, la mente subconsciente es la que se encarga de escoger la relación perfecta para ti Tendemos a elegir de manera consistente, al mismo tipo de persona con la que hemos tenido problemas en relaciones previas.”

“Elegimos a una persona que nos recordará a uno de nuestros padres, con la cual volveremos a reproducir y vivir las mismas situaciones que conocemos, sean agradables o no, y si no intenta definir a cada uno, a tu padre y a tu pareja, ve que aspectos tienen en común.”

Lo que determina la selección de pareja no es cómo fueron mis padres conmigo, sino cómo fueron el uno con el otro durante mi temprana infancia, la forma en que se relacionaban, maltrataban, enojaban, castigaban, acariciaban, reían y divertían.

“Siendo que cada persona se parece más a uno de los dos padres (padre o adulto interior), que al otro, buscará a una persona que se parezca al otro padre (compañero interior), sea que haya sido buena, mala o espantosa. Ese es el motivo por el cual uno repite patrones. Aunque se haya jurado nunca hacerlo”. Es un condicionamiento subconsciente, por eso uno no se da cuenta en qué momento eligió lo mismo. Date cuenta que tu madre y tu esposa se parecen, y posiblemente tu cuñado y tu papá.

Si de niño escuchabas con frecuencia: <no te lo mereces>, <eres malo>, <no sirves para nada>, <dios te va a castigar>, <deberías ser como tu hermano>, <nunca llegarás lejos>,< tu obligación es quedarte a cuidar de nosotros>.No es de extrañar que todos estos condicionamientos te estén impidiendo ser exitoso,  dejar a tu familia, emprender algo grande que experimentes culpa, ,etc. Todo esto está grabado en el subconsciente y hay que removerlo. Es muy probable que desconozcas todo aquello que te mantiene atorado.

Expertos en constelaciones familiares y PNL son los indicados para hacer modificaciones a las creencias que te dañan.

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LA MENTIRA DESTRUYE

 

 

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Todos alguna vez hemos mentido, sea para aumentar la importancia de algo sea para sesgar algo a nuestro favor o para restarle valor, para evitar problemas, para hacer sentir bien a alguien. Para beneficiarnos delatando a alguien que cometió una falta.

Desacreditar es una forma de mentir, revelar secretos de otras personas, ocultar información, decir algo de manera tendenciosa, poner un conjunto de hechos de manera que se beneficien y perjudiquen otras personas, crear recelo o duda, etc. son muchas de las formas que hay para engañar, falsear, manipular etc.

¿Que es mentir?: falsear, engañar, ser deshonesto, faltar a la verdad.

En algunos casos se miente porque se siente que no está uno a la altura del momento o de las circunstancias, esto es para no quedarse atrás, como si fuese una competencia, también por vergüenza a mostrarse tal cual es, en otros casos por desconfianza, pues hay el temor de que los demás se aprovechen.

Se estima que los hombres mienten más que las mujeres y esto es por propia conveniencia. Se cree que las mujeres mienten la mayoría de las veces por hacer sentir bien a los demás.

Las personas que son inseguras, con baja autoestima y que intentan agradar mienten, porque además no saben decir no y en su afán de complacer se comprometen a cosas que después no van a poder cumplir, inventan muchas excusas para salir del paso.

Lo más dañino de la mentira es que erosiona la confianza, que es la base de toda relación humana. La confianza es un elemento difícil de desarrollar en una relación y el más fácil de destruir. Con un solo engaño se hace tambalear la confianza o se puede perder definitivamente. Reconstruir una relación donde se ha perdido lleva mucho tiempo y esfuerzo y muchas veces ya nada vuelve a ser igual . Muy valiosas amistades, relaciones de pareja y a veces con los compañeros de trabajo se han dañado por una dizque inocente mentira. La mentira es difícil de manejar porque tiene algunos matices grises, como por ejemplo secretos personales que cualquiera tiene derecho a guardar, pero alguien cercano puede considerarlo mentira por no compartirlos. Esto se parece a la mentira de omisión cuando se adelanta una información o se dice a medias.

Hay quienes afirman no mentir jamás y hay quienes ni se dan cuenta de la frecuencia con la que mienten.

Tampoco se trata de decir todo lo que pensamos, hay cosas que solo son para uno mismo. Callar sobre la gravedad de una enfermedad con la intención de no privar de la esperanza a un moribundo es la delicadeza con la que nos gustaría ser tratados. Evitar la crueldad es parte de esto. Convivir con personas mentirosas es difícil ya que estamos expuestos a que nos metan en problemas, por ello hay que ser muy cuidadosos con la información que se les brinda. Hay que usar la asertividad y poner límites muy claros para evitar en lo posible malos entendidos.

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Lo que el dinero no puede comprar

 

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El dinero por sí mismo no hace que la gente nos ame, tampoco nos hace simpáticos o agradables, no puede comprar: amistad, dignidad, alegría, salud, felicidad, integridad, paciencia, humildad, sabiduría y muchos otros valores más. Ya que estos provienen de nuestro espíritu así como del nivel de conciencia que hemos logrado. Quizá aquí es donde podemos decir que hay personas que han estado tan ocupadas gastando su dinero que no han tenido tiempo de desarrollar estos valores que antes mencionados, arrastrando consigo un nivel mayor de pobreza en todas las esferas de su vida.

