ES MÁS LO QUE NOS UNE QUE LO QUE NOS SEPARA

 

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Hombres y mujeres se quejan del poco entendimiento que hay entre sí, porque existe la expectativa de que cada uno debe responder exactamente igual al otro. De tal forma que se enfrascan en batallas interminables por cosas que rayan en lo absurdo, por ejemplo: ¿porqué ellos no llaman para explicar dónde están?, ellas porque si le dicen al esposo “decídelo tú”, terminan imponiendo su voluntad?. Porque ellos no expresan sus sentimientos y todo se lo guardan, en cambio las mujeres nunca paran de hablar, casi, casi hay que amordazarlas para que se callen
Porque ellos quieren sexo a libre demanda y ellas pueden prescindir de él por semanas, Porqué ellas se preocupan por todo y tienen cambios de humor, y ellos son más ecuánimes y tienen una tendencia a permanecer estables, porque una mujer puede atender varias cosas a la vez y él solo una? Si, somos biológicamente similares, usamos las mismas palabras, compartimos el mismo espacio geográfico, pero nuestros códigos de comportamiento y valores existenciales difieren radicalmente.

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Hombres y mujeres fuimos creados con estructuras similares pero no idénticas porque cada género cumple una función distinta. Desde nuestra fisiología corporal, nuestra forma de pensar, de reaccionar, de trabajar, de relacionarnos y de darnos a los demás.
Y aunque en los tiempos actuales existe una sórdida competencia abastecida por acciones de emancipación de las mujeres y auspiciada por todos los medios de comunicación y la mercadotecnia, originalmente fuimos hechos para complementarnos y para facilitar la supervivencia de la especie.
A las mujeres les comunica la palabra; a los hombres la acción, el lenguaje masculino da preferencia a temas concretos que explican cómo funcionan las cosas y el mundo exterior, son objetivos y prácticos, la mujer habla de lo cotidiano, desde su emocionalidad interior.
La lingüista Deborah Tannen (2007) explica que desde la infancia, las mujeres utilizan el lenguaje básicamente para buscar la confirmación del otro y afianzar su intimidad.
Louan Brizendine (2008) descubrió que el impulso sexual es 2.5 veces mayor en el hombre que en la mujer.(está ubicado en el área pre-óptica del cerebro) El hombre necesita de este mismo para experimentar su sexualidad, también para ir hacia el mundo, hacer valer su fuerza y conquistar, entre otras muchas capacidades que derivan de la energía sexual como el empuje, el valor, el coraje, creatividad, iniciativa y dirección clara.

Varios estudios han demostrado que el “cableado” cerebral del hombre es muy distinto al de la mujer, que muchas veces ante las mismas situaciones o tareas se activan diferentes zonas neuronales en cada caso y que esto puede ser la causa de la variación de comportamientos, más allá de la influencia social y cultural.

Las hormonas juegan un papel importante en la depresión femenina, pues actuan de manera importante a lo largo de sus vidas. Algunas investigaciones han demostrado que las hormonas afectan directamente la secreción de neurotransmisores en el cerebro, los cuales controlan los estados de ánimo y las emociones.
Porque ellos voltean a ver a las mujeres? Al parecer, eso puede deberse a que el campo de visión del hombre se asemeja a un “túnel”, es decir, solo ven lo que tienen enfrente, mientras que la mujer tiene una visión más panorámica.
Es importante destacar que no somos contendientes de nuestra historia, de que no podemos ni debemos entablar relaciones de competencia, un buen entendimiento de pareja necesita colaboración, complemento, apoyo mutuo, tolerancia ante nuestras limitaciones , paciencia para apoyar el aprendizaje mutuo y respeto de nuestras diferencias.
Aunque hombre y mujer coincidimos en que formamos parte de la misma especie, y podemos considerar que es más lo que nos une que lo que nos separan.

 

 

Una inteligente educación emocional

 

