Porque el amor duele?

 

 

 

Son muchas las generaciones que hemos sobrevalorado al amor, le hemos encargado el cumplimiento de muchos sueños, de grandes alegrías, de nuestra auto-realización, entre muchas otras. Nos llenamos de expectativas con el interés de que sea una especie de tabla de salvación. Llegará o nos lo encontramos en la persona adecuada que nos hará felices para siempre.
Resulta lógico pensar y sentir así pues nuestra educación emocional estuvo en manos de la televisión abierta con programas como la Rosa de Guadalupe, Mujer casos de la vida real y las incontables telenovelas que hemos visto. Así también en las canciones de José José, Juan Gabriel, Vicente Fernández, entre otros, donde el tema principal es el abandono, el engaño, la perfidia, y la frustración. Aprendimos una forma de amar, un estilo de ser pareja -obviamente no el más sano-  el mal amor en otras palabras. Mucho de lo que aprendimos en estas dramáticas historias es que el amor duele, que provoca sufrimiento, que hay que ganarlo, que entre mayores dificultades tengamos con la pareja más fuerte y profundo será nuestro amor, Un amor que nos libera de la tristeza, de la soledad, que nos hace ser alguien en la vida, que le da sentido, que nos limpia del dolor y la miseria.
Mantenemos una creencia errónea; – que la persona existe en algún lugar y solo se requiere de un poco de suerte para hallarla- y luego todo sucederá mágicamente.
El buen amor se edifica, hay una construcción del mismo, la mayoría de las veces cuando ha pasado el enamoramiento. Es a base de una buena comunicación aceptación, admiración, respeto, trabajo de equipo y proyectos en común como podemos cimentarlo. Para hacerlo crecer hay que creer en nosotros y en nuestro vínculo al que hay que tener fidelidad, confianza y perseverancia.
Modificar todas las creencias que subyacen en torno a la vida afectiva de la pareja depende de una actitud madura para relacionarnos, también así del autoconocimiento que tenemos, depende de la forma que hemos enfrentado y curado nuestras heridas de la infancia, de tejer con conciencia y coraje un presente digno, así también la disposición de enfrentarnos a nosotros mismos con el espejo que es nuestra pareja, pues es en ella donde podemos vernos reflejados en nuestra totalidad.
El vínculo amoroso atraviesa por un proceso evolutivo donde los dos somos responsables de su desarrollo y plenitud.
Vivir la relación de pareja con la expectativa de que debe hacerme feliz es alimentar la codependencia, mi felicidad depende de mí y mi pareja amplifica esa mi felicidad pero no le toca resolveré mis insatisfacciones.
La pareja es un ingrediente, aunque no el único, de un estado interno que experimentamos como gozo y armonía y que consiste en sentirnos vinculados, pertenecientes, unidos y en familia. A través de la pareja nos sentimos acompañados hay un sensación de esperanza en la que nuestros vacíos desaparecen y aunque sea por momentos nos sentimos completos.
Jorge Bucay explica; muchas parejas reales admiten que el otro no les trajo mayor felicidad, sino mayores retos y complicaciones, así como una mayor capacidad para afrontar problemas, conflictos y desacuerdos, además incluso sienten que la relación y la convivencia les debilitan, desgastan, y desvitalizan, por lo que necesitan revisarlas cada tanto y modificar lo que ha dejado de funcionar. Las parejas que perduran afrontan distintos ciclos vitales y retos, como la crianza de los hijos, su crecimiento, su autonomía, la muerte de los padres, la vejez, etcétera, y a menudo necesitan movilizar grandes recursos para salir airosos y reforzar su vínculo. Convivir es mucho más que estar juntos, mucho más difícil, mucho más desgastante, mucho más movilizador pues requiere ingenio, creatividad y constancia para mantenernos unidos
La convivencia implica necesariamente la constitución de una lista de pactos que mientras no convivíamos no eran necesarios.
Por eso la convivencia representa en sí misma una gran puesta a prueba para el vínculo amoroso. Es muy diferente que nos peleemos y te lleve a casa y vuelva a la mía, o cuelgue el teléfono y no te llame hasta que se me pase, o no atienda el timbre para ignorarte, que discutir a rabiar pero dormir en la misma cama toda la noche.
Aunque algunos son escépticos ante los vínculos actuales, pues tienen una duración cada vez más corta, hay hombres y mujeres que a los treinta años han tenido tres parejas e hijos con cada una, que sucede entonces?
En el mundo de los amores líquidos se plantea de esta manera; “el compromiso con otra persona, particularmente un compromiso incondicional como el de “hasta que la muerte nos separe, en las buenas y en las malas, en la riqueza y en la pobreza, se parece cada vez más a una trampa que debe evitarse a cualquier precio”. Significa que las parejas actuales no están dispuestas a soportar, sostener y equilibrar la relación porque hoy todo es desechable, es intercambiable entonces no necesitan esforzarse por permanecer juntas.
“La dependencia que ha cobrado rápidamente un matiz peyorativo, es la base de la responsabilidad moral hacia el otro” Esto también lo podemos observar en relaciones donde hay sexo sin amor, y parece que la apuesta es no enamorarse para no crear lazos, ni derechos, tampoco obligaciones. Se permanece junto al otro mientras no haya dificultades, de lo contrario buscan la salida fácil ya que la oferta afuera es impresionante.

