Infidelidad es Deslealtad?

 

 

05277g-evitar-infidelidad-parejaLa infidelidad no solo es engañar o quebrantar un código moral, es lastimar, herir y destruir al semejante” Walter Riso
La palabra Infidelidad proviene de in que significa no y fiel que es igual a fe o creer
En el seno de una pareja la infidelidad equivale a traicionar el acuerdo de exclusividad pactado de forma implícita o explícita en el que mi pareja y yo nos hemos comprometido a respetar nuestra promesa de no mentir ni ocultar y especialmente mantener relaciones sexuales solo entre nosotros.
Tomando en consideración que un gran número de matrimonios estables y funcionales, con una estructura definida se han desbaratado por causa de la infidelidad, cabe preguntarse si debemos revisar que el cumplimiento de un pacto siga siendo un cimiento significativo para mantener una relación conyugal favorable. En gran medida porque a demasiadas parejas les resulta inadmisible, con daños irreparables que culminan en la separación de las mismas.
Pero ¿en qué consiste un acto de infidelidad? Tener una cita formal?, ¿platicar de manera continua?, ¿ir a bailar, cenar, tomarse unos tragos?, ¿tener relaciones sexuales? ,¿besarse solamente?,¿ pensar en la otra persona y tener fantasías con ella?. Estoy de acuerdo en que cada pareja debe hablar y dejar bien claro el tema.
Una amiga confiesa que cuando su marido empieza a hablar con mucha emoción de una compañera de trabajo esto le causa dolor de estómago pues es un aviso de que hay algo más que atracción entre ellos.
Las causas de la infidelidad humana son múltiples: Podemos considerar prioritariamente la historia erótica individual y después un conjunto de probables causas; prestigio social machista, tendencia a repetir ejemplos familiares de variabilidad( abuelos y padres con hijos desparramados) insatisfacción en muchos aspectos, monotonía, curiosidad, búsqueda de novedad,, venganza, desenamoramiento, soledad, necesidad de amor, comunicación deficiente, , miedo a la intimidad, irresponsabilidad, abandono emocional, entre muchos otros más.
Hay causas que dependen de la relación de pareja como son una deficiente comunicación, incumplimiento de expectativas, pérdida de la confianza, desajustes y conflictos emocionales sin resolver.
Por ejemplo hay hombres y mujeres que tienen fantasías sexuales y que por temor a ofender al otro se los reservan pero viven su vida íntima con demasiada frustración. Un gran número de parejas ejercen venganza negándose a tener sexo cuando hay desacuerdos, malos entendidos, enojo o recelo.
Cuando se debilita la confianza entre los dos también es frecuente la negativa a hablar de necesidades, preocupaciones, de lo que se observa e interp yreta guardarse muchas cosas, acumular tensión y con todo esto se empiezan a sumar pretextos para salir a buscar afuera lo que no hay en casa.

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La infidelidad puede considerarse como un mecanismo de evitación o disminución de la relación afectiva profunda con la pareja, es una especie de búsqueda de libertad ante una especie de “yugo” que provoca ansiedad asfixiante a la que se responde con ambigüedad pues se desea y teme al mismo tiempo.
La infidelidad también tiene como origen la insatisfacción personal, pues la persona tiene conflictos sin resolver a nivel individual mismos que se irán agravando cuando se sumen además otros conflictos propios de su relación.
La falta de intimidad es otra causa. No querer propiciar acercamientos con el cónyuge. Pues como lo explica Mc Cary 1968 “La intimidad es la espina dorsal del amor. Con la intimidad en una relación amorosa, los potenciales de la gratificación sexual son extraordinarios Los seres humanos no buscamos muchas relaciones amorosas, más bien buscamos relaciones significativas, que solo la intimidad es capaz de proporcionar.

