Aprende a volar con tu pareja

 

Demasiadas veces he escuchado a parejas reñir, y preguntarse entre ellos, o el a “ella dime que tienes, o que quieres”? Y escuchar de ella un no sé, tu deberías saberlo, si me quisieras no tendrías porqué preguntar”, inmediatamente ella llora, se hace la ofendida, se retira y dejan de hablar, En este episodio caben un sinfín de actitudes que nos ponen a pensar ¡Cómo la estamos regando hombres y mujeres al no permitirnos la oportunidad de hablar sobre las cosas que verdaderamente importan!, y es que con medias palabras no podemos darnos a entender, ninguno está para adivinar, y aunque nos amemos mucho nadie está obligado a interpretar cada señal, gesto, postura etc. Todo esto que acabo de mencionar son  malos hábitos aprendidos culturalmente  que lejos de facilitarnos el entendimiento si lo empobrece.
Y es que en el sistema que habitamos casi nadie habla de lo que siente, mucho menos de lo que le duele, por tanto nuestro mundo emocional va hacia adentro, nunca hacia afuera. Las mujeres no estamos acostumbradas a decir cosas simples pero contundentes como; “sabes hoy no me has mirado, ni me has acariciado, me gusta que toques mi cuerpo, no me has preguntado cómo estoy, me gustaría que lo hicieras con frecuencia, porque esto me hace sentir más cerca de ti” .Y qué decir de ellos que todo el tiempo se hacen los fuertes quizá si fuesen capaces de dejar entrever la gran necesidad que hay de reconocimiento por lo bien que hacen su trabajo, o de respetar sus silencios sin empezar a cuestionarles, y de recostar su hombro en nuestro pecho tan solo para que se sientan queridos. Quizá podríamos avanzar en construir bienestar emocional, intimidad, relaciones más satisfactorias y placenteras. El escuchar y ser escuchados es parte indispensable de la relación, conocer que pensamos, que nos preocupa, ocupa, y motiva.
Tener una pareja no es tener un objeto o cosa ahí para cambiarle de lugar cuando ya no me guste. Es un proyecto de amor donde ambos deseamos compartirnos, deseamos crecimiento mutuo, deseamos el bien del otro. A veces la relación de pareja es desgastante, otras agobiante, requiere de mucha energía y de gran sabiduría. Tenemos que dejar atrás todo aquello que nos contaron del amor, esquemas, retratos hablados, mapas del tesoro de nada sirven cuando queremos amar lúcidamente.

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Relaciones saludables requieren presencia, no fantasías ni falsas esperanzas, con un profundo compromiso de dos seres dispuestos a enfrentar las situaciones más crudas de desesperación, de miedo, de dudas, de ansiedad, de desastre, -poder decir me duele-, -me carcome-, -siento dolor- y no culpo al otro por ese dolor, puedo pedir un poco de apoyo, sin exigirlo. Podemos recomenzar nuestra relación a partir del desplome de sueños prefabricados, de ideales y de expectativas no cumplidas, hacer conscientes nuestros no y nuestros sí dentro de la relación, ¿Qué queremos?, que podemos? Que resulta imposible? Porque en esta relación de reciprocidad no caben los debería.
Admitir profundos sentimientos de desconexión, porque imperceptibles cambios se operan en la psique de cada uno sin saber, porque sin darnos cuenta empezamos a mirar en otra dirección y a querer nuevas cosas, porque el alma y la piel no se ponen de acuerdo.
El aprendizaje sobre lo que nos hace diferentes y a la vez tan únicos es parte de la vida de pareja. Mi pareja es mi espejo, está ahí para revelarme todo aquello que no puedo o no quiero ver de mí misma, mi pareja me da identidad, porque es mi puerto seguro a donde llegar, mi pareja es mi fuente de ternura, de reconocimiento, de estructura cuando tambaleo, cuando me derrumbo y necesito que alguien me diga cómo levantarme. El mundo femenino y masculino parecieran equidistantes, pero si ambos pensamos, sentimos, necesitamos, deseamos porque no tender puentes para acercarnos más, para querernos bien, para regocijarnos por tenernos  y  agradecer a la vida tener alguien a quien amar, a quien reconocer, con quien compartir, impulsar e inspirar.
Cuando en una discusión empleamos frases como: “haz lo que se te la gana”, o “me vale un cacahuate”, o ”no es mi problema” o “yo no tengo nada que ver con eso” estamos siendo excluyentes, egoístas y desconsiderados porque no nos reconocemos como parte de un sistema familiar. Hacerse a un lado vuelve complicado aquello que podría ser fácil, crea resentimiento en la otra parte, es evidente que se le está cargando con toda la responsabilidad. Aprender a ser pareja requiere la toma de conciencia de una decisión que se hizo en algún momento para participar en este proyecto, apropiarnos de nuestro cincuenta por ciento de compromiso y responsabilidad requiere, reciprocidad, paciencia, comunicación asertiva, tomar acuerdos, aprender a negociar, ceder con sensatez, colaborar activamente en todo, sabernos parte de un sistema, asumirlo con gusto, dispuestos siempre a aprender pues al final es una elección personal el querer o no convertirnos en la mejor pareja.

