LAS TRAMPAS DEL EGO

 

 

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De que formas nos dejamos manipular por el ego? Como podemos saber que es el ego quien ha tomado las riendas de nuestra vida? Si es el ego quien está en un extremo, es de suponer que hay otra alternativa ¿Podemos quitarle poder a nuestro ego?
El ego es el conjunto de nuestras personalidades. Son todos los papeles que nos toca desempeñar socialmente, con los cuales nos hemos identificado tanto que a veces los actuamos indiferenciadamente, por ejemplo un profesor, que se comporta como tal ya no solo en el salón de clases, sino en cualquier ámbito. El ego es un conjunto de facetas creadas y con vida propia, que existen en nuestra mente, que manejan los mandos y el teclado de nuestro súper ordenador, que estimulan ciertas reacciones nuestras: el miedo, el titubeo, el valor, el deseo de ganar, etc., y que sobre-todo tiene una función precisa: la supervivencia del cuerpo humano, y con ello, de la raza humana.

Nuestra mente o ego se nutre de todas aquellas programaciones que desde muy pequeños fuimos incorporando con la familia, la escuela y otras figuras de autoridad. Hemos asimilado la creencia que somos imperfectos e incompletos, que hay algo malo en nosotros que tenemos que modificar, que hay que ser “alguien” “exitoso” en la vida para recibir aceptación.

 

El ego corresponde con todo aquello que aceptamos como cierto pero que solo es una opinión de los demás
Nuestro ego nos mantiene en una zona de confort, nos arraiga con el pasado, con lo ya conocido, a lo familiar y en cuanto pretendemos escabullirnos inmediatamente nos trae de regreso. A nuestro ego no le gustan las sorpresas, ni lo incierto, tampoco lo ambiguo. La pretensión del ego es evitarnos sufrimiento así que siempre nos está avisando de peligros incluyendo aquellos que son imaginarios.
Nuestro ego jamás se satisface, se inventa falsas necesidades siempre quiere más por lo tanto nos obliga a ser competitivos. Somos movidos por infinidad de motivaciones, algunas muy claras y otras no tanto, la mayoría de nuestras decisiones son inconscientes, a veces relacionadas con motivos del pasado. Quiero, deseo, necesito, me tienes que dar… no soporto estar sin… es insoportable no tener…son solo algunas palabras y frases que designan carencia, vacío y/o dependencia, pero además que implican tomar algo de afuera para satisfacerse. Es aquí donde proviene la idea de que mi felicidad corresponde con tener lo de afuera, sin percatarme que lo que debiera hacerme sentir satisfecho está dentro de mí.
Muchos de nuestros momentos de alegría se los atribuimos a circunstancias externas: asistir a una fiesta, ir de vacaciones, hacer compras millonarias o degustar un platillo excesivamente caro son condiciones que el mundo coloca como imprescindibles para ser felices. Entonces andamos a la caza de este tipo de experiencias para llenarnos de esa dizque felicidad tan codiciada Pero cuidado…podemos estar alegres, sin ser felices
Nos da mucho miedo la infelicidad, nos aterra estar solos y sentir nuestros vacíos, cuando aparece la tristeza queremos evitarla a toda costa, entonces vamos de shopping y nos engañamos pensando que así vamos a estar a la altura de las circunstancias, entre otras porque hemos validado un catálogo de todo aquello que nos mantiene en la línea de la normalidad, es decir estables. Todo ha sido clasificado y ordenado de acuerdo a intereses de consumo en un mundo global.
En nuestra separación con la naturaleza hemos renunciado a sentir, vivimos anestesiados, separados de los demás, siempre en la competencia de haber quien tiene más, quien acumula, quien va a la vanguardia de lo más nuevo y sofisticado.
Permitimos que nuestra mente o ego nos guie, razonamos todo, y racionalizamos también, decidimos desde una postura de miedo, no del amor y nos conformamos con medio vivir, sin atrevernos a soltar nuestros miedos para regalarnos lo que más deseamos, y es que una parte de nosotros sabe que lo que más anhelamos no tiene nada que ver con el consumo, ni con quedar bien. Porque en el fondo le tenemos mucho pánico a obtener lo que más queremos, y preferimos posponer, conformarnos, racionalizar, pedimos con la mente, no con el corazón, pero preferimos lo tibiecito nunca los extremos, así que vamos por la vida dando tumbos, convencidos de que esta es nuestra alegría, felicidad, goce, abandonando todo intento de conectar con nuestra esencia, de nuestra divinidad, porque el mundo dice que así está bien. No solo es no aceptarme, es no amarme y también odiarme, por diferentes motivos: por no estar a la altura de las circunstancias, por sentir que no merezco lo bueno, por no agradar a los demás, por ser como soy, por sentirme un ser inacabado, defectuoso, alguien que debe ser reparado y ajustado.

