CUANDO MI FELICIDAD DEPENDE DE TI

 

El apego es un estado emocional de dependencia a un cosa, a una situación o persona”.

Para el psicólogo John Bowlby. la conducta de apego tiene dos funciones básicas: una función biológica, que es obtener protección para asegurar la supervivencia, y la otra de carácter más psicológico, la de adquirir seguridad.

Hay quienes afirman que la mayor causa del sufrimiento humano proviene de falsas creencias y apegos. Pongo como ejemplo algunas frases: “sin ti yo me muero”, “me haces tanta falta”, “es que no como, no duermo desde que tú no estás”, “que voy hacer sin ti”, “tu eres toda mi felicidad”, se corresponden con depender, necesitar, carecer, tomar de afuera algo para estar bien.

Las personas necesitamos establecer vínculos de amor, respeto y protección hacia nuestros seres amados, estos mismos no pueden ni deben ser excesivos como lo es sobre-proteger, rescatar, controlar, dominar o   inmiscuirse con el afán de  apropiarnos de la vida de ellos. Amar es desear el bien máximo de la otra persona, entonces hay que abrir espacio para que el otro se desarrolle a todo su potencial, podemos acompañar, podemos motivar pero de ninguna forma invadir.

Nuestra dependencia a personas y cosas proviene del miedo a la perdida, proviene de heridas antiguas que no han sanado y requieren atención especial, Necesitar al otro con tanta aprehensión lesiona mi integridad, es una proyección de mis vacíos y carencias, de sentirme incompleto y separado de los demás. Pero además me limita porque pone freno a mi independencia, a mi autonomía, me esclaviza y no me permite salir de mi zona de confort.

Por ejemplo cuando compro una casa y me enamoro de ella, le hago arreglos y adecuaciones por aquí y allá, de tal forma que me siento plenamente identificada con ella, mi casa es como yo, y si en algún momento tengo la oportunidad de cambiar de residencia y debo elegir entre este cambio o mi casa, entonces voy a preferir quedarme en ella, pues es lo que conozco y mudarme significa volver a empezar, cosa que no estoy dispuesta a “sufrir”

 

Yo soy responsable de mi felicidad, yo dedico mi atención a estar bien, a permanecer equilibrada, soy responsable de la satisfacción de mis necesidades, estoy atenta al vaivén de mis emociones y me comprometo en mi salud emocional. No le temo a la soledad, me elijo como mi mejor compañera. Me conozco y me acepto así como soy, puedo reconocer mis debilidades, identifico mis fortalezas y trabajo en mi crecimiento personal. Estoy consciente de que lo que nunca va a cambiar es mi capacidad de amar y asumo ésta empezando por mí misma.

La necesidad de reconocer nuestros apegos y la forma en que nos lastiman, nos limitan, esclavizan y promueven en nosotros actitudes y conductas destructivas es de un valor incalculable. Estar dispuestos a revisar y empezar a modificar patrones de conducta dañinos suma en nosotros bienestar, sobre todo ahí donde cada uno debe salir de los límites de la certidumbre para aprender de lo imprevisto, de lo desconocido. Todos estamos de paso por esta vida, nuestros vínculos afectivos no se rompen con la salida de casa de nuestros hijos, o de la pareja, unos amigos llegan y otros se van. Lo único que permanece es el cambio. No me aferro a mis seres queridos como si fueran lo más importante, no  busco auto-realizarme a través de ellos, ellos contribuyen a mi felicidad pero no son la fuente misma: Te elijo, pero no te necesito, prefiero estar contigo pero puedo estar sin ti. Disfruto de compartir mi tiempo contigo pero no vivo con el miedo a perderte. Estas frases requieren un alto grado de auto-conocimiento e independencia, de mucha salud emocional del cual todavía la mayoría estamos alejados. Nuestra cultura promueve el apego, promueve el compromiso en las relaciones, la lealtad, la reciprocidad,  y habría que revisar si esta propuesta de desapegarse no está reñida con el modelo mencionado. Finalmente son propuestas que ponen en riesgo nuestras formas de convivencia, porque en el mundo de las relaciones liquidas hay tanto temor al compromiso entre mucha gente y se elige lo transitorio y superficial, entonces vivir desapegado es ideal para no permanecer en algo profundo y duradero.

Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría:
la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire
sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.
La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío
dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.(1)

 

 

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EMOCIONES DESTRUCTIVAS O AFLICCIONES MENTALES

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Las emociones destructivas son aquellas que dañan a los demás o a nosotros mismos.

