RECUPERA TU CONFIANZA Y SÉ FELIZ

 

Sientes un espasmo en el estómago, tu cuerpo emocional se contrae, transpiras, respiras rápidamente, hiperventilas, tu corazón late más fuerte y en tu mente ves como ella están con otro, se besan, se frotan entre sí, ríen a carcajadas, se burlan de ti … ¡claro, y ahora te están poniendo el cuerno!, y tu montas en cólera, todo se vuelve rojo, no tienes capacidad de discriminar que es tan solo una creación de tu mente, si pudieras ahora mismo les ahorcarías o les darías un balazo.
Ya pasó inmediatamente le marcas por teléfono para constatar que está trabajando, o en casa, o haciendo los deberes, respiras tranquilo, todo está bajo control, ahora respiras pausadamente, vuelves a la normalidad, -lo malo es que esta sensación dura poco tiempo-. Esta dosis de desajuste emocional tiene una liga con nuestras células emocionales que se ensancharon cuando mamá y /o papá desaparecían de nuestro mundo, cuando el miedo se apoderaba de nosotros frente al abandono y a la traición, porque nos prometían algo y no lo cumplían, cuando tenían predilección por un hermano (a) específicamente, cuando tardaban demasiado tiempo en regresar y nos quedábamos dormidos llorando y esperando. Lo peor que podemos hacer es dejarla que nos gobierne, aprender a ponerle límites es lo más sano.
Cada pensamiento genera una reacción bio-química en nuestro cerebro, mismo que produce sustancias químicas, las cuales actúan como mensajeras de los pensamientos hacia el cuerpo, cuando el cuerpo recibe dichos mensajes, responde activando una serie de reacciones que coinciden con lo que el cerebro está pensando. Acto seguido el cuerpo le envía al cerebro un mensaje confirmándole que ahora se siente exactamente como el cerebro está pensando.
Me gustaría que repases esta misma escena solo ahora en cámara lenta, y que vayas haciendo algunas modificaciones, si en vez de respirar rápidamente, lo hicieras tranquilamente, y si además te situaras frente a esa pareja y les mirases la cara para descubrir que te equivocaste que no lo conoces, solo hay un ligero parecido con tu mujer, y que cuando haces este descubrimiento puedes empezar a reír a carcajadas. Ahora miras esa escena del beso, la haces muyyyy pequeña, cada vez más pequeña, en blanco y negro, ahora es minúscula, la tomas entre tus manos, la empapas en agua y se deshace, ahora respiras profundamente, te llenas de oxígeno los pulmones, sonríes y te dices: ¡¡Tengo una gran confianza en mí mismo!!
Exactamente ahora descubres que esos celos provienen de la falta de confianza en ti mismo. Lo sensacional es que puedes empezar a hacer cambios en tus redes neuronales para modificar las películas que tu mente crea, esas que tanto te dañan, en su lugar crear otras que te propicien bienestar, tranquilidad y sosiego. Ya no permitas que películas patéticas que en otros tiempos se adueñaron de tus estados emocionales tengan poder sobre ti. En lugar de esto matiza escenarios agradables, confortables, con elementos estéticos que te den energía positiva. Seguro entre tus recuerdos hay momentos en los que te sentiste afortunado, o realizado, o muy feliz, donde conseguiste algo, quizá lograste alguna meta y tu estado de euforia era grandioso, ese estado es importante que lo traslades a este momento actual para que hagas los cambios necesarios. Eso que resulta tan difícil, colócalo enfrente de ti, dale color, sonido y la sensación de euforia, elabora tu película y observa una y otra vez como obtienes eso que tanto deseas .Seguridad en ti mismo, paciencia, constancia, dedicación, sentido del humor, simpatía, una relación amorosa a tu medida son solo algunas de las que puedes lograr si te permites; borrar los programas viejos y reprogramar tu mente, utilizarla a tu favor e ir en la dirección correcta. Es importante usar lo visual, auditivo y quinestésico, es decir, mirar, oír, y sentir. Es en estas tres dimensiones que podemos trabajar nuestra película; con sonidos, colores y sensaciones. Un ejemplo concreto: Me veo radiante, muy hermosa y ligera, estoy tomada de la mano de mi pareja, siento la tibieza de su piel junto a la mía, mi corazón late pausadamente, me siento confiada y segura, el me mira con amor, ambos caminamos a la orilla de un lago, se escucha el trinar de los pájaros y el ruido del viento en los árboles, observo las distintas tonalidades del agua, aspiro el aroma de la yerba, ahora me doy cuenta de cuanta armonía encierra el contacto con la naturaleza.¡¡¡Abro los brazos y grito Soy muy feliz!!!!