El odio es la brújula que indica hacia dónde va nuestra vibración, odiamos ser lo que somos, odiamos nuestra vida y odiamos a los demás, porque odiar nos da fuerza, nos da poder, mientras que muy debajo está la tristeza, de no aceptarnos tal y como somos, de no tenernos un poquito de misericordia para abrazar nuestros miedos, nuestras frustraciones y empezar de nuevo, ahora en la confianza de que lo que hay en este momento no pudo ser mejor

 

Sana a tu niño interior y recupera tu Poder

 

 

 

pisomap-emociones-sentimientos-comprar-viviendaDemasiadas personas crecemos con inseguridades, temores, dudas y un carácter conflictivo marcado por el dolor, el miedo y el abandono. Llegamos a la edad adulta vigorosos y con grandes probabilidades de convertirnos en seres auto-realizados, o en el otro extremo, amargados e inconformes porque pensamos que la vida es cruel e injusta. Entonces nos preguntamos: -¿si lo tenemos todo para ser felices porque hay una sensación de carencia, de vacío, de insatisfacción? hagamos lo que hagamos esto persiste-.
Y son muchas ocasiones en nos hemos mirado al espejo repitiéndonos: ahora empiezo de nuevo, cambio mi vida, olvidaré todo lo malo y seguiré adelante. Si esto fuera tan fácil, parte de los psicólogos no tendríamos trabajo. Sanar las heridas del alma no es tarea sencilla, pero no significa que sea imposible, todo está en el conocimiento que tengamos sobre nuestros sentimientos, en saber cómo gestionarlos y nuestra actitud ante los cambios.
¿Por qué nos saboteamos cuando estamos a punto de lograr lo que más deseamos? Porque nos cuesta tanto trabajo decidir? , porque dejamos cosas inconclusas? O bien porque somos incapaces de reconocer y retener a las personas que nos hacen bien?
La mayor parte de nuestros resultados de no-éxito están relacionados con la relación que tuvimos con nuestros padres, las heridas producidas durante nuestra infancia temprana.
Nuestra alma elige los padres y las circunstancias de nacimiento por razones muy precisas. Venimos a experimentar una serie de vivencias para sanar una serie de heridas, y así integrar la personalidad con el alma. Venimos a aprender a aceptar y amar incondicionalmente partes de nosotros que hasta ahora han vivido ignoradas y con miedo. Somos atraídos hacia padres con heridas como las nuestras para recordarnos qué hemos venido a amar. Aprender a aceptar nuestras heridas es aprender a ser responsables y a amarnos incondicionalmente, y esa es la llave para la transformación y la sanación del alma”

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Si quieres aprender cómo sanar las heridas del alma y del corazón es importante que sepas la causa de tu dolor. Muchas veces, el dolor puede proceder por una relación con alguien (tanto amorosa como de amistad o familiar): por muerte pérdida, abandono, enfermedad , traición y muchas otras más. Sin embargo el dolor actual se mescla con los dolores del pasado. De los duelos ante pérdidas, por no cerrar nuestras relaciones afectivas con amor, por todos los rencores, tristezas, enojos, culpas, vergüenza y miedo guardados en nuestro interior. Siguen ahí nuestras emociones reprimidas porque no supimos cómo afrontarlas, ni darles cauce y experimentarlas en toda su magnitud. Suprimirlas creímos que era lo mejor y ahora regresan aumentadas exponencialmente.
Si seguimos el camino de recordar y lamentar a cada rato todo el dolor de nuestro pasado, no vamos a salir nunca del círculo y estaremos haciéndonos a nosotros lo que otros nos hicieron, cobrar conciencia total de que el pasado ya se fue y no hay nada para cambiarlo, requiere de toda nuestra valentía para dejarlo ir con amor, agradeciendo todos y cada uno de los aprendizajes logrados, pues sin ellos no seríamos quienes somos en este momento. Valorar nuestro presente, cuidando lo que pensamos, decimos y hacemos, dado que es lo único que tenemos, y cada minuto representa una oportunidad para darnos permiso de ser felices.

