ACERCA DEL AMOR Y DEL NO AMOR

Ansiamos  una relación con los hombres más paralela,  simétrica y recíproca, de preferencia que  no reaccionen con enojo o indiferencia a nuestras necesidades, que nos permitamos escuchar y sumar para estar juntos en armonía.

Observo en mi  entorno, muchas mujeres que llevan años sin un compañero duradero y lo que   resulta  paradójico es que en igualdad de circunstancias abundan muchos hombres también solos y no creo que sea por desagrado a la vida en pareja.

¿Dónde nos perdimos, en que momento dejamos de vernos horizontalmente, tan necesitados de dar y recibir cariño, de acompañarnos y saber que contamos unos con otros?

Lo que prevalece es  la máscara de la indiferencia Escucho a un amigo que narra acerca de su prolongad soltería: Las mujeres de ahora no piden, exigen que se les dé mucho a cambio de muy poco, -la verdad hasta dan miedo-.pareciese que a mayor inversión en  su imagen  mayor cantidad a pagar por su compañía: buenos lugares, regalos, pago de sus cuentas y todo para qué?

Poca tolerancia, individualismo, comunicación defectuosa, conocimiento de cada uno a nivel superficial, deslealtad al vínculo, cambio de valores y un sinfín son los pretextos para que la brecha se haga aún más honda.

Resulta descorazonador mirar como cada quien se ha replegado en su individualismo, como levantamos murallas unos y otros para no acercarnos, como se huye de la responsabilidad, del compromiso, la poca disposición que hay para aproximarnos sin máscaras, sin exigencias, sin violencia de ambas partes. Donde fue que nos perdimos? donde aprendimos a sobrevivir a pesar de nosotros mismos, porque quizá para convivir de una manera saludable es importante quizá el bajar la guardia, ser tremendamente compasivos con nosotros, y con ellos, aceptarnos quebrados como estamos.

Sufrimos en las relaciones porque nos relacionamos desde nuestras heridas.. creyendo que son las del otro.

El dolor de la perdida es el precio que pagamos por el privilegio de amar.

Cuando descubrimos que nadie muere de amor, y que bien vale la pena el intentar la relación porque implica mucho aprendizaje de uno y del otro, de cómo nos aproximamos, de nuestros hábitos y creencias, es entonces que en verdad vivimos.