SUMISIÓN A CAMBIO DE AMOR

 

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Una vorágine de emociones y sensaciones que te  precipitan al vacío, porque la relación  con tu compañero no aporta lo que te hace sentirte unida a él, y del odio al amor hay solo un paso.

Con cierta frecuencia el muy cretino saca a relucir la parte instintiva de ti, sabe muy bien cómo ejercer la crueldad contigo. Él adopta una postura total de independencia, muy libre y a sus anchas: puede desligarse por horas y días enteros, no llama ni contesta, después regresa como si nada, no permite preguntas ni da explicaciones, puede permanecer con sus amigos un tiempo que no concuerda con el que dedica a estar contigo, rara vez te pregunta cómo estás, todo gira en torno a él. Su ego es del tamaño del infierno, no hay presencia real contigo pero eso si, invade tu espacio cuando eres su última opción, no consulta qué te agradaría o cómo hacerte sentir bien, y se va cuando así le apetece. Estas y muchas otras maniobras aplicadas de manera sistemática dañan la relación, se van haciendo huecos cada vez mayores, porque no hay reciprocidad, no hay empatía hacia tu persona y menos aún hacia tus necesidades.
La crueldad consiste en castigar, es una de las armas de sometimiento más poderosas que hay. Se castiga con silencios, con olvidos, con exclusiones, con distancia emocional, con ironías, cuando nos tornan invisibles, cuando vulneran nuestras debilidades y se aprovechan de ellas. En una relación de dos si alguien somete o permite ser sometido hay abuso de poder aplicado mediante: amenazas sutiles, golpes bajos dirigidos a debilitar la valía personal. Y en la mayoría de los casos, nosotras mujeres, las sometidas, no nos damos cuenta de la forma en que cedemos todo lo que somos: nuestra integridad, sentido de vida, propósitos y hasta nuestros sueños a cambio de una relación.

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¿Pero por qué el sometimiento?, ¿por qué el castigo?, ¿acaso en este siglo post-moderno no hemos evolucionado a formas más simétricas de relacionarnos?
La masculinidad tiene mandatos y una de ellas es la predisposición a la crueldad, porque en su entrenamiento de supervivencia desde épocas ancestrales, ellos los hombres, ejercen el rol de guerreros implacables, con poca empatía consigo mismos y con los demás.

Nuestro complemento o especie masculina no sabe ni puede conectar con sus debilidades y necesidades afectivas, en este sentido es urgente un programa de salud emocional para desarrollar habilidades en ellos y aprender a conectar con la energía femenina. Ellos no saben dar algo de lo cual carecen.
¿Es esta falta de empatía, esta forma tan desconsiderada de ellos hacia nosotras la que nos va separando, es esto un motivo de tantos divorcios?

Porque la mujer se sigue preparando y el hombre se ha ido quedando atrás, anclado en la creencia de que es el rey de la manada, de que en el planeta tierra hay más mujeres que hombres y que entre nosotras debemos competir y dividirnos para obtener un pedacito de ellos, aunque sólo sea para ostentarlo como trofeo.

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Todas nosotras, las mujeres, deseamos ser aceptadas, queridas, entendidas, comprendidas aunque al mismo tiempo aparece el miedo detrás del anhelo de reconocimiento, tememos la hostilidad del hombre, nos contraemos ante la falta de delicadeza hacia nuestra subjetividad. Miedo al abandono, rechazo, aislamiento o exclusión, entonces para permanecer o sobrevivir adoptamos posturas de sumisión, un aprendizaje que traemos impregnado en el ADN, siendo así que nuestra madre, abuelas, tatarabuelas aceptaron ser dominadas, sólo para retener a su hombre.
Reviso mi andar por este mundo y me doy cuenta que la sumisión forma parte del aprendizaje de los roles que me corresponden como ente femenino.
Cuando percibo amenazas, me callo. Mi conciencia conecta con un malestar, depresión, ansiedad. Pero no puedo enfrentarme porque no sé hacerlo. Me siento atacada, amenazada, herida y no sé muchas veces por qué. Quiero agradar, caer bien, ser escuchada, discutir los desacuerdos abiertamente y aún más. Necesito que se me reconozca en las relaciones desde mi diferencia… ¿por qué desgasta tanto la aproximación hombre mujer?