Sanar no es hacer como que no está pasando nada, claro que está pasando y nos duele, duele mucho… entonces abracemos nuestro dolor, hagámosle espacio para que se manifieste. Si experimentamos tristeza está bien nos permite tomar distancia con el ruido de afuera y adentrarnos en nosotros. Generalmente el llanto es la forma de defensa del cuerpo; nos calma y nos alivia, pero al mismo tiempo nos humaniza, porque reconocemos nuestra fragilidad, nuestra necesidad de ser consolados por los demás
Empezamos a sanar cuando tomamos la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos, y aquí es preciso evaluar a quienes nos rodean, ya sean familia, compañeros de trabajo, o amigos nuestros; si son el tipo de personas que se la pasan criticando, peleando, juzgando, entonces podemos poner distancia, límites o cambiar de fila.
Trata de hacer relaciones nuevas llenas de entusiasmo y alegría, esto es rodearnos de gente que haga aflorar en nosotros lo mejor.
Hay quienes creen que meditar es poner atención a un problema, reflexionando y sacando conclusiones, esto es cierto en parte pero lo mejor es que asistas con un grupo con profesionales y aprendas técnicas específicas.
Leer libros de auto-ayuda y de superación personal es bueno pues nos dan indicadores de lo que anda mal en nosotros, es muy recomendable, asistir a talleres de desarrollo humano siempre y cuando nos comprometamos a poner en práctica cambios sustanciales en nuestra vida.
Atrévete a enfrentar a tus demonios, a convivir con ellos, a domarlos E incluso a convertirlos en tus amigos. Todo esto es posible si miras adentro de ti, te reconoces, te aceptas e inicias el proceso de restauración, como cuando una vieja casa se renueva, se vacía, se saca lo inservible y se vuelve a llenar ahora solo de aquello hermoso y valioso, inicia con cosas sencillas y ve sumándoles un grado de dificultad, por ejemplo si no estás haciendo ejercicio físico inicia con una meta de 4 hs. a la semana y ve incrementando a 6, 8 o más.
Lo ideal es que pidas ayuda a un terapeuta calificado en sanación del niño interior, que esté entrenado para manejar las heridas, la relación con los padres y todo aquello que está desarmonizado como resultado de lo mismo. Hay talleres para sanar las cinco heridas que Lise Bourbeau ha clasificado así: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. Todos estamos marcados por una, dos, o varias de ellas y se manifiestan en la forma en que nos relacionamos con todo; amor, dinero, amistad, empleo, éxito, salud, Dios.
Todos sin excepción podemos aspirar a una vida feliz, plena, sin culpas ni complejos. La clave: aliviar el dolor de nuestro niño interior y sanar las heridas que nuestros padres y las circunstancias dejaron en nuestra vida. Apostar por una existencia de libertad, prosperidad y de gozo es nuestro derecho.

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De que colores dibujas tu futuro?

 

 

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Un gran número de decisiones respecto a mi futuro se relacionan con preguntas como las siguientes:
Me hace feliz mi trabajo? Tengo pareja? Si no la tengo como me gustaría que fuese? Me siento a gusto en mi relación familiar? Que cambios puedo hacer para poner a prueba mis aptitudes y capacidades? Cómo estoy conmigo mismo? Que tanto he logrado de lo que alguna vez soñé? Qué grado de motivación tengo para persistir y lograrlo?
Cada ser humano vino a este mundo para cumplir un plan perfecto, ese plan existe en nuestra mente, se vincula con nuestro gran poder y con nuestra divinidad, develarlo y llevarlo a cabo es uno de los grandes propósitos de vida. De tal manera que mi mente me manda fotografías a diario de cómo va ser mi futuro o mejor dicho cómo yo me lo imagino. Puedo verme en blanco y negro, o a color, derrotado o realizado, triste o feliz y solo o rodeado de gente maravillosa, próspero o en carencia. Puedo verme unos días bien y otros días mal, puedo no verme quizá. Hay quienes se esfuerzan mucho por verse positivamente y les cuesta demasiado, quizá porque en su historia de vida ha habido sucesos dramáticos.
Hacer consciente nuestro plan de vida no es complicado si sabemos hacia dónde vamos, y si no sabemos que queremos quizá podemos empezar por aclararnos -que no queremos- o -que no necesitamos-, o -no es conveniente. El cerebro da la dirección apoyándose en las preguntas diarias que nos hacemos, de esta forma decidimos sobre las personas, cosas y experiencias que elegimos percibir.
Desde la PNL la visualización es un componente esencial para lograr lo que deseamos y esto podemos alcanzarlo si elaboramos una especie de película donde nos vemos así como deseamos.