El psicólogo estadounidense Aaron T. Beck señaló que” la infidelidad conyugal, a pesar de ser bastante común, causa un efecto tan traumático en el consorte ofendido debido al significado simbólico de la «aventura». Esto debido al pensamiento polar de todo-o-nada, en donde se concluye que una pareja es totalmente fiel o totalmente infiel sin cabida a puntos intermedios. También destacó que es común una visión negativa de la infidelidad, pues suele ser equiparada con palabras descriptivas como: traición, engaño, perfidia; lo que genera una «percepción catastrófica» de ocurrir. Además, expuso que un efecto frecuente tras descubrir una infidelidad es la devaluación no de la pareja sino de la propia persona, manifestando dudas sobre el atractivo y la suficiencia mediante pensamientos automáticos como «fracasé», «no sirvo para nada», «nadie me necesita», etc. Por otra parte, afirmó que la infidelidad no necesariamente es la causa de debilitamiento de una relación, sino que incluso puede ser el síntoma de una relación ya vacilante”.
Cuando nos enamoramos pensamos que hallamos por fin nuestro “ideal” que nos complementa y satisface en muchos aspectos. Pero a veces detrás de esa búsqueda de la perfección se encuentra el miedo a la decepción insoportable y el engaño, si la relación no cumple del todo nuestras expectativas.
Resultados graves y aplastantes derivan de apostarle todo al estado de enamoramiento donde no podemos ser objetivos para mirar nuestro vínculo amoroso como un proceso evolutivo donde ambos somos responsables de su desarrollo y plenitud, sino más bien como una apuesta donde nos estamos jugando expectativas, ilusiones, buena fe, fantasías y creencias que a veces ni siquiera se han hablado y que resultan inalcanzables.
Esto presupone el fin de la vida amorosa de quienes han sido víctimas de la infidelidad pues pierden la confianza en sí mismo(a)s y en el género opuesto.

Walter Riso afirma: “la fidelidad es un acto de voluntad, no del corazón”
El amor es posible cuando existe un cierto grado de desarrollo individual y confianza en uno mismo, esto es resultado de una evolución psicológica que logramos cuando hemos madurado emocionalmente y además podemos respetarnos y amarnos.
Walter Riso, Jugando en el fuego, edit. Oceano
Beck, Aaron T. (2010). «Con el amor no basta: Cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de la pareja». México: Paidós. ISBN 978-968-853-170-9.
https://es.wikipedia.org/wiki/Infidelidad

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METERSE AL DUELO CON TODAS SUS CONSECUENCIAS

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La biografía de toda persona, hombre o mujer, en cualquier edad, está sembrada de una sucesión de apegos, pérdidas y separaciones que le recuerdan, consciente o inconscientemente la precariedad y fragilidad de todo vínculo y de toda realidad.
Vivir es ir diciendo adiós a las cosas .Es una lista de adioses y despedidas, de boletos de tren volando en nuestros rostros.
Y es en la capacidad de experimentar, acomodar y asumir de una manera constructiva todo ese conjunto de pérdidas en las que el ser humano encontrará una de las mayores fuentes de energía para su crecimiento personal y para seguir enfrentándose a la vida con actitudes vitales sanas.

