LAS HISTORIAS QUE TE CUENTAS

La levedad nos aleja de la tierra, elegimos el peso porque nos ata

Es una elección hacer cosas constructivas o destruir Se elige amar o desconfiar, se elige encumbrarse o bien rodar. Cuando venimos al mundo no sabemos nada de esto, lo iremos aprendiendo a medida que los si-es y los no-es de los padres y  personas a nuestro alrededor nos vayan indicando la diferencia entre dos caminos, esto es cuando refuercen mi acciones aceptándolas o bien la desechen como algo reprobable. En el mundo moderno es aceptado por la mayoría que se es bueno o se es malo nadie es totalmente bueno, nadie es totalmente malo, se hacen cosas buenas, se hacen cosas malas,  y si son malas: desde dónde? y para quién?, por ejemplo andar desnudo en  las ciudades del país es un delito, no así en una playa nudista o en algunas comunidades norteamericanas.

Hemos recibido de nuestros antecesores un cúmulo de creencias o dicho de otra forma filtros respecto a lo bueno y lo malo, ejemplo: es muy malo mentir, los hombres son malos, las brujerías te acercan al infierno, es bueno tener compasión, es malo gastar todo lo que se tiene, la gente con dinero se corrompe, las personas bondadosas lo dan todo sin pedir nada a cambio. Todo esto representa un legado del que no estamos muy conscientes y que trataremos de poner en práctica la mayor parte de las veces. Que sucede cuando actuamos en forma contraria: esto es que desobedecemos, o bien nos rebelamos, ponemos en tela de juicio este sistema al que hago referencia?  Más aún cuando la religión que me han inculcado lo reafirma.

Todos tenemos un nivel de conciencia que puede ser desarrollado o limitado y es la parte que entra en conflicto, esa vocecita interna que siempre nos está recordando que tan bien o mal hacemos las cosas. Según el diccionario: “la conciencia es una facultad del espíritu humano, de tener conocimiento de su existencia, sus atributos y sus actos. Conocimiento preciso y reflexivo de las cosas del mundo exterior y capacidad de discernimiento del bien y el mal”. Pero si decidimos no hacerle caso a esa voz y nos vamos por la libre? Pueden suceder varias cosas, una es que  mi ser evolucione.  Dado que la conciencia es una facultad, esta puede ensancharse, esto es acceder a un nivel mayor de conciencia al abrirme a nuevos parámetros, o bien comprimirse   conformándome a vivir con culpa el resto de mi vida, siempre reprochándome internamente mi desobediencia, y así también atrayendo castigos, sintiendo que no merezco todo lo bueno y maravilloso que la vida me da.

Creo que en gran medida el tomar una u otra alternativa tiene que ver con la maduración de la idea que hemos interiorizado de nuestros respectivos padres. Hago inca-pie mi idea de mis padres es solo eso, una representación que puede estar muy alejada de lo que ellos son en verdad: ellos  pudieron haber sido unos dictadores con actitudes castrantes y malévolas, y la idea que mi inconsciente guarde  de ellos habrá de evolucionar a unos padres amorosos y compasivos que me otorgan el permiso para decidir el rumbo de mi vida. Esta es la parte que nosotros podemos modificar, sobre la que si tenemos control,  pues si modifico mi idea de mis padres puedo encontrar una puerta de salida, pero si mi psique se queda anclada con la imagen autoritaria a la que me he referido, es muy probable que sufra las consecuencias de mi rebeldía.  

La educación y creencias recibidas, heredadas provenientes de nuestros antecesores conforman el patrimonio en valores que hemos de abanderar durante nuestra existencia, y que se va a modificar de acuerdo a los saberes que se vayan acumulando y que a veces pondrán en jaque eso que para nosotros representa la verdad. Que nuevos conocimientos ponen a temblar mis creencias? Primeramente es el cuestionamiento: -en verdad toda la gente adinerada es corrupta? o así justifico  mis limitaciones para acceder a la abundancia del universo?, es malo mentir?: Exagerar, restar importancia, son actitudes individuales y la línea que separa a ambos es muy delgada, acaso no mentimos todos casi siempre? .A veces la gente que se dice demasiada honrada es la más reprimida y por consiguiente dañada mentalmente.