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La programación neurolingüística se encarga de explorar las relaciones entre la forma en que pensamos (neuro) y nos comunicamos (lingüística), además de los patrones emocionales y de comportamiento (programas)
Cada uno de nosotros ha establecido un sistema de filtración mental para procesar los millones de datos que recibimos a través de los sentidos. Nuestro primer mapa mental del mundo está elaborado con imágenes, sonidos, sensaciones táctiles, sensibilización interna, sabores, olores y todo lo que hayamos percibido.
Lingüística: es el significado individual que asignamos a la información recibida del exterior. Formamos nuestro segundo mapa mental al asignar palabras a las imágenes externas, sonidos y sensaciones, sabores y olores, formando así la conciencia cotidiana
Programación: Estas son las respuestas de comportamiento que se producen como resultado de los dos mapas anteriores.
Lo importante aquí es que estamos usando recursos de Programación Neurolinguística combinados con la teoría de la Física Cuántica.
En el modelo cuántico, el universo físico es un campo de información y energía inmaterial, interconectado y unificado. Que en potencial lo es todo.
No estamos separados de los demás, el campo cuántico es el que conecta todo lo que existe en el universo, y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. Este campo energético tiende una especie de puente entre el mundo interno y externo, este campo nos vincula con todo ya sea de manera consciente o inconsciente.
El mecanismo es centrar nuestra conciencia. Cuando deseamos algo tenemos que centrar la atención en lo que sentimos y el lenguaje. Pedir con la mente y corazón pues es la forma de comunicarnos con el campo.

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Un pensamiento en forma de intención necesita un elemento energizado, un catalizador, y esta energía es una emoción elevada. El corazón y la mente actuando como uno. Los sentimientos y los pensamientos unidos en un estado del ser. El campo cuántico no responde a lo que queramos, sino a lo que estamos siendo.
Es importante usar lo visual, auditivo y quinestésico, es decir, mirar, oír, y sentir. Es en estas tres dimensiones que podemos trabajar nuestra película; con sonidos, colores y sensaciones. Un ejemplo concreto: “me veo en una casa de campo, rodeada de árboles, el sendero es colorido, repleto de flores, hay una hamaca en la terraza desde ahí observo como atardece, tomando café, aspiro el olor a pinos, mis pies juguetean desnudos al aire y se alargan mis dedos, puedo escuchar a lo lejos el tañar de las campanas, mi cuerpo está relajado, cómodo, me siento segura, me siento completa, a un lado hay libros, y artículos que he ido escribiendo, en el otro costado está mi estudio donde pinto, hay decenas de lienzos aquí y allá, algunos vibrantes, otros fúnebres, un tanto salpicados de humor, de desesperación e incertidumbre”.(2)
“La palabra motivación significa generar movimiento, se trata de una causa interna que sostiene, dirige y promueve cierta conducta (deseos, necesidades y propósitos) Estas palabras reflejan la energía que nos lleva a la acción. Son el punto de partida y debemos desear lo que afirmamos con todo nuestro ser; por lo tanto, esto nos ayudará a realizar los esfuerzos necesarios.
Proceso para trabajar la motivación
Identifica que es lo que quieres
Distingue necesidades, determina para que quieres algo, cómo te beneficiaria el tenerlo y qué tan lograble puede ser.
Fortalece la confianza
Confía en tus capacidades y habilidades, no califiques tus logros según su tamaño. Reafirma que eres capaz de alcanzar lo que te propones. Busca distintas maneras de resolver conflictos, si uno no funciona aplica la siguiente.
Acepta tu responsabilidad
Cada resultado es el producto de nuestras decisiones y conductas. Reconoce cuando fallas, esto te da la posibilidad de corregir y aprender.
Describe tus metas
Si escribimos aquello que queremos podemos ver claramente nuestro objetivo y comprometernos con él. Redáctalo de manera positiva, organiza tu tiempo y céntrate en tu manera de hablar y de pensar. Exprésalo en voz alta cada día. Utiliza frases, dibujos, adornos, fotografías que recuerden tu meta constantemente. Analiza tu situación actual para saber cuál va a ser el punto de partida. Divide tus metas a corto, mediano y largo plazo y dales una fecha límite.
Identifica las habilidades que necesitas

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Todos los recursos materiales, emocionales, de tiempo, etc. Si necesitas ayuda, pídela. Considera los obstáculos que vayas enfrentando y su solución.
Visualiza los resultados
Relájate e imagínate en la meta. Piensa en todos los detalles posibles. Comparte tu meta con alguien importante en tu vida. Revisa constantemente tus avances para corregirlos cuando sea necesario. Realiza una acción diaria que te ayude a alcanzar la meta, aunque solo se trate de recordar qué es lo que te planteaste hoy para leer o ver. Empieza en este momento”.(1)
Muy bien ahora respira profundo, feliz, porque estás creando un futuro como a ti te gusta, como lo mereces y porque además el universo está dispuesto a darte lo que le pidas.