 

 

Aprende a volar con tu pareja

 

Demasiadas veces he escuchado a parejas reñir, y preguntarse entre ellos, o el a “ella dime que tienes, o que quieres”? Y escuchar de ella un no sé, tu deberías saberlo, si me quisieras no tendrías porqué preguntar”, inmediatamente ella llora, se hace la ofendida, se retira y dejan de hablar, En este episodio caben un sinfín de actitudes que nos ponen a pensar ¡Cómo la estamos regando hombres y mujeres al no permitirnos la oportunidad de hablar sobre las cosas que verdaderamente importan!, y es que con medias palabras no podemos darnos a entender, ninguno está para adivinar, y aunque nos amemos mucho nadie está obligado a interpretar cada señal, gesto, postura etc. Todo esto que acabo de mencionar son  malos hábitos aprendidos culturalmente  que lejos de facilitarnos el entendimiento si lo empobrece.
Y es que en el sistema que habitamos casi nadie habla de lo que siente, mucho menos de lo que le duele, por tanto nuestro mundo emocional va hacia adentro, nunca hacia afuera. Las mujeres no estamos acostumbradas a decir cosas simples pero contundentes como; “sabes hoy no me has mirado, ni me has acariciado, me gusta que toques mi cuerpo, no me has preguntado cómo estoy, me gustaría que lo hicieras con frecuencia, porque esto me hace sentir más cerca de ti” .Y qué decir de ellos que todo el tiempo se hacen los fuertes quizá si fuesen capaces de dejar entrever la gran necesidad que hay de reconocimiento por lo bien que hacen su trabajo, o de respetar sus silencios sin empezar a cuestionarles, y de recostar su hombro en nuestro pecho tan solo para que se sientan queridos. Quizá podríamos avanzar en construir bienestar emocional, intimidad, relaciones más satisfactorias y placenteras. El escuchar y ser escuchados es parte indispensable de la relación, conocer que pensamos, que nos preocupa, ocupa, y motiva.
Tener una pareja no es tener un objeto o cosa ahí para cambiarle de lugar cuando ya no me guste. Es un proyecto de amor donde ambos deseamos compartirnos, deseamos crecimiento mutuo, deseamos el bien del otro. A veces la relación de pareja es desgastante, otras agobiante, requiere de mucha energía y de gran sabiduría. Tenemos que dejar atrás todo aquello que nos contaron del amor, esquemas, retratos hablados, mapas del tesoro de nada sirven cuando queremos amar lúcidamente.