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Cómo se originan los miedos y que podemos hacer para enfrentarlos

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El miedo es uno de los sentimientos más adversos que dominan la sociedad actual. Tanto el temor que nace de las circunstancias colectivas (desastres climatológicos, crisis económicas galopantes, guerras, aumento de la violencia y criminalidad) como los que surgen del interior nuestro (fobia, ansiedad, terror, angustia, pánico, incertidumbre). Con la creciente influencia de los medios de comunicación, se ha logrado mediatizar a las grandes mayorías mediante un incesante bombardeo con noticias salpicadas de violencia con sesgos tendenciosos para hacer parecer más terribles de lo que en realidad son.
El miedo como respuesta de lucha o huida al estrés se originó con nuestros primeros ancestros, que debieron enfrentarse a amenazas que podían poner en riesgo su existencia. Se localiza en la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que es responsable de enviarnos señales de alerta y de protegernos del peligro, de mantenernos a salvo y con vida.

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El miedo actualmente es el resultado de teñir el hecho presente con ideas, imágenes y experiencias negativas dolorosas o frustrantes de nuestro pasado construidas sobre la base de un almacén de recuerdos personales que cada uno alberga, llamado memoria, lo que no podemos descartar es que la mayoría son interpretaciones de sucesos exagerados o imaginarios.
Los Miedos más frecuentes: miedo al éxito, a la muerte, al fracaso, al compromiso, a la intimidad, a volar, a las alturas, a las arañas a hablar en público, a la obscuridad, a la soledad, entre otros más.
Analicemos el primero: el éxito se asocia con la responsabilidad y nos lleva al compromiso, trabajo y esfuerzo; por tanto rompe con la dependencia hacia algo o alguien. En pocas palabras es temor a la acción. Esta nos enfrenta a situaciones nuevas que nos alejan de la zona de confort en la que estamos. Las creencias deformadas que tenemos sobre el futuro lo vuelven intimidante y provocan que nos quedemos estacionados y lo justificamos diciendo “más vale malo conocido que bueno por conocer”, pero recuerda, “el que no arriesga, no gana.
“Y aunque el miedo parece tener muchas causas:. pero en últimas el miedo es el miedo del ego a la muerte, a la aniquilación. Para el ego la muerte está siempre a la vuelta de la esquina. En este estado de identificación con la mente, el miedo a la muerte afecta todos los aspectos de su vida. Por ejemplo algo que aparentemente resulta “trivial” y “normal” como la necesidad compulsiva de tener razón en una discusión, y hacer ver que el otro está equivocado-defendiendo la posición mental con la que usted se ha identificado-se debe al miedo a la muerte”

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Goleman en su texto el cerebro y la inteligencia emocional revisa la anatomía del cerebro y propone: “la amígdala es el punto desencadenante de la angustia, la ira, el impulso, el miedo, etc. Cuando ese circuito toma las riendas actúa como el “jefe malo” y nos conduce a realizar acciones de las que más tarde podemos arrepentirnos. La amígdala es el radar que detecta los peligros, si detecta una amenaza, en un instante toma el mando del resto del cerebro (en especial del córtex prefrontal) y sufrimos lo que se conoce como un secuestro amigdalar, la memoria deja de funcionar con normalidad, perdemos concentración y capacidad de aprendizaje. Al activarse este sistema de alarma sufrimos la clásica respuesta de lucha, huida o paralización, significa que la amígdala ha puesto en funcionamiento el eje hipotalámico hipofisiario, suprarrenal y el cuerpo sufre una descarga de hormonas del estrés, sobretodo cortisol y adrenalina. Resulta relevante aclara que la amígdala se equivoca con frecuencia, comete errores a menudo, en especial en la vida moderna, donde los peligros son simbólicos y no amenazas físicas”(3)
Las personas mayormente susceptibles al miedo son: las que han recibido maltrato psicológico, las que han enfrentado robos, las que cursan con trastornos nerviosos, las que son excesivamente perfeccionistas, , las que no practican ejercicio físico, las que viven en ambientes tóxicos con reglas confusas, de descalificación e invisibilidad. Las que tienen pensamiento mágico y dan explicaciones ilógicas a sucesos fuera de su comprensión, las que, las que guardan mucha culpa, odio, y resentimiento. En fin aquellas personas que se dejan arrastrar instintivamente por sus emociones y todas aquellas faltas de confianza en su ser interno y en la inteligencia divina.