 

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Cómo se originan los miedos y que podemos hacer para enfrentarlos

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El miedo es uno de los sentimientos más adversos que dominan la sociedad actual. Tanto el temor que nace de las circunstancias colectivas (desastres climatológicos, crisis económicas galopantes, guerras, aumento de la violencia y criminalidad) como los que surgen del interior nuestro (fobia, ansiedad, terror, angustia, pánico, incertidumbre). Con la creciente influencia de los medios de comunicación, se ha logrado mediatizar a las grandes mayorías mediante un incesante bombardeo con noticias salpicadas de agresiones con sesgos tendenciosos para hacerlos parecer más terribles de lo que en realidad son.
El miedo como respuesta de lucha o huida al estrés se originó con nuestros primeros ancestros, que debieron enfrentarse a amenazas que podían poner en riesgo su existencia. Se localiza en la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que es responsable de enviarnos señales de alerta y de protegernos del peligro, de mantenernos a salvo y con vida.

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El miedo actualmente es el resultado de teñir el hecho presente con ideas, imágenes y experiencias negativas dolorosas o frustrantes de nuestro pasado construidas sobre la base de un almacén de recuerdos personales que cada uno alberga, llamado memoria, lo que no podemos descartar es que la mayoría son interpretaciones de sucesos exagerados o imaginarios.
Los Miedos más frecuentes: miedo al éxito, a la muerte, al fracaso, al compromiso, a la intimidad, a volar, a las alturas, a las arañas a hablar en público, a la obscuridad, a la soledad, entre otros más.
Analicemos el primero: el éxito se asocia con la responsabilidad y nos lleva al compromiso, trabajo y esfuerzo; por tanto rompe con la dependencia hacia algo o alguien. En pocas palabras es temor a la acción. Esta nos enfrenta a situaciones nuevas que nos alejan de la zona de confort en la que estamos. Las creencias deformadas que tenemos sobre el futuro lo vuelven intimidante y provocan que nos quedemos estacionados y lo justificamos diciendo “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero recuerda, “el que no arriesga, no gana.
“Y aunque el miedo parece tener muchas causas:. pero en últimas el miedo es el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego la muerte está siempre a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta todos los aspectos de su vida. Por ejemplo algo que aparentemente resulta “trivial” y “normal” como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión, y hacer ver que el otro está equivocado-defendiendo la posición mental con la que usted se ha identificado-se debe al miedo a la muerte”(1 )

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Goleman en su texto el cerebro y la inteligencia emocional revisa la anatomía del cerebro y propone: “la amígdala es el punto desencadenante de la angustia, la ira, el impulso, el miedo, etc. Cuando ese circuito toma las riendas actúa como el “jefe malo” y nos conduce a realizar acciones de las que más tarde podemos arrepentirnos. La amígdala es el radar que detecta los peligros, si detecta una amenaza, en un instante toma el mando del resto del cerebro (en especial del córtex prefrontal) y sufrimos lo que se conoce como un secuestro amigdalar, la memoria deja de funcionar con normalidad, perdemos concentración y capacidad de aprendizaje. Al activarse este sistema de alarma sufrimos la clásica respuesta de lucha, huida o paralización, significa que la amígdala ha puesto en funcionamiento el eje hipotalámico hipofisiario, suprarrenal y el cuerpo sufre una descarga de hormonas del estrés, sobretodo cortisol y adrenalina. Resulta relevante aclara que la amígdala se equivoca con frecuencia, comete errores a menudo, en especial en la vida moderna, donde los peligros son simbólicos y no amenazas físicas”(3)
Las personas mayormente susceptibles al miedo son: las que han recibido maltrato psicológico, las que han enfrentado robos, las que cursan con trastornos nerviosos, las que son excesivamente perfeccionistas, , las que no practican ejercicio físico, las que viven en ambientes tóxicos con reglas confusas, de descalificación e invisibilidad. Las que tienen pensamiento mágico y dan explicaciones ilógicas a sucesos fuera de su comprensión, las que, las que guardan mucha culpa, odio, y resentimiento. En fin aquellas personas que se dejan arrastrar instintivamente por sus emociones y todas aquellas faltas de confianza en su ser interno y en la inteligencia divina.