El duelo  según Jorge Bucay “ es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a la nueva realidad”
La autora Kübler Ros (1969- 1975) determina cinco etapas por las que se pasa en un proceso de duelo que son:
 Etapa de Negación.-Es cuando la persona rechaza obstinadamente la posibilidad de muerte y en su desesperación busca otras opciones como curas mágicas, terapias exóticas, recursos sobrenaturales entre otras.
 Etapa de la Ira.-Es cuando el enfermo se percata de que está próxima la muerte sin remedio y las personas sienten que sus planes y sueños no se realizaran provocando la aparición de emociones como ira, resentimiento y envidia.
 Etapa de Negociación.- Existe un acercamiento con el poder superior (Dios, o en quien se crea) realizando promesas en una especie de ganar tiempo buscando un alivio al dolor.
 Etapa de Depresión.- Cuando el enfermo se percata de que el tiempo se está acabando se lamenta las pérdidas que hayan ocurrido por separaciones de familia, amigos y demás.
 Etapa de Aceptación.-En esta se acepta y espera con tranquilidad y serenidad el desenlace y los familiares alcanzan la resignación.
 Estas etapas no siempre se presentan en todos los casos y en el orden que se comentan si no que pueden variar de acuerdo a los factores personales culturales, religiosos y filosóficos que cada sujeto vive. Lo que en general buscan las personas es poner en orden los asuntos de su vida y es común la búsqueda de parientes y amigos para despedirse, pedir perdón por rencillas, faltas y esto deja un legado de sabiduría y conformidad a los seres queridos que atraviesan por este trance.
 La ayuda que se requiere por quienes pasan el duelo es escucha activa y empática para acompañarles en la superación de la pérdida además de propiciar la reflexión, brindando apoyo moral y conocimiento profundo de lo que se está experimentando.
El duelo es un proceso y no un estado. Por eso, después de sufrir una pérdida, hay ciertas tareas que podemos llevar a cabo quienes decidimos acompañar al doliente.
• Familiarizarse con el proceso de duelo para acompañar al que sufre con un mayor equilibrio y serenidad.
• Evitar las frases hechas, repetir palabras no sirve de mucho es mejor es el silencio o el contacto físico
• Sugerir la ayuda de un profesional especializado cuando intuimos que existe el riesgo de que el duelo pueda prolongarse o hacerse crónico.
• Cultivar los recuerdos, permitiéndoles evocar los momentos positivos vividos junto a la persona desaparecida; así también se puede alternar los aspectos negativos, para completar el sentimiento y la verdad total respecto a la persona ausente.
• Buscar la objetividad al elegir y tomar decisiones, ya que la persona en duelo se encuentra muy confundida y a veces fuera de su centro durante algún tiempo.
• Respetar la diversidad de reacciones, ya que el duelo es una experiencia universal, pero que cada uno la vive de un modo extremadamente personal.
• Promover un clima de esperanza.
• Acompañarle a descubrir nuevos horizontes, nuevos motivos y relaciones, invitándole a que poco a poco vaya saliendo del aislamiento y la pena ocupándose también de otros sentimientos y necesidades de los demás y de sus familiares cercanos.
Cuando nos entregamos al duelo y nos permitimos abrazarlo completamente, abriendo nuestro corazón, dando rienda suelta a todo lo que sentimos, y aceptamos nuestras emociones sin juzgarlas. Experimentamos en toda su magnitud nuestro dolor, nuestro vacío, nuestra orfandad y es gracias a este tiempo que entramos a sentir en él de forma absoluta lo que nos hará posible salir de él más rápido y a su vez mas integrados y con capacidades futuras para enfrentarnos a situaciones similares.
El objetivo de establecer contacto con nuestra desolación es favorecer la curación, no escapar de ella, no es un atajo para saltarse ninguna de las fases del proceso de curación. Debe ser más bien un enriquecimiento para sanar, una fuente de la cual se puede extraer consuelo y estímulo.
Honrar los sentimientos significa que al advertir nuestras emociones de forma pura y simple, tengamos conciencia de ellas. Si estás triste, date permiso de estarlo, si estás feliz, permítete estarlo. Los sentimientos, no son peligrosos. La mayoría de las personas descubren que una vez que comienzan a sentir, no es tan terrible como temían. Cuanto más aprenda yo a soltar más fácil va a ser que el crecimiento se produzca, dejo algo dolorosamente para dar lugar a lo nuevo que me espera.
Sanar es soltar, dejar ir, permitir que se vaya la tristeza, el dolor, los hubiera y también los debería, es darnos permiso de aceptar nuestro pasado, tal y como fue, modificando en el presente lo que sí se puede cambiar.
Sanar requiere el coraje de volvernos a enamorar de nuestra vida, requiere de la sabiduría para aceptar nuestra nueva condición, volver a instalarnos en el presente poniendo en la mesa todo lo aprendido y continuar desarrollando nuestro enorme potencial que con esta experiencia seguramente se habrá incrementado.
Es abrirnos para la ternura del hoy sin tener la sensación de estar traicionando a quien ya se fue. Valorar que sucedió, -que estuvo conmigo-, -que me perteneció una parte de su ser, de su tiempo, y eso que compartimos juntos le dio sentido a mi vida, en su tiempo y forma, con quien probablemente aprendí también muchas cosas. Permitir soltar no es olvidar, ni desear borrar las huellas del ausente, es aceptar que estuvo en mi vida, que sigue siendo parte de mí y que ahora debo aprender a vivir sin su presencia física.

 

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La escritura, como instrumento de sanación puede servir pues se trata de volcar en ella todas las emociones reprimidas. Lo que harás es una especie de escritura libre, a vuelta pluma, o automática, siguiendo el discurrir de la conciencia cuando estés conectado con tus sentimientos, esto es inspirado, permite sacar todo lo que está atorado, ya que seguramente vas a hacer grandes descubrimientos, es decir que te van a caer muchos veintes. El sentido que tiene este ejercicio es el de desconectar algunos de nuestros censores para poder decir lo que necesitamos decir.