Cuando hacemos frente a nuestros miedos, y entrenamos nuestra mente para restarles fuerza, o bien pedimos ayuda y recurrimos a terapias basadas en la inteligencia emocional (PNL, terapia cognitiva, hipnosis entre otras) ganamos autoestima, hay una sensación de autorrealización y ya nada nos podrá detener para lograr lo que más deseamos y merecemos.
Te invito a enfrentar tus miedos:
|”.-Cierra los ojos un momento y siente el miedo. ¿En qué parte del cuerpo lo sientes? Cércalo, no permitas que recorra todo el cuerpo, te dominará, tenlo en la mira. TÚ mandas. Sintiendo el miedo has lo siguiente:
2.-Pregúntate. Cierra los ojos para contestar. ¿A que le tengo miedo?.¿Qué puedo perder? ¿Sobreviviré con esta consecuencia?, lo más seguro es que si, rara vez se pierde o se gana todo ¿Qué puedo ganar? Después de obtener las respuestas es muy importante que te preguntes, ¿cuáles son las probabilidades de ganar más?: dando un paso hacia mi meta o quedándome paralizado sin ella?
Ponle nombre. Una vez que identificamos algo por su nombre, se vuelve algo ajeno a nosotros, disminuye de tamaño y es más fácil de vencer.
Ejemplo: a lo que le tengo miedo es a sentirme insuficiente y no digno de ser amado. Por lo que llamo a mi miedo “sentirme insuficiente”. Si permito que me domine este miedo es seguro que me sentiré insuficiente por no lograr lo que deseo, ya estoy viviendo eso a que tengo miedo.
Cuando lo identifico y le pongo nombre, el miedo pierde fuerza y gano confianza en mí mismo, me doy cuenta ahora de que lo que hago no puede disgustar a todas las personas; puede desagradar a algunas pero no a todas”(2)

 

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El día que no compro me siento mal

 

thMDN228C7Comprar produce un placer indescriptible, sobre todo cuando lo hacemos impulsivamente, pues resulta un poco amargo razonar ¿el por qué queremos una blusa más? si tenemos guardadas treinta, de las cuales solo cinco usamos con frecuencia.
Demasiada gente acude a tiendas cuando se siente ansiosa, triste, deprimida y sola. Entonces compra, compra y sigue comprando cosas que no necesita, que ya tiene, o que resultan excesivas. Si comprar requiere cierta dosis de inconciencia, tiene que ver con un ego al que necesitamos alimentar. Sabernos importantes, que somos alguien, que elegimos libremente, que asumimos nuestro gran poder con solo firmar.
En el mundo globalizado que habitamos somos equis y al parecer dejamos de serlo cuando un vendedor nos llama por nuestro nombre y apellido, salimos del anonimato para surgir como un don Enrique o Doctor Ruvalcaba, o Licenciado fulano. Nuestra hambre de pertenencia entra en escena, aunque esa necesidad de encajar en una sociedad post moderna nos obligue a acumular cosas.
Que saciamos cuando compramos? El sentirnos separados de los demás? El querer llenar uno o varios vacíos en lo más profundo de nuestro ser? El creer que al darnos nos estamos amando porque así dice el eslogan” “porque te lo mereces”, creer que lo adquirido nos vuelve interesantes, más populares, más guapos, atractivos y modernos?
Desear y necesitar no es igual, sin embargo frecuentemente decimos voy a tal o cual tienda porque necesito un vestido, como si tuviésemos una carencia. Nuestros deseos toman las riendas de muchas decisiones, porque lo hacemos desde nuestra esfera emocional.
Sin embargo cuando compramos algo, más bien estamos pagando por intangibles como son la belleza, la inteligencia, la pertenencia, el poder, la autenticidad y muchos otros más. Finalmente el comprar significa un estilo de vida.