Después hay aprender desde el punto de vista científico, descartar el pensamiento mítico esto es aquel que está plagado de supersticiones. Y finalmente investigar, analizar, reflexionar, elaborar nuevas hipótesis,   nuevas teorías. Es decir prepararme para esta era moderna, actualizar mis conocimientos, descartar los que resultan obsoletos, incorporar saberes que me otorguen autenticidad, libertad, y felicidad. Aprender a usar nuestro libre albedrío uno de nuestros sentidos de vida. El conocernos más y mejor, ayudar a edificarnos, abrir nuevos senderos por donde transitar, y que aligeren nuestra carga. Así también estar claros de que legado les estamos dejando a nuestros hijos, si eso que ellos han asimilado como una herencia les ayuda a caminar o es una piedra enorme a su paso que les impide avanzar.

“La felicidad no crece allí donde hay buenos y malos, víctimas y perseguidores, cumplidores e irresponsables. Si crece, al menos un poco, donde hay personas que se asumen como imperfectas y toman conciencia de que cometieron errores e hicieron daño, y pueden llevarlo con dignidad, y repararlo de una forma constructiva, a la vez que asumen que pueden resultar dañadas, y que ello también forma parte del paisaje de los vínculos de intimidad. Perjudica mucho a las relaciones humanas, y a la vida, seguir pensando en términos de buenos y malos. Es preferible pensar que entre todos hemos creado una realidad y que cada quien aportó su parte proporcional, claro de acuerdo a su nivel de conciencia”

El buen amor en la pareja, Joan Garriga, pp.68 edit. Paidós 2014

LAS TRAMPAS DEL EGO

 

 

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De que formas nos dejamos manipular por el ego? Como podemos saber que es el ego quien ha tomado las riendas de nuestra vida? Si es el ego quien está en un extremo, es de suponer que hay otra alternativa ¿Podemos quitarle poder a nuestro ego?
El ego es el conjunto de nuestras personalidades. Son todos los papeles que nos toca desempeñar socialmente, con los cuales nos hemos identificado tanto que a veces los actuamos indiferenciadamente, por ejemplo un profesor, que se comporta como tal ya no solo en el salón de clases, sino en cualquier ámbito. El ego es un conjunto de facetas creadas y con vida propia, que existen en nuestra mente, que manejan los mandos y el teclado de nuestro súper ordenador, que estimulan ciertas reacciones nuestras: el miedo, el titubeo, el valor, el deseo de ganar, etc., y que sobre-todo tiene una función precisa: la supervivencia del cuerpo humano, y con ello, de la raza humana.

Nuestra mente o ego se nutre de todas aquellas programaciones que desde muy pequeños fuimos incorporando con la familia, la escuela y otras figuras de autoridad. Hemos asimilado la creencia que somos imperfectos e incompletos, que hay algo malo en nosotros que tenemos que modificar, que hay que ser “alguien” “exitoso” en la vida para recibir aceptación.

 