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CULTIVA UNA MENTE LUMINOSA

 

 

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Por definición las emociones son producto de nuestras experiencias en la vida. Cualquier evento que se experimente crea redes neuronales con una estructura en particular que lo reflejan. Inmediatamente al conectarse las células nerviosas, el cerebro libera sustancias químicas que van a producir en el cuerpo una reacción llamada emoción.
Los sentimientos son percepciones sobre el estado de nuestro cuerpo es por ello que las emociones surgen a partir de lo que estamos sintiendo.
Los neuro-trasmisores son mensajeros químicos procedentes del cerebro y de la mente, los neuro-péptidos son señaladores químicos que comunican al cerebro con el cuerpo, para hacernos sentir acorde con nuestros pensamientos y las hormonas son sustancias químicas relacionadas con los sentimientos del cuerpo.
La aparición de una emoción provoca una serie de cambios en nuestra expresión, en nuestro rostro, en la voz, en el modo que pensamos y nos moviliza a la acción. Estos cambios se producen de manera involuntaria y si no estamos de acuerdo con ellos, se inicia una lucha interna, en cuyo caso nos esforzamos por controlar, por no mostrar, por no hablar o por no actuar.
He aquí algunos ejemplos:
Cuando paso del enfado a la cólera, mi ser emocional se desequilibra, me vuelvo impulsivo, grito, insulto, todo lo que estaba por ahí arrinconado sube como leche a derramarse, y si permito que exceda de nivel puedo parecer un demente vociferando, pateando, manoteando. Puede surgir entonces otra emoción derivada de esto como es el rencor, el odio, la crueldad o deseos de venganza.
Expresar el enojo o ira es extraordinario, limpiamos de toxinas nuestro cuerpo, nos permite hacer contacto con lo que sentimos, nos conocemos más y, cuantificamos nuestros alcances, siempre y cuando lo hagamos en el momento, lugar y con las personas apropiadas.
Cuando tengo miedo, me vuelvo desconfiado, siento recelo, ando a la defensiva, no espero nada bueno de la vida ni de los demás. Yo solo me aíslo si adopto una actitud hostil me pierdo de momentos que podrían ser reconfortantes. Como consecuencia me siento perseguido, amenazado, cualquier acontecimiento parece ser un indicio de algún desastre. Veo descorazonador mi futuro, vibro en una frecuencia muy baja y atraigo eso que me produce pánico.. Convierto mi vida es un drama continuo.
Cuando hay apatía nada me conmueve, todo es plano y gris, ni me enojo, ni me entristezco, el panorama es descolorido, la chispa divina se extingue, es como si me arrastrara en cámara lenta, mi mente divaga, o hay nada que me atrape solo el desinterés. He perdido mi conexión con los demás, y con mi esencia divina.
Cuando siento envidia creo que no es justo que los demás tengan más y mejor que yo, pienso que no se lo merecen pues yo me esfuerzo muchísimo y tengo menos, me irita que les pasen cosas buenas, ahhh -como disfruto cuando les pasa algo malo-. Si ellos se compran una camioneta yo tendría una mejor, y si van a comer a un buen restaurant yo elijo otro más caro, solo para que me vean.
Cuando siento culpa, hay una sensación de desmerecimiento que proviene de la comparación. No estoy a la altura de muchas de las cosas buenas que me suceden, creo que soy una persona mala que no ha cumplido con la voluntad de Dios ni de sus padres, debo ser castigado por ello me provoco accidentes, pérdidas, dilemas en donde renuncio a la ventaja que había ganado. Esta emoción resulta inútil es una pérdida de energía.
La distracción o el olvido que tiene que ver con mi falta de interés o de atención proveniente de mi mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos. No logro control interno, desconozco la introspección.
Codicia es una identificación con algo en concreto y la necesidad apremiante de tenerlo, esta emoción puede ser alentada por el enojo, la ambición, la envidia u otras más.
La mente es por naturaleza luminosa
Si consideramos que este tipo de emociones restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, ya que son formas distorsionadas de percibir el mundo.
Quizá llegue el momento en que podamos afrontarlas con inteligencia, permitiéndonos observarlas poniendo un poco de distancia, encausarlas hacia un objetivo y mirar como desparecen por sí solas, sin sembrar semillas para su posterior reaparición.
Y si en su lugar empezamos a sembrar en el jardín de nuestra mente emociones que nos generen dicha, bienestar, satisfacción, calma entre otras más, podemos crear nuevas redes neuronales que irán modificando nuestros estados de ánimo y la percepción tóxica que tenemos de la vida, del mundo y hasta de nosotros mismos.
La dicha y la paz no dependen de factores externos sino que son un conjunto de habilidades que se aprenden, se practican y de las cuales, nosotros somos responsables. Yo puedo transformar mi destino si asumo que mis pensamientos generan consecuencias para mi bienestar y para hacerme difícil la existencia.