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Si algo se repite, tiene que ver con tu plan evolutivo

 

untitledEn cada familia persisten particulares maneras de entender y afrontar el mundo, algunas logran cierto grado de bienestar, otras más no demasiado. No hay familias perfectas, en todas hay desacuerdos, situaciones que negociar, problemas de comunicación, dificultades en el dar y recibir, emociones aflictivas como son los  enojos, tristezas, hostilidad, desaliento, desesperación.  Así también secretos muy bien guardados. Muchos de los problemas con nuestro clan familiar (llamados también transgeneracionales)  provienen de nuestros ancestros dado que ellos no pudieron resolverlos. Cada uno de nosotros vino a algo concreto y es a romper con una cadena de conflictos que han ido encadenando generación tras generación .

Todos los seres humanos hemos nacido de dos polos opuestos, hombre y mujer, somos la creación perfecta del universo, nuestros padres enriquecen y nos aportan abundante información proveniente de nuestros ancestros, es así como venimos al mundo para continuar una serie de tradiciones: creencias, saberes, pensamientos y actitudes. El sentido de pertenencia es tan fuerte que a veces estamos dispuestos a hacer lo que sea (enfermar por ejemplo, renunciar a la riqueza, o a una vocación) con tal de quedar dentro del clan  familiar. La energía que nos alimenta es la del clan familiar inscrita en nuestros genes. Lo que yo recibo de mis padres, mis padres me dan; mi madre me da incondicionalmente, y a través de ella aprendo a recibir. Mi padre da siempre y cuando haga bien las cosas, esto es a condición de algo. Mi madre se representa por mi lado izquierdo, mi padre por el derecho, representan ambos una analogía de mis dos hemisferios cerebrales

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Todos surgimos como un retoño en un árbol espiritual universal; este árbol une a todos los seres humanos con sus raíces. Cada uno de nosotros debe aprender a convertirse en un dirigente que de amor, cuidados y alimento a la preciosa vida que le ha sido otorgada. La manera como usamos nuestra esencia espiritual demuestra el valor que le damos a la vida, las conexiones físicas con nuestra espiritualidad están bien resguardadas en nuestras semillas humanas.



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Cada generación está marcada para seguir un patrón de comportamientos, los mismos que generaciones anteriores han ido reproduciendo. Cada familia debe aprender como continuar la tradición(o bien romper con ella).  Si la tradición dice que debe haber madres solteras, eso se me va a inculcar desde pequeña, de forma indirecta, a través de actitudes, de mensajes dirigidos a mi inconsciente. Una familia es un cosmos donde se adoctrina de manera sistemática con creencias, demandas, y contratos todo lo que mi familia cree, piensa, hace, dice planea y ejecuta de manera consciente e inconsciente, esto significa que muchas familias desconocen cuáles son las tradiciones que siguen y solo las conservan de forma automática, pues no han podido confrontarlas con las condiciones imperantes de la realidad actual.

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Por ejemplo si mi abuela y mi madre tuvieron relaciones de odio, es muy probable que yo las continúe pues ellas no serán ejemplos amorosos a imitar. Pero si yo no deseo odiar a mi madre, debo aprender a relacionarme de otras formas y a entrenar mis sentimientos para no continuar en ese esquema, además de perdonarme y perdonarla por tan dura lección. Además debo identificar mis creencias, como surgieron y de qué forma las sigo perpetrando. Cada miembro de la familia tiene la facultad de elegir ser una copia renunciando a sus sueños o reinventarse en una forma singular lo cual es permisible. Lo deseable es HONRAR  a los padres, agradecer su legado y pedir permiso para caminar en otro sentido. Cuando hay desagrado, rechazo, y a veces repudio de las herencias ancestrales, se está renunciando a la energía cósmica que nos motiva a crecer. Esto significa que la energía que sustenta mi existencia proviene de los seres que me dieron la vida, cuando hay odio hacia ellos, de forma implícita me estoy odiando a mi mismo,  de ellos nos viene nuestro poder personal. Todo aquello criticable en mis padres, es algo que de forma inconsciente voy a repetir, , mi trabajo en esta vida no consiste en hacerlos que cambien, quien debe evolucionar soy yo. Esta vida que me fue otorgada por mis padres es para que yo evolucione y ellos me están dando las condiciones idóneas para que yo aprenda lo que vine a aprender. Mi herencia familiar son todas las vivencias y experiencias que me tocó vivir, positivas y negativas, agradables y desagradables, son el legado que yo debo recibir y aceptar para estar bien con mi clan familiar.
El enfoque sistémico nos enseña que, además de tener una identidad individual, formamos parte de un colectivo mayor. Todos estamos insertados en una mente común mayor. Una Alma Familiar que establece reglas, una de ellas es amar a nuestros padres y combatir la debilidad de sacrificarnos por nuestros mayores creyendo falsamente que así los rescatamos.Si deseas alinear tu energía de forma armónica acude a un centro de constelaciones familiares para recibir la ayuda que requieras. Nuestro equilibrio individual se relaciona con nuestra energía, del cómo está alineada.

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