El ego corresponde con todo aquello que aceptamos como cierto pero que solo es una opinión de los demás
Nuestro ego nos mantiene en una zona de confort, nos arraiga con el pasado, con lo ya conocido, a lo familiar y en cuanto pretendemos escabullirnos inmediatamente nos trae de regreso. A nuestro ego no le gustan las sorpresas, ni lo incierto, tampoco lo ambiguo. La pretensión del ego es evitarnos sufrimiento así que siempre nos está avisando de peligros incluyendo aquellos que son imaginarios.
Nuestro ego jamás se satisface, se inventa falsas necesidades siempre quiere más por lo tanto nos obliga a ser competitivos. Somos movidos por infinidad de motivaciones, algunas muy claras y otras no tanto, la mayoría de nuestras decisiones son inconscientes, a veces relacionadas con motivos del pasado. Quiero, deseo, necesito, me tienes que dar… no soporto estar sin… es insoportable no tener…son solo algunas palabras y frases que designan carencia, vacío y/o dependencia, pero además que implican tomar algo de afuera para satisfacerse. Es aquí donde proviene la idea de que mi felicidad corresponde con tener lo de afuera, sin percatarme que lo que debiera hacerme sentir satisfecho está dentro de mí.
Muchos de nuestros momentos de alegría se los atribuimos a circunstancias externas: asistir a una fiesta, ir de vacaciones, hacer compras millonarias o degustar un platillo excesivamente caro son condiciones que el mundo coloca como imprescindibles para ser felices. Entonces andamos a la caza de este tipo de experiencias para llenarnos de esa dizque felicidad tan codiciada Pero cuidado…podemos estar alegres, sin ser felices
Nos da mucho miedo la infelicidad, nos aterra estar solos y sentir nuestros vacíos, cuando aparece la tristeza queremos evitarla a toda costa, entonces vamos de shopping y nos engañamos pensando que así vamos a estar a la altura de las circunstancias, entre otras porque hemos validado un catálogo de todo aquello que nos mantiene en la línea de la normalidad, es decir estables. Todo ha sido clasificado y ordenado de acuerdo a intereses de consumo en un mundo global.
En nuestra separación con la naturaleza hemos renunciado a sentir, vivimos anestesiados, separados de los demás, siempre en la competencia de haber quien tiene más, quien acumula, quien va a la vanguardia de lo más nuevo y sofisticado.
Permitimos que nuestra mente o ego nos guie, razonamos todo, y racionalizamos también, decidimos desde una postura de miedo, no del amor y nos conformamos con medio vivir, sin atrevernos a soltar nuestros miedos para regalarnos lo que más deseamos, y es que una parte de nosotros sabe que lo que más anhelamos no tiene nada que ver con el consumo, ni con quedar bien. Porque en el fondo le tenemos mucho pánico a obtener lo que más queremos, y preferimos posponer, conformarnos, racionalizar, pedimos con la mente, no con el corazón, pero preferimos lo tibiecito nunca los extremos, así que vamos por la vida dando tumbos, convencidos de que esta es nuestra alegría, felicidad, goce, abandonando todo intento de conectar con nuestra esencia, de nuestra divinidad, porque el mundo dice que así está bien. No solo es no aceptarme, es no amarme y también odiarme, por diferentes motivos: por no estar a la altura de las circunstancias, por sentir que no merezco lo bueno, por no agradar a los demás, por ser como soy, por sentirme un ser inacabado, defectuoso, alguien que debe ser reparado y ajustado.

El odio es la brújula que indica hacia dónde va nuestra vibración, odiamos ser lo que somos, odiamos nuestra vida y odiamos a los demás, porque odiar nos da fuerza, nos da poder, mientras que muy debajo está la tristeza, de no aceptarnos tal y como somos, de no tenernos un poquito de misericordia para abrazar nuestros miedos, nuestras frustraciones y empezar de nuevo, ahora en la confianza de que lo que hay en este momento no pudo ser mejor

 

Disciplina? como para qué?

Cuando un  padre lleva mucho dolor emocional, frustración y amargura, muy probablemente será agresivo y cruel con sus hijos, lo cual de seguro le generara una enorme culpa, y después…a lavarla! Y a dejar que ellos lo maltraten cumpliéndoles todas sus demandas

La disciplina es una misteriosa cara del amor y de nuestra comprensión de la misma puede surgir la convicción de lo necesaria que resulta y de que puede proporcionarnos entre otras cosas: una vida  más fácil, exitosa, saludable y feliz.

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Para Bruguera Mexicana de Ediciones: “Disciplina es la capacidad de actuar ordenada y perseverantemente para conseguir un bien. Exige unos lineamientos para poder lograr los objetivos deseados, soportando las molestias que esta ocasiona. Para adquirir este valor se necesita la capacidad de pedirnos a nosotros mismos”

La disciplina desarrolla la tolerancia a la frustración

Frustración es el sentimiento de impotencia, desilusión, decepción, tristeza e ira que se origina cuando queremos y no podemos, cuando lo queremos YA y tenemos que esperar, cuando queremos que la realidad sea verde y sabor chocolate pero es rojo y sabor vainilla.

La tolerancia a la frustración es la fuerza de carácter, la fortaleza interior que nos permite soportar y sobrevivir a las tormentas de la vida, lograr metas, soportar obstáculos, realizar sueños, ser productivos, independientes y capaces de resolver problemas. Una persona que no la tiene es dependiente, débil de carácter y no puede hacerse responsable ni de su propia vida. Quien no tiene tolerancia a la frustración sufre más, pues cuando la vida no es como la desea o no suceden las cosas como las espera, no puede soportarlo.