 

Considero que si nos proponemos cultivar emociones tales como: la humildad, sentido del humor, el perdón, la aceptación, el agradecimiento, la compasión y la generosidad empezaremos a vibrar en otra frecuencia y entonces nos alineamos con el plan infinito.

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Dar una segunda oportunidad

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En el cofre de recuerdos afectivos perduran recuerdos de las parejas que más nos amaron, las que nos transformaron, también así las que nos lastimaron.

Si en tiempos pasados tuviste con alguien una muy buena relación puedes sentirte satisfecho y hasta orgulloso, porque esta suele es la mejor versión   ante tu pareja en turno, así que la idealizas y le cuelgas muchas virtudes que a lo mejor ni siquiera fueron ciertas, también es una fuente de seguridad pues recurres a dicha persona para recordarle a tu pareja actual que hubo alguien que te valoró más, que te quiso más, aunque desafortunadamente se haya ido.

Y otra de nuestras fantasías que se asoma de vez en cuando es qué sucedería si tal o cual pareja viniese a buscarme para pedirme una segunda oportunidad: ¿Es válido dárnosla?, son de mal gusto los segundos tiempos?¿que es lo peor que puede pasar?

El paso del tiempo junto con todas las experiencias vividas nos transforman, pero no todos cambiamos de la misma forma ni en el mismo nivel. Así puede suceder que de la persona de la que me enamore hace diez años e incluso hace dos ya no sea la misma, ni tampoco yo. Podemos transformarnos en la mejor versión de nosotros, podemos quedarnos atorados sin hallar un rumbo. Habrá cambios que nos ayuden a florecer, habrá cambios que nos dañen, nuestra evolución puede tomar diferentes caminos y por todo ello también es posible que descubramos que nuestro gran amor de antaño es ahora un ente raro alejado de esa extraordinaria persona de la que un lejano día me enamore.

También puede pasar que el reencuentro con esa mi pareja sea de lo más valioso que me esté pasando, cuando percibo que me siento tan bien, como si el tiempo no haya pasado, y que esos cambios que se operaron en cada uno de nosotros nos acerquen todavía más .

Nuestro camino evolutivo suele ser caprichoso, a veces encontramos personas y condiciones inmejorables de superar conflictos que hemos arrastrado desde nuestra infancia y es que gracias a esto porque creamos resiliencia, nos volvemos más fuertes y más hábiles pero también más comprensivos y bondadosos. También suele suceder lo contrario que las circunstancias con las que hemos tenido que lidiar incrementen nuestra condición de desamparo, de conflicto y que esto de lugar a una situación de estancamiento. En definitiva; no solo que ya no me parezco al que fui, sino además me desdibujo frente a los que me conocieron en otras épocas. Con quien va a ser más fácil que me relacione? Con aquellas personas con las que vibro en la misma frecuencia, desconfianza atrae desconfianza, pobreza de corazón igual, deshonestidad atrae más deshonestidad. Todos elaboramos siendo niños un estilo afectivo afirma  Boris Cyrulnik (1) y es el que determina la forma en que nos perciben los demás y a la vez percibimos nosotros.

“El estilo afectivo adquirido y el sentido atribuido a la herida constituyen por tanto el capital mental con el que la persona se representa su implicación futura, y también el capital mental con el que responderá a ella. Algunos ejemplos son: Vínculo seguro son los que se desenvuelven mejor, vinculo de evitación son aquellos a quienes les da miedo expresar sus emociones, vínculo ambivalente son los que por angustia agreden a quien aman, Vinculo angustiado son los que solo se sienten bien si aprisionan el objeto de su amor, vínculo desorganizado corresponde a los que siempre se encuentran desamparados, tienen pocos amigos a causa de sus relaciones difíciles”

Entonces no es casual que atraiga a determinado tipo de personas, pues de la forma en que me manifiesto, actúo, me trato a mi mismo y+ trato a los demás será el tipo de relación y  de pareja que podre establecer.

