Disculparnos y aprender de los errores

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La culpa aparece cuando hay un contraste entre lo que tenemos por ideal y lo que se hace en la realidad. Este sentimiento tiene un fin adaptativo además de que está estrechamente ligado con el desarrollo moral del sujeto.
Sentir culpa es natural porque poseemos un grado de conciencia, porque sabemos que somos afectados y afectamos con nuestras acciones a muchas personas, cercanas y lejanas. En situaciones específicas sentirse culpable no es del todo negativo, puede ser una señal que nos permita aprender de nuestros errores y crecer. Si nos sentimos culpables porque le hemos dicho algo ofensivo a alguien o porque le dedicamos demasiado tiempo al trabajo y muy poco a la familia, la culpabilidad es un signo de alarma que nos indica que debemos detenernos en el camino y reflexionar sobre lo que estamos sintiendo. Esta sería una “culpa sana” pues conduce a un cambio positivo, obviamente, siempre y cuando ajustemos nuestro comportamiento.
Si somos capaces de asumir nuestra responsabilidad quitando la connotación de pecado, falta grave, delito, estamos en condiciones de darle una dimensión más humana y por lo mismo nos sentiremos capaces de resarcirla.
A menudo la culpa es utilizada por demasiada gente para chantajear emocionalmente y conseguir egoístamente lo que desean, esto es se aprovechan de su rango, de su poder, de su influencia y hasta del cariño que la persona en cuestión mantiene hacia él.
“Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (“Ya no te quiero”, “No ves cuánto nos haces sufrir”) provocan sentimientos de culpa intensos”
Si desde niños nos repiten que si algo sale mal es culpa nuestra, si sólo se nos indica lo negativo que hacemos y no lo positivo, el niño puede pensar que es culpable de todo lo malo. Un niño que se siente culpable tendrá miedo, una autoestima baja. Este sentimiento puede afectar al niño para dormir bien, para alimentarse correctamente, para relacionarse con los demás, en definitiva para crecer sano física y mentalmente.
Aunque la persona que desaprueba nuestras acciones no es ya nuestro padre o nuestro maestro, el simple hecho de recibir la desaprobación desencadena automáticamente un deseo de ganar de nuevo la aprobación perdida.
Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros (a través de nuestro condicionamiento prematuro) se alineará con todo lo que es popular, común o deseable.

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Normalmente intentaremos no decepcionar a aquellas personas que consideramos relevantes en nuestra vida. Por lo general, estos serán la familia, amigos cercanos, compañeros de trabajo, y en general los grupos que se denominan comúnmente como “grupos de referencia”.
Con el fin de ser aceptados por ellos, terminamos haciendo las cosas que sabemos que van a aceptar y aprobar. De este modo pretendemos reducir el riesgo de desaprobación social.
Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.
A menudo en la base de la culpa se encuentra la creencia de que podemos controlarlo todo.
Acepta el error y aprende de él. No tenemos la posibilidad de cambiar el pasado pero podemos transformar el presente. Todos nos equivocamos. Si no hay forma de subsanar el error pidiendo disculpas o perdón, aclarando un malentendido traerá tranquilidad a nuestro corazón.
Habla de tus sentimientos. En vez de negar el sentimiento de culpa y todos los sentimientos negativos que suelen estar asociados a él, deja que te embarguen. No intentes esconderlos porque solo lograrás pasarlos a un segundo plano pero continuarán ejerciendo una poderosa influencia sobre ti. Lo ideal sería que hablases con otras personas sobre cómo te sientes, probablemente estas te darán nuevas perspectivas sobre la situación que no habías considerado antes y que darán pie a reflexiones más profundas.
Perdónate. Se trata del paso más complicado pero es fundamental para poder seguir adelante. Un ejercicio muy útil para perdonarse es conectar con nuestro niño interior ¿Qué le dirías? De seguro no le recriminarías constantemente haciendo crecer la culpa, lo más probable es que le dieras cariño y le dijeras palabras de aliento. Por tanto, cada vez que te descubras rumiando la culpabilidad, trátate como si fueses un niño pequeño que necesita comprensión y apoyo.
Busca ayuda psicológica. Si tu sentimientos de culpa son demasiado fuertes y te resulta difícil superarlos busca la ayuda de un psicólogo. Una persona experta y ajena a tu vida, que no te juzgará y que comprende las limitaciones humanas, que sabe además de que todos tenemos nuestras” miserias”, te hará ver las cosas de forma más objetiva y te dará herramientas para perdonarte

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TENER PALABRA INSPIRA CONFIANZA

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Pienso, digo y hago en el mismo sentido, convierto en acciones lo que creo,  cumplo mi palabra, me responsabilizo de lo que afirmo. No es posible que piense una cosa, diga otra y haga una diferente.
Aplicar el principio de congruencia en nuestras vidas nos libera de contradicciones.