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Relaciones saludables requieren presencia, no fantasías ni falsas esperanzas, con un profundo compromiso de dos seres dispuestos a enfrentar las situaciones más crudas de desesperación, de miedo, de dudas, de ansiedad, de desastre, -poder decir me duele-, -me carcome-, -siento dolor- y no culpo al otro por ese dolor, puedo pedir un poco de apoyo, sin exigirlo. Podemos recomenzar nuestra relación a partir del desplome de sueños prefabricados, de ideales y de expectativas no cumplidas, hacer conscientes nuestros no y nuestros sí dentro de la relación, ¿Qué queremos?, que podemos? Que resulta imposible? Porque en esta relación de reciprocidad no caben los debería.
Admitir profundos sentimientos de desconexión, porque imperceptibles cambios se operan en la psique de cada uno sin saber, porque sin darnos cuenta empezamos a mirar en otra dirección y a querer nuevas cosas, porque el alma y la piel no se ponen de acuerdo.
El aprendizaje sobre lo que nos hace diferentes y a la vez tan únicos es parte de la vida de pareja. Mi pareja es mi espejo, está ahí para revelarme todo aquello que no puedo o no quiero ver de mí misma, mi pareja me da identidad, porque es mi puerto seguro a donde llegar, mi pareja es mi fuente de ternura, de reconocimiento, de estructura cuando tambaleo, cuando me derrumbo y necesito que alguien me diga cómo levantarme. El mundo femenino y masculino parecieran equidistantes, pero si ambos pensamos, sentimos, necesitamos, deseamos porque no tender puentes para acercarnos más, para querernos bien, para regocijarnos por tenernos  y  agradecer a la vida tener alguien a quien amar, a quien reconocer, con quien compartir, impulsar e inspirar.
Cuando en una discusión empleamos frases como: “haz lo que se te la gana”, o “me vale un cacahuate”, o ”no es mi problema” o “yo no tengo nada que ver con eso” estamos siendo excluyentes, egoístas y desconsiderados porque no nos reconocemos como parte de un sistema familiar. Hacerse a un lado vuelve complicado aquello que podría ser fácil, crea resentimiento en la otra parte, es evidente que se le está cargando con toda la responsabilidad. Aprender a ser pareja requiere la toma de conciencia de una decisión que se hizo en algún momento para participar en este proyecto, apropiarnos de nuestro cincuenta por ciento de compromiso y responsabilidad requiere, reciprocidad, paciencia, comunicación asertiva, tomar acuerdos, aprender a negociar, ceder con sensatez, colaborar activamente en todo, sabernos parte de un sistema, asumirlo con gusto, dispuestos siempre a aprender pues al final es una elección personal el querer o no convertirnos en la mejor pareja.

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SENTIR CULPA

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La culpa aparece cuando hay un contraste entre lo que tenemos por ideal y lo que se hace en la realidad. Este sentimiento tiene un fin adaptativo además de que está estrechamente ligado con el desarrollo moral del sujeto.
Sentir culpa es natural porque poseemos un grado de conciencia, porque sabemos que somos afectados y afectamos con nuestras acciones a muchas personas, cercanas y lejanas. En situaciones específicas sentirse culpable no es del todo negativo, puede ser una señal que nos permita aprender de nuestros errores y crecer. Si nos sentimos culpables porque le hemos dicho algo ofensivo a alguien o porque le dedicamos demasiado tiempo al trabajo y muy poco a la familia, la culpabilidad es un signo de alarma que nos indica que debemos detenernos en el camino y reflexionar sobre lo que estamos sintiendo. Esta sería una “culpa sana” pues conduce a un cambio positivo, obviamente, siempre y cuando ajustemos nuestro comportamiento.
Si somos capaces de asumir nuestra responsabilidad quitando la connotación de pecado, falta grave, delito, estamos en condiciones de darle una dimensión más humana y por lo mismo nos sentiremos capaces de resarcirla.
A menudo la culpa es utilizada por demasiada gente para chantajear emocionalmente y conseguir egoístamente lo que desean, esto es se aprovechan de su rango, de su poder, de su influencia y hasta del cariño que la persona en cuestión mantiene hacia él.
“Mientras que los estilos educativos centrados en el castigo físico provocan respuestas agresivas, los estilos orientados al castigo psicológico (“Ya no te quiero”, “No ves cuánto nos haces sufrir”) provocan sentimientos de culpa intensos”
Si desde niños nos repiten que si algo sale mal es culpa nuestra, si sólo se nos indica lo negativo que hacemos y no lo positivo, el niño puede pensar que es culpable de todo lo malo. Un niño que se siente culpable tendrá miedo, una autoestima baja. Este sentimiento puede afectar al niño para dormir bien, para alimentarse correctamente, para relacionarse con los demás, en definitiva para crecer sano física y mentalmente.
Aunque la persona que desaprueba nuestras acciones no es ya nuestro padre o nuestro maestro, el simple hecho de recibir la desaprobación desencadena automáticamente un deseo de ganar de nuevo la aprobación perdida.
Como consecuencia, y con el fin de evitar la desaprobación, la mayoría de nosotros (a través de nuestro condicionamiento prematuro) se alineará con todo lo que es popular, común o deseable.