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Muchas mujeres estarán de acuerdo con esto que planteo como relevante: explicamos nuestros inicios en la relación de pareja: El enamoramiento como un estado perpetuo y fijo. Hablamos de la idealización del otro, de la entrega total al otro y en consecuencia de la pérdida de nosotras mismas. Es como, sin darnos cuenta pretendiéramos materializar la fantasía social de la idealización de la pareja, donde se llega a la perfección cuando dos partes se transformarían en una unidad total. Vivir la vida a través del otro, satisfaciendo todas sus necesidades, fusionándonos con él. Renunciado a nosotras mismas. Vivo pendiente de mi amado, estoy atenta a sus necesidades, vivo para ser su mejor compañera, no antepongo nada, siempre él es lo primero, no pido nada, sólo estar ahí para adorarlo.

 

El día que despertamos, y decidimos emprender el vuelo sucede así: En nuestro intento por separarnos, se genera un enfrentamiento y la violencia es explicita. Se evidencia la posesión de uno que no quiere desprenderse y nuestro vacío al enfrentar la soledad, recuperar nuestros espacios y retornar a nuestra autenticidad.

 

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LAS EROSIONES DEL AMOR

“Pleito que solo es pleito entre  esas dos personas dizque enamoradas.  En algún rincón obscuro de sus cabezas saben que no pelean por tener que lavar un vaso, sino por las mi erosiones que los mil vasos y las mil discrepancias en la manera que crecieron y vivieron antes de crecer y vivir juntos van acabando con las entrañas del otro. Pequeñas grandes erosiones que terminan por desaparecer el pedazo de tierra en el que habían clavado su bandera y declarado su espacio” (1)

Erosionar significa desgastar o bien  deteriorar el prestigio de una persona o institución.(2)

Al inicio de cualquier relación hay interés de saber más acerca del otro, hay curiosidad y muchas veces admiración, nos sorprende descubrir un cúmulo de  cualidades y  virtudes que ponen al otro como un ser único,  adorable, digno de nuestro amor. Solo que a  medida que pasa el tiempo aprendemos a mirar de forma más objetiva, separamos  entre lo verdadero y  lo que  hemos adjudicado, toleramos también defectos, los errores y las limitaciones del compañero que hemos elegido . Es importante señalar que sin cruzar palabra  ambos hemos establecido un conjunto de acuerdos respecto a cómo manejar la relación, los mismos que a muchas veces pasamos por alto y con ello sacamos del juego  al otro.

 Las peleas a gritos, con insultos , usar la ironía, culpar, juzgar, arrinconar, victimizarse, descalificar e ignorar son solo algunas de las maniobras que usamos de manera sistemática para imponer nuestra razón, para ganar, si,  pero indiscutiblemente para alimentar nuestro ego, además del rencor hacia nosotros. Un rencor que se convierte en muralla, un rencor que erosiona nuestro  pedazo de tierra en común. Y es que en este tipo de enfrentamientos permitimos que nuestra cabeza sea quien tome  el control y nuestro corazón queda a un lado. Cuando la mayoría de las veces nos sentimos lastimados por comportamientos y actitudes del otro, en vez de hablarlo desde ahí, desde nuestros sentimientos, preferimos racionalizar, disfrazar, y pelear desde nuestro enojo, no desde lo que duele.

No es lo mismo decirle a mi pareja “eres de lo peor, olvidaste nuestro aniversario”, a decir “me duele que nuestro aniversario sea solo importante para mí ”  

 O cuando me siento triste por algo que sucedió y se lo cuento a mi pareja y el en lugar de darme palabras de confort, desvía la plática, lo vuelve trivial, o empieza a quejarse también. Aprender a identificar acuerdos, revisarlos, actualizarlos y estar dispuestos a negociar puede ser la clave para tener una relación equilibrada, que nos aporte bienestar. Cuando  yo me pongo por encima de todo y no soy capaz de darle su lugar, de respetar sus sentimientos ni sus opiniones, quien lleva las de perder es  la relación, con actitudes así lo que hacemos es gastarla y erosionarla,  son marcas que nada ni nadie podrá borrar. Olvidos de fechas importantes, tomar decisiones al margen, mantener un individualismo a ultranza, no integrar a la familia de origen ni  amigos y  grupos frecuentes, falta de reciprocidad, enojarse para salir de escena, abandonar la charla,  dar mayor importancia a los amigos que a la familia, desconcentración por estar con el teléfono, intervenir en una charla para corregir, descalificar o bien para burlarse de ti. Pasarse el tiempo comparándote con su madre o hermanas resaltando cualidades que tú no tienes.