Si nos permitimos actuar coherentemente, brindar confianza, sostener nuestra palabra,  nos convertimos en  personas  confiables.
De qué forma el ser humano vive tan disociado de sí mismo que puede funcionar en canales tan diferentes y muchas veces contradictorios?
Existe una conciencia interior que nos obliga a actuar conforme a nosotros mismos?

La mayoría de los seres humanos actuamos mediante automatismos que antagonizan entre si .Cuantos de nosotros nos consideramos buenas personas, aunque si somos profundos y nos cuestionamos la manera de aplicar dicho amor con los demás. Esto es si puedo aplicar valores de convivencia? aunque mentimos con frecuencia, prometemos y no cumplimos, difamamos a otras personas pues hablamos mal de ellas sin que tengamos pruebas, , pero me estaciono frente de la cochera del vecino y le obstruyo la entrada, cuando manejo jamás cede el paso y si me puede meter en la fila antes de los que están formados lo haré sin mayor remilgo. Si en determinado momento eres confrontado de acuerdo con todas estas acciones lo que vas a contestar es que así actúan todas las demás personas.

  Los medios de comunicación de manera contundente proponen; que para darnos un valor a nosotros y  a nuestro país tenemos que erradicar actitudes que nos degradan tales como:  dar mordidas, llegar tarde, no tener palabra ,ser incumplidos, romper las reglas, ser flojos, no tomarnos en serio lo que es importante, y en una palabra yo propondría ser congruentes.

Ciertamente la mayoría de la gente aplica aquello de que ‘”donde quiera que fueres has lo que vieres” y no reflexiona de donde salió tal o cual comportamiento, simplemente igual que el vecino, mi familia y hasta en la telenovela tomo mi ejemplo de conducta.

Necesito estar verdaderamente conectado conmigo mismo, con los valores que defiendo, con mis propósitos de vida, para comportarme coherentemente y dejar de hacer todo en automático, copiar lo que los demás hacer o bien ser reactivo, -como me haces te hago-, ser yo mismo desde lo que soy, grande o pequeño como yo    me defino, desde donde yo mismo me coloco y desde ahí hacerme responsable de todo lo que digo, y de todo lo que hago, revisando cuando algo no checa, de donde salió? De mis creencias, de mi cabeza obvio, pero quizá ni sabía que ahí estaba ahora que lo pienso.

Nosotros los dizque españoles modernos seguimos practicando una cultura patriarcal, violenta, incongruente y fraticida.  Observemos como nos  comportamos y como vivimos: llenos de complejos, de traumas, de prejuicios, mintiéndonos, robándonos, humillándonos, aprovechándonos de los más  débiles devaluando a los que logran superarse, burlándonos de las leyes. Cómo podemos evolucionar a relaciones más justas, a sociedades más humanas si arrastramos la abominable historia de nuestra colonización pero la ceñimos a una visión acomodaticia de los hechos que nos conformaron, esto es: confirmamos lo que actualmente somos justificados por el pasado.

Samuel Ramos (1951) En su ensayo “en torno a las ideas del mexicano” habla de un complejo de inferioridad que se traduce en “una susceptibilidad extraordinaria a la crítica mantenida a raya anticipándose a esgrimir la maledicencia contra el prójimo. Por la misma razón la autocrítica queda paralizada. Necesita convencerse que los otros son inferiores a él. No admite por tanto, superioridad ninguna y no conoce la veneración, el respeto, la disciplina. Es ingenioso para desvalorar al prójimo hasta el aniquilamiento.”

Para que yo pueda evolucionar, debo revisarme, darme cuenta en que estoy fallando e intentar corregir mis errores, tener el valor de reconocerme en mis acciones, dirigirlas y  transformarlas responsablemente.

A los hijos se les enseña con el ejemplo y cuando empiezan a elaborar un criterio propio, serán los primeros en cuestionarnos al respecto. Y no se vale responderles pues así es porque lo digo yo, o porque soy tu padre o madre. O porque así se ha practicado desde siempre. Dejamos de ser sus héroes y caemos al suelo hechos  añicos porque ahora nos ven tal como somos no es  de extrañar entonces que ahora nos falten al respeto, se burlen, nos griten y  dejen de  obedecer  pues no tenemos autoridad moral para corregirlos.

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