CIERRA TU RUPTURA AMOROSA CON AMOR

 

 

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Uno de los mejores momentos para averiguar quién eres y qué quieres de tu vida es justo después de una ruptura. –Mandy Hale.

¡¡Ojala que con un “adiós de despedida a lo que hubo entre tu y yo” -fuesen puntos suspensivos…- y de pronto nuestro corazón recupera la paz y el alma su alegría e ímpetu de vivir!!
Si la relación llegó a su fin y existe una firme determinación de no dar marcha atrás porque ya se intentó todo, se agotaron los recursos y nada puede hacerse ya, lo que sigue es soltar y dejar ir con amor.
Tener muy claro cómo es que llegamos hasta aquí, que tipo de situaciones gastaron la relación, si establecimos acuerdos, si se pusieron límites cuando fueron necesarios o quizá nos quedamos callados, aguantamos y finalmente reventamos.
En una ruptura no hay culpables, hay dos personas con una historia, con un modelo de crianza, con hábitos y costumbres arraigadas, a veces demasiado difíciles de modificar. Y aunque resulta difícil tomar conciencia de nuestras limitaciones con las que danzamos en pareja, es muy reconfortante identificar cuales fueron nuestras victorias, en que crecimos, si estuvimos dispuestos a ceder, negociar y conceder .En esencia de qué forma esta relación nos convirtió en mejores personas.
Se necesita una buena dosis de honestidad para reconocer con objetividad de qué manera nos prodigamos en la relación, esto es si le sumaba o restaba lo que nosotros aportamos.

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Cómo continuar?…. Lo más importante es la aceptación, Hubo una relación, sucedió, fue hermosa, tuvo momentos buenos y malos, ambos pusimos a disposición de la relación muchos de nuestros recursos, , la relación nos permitió aprender mucho de nosotros mismos, nos abrió nuevas facetas, tuvimos la oportunidad de mostrarnos, fue un gran trabajo el que cada uno realizo para aprender a vivir en sintonía con un compañero.
Siente la enorme alegría de haberte dado la oportunidad de haber vivido esta experiencia, agradece a tu pareja y a la vida por todo lo vivido, lo aprendido, aunque hayas cosas que resulten desagradables, reconoce en ellas una gran herramienta.
Honra todos los momentos que llenaron tu existencia, las alegrías, los sinsabores, los desacuerdos, los momentos cruciales, cada descubrimiento. Dedica tiempo a elaborar un recuento de momentos singulares y significativos.
No dejas de amar a esta persona, más bien aprendes a vivir sin ella, pues lo que amamos verdaderamente no se puede sacar del corazón solo por mera voluntad.
Terminar implica reconocer y aceptar que hay que movernos de lugar, dejar de aferrarnos, renunciar al apego de objetos, cartas, fotografías, regalos y todo aquello que nos remite al pasado.
La mayoría de parejas reconocen en lo más profundo de su ser que albergan una esperanza de regresar e intentar otra vez haciendo a un lado el pasado y empezar de nuevo.
También es común que se afrontan momentos de mucha ansiedad y queremos escuchar o ver a esa persona a la que estamos dejando.
A veces oírla es suficiente para hallar calma en nuestro corazón.
También en momentos cruciales lo que más deseamos es que esa persona que ha sido parte de nuestra vida nos escuche y consuele.
Desengancharse significa observar que tipo de creencias ocultas me mantenían con la persona. Esto es que papel jugaba cada uno en la relación.
Walter Riso en su libro “Amores altamente peligrosos”, menciona ocho estilos afectivos comunes en casi todas las relaciones y que pueden presentar algunas o muchas características sumamente destructivas en una relación amorosa.

 

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No hay un modelo para el buen manejo de una ruptura amorosa, a veces seguimos relacionándonos cómo antes, hay quienes prefieren retirarse por un tiempo o buscarse de vez en cuando. Lo que debe evitarse es la crueldad. Esto es que si mi ahora expareja me busca para dialogar no tengo porque usar la hostilidad para evitarla.
En el proceso de desprendimiento los tiempos no son iguales en hombre y mujer, habrá quien requiera durante mayor espacio, comprensión y soporte, en esta parte es necesario hacer saber al otro que disposición hay para darla.
Habrá días grises y otros soleados, es normal, nuestra mente va a tardar un poco en acostumbrarse a su nueva condición.
Que lo vas a extrañar, claro que sí por supuesto y mucho, vas a extrañar la relación, vas a extrañar a ese ser que fuiste mientras estuvieron juntos, y recordarle cada vez menos hasta que sea algo que deje de afectarte.
La vida sigue, acostúmbrate y dentro de tu corazón repite, soy un ser completo, estoy vivo, y reúno energías y alegrías para seguir adelante.

