LAS TRAMPAS DEL EGO

 

 

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De que formas nos dejamos manipular por el ego? Como podemos saber que es el ego quien ha tomado las riendas de nuestra vida? Si es el ego quien está en un extremo, es de suponer que hay otra alternativa ¿Podemos quitarle poder a nuestro ego?
El ego es el conjunto de nuestras personalidades. Son todos los papeles que nos toca desempeñar socialmente, con los cuales nos hemos identificado tanto que a veces los actuamos indiferenciadamente, por ejemplo un profesor, que se comporta como tal ya no solo en el salón de clases, sino en cualquier ámbito. El ego es un conjunto de facetas creadas y con vida propia, que existen en nuestra mente, que manejan los mandos y el teclado de nuestro súper ordenador, que estimulan ciertas reacciones nuestras: el miedo, el titubeo, el valor, el deseo de ganar, etc., y que sobre-todo tiene una función precisa: la supervivencia del cuerpo humano, y con ello, de la raza humana.

Nuestra mente o ego se nutre de todas aquellas programaciones que desde muy pequeños fuimos incorporando con la familia, la escuela y otras figuras de autoridad. Hemos asimilado la creencia que somos imperfectos e incompletos, que hay algo malo en nosotros que tenemos que modificar, que hay que ser “alguien” “exitoso” en la vida para recibir aceptación.

 

El ego corresponde con todo aquello que aceptamos como cierto pero que solo es una opinión de los demás
Nuestro ego nos mantiene en una zona de confort, nos arraiga con el pasado, con lo ya conocido, a lo familiar y en cuanto pretendemos escabullirnos inmediatamente nos trae de regreso. A nuestro ego no le gustan las sorpresas, ni lo incierto, tampoco lo ambiguo. La pretensión del ego es evitarnos sufrimiento así que siempre nos está avisando de peligros incluyendo aquellos que son imaginarios.
Nuestro ego jamás se satisface, se inventa falsas necesidades siempre quiere más por lo tanto nos obliga a ser competitivos. Somos movidos por infinidad de motivaciones, algunas muy claras y otras no tanto, la mayoría de nuestras decisiones son inconscientes, a veces relacionadas con motivos del pasado. Quiero, deseo, necesito, me tienes que dar… no soporto estar sin… es insoportable no tener…son solo algunas palabras y frases que designan carencia, vacío y/o dependencia, pero además que implican tomar algo de afuera para satisfacerse. Es aquí donde proviene la idea de que mi felicidad corresponde con tener lo de afuera, sin percatarme que lo que debiera hacerme sentir satisfecho está dentro de mí.
Muchos de nuestros momentos de alegría se los atribuimos a circunstancias externas: asistir a una fiesta, ir de vacaciones, hacer compras millonarias o degustar un platillo excesivamente caro son condiciones que el mundo coloca como imprescindibles para ser felices. Entonces andamos a la caza de este tipo de experiencias para llenarnos de esa dizque felicidad tan codiciada Pero cuidado…podemos estar alegres, sin ser felices
Nos da mucho miedo la infelicidad, nos aterra estar solos y sentir nuestros vacíos, cuando aparece la tristeza queremos evitarla a toda costa, entonces vamos de shopping y nos engañamos pensando que así vamos a estar a la altura de las circunstancias, entre otras porque hemos validado un catálogo de todo aquello que nos mantiene en la línea de la normalidad, es decir estables. Todo ha sido clasificado y ordenado de acuerdo a intereses de consumo en un mundo global.
En nuestra separación con la naturaleza hemos renunciado a sentir, vivimos anestesiados, separados de los demás, siempre en la competencia de haber quien tiene más, quien acumula, quien va a la vanguardia de lo más nuevo y sofisticado.
Permitimos que nuestra mente o ego nos guie, razonamos todo, y racionalizamos también, decidimos desde una postura de miedo, no del amor y nos conformamos con medio vivir, sin atrevernos a soltar nuestros miedos para regalarnos lo que más deseamos, y es que una parte de nosotros sabe que lo que más anhelamos no tiene nada que ver con el consumo, ni con quedar bien. Porque en el fondo le tenemos mucho pánico a obtener lo que más queremos, y preferimos posponer, conformarnos, racionalizar, pedimos con la mente, no con el corazón, pero preferimos lo tibiecito nunca los extremos, así que vamos por la vida dando tumbos, convencidos de que esta es nuestra alegría, felicidad, goce, abandonando todo intento de conectar con nuestra esencia, de nuestra divinidad, porque el mundo dice que así está bien. No solo es no aceptarme, es no amarme y también odiarme, por diferentes motivos: por no estar a la altura de las circunstancias, por sentir que no merezco lo bueno, por no agradar a los demás, por ser como soy, por sentirme un ser inacabado, defectuoso, alguien que debe ser reparado y ajustado.