Cuando hacemos frente a nuestros miedos, y entrenamos nuestra mente para restarles fuerza, o bien pedimos ayuda y recurrimos a terapias basadas en la inteligencia emocional (PNL, terapia cognitiva, hipnosis entre otras) ganamos autoestima, hay una sensación de autorrealización y ya nada nos podrá detener para lograr lo que más deseamos y merecemos.
Te invito a enfrentar tus miedos:
|”.-Cierra los ojos un momento y siente el miedo. ¿En qué parte del cuerpo lo sientes? Cércalo, no permitas que recorra todo el cuerpo, te dominará, tenlo en la mira. TÚ mandas. Sintiendo el miedo has lo siguiente:
2.-Pregúntate. Cierra los ojos para contestar. ¿A que le tengo miedo?.¿Qué puedo perder? ¿Sobreviviré con esta consecuencia?, lo más seguro es que si, rara vez se pierde o se gana todo ¿Qué puedo ganar? Después de obtener las respuestas es muy importante que te preguntes, ¿cuáles son las probabilidades de ganar más?: dando un paso hacia mi meta o quedándome paralizado sin ella?
Ponle nombre. Una vez que identificamos algo por su nombre, se vuelve algo ajeno a nosotros, disminuye de tamaño y es más fácil de vencer.
Ejemplo: a lo que le tengo miedo es a sentirme insuficiente y no digno de ser amado. Por lo que llamo a mi miedo “sentirme insuficiente”. Si permito que me domine este miedo es seguro que me sentiré insuficiente por no lograr lo que deseo, ya estoy viviendo eso a que tengo miedo.
Cuando lo identifico y le pongo nombre, el miedo pierde fuerza y gano confianza en mí mismo, me doy cuenta ahora de que lo que hago no puede disgustar a todas las personas; puede desagradar a algunas pero no a todas”(2)

 

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El día que no compro me siento mal

 

thMDN228C7Comprar produce un placer indescriptible, sobre todo cuando lo hacemos impulsivamente, pues resulta un poco amargo razonar ¿el por qué queremos una blusa más? si tenemos guardadas treinta, de las cuales solo cinco usamos con frecuencia.
Demasiada gente acude a tiendas cuando se siente ansiosa, triste, deprimida y sola. Entonces compra, compra y sigue comprando cosas que no necesita, que ya tiene, o que resultan excesivas. Si comprar requiere cierta dosis de inconciencia, tiene que ver con un ego al que necesitamos alimentar. Sabernos importantes, que somos alguien, que elegimos libremente, que asumimos nuestro gran poder con solo firmar.
En el mundo globalizado que habitamos somos equis y al parecer dejamos de serlo cuando un vendedor nos llama por nuestro nombre y apellido, salimos del anonimato para surgir como un don Enrique o Doctor Ruvalcaba, o Licenciado fulano. Nuestra hambre de pertenencia entra en escena, aunque esa necesidad de encajar en una sociedad post moderna nos obligue a acumular cosas.
Que saciamos cuando compramos? El sentirnos separados de los demás? El querer llenar uno o varios vacíos en lo más profundo de nuestro ser? El creer que al darnos nos estamos amando porque así dice el eslogan” “porque te lo mereces”, creer que lo adquirido nos vuelve interesantes, más populares, más guapos, atractivos y modernos?
Desear y necesitar no es igual, sin embargo frecuentemente decimos voy a tal o cual tienda porque necesito un vestido, como si tuviésemos una carencia. Nuestros deseos toman las riendas de muchas decisiones, porque lo hacemos desde nuestra esfera emocional.
Sin embargo cuando compramos algo, más bien estamos pagando por intangibles como son la belleza, la inteligencia, la pertenencia, el poder, la autenticidad y muchos otros más. Finalmente el comprar significa un estilo de vida.