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Para April Lane Bénson experta en el tema: “Tener más cosas no significa ser más feliz, sino ir más pesado. Lo que consumimos termina consumiéndonos”.
Es en la década de los noventa cuando la escritora Guadalupe Loaeza en sus libros: las niñas bien, las reinas de Polanco, Debo luego sufro y otros más, hace un análisis concienzudo sobre este fenómeno del consumo en todos sus niveles: no solo de cosas, también de diversión, de ocio, tiempo libre, de lugares donde se exhiben los bienes que dan estatus tales como son: salas de espectáculos, clubes, restaurantes, y todos aquellos donde transcurre la vida de una burguesía que nuestra querida escritora retrata con sentido del humor ameno e ingenioso. He aquí un párrafo en la presentación de Debo luego sufro: ” Guadalupe Loaeza ha creado personajes que les aqueja un mal tipificado por los psiquiatras como trastorno del control de los impulsos: compulsive shopping; buscan mediante las compras, subsanar carencias esenciales: la falta de un sentido concreto para sus vidas, de un auténtico conocimiento de quienes son y quienes les rodean. Pero esta es una conducta contraproducente. A las aflicciones radicales por el destino de la existencia, se suma el horror de los vauchers, de las fechas límite, de ser fichado en la versión moderna del Santo Oficio; El Buro Nacional de crédito”. (1)
“La era del vacío significa, en lo más profundo, la derrota de las grandes ideologías, de la historia, y al mismo tiempo, el advenimiento de un nuevo individualismo, marcado por el culto de la autonomía individual del cuerpo, por el culto del placer. Este proceso tiene como resultado un fenómeno de ansiedad y de comunicación de esa ansiedad. Esta nueva faceta del individualismo continúa desde hace varias décadas porque la sociedad de consumo y la comunicación se desarrolla siempre y cuando las grandes ideologías ya no pueden regresar. Vivimos una época marcada por el derrumbe de las grandes ideologías y las tradiciones, . Ya no existe el orden social y religioso que lo guiaba y que, de cierta manera le ayudaba a vivir”.(2)

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LO FEO ES ESPANTOSO, LO MALO ES HORRIBLE, LO MOLESTO ES INSOPORTABLE

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Me vuelvo iracundo cuando me dicen ¡no!
Frustración es posponer la gratificación de algo que deseamos para disfrutar aún más cuando por fin lo conseguimos.
Mucha gente alude a este término para designar a personas que no han logrado sus propósitos, es decir que no hay ganancias visibles que justifiquen sus esfuerzos. También para aquellos que viven con resentimiento por no haber logrado éxito, dinero, fama o suficiencia y que van por la vida salpicando de amargura a quienes les rodean.
La baja tolerancia a la frustración implica una actitud aversiva hacia todo lo desagradable, que funciona como una lente de aumento, amplificando el lado no deseado de cada situación. Lo feo es espantoso, lo malo es horrible, lo molesto es insoportable. De este modo la vida de estas personas está llena de tragedias y acontecimientos estresantes. Frecuentemente albergan sentimientos de ansiedad, tristeza, agitación, resentimiento, humillación y enfado se creen víctimas, se quejan continuamente, culpan a los demás y al mundo.

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Cuando reprueban un examen, los deja la novia o no obtienen likes en sus publicaciones se quieren suicidar ¿qué significa esto?, que hay una anemia emocional.
Algunas generaciones formamos a nuestros hijos con la creencia de que ellos no debían padecer por nada, cualquier deseo que ellos manifestasen nosotros de los debíamos de conceder, pues ellos no soportarían sufrimiento como pasó con nosotros. Hemos criado hijos intolerantes, mal agradecidos, tiranos, groseros, y sobretodo desnutridos emocionales ante cualquier tipo de obstáculo. Tolerar la frustración es aceptar < los no>, < muchos no>, <todos los no que la vida va ir poniendo en nuestro camino>. Es generarnos recursos y lograr nuestros propósitos enfocando nuestras energías, es hacernos merecedores de un sinfín de oportunidades, experiencias y regalos que el universo no da por el simple hecho de existir. . Es saber que hay una ley de correspondencia y que todo lo que va, regresa, que no podemos recibir solamente, sino también nos toca devolver.

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Como padres podemos reafirmar en nuestros hijos el ser persistentes, tener autocontrol, automotivación, desempeño, que no se rindan ante las dificultades. Moldear actitudes de fortaleza ante las derrotas, ante los golpes, ante la adversidad. De lo contrario cualquier experiencia de este tipo los hará pedazos incluso ya nunca sobreponerse.
La gente con baja tolerancia a la frustración mantiene una serie de creencias que están condicionadas por su forma de ver el mundo e interpretar la realidad sin tener mucha conciencia de ello. Es decir, siguen manteniendo un modo inmaduro de ver las cosas, tal y como hacían en la infancia. Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten para que se satisfagan sus deseos a toda costa. Son irracionales, mandones, amargados, tiranos, déspotas. Personas con quienes la convivencia es un severo suplicio.