El odio es la brújula que indica hacia dónde va nuestra vibración, odiamos ser lo que somos, odiamos nuestra vida y odiamos a los demás, porque odiar nos da fuerza, nos da poder, mientras que muy debajo está la tristeza, de no aceptarnos tal y como somos, de no tenernos un poquito de misericordia para abrazar nuestros miedos, nuestras frustraciones y empezar de nuevo, ahora en la confianza de que lo que hay en este momento no pudo ser mejor

 

HEDONISMO=FELICIDAD

Hedonismo.-m. doctrina que considera el placer como único fin de la vida”

“Felicidad.-estado de ánimo de quien tiene lo que desea o algo que le proporciona satisfacción o alegría completa, satisfacción, contento”

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frases de placer

Estamos tan acomodados a nuestra vida moderna que no nos cuestionamos los indicadores del mundo del consumo para ser felices.  Así por ejemplo una persona que está al corriente de espectáculos, nuevos restaurantes, plazas comerciales, tiendas y lugares comunes se dice que es moderna, versátil y por supuesto feliz.

Y es obvio que si esta  época es de intercambio de dinero por mercancías y  producción a gran escala de cosas (la mayoría innecesarias) es muy difícil sustraerse a tenerlas.  Es más el día que nos abstenemos de algo, hasta nos  sentimos tristes,  pues en este gran monstruo de la mercadotecnia nos hace creer que la felicidad se compra y que los placeres constituyen la felicidad. Esta misma ataca de forma repetitiva a nuestros egos y  ha logrado convencernos que tener cosas es la fórmula para estar superbién.

También se ha confundido la diversión con la felicidad .Creemos que entre más divertida sea nuestra vida, mayor es la felicidad. Algunos estudiosos de la mercadotecnia  aseguran  que aquellos que más consumen diversión creen ser más felices.

Estar durante el día en varios lugares de consumo es sinónimo de éxito. Si no me muevo, no salgo, no voy, no compro, no me incluyo en la masa amorfa que vive para comprar entonces soy un anticuado, pasado de moda, amargado. La mayoría cree que la felicidad proviene de afuera no de adentro. Entonces dedican la mayor parte de su tiempo a planear, esto es vivir en el futuro, la siguiente fiesta, cumpleaños, idas a la playa, e invierten mucho presupuesto para destacar y dejar con el ojo cuadrado a quienes  vean a través de fotos o asistan personalmente a los mencionados eventos. Es increíble la cantidad de cosas de las que depende mi popularidad: el acaparar la atención, ese despertar la envidia de los demás, o bien su admiración, publicarlo inmediatamente en mi muro y en retribución es la dosis de satisfacción que me dará felicidad, o más bien que la mayoría  creen que les hace felices.

Otras cosas a las que se les adjudica demasiada felicidad es el portar marcas, en la ropa, calzado, accesorios, alhajas, bolsas, perfumes etc. No basta con andar bien vestido, ser pulcro sino además traer lo que está de moda y que haya costado mucho, pues la marca lo vale, y  que no decir del celular,  muchos niños y  jovencitos exigen a sus padres aparatos sofisticados solo por el hecho de que en su clase hay competencia para ver quien se compra el más caro.

Gran culto al hedonismo, buscar saciar comiendo, bebiendo, comprando, en espectáculos etc. etc.

Se nos inculca una forma de vida, una forma de pasar el tiempo, de gozar y de ser feliz. Lo curioso es que habiendo comprado descubrimos que nos  seguimos sintiendo incompletos, vacíos, con demasiadas carencias.

Si le sigo apostando a tener cosas para sentirme completo,  conectado y  en sincronía, me voy a frustrar, esto pasa porque siempre habrá cosas fuera de mi alcance, nuevas modas que van saliendo y de las cuales creo que depende mi felicidad.

Sospecho  que hay bastante gente que no se la cree al sistema, pues está consciente de que la felicidad se edifica, se construye día con día a través de la forma en que existimos en el mundo  aún mejor,   que perseguimos diferentes formas de soñar y de existir  para estar bien con nosotros mismos. Comer y lamer una paleta embarrándome la ropa, masticar mis alimentos, acariciar a mi mascota, llenarse los sentidos con  frutas y verduras en el mercado, inundarse de aromas, quedarse quietecito sintiendo la respiración no existen  como acontecimientos importantes en las guías para ser felices.

Soy una persona, un ser humano, unido a los demás aunque no me dé cuenta  y lo que mejor puede rescatarme es mi amor por mí y por la humanidad. Sentir que valgo por el solo hecho de existir, que mi vida tiene un sentido, que no estoy aquí solo para tomar, recibir, sino también para dar, para legarle algo al mundo. Esa  contribución que el mundo necesita de mí, mi gota de agua en el océano tiene que ver con hacer lo que más me gusta, lo que me apasiona, lo que más disfruto realizar, eso que haría aunque no me paguen.

La felicidad tiene que ver con nuestro ser, con la parte esencial de nosotros, donde reside la paz, la armonía, la ausencia de deseos, es mirarme desde fuera y sentirme conectado con el universo, con el infinito. En ese lugar donde no hay necesidad de nada y veo el mundo con amor, comprendo mi papel dentro de él y me siento integrado con el género humano y al hacerlo entro en mi propia divinidad

. Diccionario enciclopédico para el siglo xx

Woman stretching on rock against cloudy sky

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