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Normalmente intentaremos no decepcionar a aquellas personas que consideramos relevantes en nuestra vida. Por lo general, estos serán la familia, amigos cercanos, compañeros de trabajo, y en general los grupos que se denominan comúnmente como “grupos de referencia”.
Con el fin de ser aceptados por ellos, terminamos haciendo las cosas que sabemos que van a aceptar y aprobar. De este modo pretendemos reducir el riesgo de desaprobación social.
Las personas introvertidas y con rasgos obsesivos tienden a vivir la culpa con mayor intensidad.
A menudo en la base de la culpa se encuentra la creencia de que podemos controlarlo todo.
Acepta el error y aprende de él. No tenemos la posibilidad de cambiar el pasado pero podemos transformar el presente. Todos nos equivocamos. Si no hay forma de subsanar el error pidiendo disculpas o perdón, aclarando un malentendido traerá tranquilidad a nuestro corazón.
Habla de tus sentimientos. En vez de negar el sentimiento de culpa y todos los sentimientos negativos que suelen estar asociados a él, deja que te embarguen. No intentes esconderlos porque solo lograrás pasarlos a un segundo plano pero continuarán ejerciendo una poderosa influencia sobre ti. Lo ideal sería que hablases con otras personas sobre cómo te sientes, probablemente estas te darán nuevas perspectivas sobre la situación que no habías considerado antes y que darán pie a reflexiones más profundas.
Perdónate. Se trata del paso más complicado pero es fundamental para poder seguir adelante. Un ejercicio muy útil para perdonarse es conectar con nuestro niño interior ¿Qué le dirías? De seguro no le recriminarías constantemente haciendo crecer la culpa, lo más probable es que le dieras cariño y le dijeras palabras de aliento. Por tanto, cada vez que te descubras rumiando la culpabilidad, trátate como si fueses un niño pequeño que necesita comprensión y apoyo.
Busca ayuda psicológica. Si tu sentimientos de culpa son demasiado fuertes y te resulta difícil superarlos busca la ayuda de un psicólogo. Una persona experta y ajena a tu vida, que no te juzgará y que comprende las limitaciones humanas, que sabe además de que todos tenemos nuestras” miserias”, te hará ver las cosas de forma más objetiva y te dará herramientas para perdonarte

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Elige emociones agradables para brillar más

 

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Por definición las emociones son producto de nuestras experiencias en la vida. Cualquier evento que se experimente crea redes neuronales con una estructura en particular que lo reflejan. Inmediatamente al conectarse las células nerviosas, el cerebro libera sustancias químicas que van a producir en el cuerpo una reacción llamada emoción.
Los sentimientos son percepciones sobre el estado de nuestro cuerpo es por ello que las emociones surgen a partir de lo que estamos sintiendo.
Los neuro-trasmisores son mensajeros químicos procedentes del cerebro y de la mente, los neuro-péptidos son señaladores químicos que comunican al cerebro con el cuerpo, para hacernos sentir acorde con nuestros pensamientos y las hormonas son sustancias químicas relacionadas con los sentimientos del cuerpo. Es así como se conectan el cerebro y el cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.
La aparición de una emoción provoca una serie de cambios en nuestra expresión, en nuestro rostro, en la voz, (enrojecer, temblor, sudoración, taquicardia)en el modo que pensamos y nos moviliza a la acción. Estos cambios se producen de manera involuntaria y si no estamos de acuerdo con ellos, se inicia una lucha interna, en cuyo caso nos esforzamos por controlar, por no mostrar, por no hablar o por no actuar.
He aquí algunos ejemplos:
Cuando paso del enfado a la cólera, mi ser emocional se desequilibra, me vuelvo impulsivo, grito, insulto, todo lo que estaba por ahí arrinconado sube como leche a derramarse, y si permito que exceda de nivel puedo parecer un demente vociferando, pateando, manoteando. Puede surgir entonces otra emoción derivada de esto como es el rencor, el odio, la crueldad o deseos de venganza.
Expresar el enojo o ira es extraordinario, limpiamos de toxinas nuestro cuerpo, nos permite hacer contacto con lo que sentimos, nos conocemos más y, cuantificamos nuestros alcances, siempre y cuando lo hagamos en el momento, lugar y con las personas apropiadas.