EL SUICIDIO ES UNA “ESCAPE” DEFINITIVO A UN PROBLEMA TEMPORAL

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El suicidio supone quitarse voluntariamente la vida. El término equivale a matarse a sí mismo. Renunciar a la vida en el momento que se vuelve insoportable.
El suicidio está considerado como un acto biológico, psicológico y social. En cuanto a lo biológico, la deficiencia de la serotonina (un neurotransmisor del cerebro) se encuentra presente en la conducta impulsivo-destructiva. Se invoca además a factores genéticos tales como un historial familiar de suicidios. Con relación a lo psicológico, la depresión, la desesperanza y la impotencia se consideran las causas más comunes. También lo es la pérdida de un ser querido, o una situación que no se tolera.
El suicidio entre adolescentes se ha convertido en un problema de salud, observándose un dramático incremento de sus tasas, fundamentalmente más en hombre que mujeres.
Diversas estadísticas ubican al suicidio como la cuarta causa de muerte.

Un futuro amenazante

Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas de sí mismos, presión para lograr éxito, pesimismo en lo que se refiere al dinero y otros miedos en su proceso de crecimiento. Para algunos adolescentes el divorcio de sus padres, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos profundamente e intensificarles la incertidumbre acerca de sí mismos y una visión dramática de su futuro. Para algunos adolescentes, el suicidio aparenta ser una solución a todas las problemáticas mencionadas.

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que nosotros los padres podemos identificar para darles un adecuado seguimiento. Cuando tenemos dudas de que el niño o el joven pudiesen tener un problema serio, un examen siquiátrico puede ser de gran ayuda.
Si el niño o adolescente dice yo me quiero matar o yo me voy a suicidar, hay que tomarlo muy en serio y llevarlo de inmediato a un profesional de la salud mental capacitado. La gente a menudo se siente incómoda hablando sobre la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio, esto le hará sentir apoyado ya que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus dificultades y preocupaciones.

Entre los factores importantes en la evaluación de riesgo del suicidio debemos considerar algunos focos rojos que a continuación se proponen: se enoja con mucha facilidad, pasa de estar eufórico a la depresión, no tolera observaciones a su forma de ser pues las percibe como críticas, responsabiliza a su entorno de su baja autoestima, la pareja y amigos resultan imprescindibles todo el tiempo, pues no sabe estar solo, se cree el centro del universo y que toda la gente está pendiente de lo que dice y hace, tiene ataques de ira y golpea, avienta, rompe lo que encuentra a su paso. Come, bebe, habla de forma compulsiva. No hay términos medios, suele irse a los extremos.
Las actitudes suicidas que son? : Son gritos desesperados para recibir ayuda? Son formas de recibir atención?, Son actos de cobardía?, Son sentimientos y pensamientos insoportables ante una vida carente de sentido?, es no encajar en los patrones de felicidad que la vida actual nos impone? Es percibirse víctimas de una familia, del sistema, del mundo y como respuesta la venganza para provocar culpa? Es narcisismo llevado a sus últimas consecuencias? Es chantaje emocional? Cabe preguntarse ¿qué es lo que el suicida nos está trasmitiendo de manera encubierta?

A veces no son las situaciones reales, más bien lo que están pensando.

La mayoría de adolescentes entrevistados tras un intento de suicidio dicen que lo hicieron porque estaban intentando escapar de una situación que se sentían incapaces de afrontar o les parecía imposible de superar, o porque deseaban acabar de una vez por todas con los insoportables pensamientos y sentimientos que tanto les atormentaban. Cabe preguntar aquí ¿qué clase de pensamientos y sentimientos son los que predominan?: impotencia, inutilidad, pesimismo, apatía, desesperación, tristeza, auto-compasión, desmerecimiento, desolación y muchos otros más.
Algunas personas que ponen fin a sus vidas o intentan suicidarse pretenden escapar de sentimientos de rechazo, dolor o pérdida. Otros están enfadados, avergonzados o se sienten culpables por algo. A algunos les preocupa decepcionar a sus amigos o familiares. Y otros se sienten no queridos, poco agraciados, excluidos, maltratados o que son una carga para los demás. Existen también los que tienen trastornos de personalidad, con grande necesidad de castigar a sus padres, a su pareja, a los amigos y a sí mismos.
Cuando se está deprimido
La depresión hace que la gente se focalice mayoritariamente en los fracasos y decepciones, visualice la cara negativa de las situaciones, disminuya sus propias capacidades y su valía personal. Una persona con una fuerte depresión es incapaz de percibir la posibilidad de que las cosas puedan salirle bien y está convencida de que nunca volverá a ser feliz además de que su situación va empeorar aún más.
La depresión afecta a los pensamientos de una persona de tal modo que la persona es incapaz de ver la forma o formas de superar sus problemas. Es como si la depresión pusiera un filtro en el pensamiento de la persona deprimida que distorsiona las cosas. Por eso las personas deprimidas no se dan cuenta de que el suicido es una “solución” permanente a un problema temporal. Un adolescente deprimido puede sentir que no hay ninguna otra forma de escapar de sus problemas, de aliviarse el dolor emocional o de comunicar su desesperación y su profunda infelicidad.
A veces, las personas que se plantean el suicidio ni siquiera son conscientes de que cursan con un estado depresivo.
Un gran número de personas deprimidas se refugian en las drogas y el alcohol, sustancias que utilizan como vía de escape. Pero no son conscientes de los efectos depresivos que las drogas y el alcohol tienen sobre el cerebro.
Aparte de tener efectos depresivos, las drogas y el alcohol alteran la capacidad de raciocinio de la persona. Interfieren con su capacidad de valorar los riesgos, hacer buenas elecciones y pensar en soluciones sensatas a los problemas reales. Muchos intentos de suicidio ocurren bajo los efectos de las drogas o el alcohol.