Esos hijos que no soportan un NO, un “tienes que esperar”, una realidad diferente de la que deseaban, es porque no tienen tolerancia a la frustración, y esto les afectará más allá de lo que imaginamos en todas las áreas de su vida. El hijo siempre está en su derecho de enojarse o frustrarse cuando no obtiene lo que quiere y sus sentimientos son muy respetables, pero esto no debe ser motivo para dejarnos manipular por esos sentimientos y las reacciones que generan.

Para realizar sueños por lo general se tienen que tocar muchas puertas, hasta que por fin una se abre; se tiene que pasar por estrecheces económicas, intentos fallidos, esfuerzos que parecen no dar resultado, sobreponerse a la desaprobación de quienes no creen en uno, esperar más tiempo del que quisiéramos, invertir dinero que a veces se pierde o tarda mucho en regresar, trabajar duro en la siembra, sin ver la cosecha y ser capaces de sobreponerse a todas esas cosas y seguir adelante.

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La Disciplina proporciona seguridad y confianza

Ejercer disciplina equivale a tener un compromiso con uno mismo y en el seno familiar constituye lineamientos y acuerdos que los padres  han de establecer cuando los niños son pequeños y negociar otro tanto  cuando ya son adolescentes.

Un hijo con reglas bien claras y consistentes se sentirá seguro, protegido y confiado; sabe dónde está parado, sabe que esperar, y esto le proporciona seguridad y confianza.

Un hijo con reglas inconsistentes o sin ellas es como un barquito en altamar, sin un timón: se sentirá inseguro, desprotegido y extraviado.

Por paradójico que parezca una persona que es capaz de reconocer y respetar reglas y observar una disciplina en la vida desde que es pequeño, será capaz de discernir de manera sabia cuando una regla debe ser obedecida y cuando estorba a su desarrollo o su bienestar y, por lo tanto no debe ser obedecida.

La Disciplina es un factor que incrementa la autoestima

La disciplina nos ayuda a desarrollar nuestros recursos internos, a volvernos responsables, seguros, fuertes y maduros, que son condiciones necesarias para ser exitosos  todas las áreas de la vida. El poder realizar sueños, el sabernos fuertes y capaces para hacernos cargo de nuestra propia vida, todo esto incide en el concepto de nosotros mismos y proporcionalmente en nuestra autoestima.

Un hijo mimado y sobre-protegido no tiene disciplina,  deja sus proyectos a medias, necesita que le resuelvan y faciliten todo, no se le permite correr riesgos ni enfrentar retos, así su concepto de si es pobre, limitado y  quizá desagradable.

la disciplina evita conflictos entre los miembros de la familia

Es importante que los padres establezcamos normas bien claras de acuerdo con nuestra realidad, costumbres, creencias, convicciones y la edad en que se encuentran nuestros hijos, tales como no se comen golosinas antes de los alimentos, cada uno se encarga de lavar los trastes un día por semana, los niños se van a dormir a tal hora, no se enciende la televisión hasta haber terminado la tarea, la hora de llegar del antro es tal.

Es bueno señalar que las normas se hacen necesarias cuando hay  situaciones de conflicto.

La disciplina nos previene de sentir culpa

Cada vez que un hijo se porta mal, reaccionamos según nuestro estado de ánimo, esto nos genera muchos sinsabores, por tanto hay que dejar claro que si existen reglas también hay una sanción para quien no cumple con ellas. Por ejemplo si no regresan del antro a la hora acordada, esto puede provocar una reacción exagerada de los padres poniendo un castigo enorme y quizá hasta absurdo como: “no vuelves a salir el resto de tu vida”,  cuando baje el coraje, esto desde luego les causará culpa, y además. De seguro no van a cumplir, perdiendo así toda credibilidad y autoridad ante sus hijos.

Así pues la disciplina trae muchas cosas buenas; y a fin  de cuentas, el esfuerzo y el tiempo que se invierte para establecerla es menor del que invertimos en gritar, batallar y lidiar día a día con nuestros hijos.

Resúmen del libro, Hijos tiranos o débiles dependientes Martha Alicia Chávez edit.Grijalbo México 2008 Cap.2 págs. 39-54