SUMISIÓN A CAMBIO DE AMOR

 

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Una vorágine de emociones y sensaciones que te  precipitan al vacío, porque la relación  con tu compañero no aporta lo que te hace sentirte unida a él, y del odio al amor hay solo un paso.

Con cierta frecuencia el muy cretino saca a relucir la parte instintiva de ti, sabe muy bien cómo ejercer la crueldad contigo. Él adopta una postura total de independencia, muy libre y a sus anchas: puede desligarse por horas y días enteros, no llama ni contesta, después regresa como si nada, no permite preguntas ni da explicaciones, puede permanecer con sus amigos un tiempo que no concuerda con el que dedica a estar contigo, rara vez te pregunta cómo estás, todo gira en torno a él. Su ego es del tamaño del infierno, no hay presencia real contigo pero eso si, invade tu espacio cuando eres su última opción, no consulta qué te agradaría o cómo hacerte sentir bien, y se va cuando así le apetece. Estas y muchas otras maniobras aplicadas de manera sistemática dañan la relación, se van haciendo huecos cada vez mayores, porque no hay reciprocidad, no hay empatía hacia tu persona y menos aún hacia tus necesidades.
La crueldad consiste en castigar, es una de las armas de sometimiento más poderosas que hay. Se castiga con silencios, con olvidos, con exclusiones, con distancia emocional, con ironías, cuando nos tornan invisibles, cuando vulneran nuestras debilidades y se aprovechan de ellas. En una relación de dos si alguien somete o permite ser sometido hay abuso de poder aplicado mediante: amenazas sutiles, golpes bajos dirigidos a debilitar la valía personal. Y en la mayoría de los casos, nosotras mujeres, las sometidas, no nos damos cuenta de la forma en que cedemos todo lo que somos: nuestra integridad, sentido de vida, propósitos y hasta nuestros sueños a cambio de una relación.

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¿Pero por qué el sometimiento?, ¿por qué el castigo?, ¿acaso en este siglo post-moderno no hemos evolucionado a formas más simétricas de relacionarnos?
La masculinidad tiene mandatos y una de ellas es la predisposición a la crueldad, porque en su entrenamiento de supervivencia desde épocas ancestrales, ellos los hombres, ejercen el rol de guerreros implacables, con poca empatía consigo mismos y con los demás.

Nuestro complemento o especie masculina no sabe ni puede conectar con sus debilidades y necesidades afectivas, en este sentido es urgente un programa de salud emocional para desarrollar habilidades en ellos y aprender a conectar con la energía femenina. Ellos no saben dar algo de lo cual carecen.
¿Es esta falta de empatía, esta forma tan desconsiderada de ellos hacia nosotras la que nos va separando, es esto un motivo de tantos divorcios?

Porque la mujer se sigue preparando y el hombre se ha ido quedando atrás, anclado en la creencia de que es el rey de la manada, de que en el planeta tierra hay más mujeres que hombres y que entre nosotras debemos competir y dividirnos para obtener un pedacito de ellos, aunque sólo sea para ostentarlo como trofeo.

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Todas nosotras, las mujeres, deseamos ser aceptadas, queridas, entendidas, comprendidas aunque al mismo tiempo aparece el miedo detrás del anhelo de reconocimiento, tememos la hostilidad del hombre, nos contraemos ante la falta de delicadeza hacia nuestra subjetividad. Miedo al abandono, rechazo, aislamiento o exclusión, entonces para permanecer o sobrevivir adoptamos posturas de sumisión, un aprendizaje que traemos impregnado en el ADN, siendo así que nuestra madre, abuelas, tatarabuelas aceptaron ser dominadas, sólo para retener a su hombre.
Reviso mi andar por este mundo y me doy cuenta que la sumisión forma parte del aprendizaje de los roles que me corresponden como ente femenino.
Cuando percibo amenazas, me callo. Mi conciencia conecta con un malestar, depresión, ansiedad. Pero no puedo enfrentarme porque no sé hacerlo. Me siento atacada, amenazada, herida y no sé muchas veces por qué. Quiero agradar, caer bien, ser escuchada, discutir los desacuerdos abiertamente y aún más. Necesito que se me reconozca en las relaciones desde mi diferencia… ¿por qué desgasta tanto la aproximación hombre mujer?