Qué se puede hacer?
Los terapeutas y profesionales de la salud pueden proporcionar apoyo emocional ayudando a los adolescentes a desarrollar sus habilidades de afrontamiento y contención para estar en condiciones de enfrentar dichos problemas. En todos los casos mencionados es recomendable participar en grupos de apoyo que tengan problemas similares a los suyos.
Es recomendable también el ejercicio físico, una alimentación balanceada y en horarios establecidos, tener charlas familiares de sobremesa, contar con grupos de referencia, salir a la calle y no permanecer en casa todo el tiempo. Tener una mascota y dedicar tiempo a pasear, jugar y alimentarla. Ser selectivo con nuestras amistades, a veces lejos de ayudarnos nos pierden más.

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METERSE AL DUELO CON TODAS SUS CONSECUENCIAS

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La biografía de toda persona, hombre o mujer, en cualquier edad, está sembrada de una sucesión de apegos, pérdidas y separaciones que le recuerdan, consciente o inconscientemente la precariedad y fragilidad de todo vínculo y de toda realidad.
Vivir es ir diciendo adiós a las cosas .Es una lista de adioses y despedidas, de boletos de tren volando en nuestros rostros.
Y es en la capacidad de experimentar, acomodar y asumir de una manera constructiva todo ese conjunto de pérdidas en las que el ser humano encontrará una de las mayores fuentes de energía para su crecimiento personal y para seguir enfrentándose a la vida con actitudes vitales sanas.