Cuando tengo miedo, me vuelvo desconfiado, siento recelo, ando a la defensiva, no espero nada bueno de la vida ni de los demás. Yo solo me aíslo, y al adoptar una actitud hostil me pierdo de la belleza momentos que podrían ser reconfortantes. Como consecuencia me siento perseguido, amenazado, cualquier acontecimiento parece ser un indicio de algún desastre. Veo descorazonador mi futuro, vibro en una frecuencia muy baja y atraigo eso que me produce pánico.. Convierto mi vida es un drama continuo.
Cuando hay apatía nada me conmueve, todo es plano y gris, ni me enojo, ni me entristezco, el panorama es descolorido,  es como si me arrastrara en cámara lenta, mi mente divaga, o hay nada que me atrape solo el desinterés. He perdido mi conexión con los demás, y con mi esencia divina.
Cuando siento envidia creo que no es justo que los demás tengan más y mejor que yo, pienso que no se lo merecen pues yo me esfuerzo muchísimo y tengo menos, me irita que les pasen cosas buenas, ahhh -como disfruto cuando les pasa algo malo-. Si ellos se compran una camioneta yo tendría una mejor, y si van a comer a un buen restaurant yo elijo otro más caro, solo para que me vean.
Cuando siento culpa, hay una sensación de desmerecimiento que proviene de la comparación. No estoy a la altura de muchas de las cosas buenas que me suceden, creo que necesito sacrificarme más, sufrir, sentir dolor para merecer algo bueno. Cuando las cosas buenas llegan a mi y siento que no las merezco , me provoco accidentes, pérdidas, dilemas en donde renuncio a la ventaja que había ganado. Esta emoción resulta inútil es una pérdida de energía.

La distracción o el olvido que tiene que ver con mi falta de interés o de atención proveniente de mi mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos. No logro control interno, no he aprendido a enfocar mi atención en lo importante, quien tiene el control es una mente desbocada y para rematar desconozco la introspección.
Codicia es una identificación con algo en concreto y la necesidad apremiante de tenerlo, esta emoción puede ser alentada por el enojo, la ambición, la envidia u otras más.
La mente es por naturaleza luminosa. pero su luminosidad se opaca cuando dejamos que emociones negativas nos dominen  considerando que este tipo de emociones restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, ya que son formas distorsionadas de percibir el mundo.

Quizá llegue el momento en que podamos afrontarlas con inteligencia, permitiéndonos  aceptarlas en primer lugar, observarlas desde afuera, como si yo fuera otro, y   encausarlas hacia un objetivo y mirar como desparecen por sí solas, sin sembrar semillas para su posterior reaparición.
Y si en su lugar empezamos a sembrar en el jardín de nuestra mente emociones que nos generen dicha, bienestar, satisfacción, calma entre otras más, podemos crear nuevas redes neuronales que irán modificando nuestros estados de ánimo y la percepción tóxica que tenemos de la vida, del mundo y hasta de nosotros mismos.
La dicha y la paz no dependen de factores externos sino que son un conjunto de habilidades que se aprenden, se practican y de las cuales, nosotros somos responsables. Yo puedo transformar mi destino si asumo que mis pensamientos generan consecuencias para mi bienestar  o para hacerme difícil la existencia.

Considero que si nos proponemos cultivar emociones tales como: la humildad, sentido del humor, el perdón, la aceptación, el agradecimiento, la compasión y la generosidad empezaremos a vibrar en otra frecuencia y entonces nos alineamos con el plan infinito.

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YO SOY MI PROPIO DOMADOR

 

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 “Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad”

“El sueño externo tiene tantas reglas, que cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. Mediante cada palabra se establecen acuerdos con el pequeño de forma implícita, mismos que acepta incondicionalmente debido a su inocencia y sus deseos de agradar. Luego se transforman en creencias que definirán su vida” Acuerdos tales como: <tú serás el mejor de mis hijos>, <siempre vas a estar conmigo>, <serás el abogado más renombrado>, <el médico que la familia necesita>

“El cumplimiento de una regla otorga premios y el no acatarlas amerita castigos. Debido al miedo de ser castigados y a no recibir la recompensa aprendimos a fingir lo que no somos, con el fin de complacer a los demás. La domesticación es tan efectiva que muy pronto nos vamos convirtiendo en nuestro propio domador. En el libro de la ley (instalado en la mente como un juez interior) está decidido el cómo   gobernar nuestro sueños, cualquier cosa que vaya en contra del mismo hará que sintamos una extraña sensación en el plexo solar, una sensación llamada miedo. Incumplir las reglas del libro de la Ley abre nuestras heridas emocionales y reaccionamos creando veneno emocional”

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En el sueño del planeta a nosotros los seres humanos nos resulta normal sufrir, vivir con miedo y crear dramas emocionales. El sueño externo no es placentero pues está lleno de violencia, de miedo, de guerra, de injusticias. Cada vez que sentimos emociones como la cólera, los celos, la envidia o el odio, experimentamos un fuego que arde en nuestro interior. Vivimos en el sueño del infierno”.