La violencia psicológica abarca muchas  de las pautas  aquí mencionadas y si la estás padeciendo desde hace tiempo sin cuestionarte lo saludable de tu relación? cabe preguntarse, como hicimos para llegar hasta aquí, esto es de que manera hemos dejado avanzar tal grado de toxicidad en la relación?

Si elijo tener  una relación que sea para un mayor bienestar, pero si esta me limita, me causa infelicidad, frustración, enojo, culpa, tristeza y algunas otras más,  es momento de revisarla.

Mucho de lo que hacemos no son más que un conjunto de malos hábitos adquiridos durante nuestra crianza que jamás nos cuestionamos hasta que tenemos que compartir un tiempo y un espacio con alguien. Aceptarnos así como somos?, negociar nuestras diferencias? Adaptarnos al otro?, buscar siempre puntos de concordancia, soltar nuestros modelos ideales de pareja y gozarnos de tener una, celebrando cada día el continuarnos eligiendo.   Porque finalmente no venimos a este mundo para rehabilitar a seres dañados con modelos de crianza deformantes.

( 1)Todos los días son nuestros, Catalina Aguilar Mastretta edit Oceano, Méx. 2017

(2 ) https://es thefreedictinary.com. 000000060

DES-ACUERDOS DE PAREJA

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Una gran cantidad de problemas en una pareja provienen de los malos entendidos, asumiendo que el otro sabe, quiere, y entiende lo mismo que yo o, de lo contrario que tiene la capacidad de leer mi mente simplemente por ser mi pareja.
Existen acuerdos explícitos e implícitos, estos últimos se generan a partir de los hábitos o sea de repeticiones. Algunos de estos llamados acuerdos no siempre son satisfactorios porque no se hablaron primeramente, la mayoría de las veces los seguimos a ciegas sin siquiera saber de qué manera se han ido instalando entre los dos y pasado un tiempo descubrimos que atentan contra uno de los dos, lesionan intereses, la valía personal y a veces hasta la dignidad del que se encuentra en desventaja.
Ejemplos: Quien llama a quién?, quien realiza el trabajo doméstico? Quien decide fines de semana, festivos y vacaciones, quien maneja o administra el dinero, quien toma la iniciativa en la intimidad, quien realiza mucho, quien hace poco, quien grita, quien se calla, quien da, quien recibe…en todos estos ejemplos me estoy refiriendo a las actitudes que se asumen en las áreas más importantes: dinero, tiempo libre, trabajo doméstico, intimidad y familia extendida y concretamente sobre el grado de reciprocidad para dar y recibir. Además del grado de comunicación que tenemos mi pareja y yo para platicar sobre lo que nos desagrada, sobe nuestros deseos y necesidades, así como los cambios que se pueden operar en la forma de vivir la relación de pareja.

 

 

De donde proviene asumir un tipo de acuerdos? Tienen que ver con nuestros estilos afectivos comportamientos, actitudes, formas de reaccionar, de enfrentar, confrontar o evadir respecto de la otra persona y proviene de varios factores como son: estilo de crianza, creencias, lo que hemos visto en casa, así también nuestras carencias, nuestros conflictos internos, todas las situaciones inconclusas como parte de nuestra historia personal y que venimos repitiendo de forma automática con los demás, muchas veces de manera inconsciente,
Cuando se vuelven problemáticos? Cuando son motivos para discusión, enojo y alejamiento, cuando van minando la espontaneidad, la alegría y comodidad para sentirnos a gusto juntos, cuando no nos responsabilizamos de todo lo que sale de nosotros y negamos lo que resulta obvio o cuando tomamos el papel de víctimas ante comportamientos que nos dañan pero que no hemos querido o podido ponerle límites. También dan como resultado los llamados “embotellamientos”. Y es que no se trata de acostumbrarnos a vivir en un círculo vicioso donde se acumula la incomodidad y el resentimiento. Mucha gente piensa que discutir es parte natural de estar en pareja, cuando dos personas se encuentran discutiendo a menudo y sobre los mismos temas cabe preguntarse qué está pasando.