Si hemos podido gestionar nuestras carencias, debilidades, vacíos, y limitaciones en consonancia con nuestras relaciones familiares y de pareja, sin duda hemos logrado evolucionar y esto nos dará oportunidades de relaciones más satisfactorias.

Entonces mi decisión de volver o no con mi ex no puede estar basada en mis emociones, o en los recuerdos, tiene que ver con la forma en que hemos evolucionado cada uno, cada una de las experiencias que tuvimos alguna marca habrán dejado ya sea para bien o para mal, en conjunto todo esto nos habrá convertido en alguien diferente, más atractivo o menos deseable.

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RELACIONES ADICTIVAS

 

 

dependenciaUna relación adictiva es aquella que causa dependencia, trastorna el sentido de identidad y en donde se pierden los límites de la individualidad.

John Bradshaw usa el término codependencia para quienes han perdido el contacto con sus sentimientos, deseos y necesidades, son personas que dependen de algo externo para tener una identidad, algunos ejemplos son: búsqueda de aprobación, quedar bien con los demás, culpar a otros por falta de éxito, felicidad, amor o dinero.(3)

Una relación adictiva no tiene que ser exclusivamente con otra persona, puede ser al trabajo, al dinero, al sexo, a bebidas embriagantes, a tóxicos, a video-juegos, al celular y muchos otros más. Quienes la experimentan viven una sensación de sometimiento, donde la voluntad ha dejado de participar en las decisiones, <solo cuando estoy con el objeto de mi adicción me siento bien>, o casi bien, de ahí en fuera <todo el tiempo pienso y busco estar con dicho objeto>. He dejado de disfrutar muchas otras actividades, de personas y situaciones dado que mi objeto es algo que me obsesiona.

Cuando la adicción es con tu pareja, lo más característico en este tipo de relación, consiste en la imposibilidad de terminar con la misma, aunque haya más insatisfacción que bienestar, las quejas van en aumento, no sabes a qué atenerte con él o ella y aunque esperes muy poco siempre acaba por decepcionarte.

Hay una reacción muy peculiar parecida a la abstinencia del adicto frente a las drogas o el alcohol, o aquello de lo que no puede prescindir. Estar separados resulta insoportable dado que quienes padecen esta patología establecen vínculos de fusión con el otro, lo que vendría a explicarse en un sentirse tremendamente indefenso, de estar a la deriva, de solo estar completo con el otro quien ya es parte de sí mismo. La presencia   de la persona o la droga en cuestión funciona como un objeto que facilita esa creencia. Esto es realimentado por la otra parte haciendo que la creencia se afiance. Es muy característicos de los adictivos actitudes tales como: tendencia al control obsesivo en las relaciones, inhabilidad de establecer límites saludables en las relaciones, dificultad para expresar necesidades y sentimientos, exposición a peligros en la búsqueda o mantenimiento de la relación, aislamiento y deterioro físico, mental y emocional. Una de los signos más tempranos y obvios es que la persona afectada se va aislando de sus relaciones habituales a costa de una mayor demanda de atención hacia la relación adictiva. Deja de hacer vida social, de cumplir con otro tipo de compromisos solo para estar disponible cuando el otro le busque. Puede ser que alguno se de valor para terminar con la relación, pero esto no dura mucho, es probable que al escuchar una canción, ver una foto, recordar algún evento que juntos compartieron a tal le entre la nostalgia e inmediatamente busque la reconciliación, Se dirán muchas cosas; promesas que no van a ser capaces de cumplir y así otra escalada más.