Hemos aprendido a vivir según los puntos de vista de los demás . Necesitamos que los demás nos acepten y nos amen pero nos resulta imposible aceptarnos y amarnos a nosotros mismos”(1)

No hay nada que pueda llenar el vacío de la desaprobación y la exigencia con que nos castigamos todo el tiempo.

“El abuso de uno mismo nace del auto-rechazo, y éste de la imagen que tenemos de lo que significa ser perfecto y de la imposibilidad de alcanzar ese ideal. Nuestra imagen de perfección es la razón por la cual nos rechazamos; es el motivo por el cual no nos aceptamos a nosotros mismos así como somos y no aceptamos a los demás tal como son”

“Tenemos millares de acuerdos con la gente, con Dios, con la familia, pero los más importantes son los que hemos hecho con nosotros mismos. En ellos nos decimos quienes somos, que sentimos, que creemos, y como debemos comportarnos. Para romper dichos acuerdos que están basados en el miedo necesitamos la mayor valentía para recuperar nuestro poder personal”.(1)

Hacer que la auto-imagen cuadre con la realidad implica un gasto de energía superior a nuestras fuerzas; intentando ser siempre los más inteligentes, los más buenos, cultos, la más refinados, la más generosos o la que siempre ganamos.

 

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EMOCIONES DESTRUCTIVAS O AFLICCIONES MENTALES

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Las emociones destructivas son aquellas que dañan a los demás o a nosotros mismos.

Desde la perspectiva darwiniana las emociones destructivas perduran en nosotros a modo de vestigios de aspectos que, en algún momento de nuestra evolución desempeñaron un papel esencial para nuestra supervivencia. Un ejemplo es el miedo, pues nos avisa de probables peligros

Gran parte del sufrimiento humano se deriva de las emociones destructivas como el odio, que alienta la violencia, o el deseo que promueve la adicción.

La mayoría de filósofos occidentales solo atienden a la función de las emociones como facilitadoras de las relaciones interpersonales despreocupándose de su importancia para el perfeccionamiento de nuestra naturaleza interna.

Existen algunas emociones que son indisociables de la naturaleza humana como la ira, el desprecio, la indignación, el miedo, la felicidad, la tristeza, el amor, la amistad, el perdón, la gratitud, el arrepentimiento (o el remordimiento por haber hecho algo mal). Y luego también está la compasión.

El análisis budista no establece la misma diferencia entre las emociones destructivas y las emociones constructivas, sino que las considera como estados mentales que empañan la claridad y ocasionan un desequilibrio emocional.

En la medida en que las emociones negativas se adueñan poco a poco de la mente acaban transformándose en estados de ánimo y, a la postre, en rasgos temperamentales. Por ejemplo si varias veces al día me pongo triste, me convierto en una persona deprimida, o si permito que el enojo se apodere de mi con facilidad, entonces me vuelvo hostil y gruñón, si rio con facilidad, la gente me va a considerar una persona alegre.

Ciertamente no tenemos que reprimir las emociones, pero podemos encausarlas de manera adecuada e inteligente, utilizándolas para conocer la naturaleza de nuestra mente. Identificar que emociones aparecen con frecuencia? cómo aparecen?  Si se han vuelto rasgos de personalidad? Que he hecho para darles una salida favorable?

Podemos considerar que las emociones destructivas restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, el hecho de liberarnos de ellas disminuirá su fuerza y nos permitirá gozar de mayor libertad y felicidad.

A continuación se presenta una lista de seis aflicciones mentales primarias, algunas de las cuales identificaremos fácilmente como emociones, y otras no.