Todos tenemos un abecedario personal de significados y aunque se hable y se tomen decisiones de común acuerdo no siempre van a ser entendidas por ambos de igual forma.
Cualquier pareja ha discutido por lo que desean hacer juntos o separados durante el fin de semana, en qué invertir los ahorros o la crianza de los niños. El problema no es tener un choque ocasional en dichos contextos. Pero si son motivos de pleitos y enojos constantemente, o si al tocarse desatan siempre gran malestar, algo tiene que cambiar. Es muy probable que ninguna de las partes este dispuesta a ceder o bien a negociar. Según John Gottman, psicólogo, investigador con 40 años de experiencia y autor de varios libros acerca de relaciones, es un hecho que entre dos personas que comparten la vida siempre habrá cierto grado de desacuerdos. De acuerdo a sus estudios, el 69% de los llamados “embotellamientos” nunca se resuelven.
Es un mito pensar que podemos estar todo el tiempo de acuerdo y que todos los asuntos hay que discutirlos hasta la saciedad. A veces, tenemos que preguntarnos si el tema será igual de importante de aquí a cinco meses o un año”, dice Ann Martínez, consejera profesional

Y aunque empezar a hablarlo provoca malestar. si prevalece el buen entendimiento, la empatía, la solidaridad y el interés por mantener en equilibrio una relación podemos ir limando asperezas y acomodando la relación de forma equilibrada y satisfactoria.

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Aprende a volar con tu pareja

 

Demasiadas veces he escuchado a parejas reñir, y preguntarse entre ellos, o el a “ella dime que tienes, o que quieres”? Y escuchar de ella un no sé, tu deberías saberlo, si me quisieras no tendrías porqué preguntar”, inmediatamente ella llora, se hace la ofendida, se retira y dejan de hablar, En este episodio caben un sinfín de actitudes que nos ponen a pensar ¡Cómo la estamos regando hombres y mujeres al no permitirnos la oportunidad de hablar sobre las cosas que verdaderamente importan!, y es que con medias palabras no podemos darnos a entender, ninguno está para adivinar, y aunque nos amemos mucho nadie está obligado a interpretar cada señal, gesto, postura etc. Todo esto que acabo de mencionar son  malos hábitos aprendidos culturalmente  que lejos de facilitarnos el entendimiento si lo empobrece.
Y es que en el sistema que habitamos casi nadie habla de lo que siente, mucho menos de lo que le duele, por tanto nuestro mundo emocional va hacia adentro, nunca hacia afuera. Las mujeres no estamos acostumbradas a decir cosas simples pero contundentes como; “sabes hoy no me has mirado, ni me has acariciado, me gusta que toques mi cuerpo, no me has preguntado cómo estoy, me gustaría que lo hicieras con frecuencia, porque esto me hace sentir más cerca de ti” .Y qué decir de ellos que todo el tiempo se hacen los fuertes quizá si fuesen capaces de dejar entrever la gran necesidad que hay de reconocimiento por lo bien que hacen su trabajo, o de respetar sus silencios sin empezar a cuestionarles, y de recostar su hombro en nuestro pecho tan solo para que se sientan queridos. Quizá podríamos avanzar en construir bienestar emocional, intimidad, relaciones más satisfactorias y placenteras. El escuchar y ser escuchados es parte indispensable de la relación, conocer que pensamos, que nos preocupa, ocupa, y motiva.
Tener una pareja no es tener un objeto o cosa ahí para cambiarle de lugar cuando ya no me guste. Es un proyecto de amor donde ambos deseamos compartirnos, deseamos crecimiento mutuo, deseamos el bien del otro. A veces la relación de pareja es desgastante, otras agobiante, requiere de mucha energía y de gran sabiduría. Tenemos que dejar atrás todo aquello que nos contaron del amor, esquemas, retratos hablados, mapas del tesoro de nada sirven cuando queremos amar lúcidamente.