“Todo lo que hoy en día se da más, y más a menudo como embarazos en los adolescentes, noviazgos violentos, adicciones tempranas, etc. surgen en personas que fueron niños muy heridos en su infancia, y que al empezar a entrar al ámbito de las relaciones en una adolescencia cada vez más temprana, fácilmente cometen graves errores, porque no cuentan con recursos internos para construir límites seguros que les permitan protegerse a sí mismos, simplemente porque no se aman ni se valoran y cualquier otro que les haga sentir un poquito visto y amado tendrá un gran poder sobre ellos, aunque el precio que haya que pagar, sea irse en contra de sí mismo, en su propio prejuicio, poniéndose muchas veces en situaciones que van de muy incómodas a trágicas, e incluso mortales”.(1)

Una jovencita que es insegura, que desconoce su valor y encuentra una pareja de la que sabe muy poco, es probable que en su interés por retenerla le pase por alto muchas faltas, y que se culpe cuando las cosas no van bien, así tampoco le exigirá que use un condón al tener relaciones sexuales, es más aceptará tener sexo sólo por retenerle.

Joan Garriga habla de la pareja de tres: ” No obstante en el mundo de la pareja suele ser una dinámica común que en lugar de dos sean tres en su campo emocional, este tercero que configura el triángulo, puede ser un amante, el alcohol, drogas, substancias, una pareja anterior, una pareja idealizada, la madre o el padre de uno de ellos o bien un hijo especialmente querido por uno de los padres por encima del otro progenitor, o incluso un trabajo, vocación etcétera”. Esto significa que ante la imposibilidad de tener una relación de dos se busca un tercero para que aporte la dosis de incertidumbre necesaria a este tipo de personas… el alcohol y otras substancias calientan el corazón y actúan como amores seguros, siempre disponibles, especialmente para aquellas personas que no se sienten queridas, sino despreciadas por su pareja o bien por su familia de origen”.(2)

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Si te permites sentir te liberas

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En momentos críticos en que el dolor, la impotencia o desolación  visitan nuestra existencia quizá ha pasado por nuestra mente   que no podríamos sobrevivir a este tipo de crisis que la vida pone ante nosotros,  más aún cuando han sido repetitivas    además de  dramáticas  llegamos a pensar que seguramente eran un castigo o pruebas demasiado duras que alguien nos ha enviado para tener un escarmiento, y que seguramente  ya nunca volveremos a ser como antes .  Resulta maravilloso  que  en cada evento traumático nos llenamos de más  fuerza, sobrevivimos y tenemos un músculo más desarrollado para afrontar situaciones todavía más difíciles.

Así también cuando nos sorprende una enfermedad, nos dan diagnósticos, visitamos infinidad de médicos, seguimos tratamientos un pensamiento recurrente es que ha llegado nuestra hora de partir, sin embargo es muy posible poder revertirla y transformarla. Una enfermedad es un área de oportunidad, es nuestro cuerpo el que habla para señalar que se debe cambiar una forma de sentir, una forma de pensar y también de actuar. Si vamos al inicio de algún síntoma o enfermedad podemos detectar que estaba pasando en nuestra vida en ese tiempo: ¿perdimos a un ser querido? ¿nos despidieron del trabajo? ¡Lloramos hasta vaciar?, ¿buscamos consuelo? nos dejamos apoyar?  ¿nos dedicamos a beber? ¿buscamos una aventura pasajera para no pensar ni sentir? ¿de qué manera reaccionamos?, ¿qué emociones se desataron en consecuencia? y ¿cuáles fueron nuestros mecanismos que pusimos a trabajar para enfrentar los acontecimientos que se estaban presentando?

Podemos si queremos mirar atrás, y reevaluar todo el proceso sin juzgarlo, sin poner etiquetas,  sin racionalizar, sin querernos justificar y a partir de ahí observar si nos permitimos elaborar otro guion, esto es cambiar la forma en que interpretamos estos hechos  es  darnos también la  oportunidad para  reaccionar diferente. Quizá de una manera menos exaltada o desproporcionada, quizá si renunciamos a dramatizar,  o a sentirnos víctimas, o a culpar a otros, si pudiésemos cambiar lo que pensamos para no sentir. Si mejor nos centramos en el vaivén de emociones como son la patada en  el estómago, la mandíbula apretada,   el puño cerrado de la ira , el  llanto que dejamos atorado en la garganta. Es aquí donde puedo hacer un alto y hacerme cargo de lo que siento, honrar mis emociones es permitir que afloren, es  experimentarlas en toda su proporción, es darles rienda suelta  aunque sienta que me hago pequeña, o inútil o absurda o quizá indefensa, y precisamente por el juicio que yo misma hago de ellas, prefiero evitarlas, al meterme en ellas hasta los codos y  permitir que se apoderen de mi ser, al  experimentarlas en cada célula de mi ser  me permito emerger, completa, integrado, sana y con mayor capacidad de ser feliz. Te atreves a probar.?……..