  1. Apego o deseo
  2. Ira (que incluye la hostilidad y el odio)
  3. Orgullo
  4. Ignorancia o ilusión
  5. Duda
  6. Visiones erróneas

El apego, el deseo y la hostilidad están fijadas en algún objeto; en el primer caso, esa fijación tiene que ver con el apego, es decir ir hacia el objeto; en el segundo, con la repulsión, con el hecho de alejarse del objeto.

La duda, nos lleva a una comprensión errónea de la realidad. No se trata de una mera vacilación, sino de un titubeo que nos aleja de la realidad. Aunque también existen formas sanas de duda. De hecho, la duda es muy importante para el cultivo de la comprensión profunda. Del mismo modo que no todas las dudas son aflictivas, tampoco toda ira es aflictiva. Existen ciertos tipos de ira movilizados por la compasión en cuyo caso se trata de un estado mental ajeno al odio. Es cierto que se expresa en forma de ira, pero una ira derivada de la compasión.

A la compasión se le considera como un estado mental virtuoso y sano. Pero también es posible que el afecto se combine con la identificación, en cuyo caso esa mezcla de compasión y apego es muy probable que acabe convirtiendo la compasión en algo aflictivo.

Mencionaremos ahora otras veinte aflicciones mentales secundarias derivadas, todas ellas, de las aflicciones fundamentales del apego o deseo, la ira y la ignorancia, lo que la literatura budista denomina los Tres Venenos:

Los tres venenos

 

 

 

Ira

 

 

 

Apego

 

 

 

Ignorancia

 

 

 

Ignorancia+ Apego

 

1.       Cólera

2.       Resentimiento

3.       Rencor

4.       Envidia/Celos

5.       Crueldad

6.       Avaricia

7.       Autoestima exagerada

8.       Excitación

9.       Ocultamiento de los propios defectos

10.   Embotamiento

11.   Fe ciega

12. Pereza espiritual

13.  Olvido

14.  Falta de atención    introspectiva

15. Petulancia

16. Engaño

17. Desverguenza

18. Desconsideración hacia los demás

19. Falta de escrúpulos

20. Distracción

Explicaremos algunas. Las cinco primeras aflicciones secundarias se derivan de la ira. La cólera no es más que un brote de exasperación, un ataque de furia. El resentimiento es un ataque de ira más duradero. El rencor es otro derivado de la ira, como también se dice que lo son la envidia y los celos

El exceso de autoestima consiste en una visión desproporcionada de nuestras propias cualidades.

El embotamiento es un término ligado a la meditación, aunque tiene manifestaciones mucho más ubicuas y consiste en una falta de claridad mental.

El budismo considera la fe como una virtud, pero no ocurre lo mismo con la fe ciega, en este sentido la fe inteligente se basa en la realidad.

El olvido es un término procedente de la literatura meditativa que se refiere a la falta de atención o falta de interés.

La petulancia es un tipo de ilusión en la que uno pretende de manera consciente y deliberada tener cualidades que, de hecho no posee o exagerarlas desproporcionadamente.

La desvergüenza se deriva de una falta de conciencia en la que, independientemente de que los demás nos descubren o no, uno carece de toda sensación de dignidad.

La inconsciencia es una actitud de completa indiferencia hacia las acciones, las palabras y los pensamientos sin la menor preocupación por su adecuación. La distracción se asemeja al olvido y tiene que ver con una mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos.

-Según la tradición tibetana todas las aflicciones mentales son procesos que desestabilizan el equilibrio de la mente, independientemente de que posean un componente fuertemente emocional o no.

Para contrarrestar a las aflicciones mentales o emociones destructivas es importante la introspección o conocimiento de uno mismo, control emocional, la meditación y la auto-reflexión.

Nuestras actitudes erróneas acompañadas de emociones negativas como la culpabilidad, búsqueda de atención, la hostilidad, la tristeza, la fe ciega, la inconsistencia, la soberbia y muchas otras más deben considerarse como las causas más severas de desequilibrio físico, mental y emocional.

Cuando el cuerpo nos habla a través de un malestar o una enfermedad, lo hace para ayudarnos a tomar conciencia de una forma de pensar que no es benéfica para nosotros. Esto, aunque sea de forma inconsciente perjudica a todo nuestro ser, es la razón por la que enfermamos.

Las emociones destructivas, Daniel Goleman en colaboración con  el Dalai Lama.Edit. Vergara México, 2005

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