 Nuestra relación con el dinero está condicionada con la forma en que nuestros padres lo hicieron. Si hubo una relación de carencia o lo fue de abundancia ello se reflejará en el valor que le asignamos a lo material. Tener una relación sana con el dinero nos permite muchas libertades.Pero si nuestro apego a el se vuelve excesivo terminamos esclavizados a posesiones y a cosas.

El dinero sirve para gastos de supervivencia : comida, techo, ropa, en primer lugar, también para darnos comodidad, sirve entre muchas cosas para hacernos la vida más ligera, para darnos gustos, satisfacciones y caprichos. Pero no puede darnos todo, adjudicarle todo el valor a este elemento no hace bien a nadie. Por ejemplo el dinero me da la posibilidad de inscribirme en un gimnasio, no así las ganas, la persistencia y la fuerza de voluntad para ejercitar mi cuerpo, moldearlo y mantenerlo en forma. El dinero no compra carácter ni fuerza de voluntad, no compra persistencia, ni interés, tampoco motivación o placer por realizar algo. Me da la posibilidad de comprar ropa cara, perfumes, cosméticos, accesorios, alhajas, pero no así el que al portarlos yo me vea bien y además me sienta cómoda confiada, y plena. El dinero me abre infinidad de posibilidades; da vuelo a mis fantasías, anhelos, pone de relieve mis carencias y me enfrenta con mi ego. Claro que si porque mucho de lo que yo haga con el dinero va a ser para encajar, para quedar bien, para sorprender, para competir con gente que alguna vez me trató con desdén. Le doy gusto a mi ego en este mano a mano con la vida, con todo lo que me ha hecho sentir inferior o insuficiente. El dinero me permite jugar muchos juegos que en algún momento se convierten en trampas que la vida moderna enarbola como éxito.

Nuestra relación con el dinero puede ser fluida, podemos si queremos aprender a darle su justo valor sin esperar de él magia, ni milagros, ya que tampoco es responsable de nuestro crecimiento emocional, moral o espiritual. Si hemos logrado resolver las necesidades de subsistencia entonces podemos aprovecharlo con sensatez para crecer más en aquellas áreas de nuestra vida que permanecen incompletas. Como pueden ser mayor preparación académica, mayor salud física y emocional, mayor sentido de vida, mayor participación social y un sinfín de proyectos.

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TACAÑOS de CORAZÓN 

 

 

jose%20vicente%20gomez%20sandoval%20-%20tacanoA todos nos gusta recibir, supongo que a la mayoría, porque cuando alguien nos regala promueve en nosotros el placer de ser tomado en cuenta, recordado, pensado, anhelado. Dar proviene del ser, de nuestros anhelos del alma. Dar es entrega, empatía, compartirse, repartirse. ¿Pero que sucede con los que están incapacitados para dar?, si con los pobres de corazón….

La mayoría de nosotros hemos tenido la oportunidad de relacionarnos con personas mezquinas que dicen no tener o no poder dar. De donde proviene esta condición? Probablemente de la historia familiar de cada uno, quizá de la escucha de persistente del <no hay>, <no alcanza>, <no tenemos>, >nunca es suficiente> y muchas más .¿Te son familiares estas frases? Recuerdas cuando pedías a tus padres unos zapatos y se enojaban contigo por no haberlos cuidado más?, <que lata> respondían <pues tendrás que esperar hasta que haya dinero>, o si te pedían una cuota en la escuela, como empezaban a refunfuñar y a quejarse y decir que decididamente no estaban dispuestos a ser robados por la Institución, Que mala relación has aprendido con el dinero. Frases como <pobres pero honrados> < pobres y felices> encierran creencias de que los ricos no pueden ser honrados, quizá su riqueza se debe a su falta de honestidad y de que la felicidad está peleada con la riqueza, pues son solo mentiras que justifican demasiada mediocridad. Estas palabras han sido grabadas en nuestro inconsciente y se han convertido en creencias limitantes que no nos permiten conectarnos con nuestra prosperidad, porque todos somos abundantes, nadie ha nacido con escases, es más nuestro ser ya es abundancia y lo somos porque nos generamos muchos dones, y regalos   de nuestro universo.

Nuestro universo es tan vasto que no limita a nadie en prosperidad, al parecer quienes nos limitamos somos nosotros y si constantemente decimos que no hay, pues no hay porque nuestras palabras tienen sustancia y se convierten en realidad, pero lo cierto es que la miseria proviene de muy adentro de nosotros, de esa parte que siente que no merece gastar, que no merece darse a sí mismo, de esa parte que cree  que invertir  es derrochar, que se debe guardar, que se debe ahorrar, y que gastar es malo. Lo malo es atesorar mientras se viven carencias, lo malo es tener guardado y vivir de forma miserable, lo malo es creer que nuestro patrimonio es nuestro, no nos damos cuenta de que somos solo administradores de un bien mayor, que nos ha sido encomendado por una inteligencia superior que confía de nuestra capacidad para repartir, para multiplicar, para crear bienestar, alegría, seguridad, y muchas otras cosas más.

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