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 Cerrar una relación amorosa con dignidad

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Aceptar cordialmente la ruptura de una relación es sumamente difícil, pues casi siempre nos quedamos con mucho resentimiento, culpa, dolor, y a veces tristeza por todo aquello que callamos, por lo que no fuimos capaces de ser al lado del otro. Y es que nuestra historia afectiva se vuelve dramática cuando de separaciones se trata. Hay tantas emociones encontradas que no entendemos pero que intentamos reprimir, negar, ocultar o disfrazar.

Esas rupturas civilizadas ausentes de gritos, enfado y reproches no son comunes en nuestra cultura.

Me gusta mucho la propuesta de Joan Garriga autor del libro “el buen amor en la pareja” para abordar este tema cuya propuesta es la siguiente:

“Cuando se rompe una relación es muy natural experimentar enfado y rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y sacar el enorme malestar si es preciso. La rabia es el resultado de la frustración de las ilusiones y proyectos comunes, de las expectativas de vida. Es una forma de rebelarse contra lo ocurrido y mostrar nuestro desacuerdo. Para salir del enfado y la rabia es necesario rendirse, aceptar la situación, la ruptura, el dolor de la pérdida” Llorar, gritar, patalear, meterse en el dolor hasta la médula, le hace bien al cuerpo, y también al alma. No es posible hacer como que no pasa nada cuando había tantas esperanzas, afanes y promesas” Al final si somos capaces de sostener el dolor, nos mantendremos en el amor, ya que dolor y amor son dos caras de la misma moneda”.

“Cómo se cierra bien el pasado? Primero entregándonos al dolor, abriéndonos al dolor de la herida, de la decepción y de la frustración. Y, durante un tiempo viviendo la turbulencia emocional que toque, la culpa o la tristeza, o el enfado, o la sensación de fracaso o desesperación, o miedo”

Y después cuando se empieza a acomodar, a aceptar e integrar esta experiencia como parte de nosotros desde una postura de aceptación evitando el victimismo y el resentimiento.

Cuando asumimos una posición de víctima no estamos siendo adultos y tampoco nos estamos responsabilizando de lo que hicimos a la relación, al reconocernos sujetos activos de la misma recuperamos nuestro poder y logramos mirar con mayor objetividad lo bueno y lo malo de esta misma.

“Cuando podemos ver lo que nos ha aportado una relación y lo que hemos aprendido de ella, estamos en disposición de cerrarla y abrirnos al porvenir”.

“Un proceso de ruptura concluye cuando:

…Podemos mirar atrás con paz y alegría

…logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra anterior relación

… le damos internamente las gracias a nuestra ex pareja por lo que fue posible y lo que nos aportó;

…podemos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida

…reconocemos el amor que hubo y lo guardamos como un regalo;

…somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor, y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor;

…alojamos al otro en el lugar interior de los vínculos significativos en nuestra alma y pasa a formar parte de la narrativa que configura y da sentido a nuestra vida.

En definitiva, el gran reto para todos consiste en aprender amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos, ponemos nuestros errores al servicio de la vida y de un camino feliz, sea en pareja o no.”

Agradecer a la vida por haber tenido cerca alguien a quien amar, con quien crecer, a quien mirar y ser mirado es símbolo de grandeza moral y espiritual

“Se construye mal sobre las cenizas y los escombros, y que al contrario, se edifica bien sobre los aprendizajes anteriores, sobre la integración nutritiva de nuestro pasado, sea el que sea. De ahí lo imprescindible de aceptar nuestra historia afectiva”

“Una segunda y posteriores relaciones se deben construir sobre el amor de la anterior, sobre lo bueno de la anterior, dignificándola por así decirlo”

“Edificamos mejor cuando tenemos buenos cimientos y cuando podemos reconocer el amor que hubo en lo anterior y sus límites, y rendirnos a esos límites”.

“Muchos hombres y mujeres se apoyan en las heridas que les causaron parejas anteriores para decir NO a un nuevo amor. Podría decir entonces <puesto que he sido herido y he podido superarlo, no necesito nuevas armaduras>”

“El buen amor en la pareja, Joan Garriga,Edit.Paidós,Méx. 2014 pp. 150- 164

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