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Para April Lane Bénson experta en el tema: “Tener más cosas no significa ser más feliz, sino ir más pesado. Lo que consumimos termina consumiéndonos”.
Es en la década de los noventa cuando la escritora Guadalupe Loaeza en sus libros: las niñas bien, las reinas de Polanco, Debo luego sufro y otros más, hace un análisis concienzudo sobre este fenómeno del consumo en todos sus niveles: no solo de cosas, también de diversión, de ocio, tiempo libre, de lugares donde se exhiben los bienes que dan estatus tales como son: salas de espectáculos, clubes, restaurantes, y todos aquellos donde transcurre la vida de una burguesía que nuestra querida escritora retrata con sentido del humor ameno e ingenioso. He aquí un párrafo en la presentación de Debo luego sufro: ” Guadalupe Loaeza ha creado personajes que les aqueja un mal tipificado por los psiquiatras como trastorno del control de los impulsos: compulsive shopping; buscan mediante las compras, subsanar carencias esenciales: la falta de un sentido concreto para sus vidas, de un auténtico conocimiento de quienes son y quienes les rodean. Pero esta es una conducta contraproducente. A las aflicciones radicales por el destino de la existencia, se suma el horror de los vauchers, de las fechas límite, de ser fichado en la versión moderna del Santo Oficio; El Buro Nacional de crédito”. (1)
“La era del vacío significa, en lo más profundo, la derrota de las grandes ideologías, de la historia, y al mismo tiempo, el advenimiento de un nuevo individualismo, marcado por el culto de la autonomía individual del cuerpo, por el culto del placer. Este proceso tiene como resultado un fenómeno de ansiedad y de comunicación de esa ansiedad. Esta nueva faceta del individualismo continúa desde hace varias décadas porque la sociedad de consumo y la comunicación se desarrolla siempre y cuando las grandes ideologías ya no pueden regresar. Vivimos una época marcada por el derrumbe de las grandes ideologías y las tradiciones, . Ya no existe el orden social y religioso que lo guiaba y que, de cierta manera le ayudaba a vivir”.(2)

 

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Me vuelvo iracundo cuando me dicen ¡no!

 

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Me vuelvo iracundo cuando me dicen ¡no!
Frustración es posponer la gratificación de algo que deseamos para disfrutar aún más cuando por fin lo conseguimos.
Mucha gente alude a este término para designar a personas que no han logrado sus propósitos, es decir que no hay ganancias visibles que justifiquen sus esfuerzos. También para aquellos que viven con resentimiento por no haber logrado éxito, dinero, fama o suficiencia y que van por la vida salpicando de amargura a quienes les rodean.
La baja tolerancia a la frustración implica una actitud aversiva hacia todo lo desagradable, que funciona como una lente de aumento, amplificando el lado no deseado de cada situación. Lo feo es espantoso, lo malo es horrible, lo molesto es insoportable. De este modo la vida de estas personas está llena de tragedias y acontecimientos estresantes. Frecuentemente albergan sentimientos de ansiedad, tristeza, agitación, resentimiento, humillación y enfado se creen víctimas, se quejan continuamente, culpan a los demás y al mundo.

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Cuando reprueban un examen, los deja la novia o no obtienen likes en sus publicaciones se quieren suicidar ¿qué significa esto?, que hay una anemia emocional.
Algunas generaciones formamos a nuestros hijos con la creencia de que ellos no debían padecer por nada, cualquier deseo que ellos manifestasen nosotros de los debíamos de conceder, pues ellos no soportarían sufrimiento como pasó con nosotros. Hemos criado hijos intolerantes, mal agradecidos, tiranos, groseros, y sobretodo desnutridos emocionales ante cualquier tipo de obstáculo. Tolerar la frustración es aceptar < los no>, < muchos no>, <todos los no que la vida va ir poniendo en nuestro camino>. Es generarnos recursos y lograr nuestros propósitos enfocando nuestras energías, es hacernos merecedores de un sinfín de oportunidades, experiencias y regalos que el universo no da por el simple hecho de existir. . Es saber que hay una ley de correspondencia y que todo lo que va, regresa, que no podemos recibir solamente, sino también nos toca devolver.

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Como padres podemos reafirmar en nuestros hijos el ser persistentes, tener autocontrol, automotivación, desempeño, que no se rindan ante las dificultades. Moldear actitudes de fortaleza ante las derrotas, ante los golpes, ante la adversidad. De lo contrario cualquier experiencia de este tipo los hará pedazos incluso ya nunca sobreponerse.
La gente con baja tolerancia a la frustración mantiene una serie de creencias que están condicionadas por su forma de ver el mundo e interpretar la realidad sin tener mucha conciencia de ello. Es decir, siguen manteniendo un modo inmaduro de ver las cosas, tal y como hacían en la infancia. Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten para que se satisfagan sus deseos a toda costa. Son irracionales, mandones, amargados, tiranos, déspotas. Personas con quienes la convivencia es una tortura.


Acuerdos que atan y matan

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Desde la P N L estar programados equivale a haber guardado datos…¿de quién? obviamente de una figura de autoridad, un ejemplo de ello sería lo que nuestra madre nos ha dicho : “te enfermas porque no me haces caso”, ”Tienes que cuidar de tus hermanos”, “los niños que son conformes son los mejores”, “tú me vas a matar con tu desobediencia”, “búscate un hombre que valga la pena”. Estos decretos constituyen creencias encadenadas no lógicas que dominan nuestra vida ya que no son observables a simple vista, casi siempre subyacen a nuestra estructura superficial, pero se hacen visibles por la forma en que hablamos, la forma en que se dicen las cosas, ejemplo (Uno de mis defectos es ser muy aprehensiva)…..quién lo puso en mi cabeza? Papá, mamá, mi pareja, algún profesor? -es así como emergen de nuestra estructura profunda o subconsciente-.