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Muchas mujeres estarán de acuerdo con esto que planteo como relevante: explicamos nuestros inicios en la relación de pareja: El enamoramiento como un estado perpetuo y fijo. Hablamos de la idealización del otro, de la entrega total al otro y en consecuencia de la pérdida de nosotras mismas. Es como, sin darnos cuenta pretendiéramos materializar la fantasía social de la idealización de la pareja, donde se llega a la perfección cuando dos partes se transformarían en una unidad total. Vivir la vida a través del otro, satisfaciendo todas sus necesidades, fusionándonos con él. Renunciado a nosotras mismas. Vivo pendiente de mi amado, estoy atenta a sus necesidades, vivo para ser su mejor compañera, no antepongo nada, siempre él es lo primero, no pido nada, sólo estar ahí para adorarlo.

 

El día que despertamos, y decidimos emprender el vuelo sucede así: En nuestro intento por separarnos, se genera un enfrentamiento y la violencia es explicita. Se evidencia la posesión de uno que no quiere desprenderse y nuestro vacío al enfrentar la soledad, recuperar nuestros espacios y retornar a nuestra autenticidad.

 

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TE CELO PORQUE TE QUIERO

 

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Los celos son un estado emocional alterado que resulta del miedo a perder algo muy valioso, específicamente a nuestra pareja. La persona que los manifiesta proyecta así  sus debilidades e  inseguridades. Ante la sensación no solo de temor sino de amenaza a su vínculo pasional, sexual o emocional de pareja, y este puede ser   por una persona real o imaginaria. Esto significa que dicha emoción puede existir solo en la mente del celoso.

No toda la gente experimenta celos, hay quienes lo son en exceso  pero solo con determinadas  parejas o en circunstancias muy particulares y dependiendo de  qué tan  críticos sean esos momentos  en su vida afectiva. Por ejemplo después de tener una operación quirúrgica, una enfermedad o  una amputación que incide disminuyendo la valía personal del afectado.

Hay también personas que jamás los experimentarán, por lo general son personas que tienen una confianza innata en sí mismos y en los demás y,  en algunos casos por no haber vivenciado líos pasionales que les hayan marcado.

Los celos se relacionan con actitudes de desconfianza, recelo, rechazo hostilidad, agresividad, ansiedad, dolor y disminución de la autoestima.

Cuando se deja que invadan toda nuestra esfera afectiva, se pueden convertir en una obsesión y es entonces que se vuelen enfermizos.

Si permito que los celos se apoderen de mi me estoy dando permiso para actuar instintivamente y entonces ya no puedo responder por las consecuencias de mis actos.

Si por el contrario los observo, los reconozco como míos puedo aprender a entenderlos y a domesticarlos, es decir a trabajar en la confianza en mí mismo y en mi pareja.

Cuando yo experimento celos me es más fácil culpar a mi pareja por sentirlos, que admitir que soy yo el inseguro, miedoso o  desconfiado y por tanto necesito aprender a entenderlos y a controlarlos.

En nuestra cultura se le da especial valor a la  monogamia o exclusividad con la pareja: esto es, que de ninguna manera ni mi pareja ni yo podemos tener una cita o salida con alguien más sin sentirnos amenazados. Es muy probable que así suceda porque a menudo tenemos  creencias erróneas de la amistad entre hombre y mujer, esto es que indefectiblemente terminará en atracción sexual. Por otra parte la mala costumbre de estarnos comparando con el otro o la otra. Mayor atractivo, mejor charla, más sentido del humor, más mundo.

Si caigo en el juego de estarme comparando solo para ver mis limitaciones quizá arrastro un grave problema el de ser adicto al sufrimiento.

Y si soy adicto al sufrimiento es muy lógico que entable relaciones con personas poco fiables, deshonestas, infieles, coquetas y  de cascos ligeros, solo para comprobar que no se puede confiar en nadie.

Demasiadas relaciones  de pareja se dañan por la actitud celosa y hasta melodramática de uno de los dos o ambos. Como rezan muchas canciones : “hay que sufrir cuando se ama”. En la cultura machista representa el grado de atención del celoso pues así demuestra su amor . Bastante tiempo que comparten  parejas celosas lo usan para cuestionar pelear, intimidar y además lastimarse, dando como resultado que se va instalando la violencia entre ambos de diferentes formas. Esta será una relación basada en el conflicto que lejos de apoyar el desarrollo personal de cada uno los convierte en personas sometidas.

No se vive una relación de pareja, más bien se es prisionero de ella y el carcelero puede ser cada uno según las circunstancias. Vivir en la desconfianza y quizá paranoia con la persona que digo amar ¡que desgastante puede resultar! Y cuánto  deteriora una relación que pudo perdurar.

A veces se rompe una relación así solo para ir tras otra exactamente igual, -que significa esto? pues que el que está dañado soy yo y necesito buscar ayuda y recuperarme antes de volver a intentar estar con alguien.

Encelarse de vez en cuando puede ser revitalizante en la relación. No así cuando se convierte en una constante de la relación amorosa.

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