El duelo  según Jorge Bucay “ es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a la nueva realidad”
La autora Kübler Ros (1969- 1975) determina cinco etapas por las que se pasa en un proceso de duelo que son:
 Etapa de Negación.-Es cuando la persona rechaza obstinadamente la posibilidad de muerte y en su desesperación busca otras opciones como curas mágicas, terapias exóticas, recursos sobrenaturales entre otras.
 Etapa de la Ira.-Es cuando el enfermo se percata de que está próxima la muerte sin remedio y las personas sienten que sus planes y sueños no se realizaran provocando la aparición de emociones como ira, resentimiento y envidia.
 Etapa de Negociación.- Existe un acercamiento con el poder superior (Dios, o en quien se crea) realizando promesas en una especie de ganar tiempo buscando un alivio al dolor.
 Etapa de Depresión.- Cuando el enfermo se percata de que el tiempo se está acabando se lamenta las pérdidas que hayan ocurrido por separaciones de familia, amigos y demás.
 Etapa de Aceptación.-En esta se acepta y espera con tranquilidad y serenidad el desenlace y los familiares alcanzan la resignación.
 Estas etapas no siempre se presentan en todos los casos y en el orden que se comentan si no que pueden variar de acuerdo a los factores personales culturales, religiosos y filosóficos que cada sujeto vive. Lo que en general buscan las personas es poner en orden los asuntos de su vida y es común la búsqueda de parientes y amigos para despedirse, pedir perdón por rencillas, faltas y esto deja un legado de sabiduría y conformidad a los seres queridos que atraviesan por este trance.
 La ayuda que se requiere por quienes pasan el duelo es escucha activa y empática para acompañarles en la superación de la pérdida además de propiciar la reflexión, brindando apoyo moral y conocimiento profundo de lo que se está experimentando.
El duelo es un proceso y no un estado. Por eso, después de sufrir una pérdida, hay ciertas tareas que podemos llevar a cabo quienes decidimos acompañar al doliente.
• Familiarizarse con el proceso de duelo para acompañar al que sufre con un mayor equilibrio y serenidad.
• Evitar las frases hechas, repetir palabras no sirve de mucho es mejor es el silencio o el contacto físico
• Sugerir la ayuda de un profesional especializado cuando intuimos que existe el riesgo de que el duelo pueda prolongarse o hacerse crónico.
• Cultivar los recuerdos, permitiéndoles evocar los momentos positivos vividos junto a la persona desaparecida; así también se puede alternar los aspectos negativos, para completar el sentimiento y la verdad total respecto a la persona ausente.
• Buscar la objetividad al elegir y tomar decisiones, ya que la persona en duelo se encuentra muy confundida y a veces fuera de su centro durante algún tiempo.
• Respetar la diversidad de reacciones, ya que el duelo es una experiencia universal, pero que cada uno la vive de un modo extremadamente personal.
• Promover un clima de esperanza.
• Acompañarle a descubrir nuevos horizontes, nuevos motivos y relaciones, invitándole a que poco a poco vaya saliendo del aislamiento y la pena ocupándose también de otros sentimientos y necesidades de los demás y de sus familiares cercanos.
Cuando nos entregamos al duelo y nos permitimos abrazarlo completamente, abriendo nuestro corazón, dando rienda suelta a todo lo que sentimos, y aceptamos nuestras emociones sin juzgarlas. Experimentamos en toda su magnitud nuestro dolor, nuestro vacío, nuestra orfandad y es gracias a este tiempo que entramos a sentir en él de forma absoluta lo que nos hará posible salir de él más rápido y a su vez mas integrados y con capacidades futuras para enfrentarnos a situaciones similares.
El objetivo de establecer contacto con nuestra desolación es favorecer la curación, no escapar de ella, no es un atajo para saltarse ninguna de las fases del proceso de curación. Debe ser más bien un enriquecimiento para sanar, una fuente de la cual se puede extraer consuelo y estímulo.
Honrar los sentimientos significa que al advertir nuestras emociones de forma pura y simple, tengamos conciencia de ellas. Si estás triste, date permiso de estarlo, si estás feliz, permítete estarlo. Los sentimientos, no son peligrosos. La mayoría de las personas descubren que una vez que comienzan a sentir, no es tan terrible como temían. Cuanto más aprenda yo a soltar más fácil va a ser que el crecimiento se produzca, dejo algo dolorosamente para dar lugar a lo nuevo que me espera.
Sanar es soltar, dejar ir, permitir que se vaya la tristeza, el dolor, los hubiera y también los debería, es darnos permiso de aceptar nuestro pasado, tal y como fue, modificando en el presente lo que sí se puede cambiar.
Sanar requiere el coraje de volvernos a enamorar de nuestra vida, requiere de la sabiduría para aceptar nuestra nueva condición, volver a instalarnos en el presente poniendo en la mesa todo lo aprendido y continuar desarrollando nuestro enorme potencial que con esta experiencia seguramente se habrá incrementado.
Es abrirnos para la ternura del hoy sin tener la sensación de estar traicionando a quien ya se fue. Valorar que sucedió, -que estuvo conmigo-, -que me perteneció una parte de su ser, de su tiempo, y eso que compartimos juntos le dio sentido a mi vida, en su tiempo y forma, con quien probablemente aprendí también muchas cosas. Permitir soltar no es olvidar, ni desear borrar las huellas del ausente, es aceptar que estuvo en mi vida, que sigue siendo parte de mí y que ahora debo aprender a vivir sin su presencia física.

 

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La escritura, como instrumento de sanación puede servir pues se trata de volcar en ella todas las emociones reprimidas. Lo que harás es una especie de escritura libre, a vuelta pluma, o automática, siguiendo el discurrir de la conciencia cuando estés conectado con tus sentimientos, esto es inspirado, permite sacar todo lo que está atorado, ya que seguramente vas a hacer grandes descubrimientos, es decir que te van a caer muchos veintes. El sentido que tiene este ejercicio es el de desconectar algunos de nuestros censores para poder decir lo que necesitamos decir.