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Relaciones saludables requieren presencia, no fantasías ni falsas esperanzas, con un profundo compromiso de dos seres dispuestos a enfrentar las situaciones más crudas de desesperación, de miedo, de dudas, de ansiedad, de desastre, -poder decir me duele-, -me carcome-, -siento dolor- y no culpo al otro por ese dolor, puedo pedir un poco de apoyo, sin exigirlo. Podemos recomenzar nuestra relación a partir del desplome de sueños prefabricados, de ideales y de expectativas no cumplidas, hacer conscientes nuestros no y nuestros sí dentro de la relación, ¿Qué queremos?, que podemos? Que resulta imposible? Porque en esta relación de reciprocidad no caben los debería.
Admitir profundos sentimientos de desconexión, porque imperceptibles cambios se operan en la psique de cada uno sin saber, porque sin darnos cuenta empezamos a mirar en otra dirección y a querer nuevas cosas, porque el alma y la piel no se ponen de acuerdo.
El aprendizaje sobre lo que nos hace diferentes y a la vez tan únicos es parte de la vida de pareja. Mi pareja es mi espejo, está ahí para revelarme todo aquello que no puedo o no quiero ver de mí misma, mi pareja me da identidad, porque es mi puerto seguro a donde llegar, mi pareja es mi fuente de ternura, de reconocimiento, de estructura cuando tambaleo, cuando me derrumbo y necesito que alguien me diga cómo levantarme. El mundo femenino y masculino parecieran equidistantes, pero si ambos pensamos, sentimos, necesitamos, deseamos porque no tender puentes para acercarnos más, para querernos bien, para regocijarnos por tenernos  y  agradecer a la vida tener alguien a quien amar, a quien reconocer, con quien compartir, impulsar e inspirar.
Cuando en una discusión empleamos frases como: “haz lo que se te la gana”, o “me vale un cacahuate”, o ”no es mi problema” o “yo no tengo nada que ver con eso” estamos siendo excluyentes, egoístas y desconsiderados porque no nos reconocemos como parte de un sistema familiar. Hacerse a un lado vuelve complicado aquello que podría ser fácil, crea resentimiento en la otra parte, es evidente que se le está cargando con toda la responsabilidad. Aprender a ser pareja requiere la toma de conciencia de una decisión que se hizo en algún momento para participar en este proyecto, apropiarnos de nuestro cincuenta por ciento de compromiso y responsabilidad requiere, reciprocidad, paciencia, comunicación asertiva, tomar acuerdos, aprender a negociar, ceder con sensatez, colaborar activamente en todo, sabernos parte de un sistema, asumirlo con gusto, dispuestos siempre a aprender pues al final es una elección personal el querer o no convertirnos en la mejor pareja.

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Mujeres de las que los hombres huyen

 

th269H7OPGCuantas veces nos hemos preguntado ¿porqué si es tan hermosa, inteligente, elegante y preparada no tiene pareja? O bien porque sus relaciones no perduran, será que asusta a los hombres? -y hay demasiado de cierto en ello- no todas las mujeres están entrenadas para sostener una relación amorosa, y es que en su huida de los patrones tradicionales como por ejemplo de ser mantenida por los hombres ellas mismas caen en un rol defensivo, extremista y también sexista. Convierte entonces sus relaciones en una competencia donde a cada escalada se van perdiendo uno al otro. El tiempo compartido es una lucha de poder donde cada cual quiere tener la razón y ponerse por encima del otro. Al parecer es un tipo de relación destructiva que desgasta lejos de acercar, más bien crea una muralla infranqueable . Otro ejemplo es caer en el otro extremo de perseguir y atosigar al hombre mediante llamadas o mensajes a través de diferentes medios, -esto no gusta tampoco-, el hombre se siente emboscado y saldrá de inmediato a recuperar su libertad. Vale la pena recordar, sin embargo, que a pesar de estar juntos en una relación, cada parte debe tener su propio espacio privado. No se puede construir una vida encima de otra, cada cual tiene una historia, tiene sus secretos y también un territorio que por momentos comparte con los demás pero también decide cuándo y hasta donde. Estas mujeres no entienden la simple verdad de que se vale halagar la vanidad de ellos, a veces darles por su lado, y fingir ingenuidad. Nuestros hombres necesitan sentirse seguros, aceptados y aptos.