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LA CULPA BUSCA CASTIGO

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La culpa aparece cuando hay un contraste entre lo que tenemos por ideal y lo que se hace en la realidad. Este sentimiento tiene un fin adaptativo además de que está estrechamente ligado con el desarrollo moral del sujeto.
Sentir culpa es natural porque poseemos un grado de conciencia, porque sabemos que somos afectados y afectamos con nuestras acciones a muchas personas, cercanas y lejanas. En situaciones específicas sentirse culpable no es del todo negativo, puede ser una señal que nos permita aprender de nuestros errores y crecer. Si nos sentimos culpables porque le hemos dicho algo ofensivo a alguien o porque le dedicamos demasiado tiempo al trabajo y muy poco a la familia, la culpabilidad es un signo de alarma que nos indica que debemos detenernos en el camino y reflexionar sobre lo que estamos sintiendo. Esta sería una “culpa sana” pues conduce a un cambio positivo, obviamente, siempre y cuando ajustemos nuestro comportamiento.
Si somos capaces de asumir nuestra responsabilidad quitando la connotación de pecado, falta grave, delito, estamos en condiciones de darle una dimensión más humana y por lo mismo nos sentiremos capaces de resarcirla.
A menudo la culpa es utilizada por demasiada gente para chantajear emocionalmente y conseguir egoístamente lo que desean, esto es se aprovechan de su rango, de su poder, de su influencia y hasta del cariño que la persona en cuestión mantiene hacia él.
“Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (“Ya no te quiero”, “No ves cuánto nos haces sufrir”) provocan sentimientos de culpa intensos”
Si desde niños nos repiten que si algo sale mal es culpa nuestra, si sólo se nos indica lo negativo que hacemos y no lo positivo, el niño puede pensar que es culpable de todo lo malo. Un niño que se siente culpable tendrá miedo, una autoestima baja. Este sentimiento puede afectar al niño para dormir bien, para alimentarse correctamente, para relacionarse con los demás, en definitiva para crecer sano física y mentalmente.
Aunque la persona que desaprueba nuestras acciones no es ya nuestro padre o nuestro maestro, el simple hecho de recibir la desaprobación desencadena automáticamente un deseo de ganar de nuevo la aprobación perdida.
Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros (a través de nuestro condicionamiento prematuro) se alineará con todo lo que es popular, común o deseable.

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Normalmente intentaremos no decepcionar a aquellas personas que consideramos relevantes en nuestra vida. Por lo general, estos serán la familia, amigos cercanos, compañeros de trabajo, y en general los grupos que se denominan comúnmente como “grupos de referencia”.
Con el fin de ser aceptados por ellos, terminamos haciendo las cosas que sabemos que van a aceptar y aprobar. De este modo pretendemos reducir el riesgo de desaprobación social.
Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.
A menudo en la base de la culpa se encuentra la creencia de que podemos controlarlo todo.
Acepta el error y aprende de él. No tenemos la posibilidad de cambiar el pasado pero podemos transformar el presente. Todos nos equivocamos. Si no hay forma de subsanar el error pidiendo disculpas o perdón, aclarando un malentendido traerá tranquilidad a nuestro corazón.
Habla de tus sentimientos. En vez de negar el sentimiento de culpa y todos los sentimientos negativos que suelen estar asociados a él, deja que te embarguen. No intentes esconderlos porque solo lograrás pasarlos a un segundo plano pero continuarán ejerciendo una poderosa influencia sobre ti. Lo ideal sería que hablases con otras personas sobre cómo te sientes, probablemente estas te darán nuevas perspectivas sobre la situación que no habías considerado antes y que darán pie a reflexiones más profundas.
Perdónate. Se trata del paso más complicado pero es fundamental para poder seguir adelante. Un ejercicio muy útil para perdonarse es conectar con nuestro niño interior ¿Qué le dirías? De seguro no le recriminarías constantemente haciendo crecer la culpa, lo más probable es que le dieras cariño y le dijeras palabras de aliento. Por tanto, cada vez que te descubras rumiando la culpabilidad, trátate como si fueses un niño pequeño que necesita comprensión y apoyo.
Busca ayuda psicológica. Si tu sentimientos de culpa son demasiado fuertes y te resulta difícil superarlos busca la ayuda de un psicólogo. Una persona experta y ajena a tu vida, que no te juzgará y que comprende las limitaciones humanas, que sabe además de que todos tenemos nuestras” miserias”, te hará ver las cosas de forma más objetiva y te dará herramientas para perdonarte

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