“La programación se realiza de diferentes maneras ya sea en forma seductora, en forma de amenaza, de consejo, como dar instrucciones o chantaje. y conlleva distintos personajes: el niño interior, el padre o adulto interior y la relación   interior. Se le llama “niño interior” a la parte de la personalidad que representa todos los sentimientos y experiencias infantiles, al “adulto interior” al padre a quien nos parecemos, y “compañero interior” a la persona con quien repetimos la relación programada y a la “relación interior” a la manera programada de relacionarnos”.

Casi nadie está consciente de las actitudes que asume mientras se relaciona ejemplo: como alguien desamparado, como alguien con poder, dominante, pasivo, permisivo, soberbio, humilde etc.

Fue durante nuestra infancia que experimentamos circunstancias y emociones, quizá harto desagradables, mismas que tuvimos que aprender a reprimir. Ya adultos repetiremos automáticamente dichas emociones, y de aquí en adelante nos van a controlar.

Somos programados a través de las creencias que sostienen nuestros familiares, educadores y figuras con autoridad sobre nosotros. Dichas creencias no son verdaderas en la mayoría de los casos, sin embargo son cercos que delimitan conductas en todas las personas. Si por ejemplo mi creencia es todos los hombres son infieles, entonces lo que yo voy a encontrar y atraer para mí son este tipo de hombres.

Existen creencias limitantes pero también las hay liberadoras. Las creencias limitantes te restan poder, te inhiben, las utilizas para justificar tu pasividad. Las liberadoras en cambio estimulan tu iniciativa y te ayudan a superarte. Cuando quieres quitar una creencia que te perjudica: (En nuestra familia nunca ha habido divorcios) debes substituirla por otra liberadora:(Tengo derecho a decidir con quiero pasar el resto de mi vida)

“Las razones por las que escogemos cualquier cosa, desde el sabor de una bebida, hasta la persona con la cual planeamos pasar el resto de nuestras vidas, no son el resultado de lo que deseamos, sino de cómo estamos programados subconscientemente para atraer o evitar, seleccionar o rechazar, aquello que decimos desear”

“La mayoría de nuestras preferencias no provienen de nuestra mente consciente, no son una elección, la mente subconsciente es la que se encarga de escoger la relación perfecta para ti Tendemos a elegir de manera consistente, al mismo tipo de persona con la que hemos tenido problemas en relaciones previas.”

“Elegimos a una persona que nos recordará a uno de nuestros padres, con la cual volveremos a reproducir y vivir las mismas situaciones que conocemos, sean agradables o no, y si no intenta definir a cada uno, a tu padre y a tu pareja, ve que aspectos tienen en común.”

Lo que determina la selección de pareja no es cómo fueron mis padres conmigo, sino cómo fueron el uno con el otro durante mi temprana infancia, la forma en que se relacionaban, maltrataban, enojaban, castigaban, acariciaban, reían y divertían.

“Siendo que cada persona se parece más a uno de los dos padres (padre o adulto interior), que al otro, buscará a una persona que se parezca al otro padre (compañero interior), sea que haya sido buena, mala o espantosa. Ese es el motivo por el cual uno repite patrones. Aunque se haya jurado nunca hacerlo”. Es un condicionamiento subconsciente, por eso uno no se da cuenta en qué momento eligió lo mismo. Date cuenta que tu madre y tu esposa se parecen, y posiblemente tu cuñado y tu papá.

Si de niño escuchabas con frecuencia: <no te lo mereces>, <eres malo>, <no sirves para nada>, <dios te va a castigar>, <deberías ser como tu hermano>, <nunca llegarás lejos>,< tu obligación es quedarte a cuidar de nosotros>.No es de extrañar que todos estos condicionamientos te estén impidiendo ser exitoso,  dejar a tu familia, emprender algo grande que experimentes culpa, ,etc. Todo esto está grabado en el subconsciente y hay que removerlo. Es muy probable que desconozcas todo aquello que te mantiene atorado.

Expertos en constelaciones familiares y PNL son los indicados para hacer modificaciones a las creencias que te dañan.

La ciencia de la vida Lucie Perrault México 2014 tu libro en 21 día spp-73-79

 

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