Aprender a convivir con un hombre no es nada del otro mundo si sabemos convivir con nosotras mismas, si valoramos de ellos todo lo que aportan a la relación y si además estamos dispuestas a respetarlos.
Entre las cosas que los hombres no soportan de las mujeres están las siguientes: huirle a la intimidad, tener expectativas demasiado elevadas respecto a la relación , falta de sentido del humor, ser controladoras, las que dan en exceso, la que desea que la mantengan, la que su mayor deseo es casarse, entre las más destacadas. No está de menos añadir otras que aunque en menor escala también viene a engrosar la lista. La que finge estar extremadamente bien, la que sabe mucho de arte o ciencia y cultura, las inmaduras emocionales, la que se siente superior a cualquier hombre, la excesivamente correcta, las que parecen hombres pues no tiene la menor coquetería en su arreglo y forma de ser, las autosuficientes esto es que jamás permiten que se les pague una cuenta y mucho menos que se les abra la puerta del auto e incluso cargarles las bolsas del mandado.
Tener intimidad es propiciar tiempo para estar juntos, platicar y conocernos, en esencia una mescla de amor y amistad caracterizado por el compartir y entendimiento mutuos. Cuando una mujer teme esto es probable que en el fondo exista miedo a ser rechazada, al abandono y a la pérdida.
Son expectativas superlativas las que podemos explicar así; cuando encontramos a nuestro hombre y creemos que somos capaces de cambiarle hábitos que nos desagradan como beber, fumar, comer en exceso, ser obeso, jugador, mujeriego. Esto es una gran trampa, nadie va a cambiar solo por dar gusto a los demás, es mejor aceptar a la persona tal como es o mejor no hacerlo. De lo contrario vamos a enfrentar la decepción, pero ojo no es nuestra pareja quien nos decepciona, sino la forma en que acomodamos las cosas.
La solemnidad, el exceso de austeridad, la seriedad no son propicios en las relaciones afectivas dado que mucha tensión se elimina si usamos el sentido del humor. La distancia más corta entre dos personas es la risa por lo tanto aquellas mujeres fúnebres, sufridoras, o que parecen guardianes son rechazadas porque provocan temor en los hombres, un problema pequeño se convierte en una bola gigante ya que todo se lo toman demasiado en serio.
Tener el control absoluto de la relación con actitudes de dictadoras porque hay un miedo espantoso de mostrar sus inseguridades. Sin consultar, solo imponer, manipular, chantajear para lograr salirse con la suya .Es muy bueno platicar acerca de nuestros gustos, de lo que deseamos, de lo que no nos agrada y ya es decisión del otro el hacer algo al respecto o continuar igual. Y si además somos insistentes y hasta usamos el chantaje para exigir que cambie menos lo hará.
Las que solo se interesan por la cartera de su hombre, quieren ser mantenidas y que sean cumplidos todos sus caprichitos, de lo contrario hacen berrinche como niñas chiquitas, imaginen cuando sea la esposa? Tendrá trabajando al marido como burro porque nunca estará satisfecha, siempre querrá más y más.
Las que solo llevan saliendo algunas semanas con el hombre y ya quieren presentarlo con su familia, preguntan todo el tiempo: ¿a qué estarías dispuesto por nuestro amor? para ver si el tipo se engancha y le pide matrimonio, los llevan de manera tendenciosa a ver casas, condominios, muebles y entre suspiro y suspiro están mandando mensajes de que urge firmar el contrato.

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Dar todo en cualquier tipo de relación no es sano, la reciprocidad resulta favorable, buscando ser equitativos le damos equilibrio a la relación. Las mujeres que dan demasiado tienen el complejo de Wendy, se sienten rescatadoras o mártires, o son la amante fácil, las que dan todo a los demás porque se han anulado a sí mismas, por lo tanto no buscan darse primero.
Falta agregar lo que Ariadna publicó en su blog: “sobre exigentes y que nunca están conformes del todo. “Vos misma lo estás diciendo AUTO-SUFICIENTE, los hombres no se acercan porque ustedes no les dan el espacio de hombre, como son mujeres ocupadas sólo los buscan para tener un “consolador con piernas” lo primero que le dicen a un hombre: “yo tengo mi vida” o sea a ustedes mujeres guapas y autosuficientes les gusta controlar todo, el día que se ven la hora, qué van a cenar, les falta querer ponerle collar y correa, y cuando encuentran un hombre que no sigue esas reglas, que no les tiene miedo y va al frente ahí ustedes retroceden, porque ese si es un hombre, pero cuál es el problema ahí?, no lo pueden dominar ni darle órdenes, entonces preguntan porque los hombres huyen? ,los hombres no huyen, ustedes sólo buscan tipos que puedan dominar, y cuando aparece uno que es indomable ahí ustedes lo dejan pasar, sólo buscan lo que a ustedes les conviene, lo que les queda mentalmente cómodo, ustedes quieren sexo sin consecuencias, y se olvidan que ustedes mujeres guapas y autosuficientes tienen la consecuencia más grande, no son felices”
Una mujer a la que cualquier hombre estará dispuesto amar es; la que sabe escuchar, la que da consuelo, la que sana con sus palabras, la que no busca un príncipe azul o el personaje de telenovela, la que quiere un hombre de carne y hueso, con muchos defectos, tantos como los que ella tiene, la que no pone por delante los errores, las dificultades y limitaciones de su hombre como pretexto para salir huyendo, esta mujer no suprime, no juzga, no pone etiquetas ni quiere el control absoluto de la relación, sabe ser pareja, reconoce los aciertos abiertamente y se ocupa poco de las equivocaciones, es compañera, amiga, amante y se permite caminar lado a lado de su pareja.

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