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CULTIVA UNA MENTE LUMINOSA

 

 

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Por definición las emociones son producto de nuestras experiencias en la vida. Cualquier evento que se experimente crea redes neuronales con una estructura en particular que lo reflejan. Inmediatamente al conectarse las células nerviosas, el cerebro libera sustancias químicas que van a producir en el cuerpo una reacción llamada emoción.
Los sentimientos son percepciones sobre el estado de nuestro cuerpo es por ello que las emociones surgen a partir de lo que estamos sintiendo.
Los neuro-trasmisores son mensajeros químicos procedentes del cerebro y de la mente, los neuro-péptidos son señaladores químicos que comunican al cerebro con el cuerpo, para hacernos sentir acorde con nuestros pensamientos y las hormonas son sustancias químicas relacionadas con los sentimientos del cuerpo.
La aparición de una emoción provoca una serie de cambios en nuestra expresión, en nuestro rostro, en la voz, en el modo que pensamos y nos moviliza a la acción. Estos cambios se producen de manera involuntaria y si no estamos de acuerdo con ellos, se inicia una lucha interna, en cuyo caso nos esforzamos por controlar, por no mostrar, por no hablar o por no actuar.
He aquí algunos ejemplos:
Cuando paso del enfado a la cólera, mi ser emocional se desequilibra, me vuelvo impulsivo, grito, insulto, todo lo que estaba por ahí arrinconado sube como leche a derramarse, y si permito que exceda de nivel puedo parecer un demente vociferando, pateando, manoteando. Puede surgir entonces otra emoción derivada de esto como es el rencor, el odio, la crueldad o deseos de venganza.
Expresar el enojo o ira es extraordinario, limpiamos de toxinas nuestro cuerpo, nos permite hacer contacto con lo que sentimos, nos conocemos más y, cuantificamos nuestros alcances, siempre y cuando lo hagamos en el momento, lugar y con las personas apropiadas.
Cuando tengo miedo, me vuelvo desconfiado, siento recelo, ando a la defensiva, no espero nada bueno de la vida ni de los demás. Yo solo me aíslo si adopto una actitud hostil me pierdo de momentos que podrían ser reconfortantes. Como consecuencia me siento perseguido, amenazado, cualquier acontecimiento parece ser un indicio de algún desastre. Veo descorazonador mi futuro, vibro en una frecuencia muy baja y atraigo eso que me produce pánico.. Convierto mi vida es un drama continuo.
Cuando hay apatía nada me conmueve, todo es plano y gris, ni me enojo, ni me entristezco, el panorama es descolorido, la chispa divina se extingue, es como si me arrastrara en cámara lenta, mi mente divaga, o hay nada que me atrape solo el desinterés. He perdido mi conexión con los demás, y con mi esencia divina.
Cuando siento envidia creo que no es justo que los demás tengan más y mejor que yo, pienso que no se lo merecen pues yo me esfuerzo muchísimo y tengo menos, me irita que les pasen cosas buenas, ahhh -como disfruto cuando les pasa algo malo-. Si ellos se compran una camioneta yo tendría una mejor, y si van a comer a un buen restaurant yo elijo otro más caro, solo para que me vean.
Cuando siento culpa, hay una sensación de desmerecimiento que proviene de la comparación. No estoy a la altura de muchas de las cosas buenas que me suceden, creo que soy una persona mala que no ha cumplido con la voluntad de Dios ni de sus padres, debo ser castigado por ello me provoco accidentes, pérdidas, dilemas en donde renuncio a la ventaja que había ganado. Esta emoción resulta inútil es una pérdida de energía.
La distracción o el olvido que tiene que ver con mi falta de interés o de atención proveniente de mi mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos. No logro control interno, desconozco la introspección.
Codicia es una identificación con algo en concreto y la necesidad apremiante de tenerlo, esta emoción puede ser alentada por el enojo, la ambición, la envidia u otras más.
La mente es por naturaleza luminosa
Si consideramos que este tipo de emociones restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, ya que son formas distorsionadas de percibir el mundo.
Quizá llegue el momento en que podamos afrontarlas con inteligencia, permitiéndonos observarlas poniendo un poco de distancia, encausarlas hacia un objetivo y mirar como desparecen por sí solas, sin sembrar semillas para su posterior reaparición.
Y si en su lugar empezamos a sembrar en el jardín de nuestra mente emociones que nos generen dicha, bienestar, satisfacción, calma entre otras más, podemos crear nuevas redes neuronales que irán modificando nuestros estados de ánimo y la percepción tóxica que tenemos de la vida, del mundo y hasta de nosotros mismos.
La dicha y la paz no dependen de factores externos sino que son un conjunto de habilidades que se aprenden, se practican y de las cuales, nosotros somos responsables. Yo puedo transformar mi destino si asumo que mis pensamientos generan consecuencias para mi bienestar y para hacerme difícil la existencia.

 

Considero que si nos proponemos cultivar emociones tales como: la humildad, sentido del humor, el perdón, la aceptación, el agradecimiento, la compasión y la generosidad empezaremos a vibrar en otra frecuencia y entonces nos alineamos con el plan infinito.

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