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Por definición las emociones son producto de nuestras experiencias en la vida. Cualquier evento que se experimente crea redes neuronales con una estructura en particular que lo reflejan. Inmediatamente al conectarse las células nerviosas, el cerebro libera sustancias químicas que van a producir en el cuerpo una reacción llamada emoción.
Los sentimientos son percepciones sobre el estado de nuestro cuerpo es por ello que las emociones surgen a partir de lo que estamos sintiendo.
Los neuro-trasmisores son mensajeros químicos procedentes del cerebro y de la mente, los neuro-péptidos son señaladores químicos que comunican al cerebro con el cuerpo, para hacernos sentir acorde con nuestros pensamientos y las hormonas son sustancias químicas relacionadas con los sentimientos del cuerpo. Es así como se conectan el cerebro y el cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.
La aparición de una emoción provoca una serie de cambios en nuestra expresión, en nuestro rostro, en la voz, (enrojecer, temblor, sudoración, taquicardia)en el modo que pensamos y nos moviliza a la acción. Estos cambios se producen de manera involuntaria y si no estamos de acuerdo con ellos, se inicia una lucha interna, en cuyo caso nos esforzamos por controlar, por no mostrar, por no hablar o por no actuar.
He aquí algunos ejemplos:
Cuando paso del enfado a la cólera, mi ser emocional se desequilibra, me vuelvo impulsivo, grito, insulto, todo lo que estaba por ahí arrinconado sube como leche a derramarse, y si permito que exceda de nivel puedo parecer un demente vociferando, pateando, manoteando. Puede surgir entonces otra emoción derivada de esto como es el rencor, el odio, la crueldad o deseos de venganza.
Expresar el enojo o ira es extraordinario, limpiamos de toxinas nuestro cuerpo, nos permite hacer contacto con lo que sentimos, nos conocemos más y, cuantificamos nuestros alcances, siempre y cuando lo hagamos en el momento, lugar y con las personas apropiadas.

Cuando tengo miedo, me vuelvo desconfiado, siento recelo, ando a la defensiva, no espero nada bueno de la vida ni de los demás. Yo solo me aíslo si adopto una actitud hostil me pierdo de momentos que podrían ser reconfortantes. Como consecuencia me siento perseguido, amenazado, cualquier acontecimiento parece ser un indicio de algún desastre. Veo descorazonador mi futuro, vibro en una frecuencia muy baja y atraigo eso que me produce pánico.. Convierto mi vida es un drama continuo.
Cuando hay apatía nada me conmueve, todo es plano y gris, ni me enojo, ni me entristezco, el panorama es descolorido, la chispa divina se extingue, es como si me arrastrara en cámara lenta, mi mente divaga, o hay nada que me atrape solo el desinterés. He perdido mi conexión con los demás, y con mi esencia divina.
Cuando siento envidia creo que no es justo que los demás tengan más y mejor que yo, pienso que no se lo merecen pues yo me esfuerzo muchísimo y tengo menos, me irita que les pasen cosas buenas, ahhh -como disfruto cuando les pasa algo malo-. Si ellos se compran una camioneta yo tendría una mejor, y si van a comer a un buen restaurant yo elijo otro más caro, solo para que me vean.
Cuando siento culpa, hay una sensación de desmerecimiento que proviene de la comparación. No estoy a la altura de muchas de las cosas buenas que me suceden, creo que necesito sacrificarme más, sufrir, sentir dolor para merecer algo bueno.Cuando las cosas buenas llegan a mi y siento que no las merezco , me provoco accidentes, pérdidas, dilemas en donde renuncio a la ventaja que había ganado. Esta emoción resulta inútil es una pérdida de energía.

La distracción o el olvido que tiene que ver con mi falta de interés o de atención proveniente de mi mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos. No logro control interno, no he aprendido a enfocar mi atención en lo importante, quien tiene el control es una mente desbocada y para rematar desconozco la introspección.
Codicia es una identificación con algo en concreto y la necesidad apremiante de tenerlo, esta emoción puede ser alentada por el enojo, la ambición, la envidia u otras más.
La mente es por naturaleza luminosa. pero su luminosidad se opaca cuando dejamos que emociones negativas nos dominen  considerando que este tipo de emociones restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, ya que son formas distorsionadas de percibir el mundo.

Quizá llegue el momento en que podamos afrontarlas con inteligencia, permitiéndonos observarlas poniendo un poco de distancia, encausarlas hacia un objetivo y mirar como desparecen por sí solas, sin sembrar semillas para su posterior reaparición.
Y si en su lugar empezamos a sembrar en el jardín de nuestra mente emociones que nos generen dicha, bienestar, satisfacción, calma entre otras más, podemos crear nuevas redes neuronales que irán modificando nuestros estados de ánimo y la percepción tóxica que tenemos de la vida, del mundo y hasta de nosotros mismos.
La dicha y la paz no dependen de factores externos sino que son un conjunto de habilidades que se aprenden, se practican y de las cuales, nosotros somos responsables. Yo puedo transformar mi destino si asumo que mis pensamientos generan consecuencias para mi bienestar  o para hacerme difícil la existencia.

Considero que si nos proponemos cultivar emociones tales como: la humildad, sentido del humor, el perdón, la aceptación, el agradecimiento, la compasión y la generosidad empezaremos a vibrar en otra frecuencia y entonces nos alineamos con el plan infinito.

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