Desde la perspectiva darwiniana las emociones destructivas perduran en nosotros a modo de vestigios de aspectos que, en algún momento de nuestra evolución desempeñaron un papel esencial para nuestra supervivencia. Un ejemplo es el miedo, pues nos avisa de probables peligros

Gran parte del sufrimiento humano se deriva de las emociones destructivas como el odio, que alienta la violencia, o el deseo que promueve la adicción.

La mayoría de filósofos occidentales solo atienden a la función de las emociones como facilitadoras de las relaciones interpersonales despreocupándose de su importancia para el perfeccionamiento de nuestra naturaleza interna.

Existen algunas emociones que son indisociables de la naturaleza humana como la ira, el desprecio, la indignación, el miedo, la felicidad, la tristeza, el amor, la amistad, el perdón, la gratitud, el arrepentimiento (o el remordimiento por haber hecho algo mal). Y luego también está la compasión.

El análisis budista no establece la misma diferencia entre las emociones destructivas y las emociones constructivas, sino que las considera como estados mentales que empañan la claridad y ocasionan un desequilibrio emocional.

En la medida en que las emociones negativas se adueñan poco a poco de la mente acaban transformándose en estados de ánimo y, a la postre, en rasgos temperamentales. Por ejemplo si varias veces al día me pongo triste, me convierto en una persona deprimida, o si permito que el enojo se apodere de mi con facilidad, entonces me vuelvo hostil y gruñón, si rio con facilidad, la gente me va a considerar una persona alegre.

Ciertamente no tenemos que reprimir las emociones, pero podemos encausarlas de manera adecuada e inteligente, utilizándolas para conocer la naturaleza de nuestra mente. Identificar que emociones aparecen con frecuencia? cómo aparecen?  Si se han vuelto rasgos de personalidad? Que he hecho para darles una salida favorable?

Podemos considerar que las emociones destructivas restringen nuestra libertad interna y obstaculizan nuestra capacidad de juicio, el hecho de liberarnos de ellas disminuirá su fuerza y nos permitirá gozar de mayor libertad y felicidad.

A continuación se presenta una lista de seis aflicciones mentales primarias, algunas de las cuales identificaremos fácilmente como emociones, y otras no.

  1. Apego o deseo
  2. Ira (que incluye la hostilidad y el odio)
  3. Orgullo
  4. Ignorancia o ilusión
  5. Duda
  6. Visiones erróneas

El apego, el deseo y la hostilidad están fijadas en algún objeto; en el primer caso, esa fijación tiene que ver con el apego, es decir ir hacia el objeto; en el segundo, con la repulsión, con el hecho de alejarse del objeto.

La duda, nos lleva a una comprensión errónea de la realidad. No se trata de una mera vacilación, sino de un titubeo que nos aleja de la realidad. Aunque también existen formas sanas de duda. De hecho, la duda es muy importante para el cultivo de la comprensión profunda. Del mismo modo que no todas las dudas son aflictivas, tampoco toda ira es aflictiva. Existen ciertos tipos de ira movilizados por la compasión en cuyo caso se trata de un estado mental ajeno al odio. Es cierto que se expresa en forma de ira, pero una ira derivada de la compasión.

A la compasión se le considera como un estado mental virtuoso y sano. Pero también es posible que el afecto se combine con la identificación, en cuyo caso esa mezcla de compasión y apego es muy probable que acabe convirtiendo la compasión en algo aflictivo.

Mencionaremos ahora otras veinte aflicciones mentales secundarias derivadas, todas ellas, de las aflicciones fundamentales del apego o deseo, la ira y la ignorancia, lo que la literatura budista denomina los Tres Venenos:

Los tres venenos

 

 

 

Ira

 

 

 

Apego

 

 

 

Ignorancia

 

 

 

Ignorancia+ Apego

 

1.       Cólera

2.       Resentimiento

3.       Rencor

4.       Envidia/Celos

5.       Crueldad

6.       Avaricia

7.       Autoestima exagerada

8.       Excitación

9.       Ocultamiento de los propios defectos

10.   Embotamiento

11.   Fe ciega

12. Pereza espiritual

13.  Olvido

14.  Falta de atención    introspectiva

15. Petulancia

16. Engaño

17. Desverguenza

18. Desconsideración hacia los demás

19. Falta de escrúpulos

20. Distracción

Explicaremos algunas. Las cinco primeras aflicciones secundarias se derivan de la ira. La cólera no es más que un brote de exasperación, un ataque de furia. El resentimiento es un ataque de ira más duradero. El rencor es otro derivado de la ira, como también se dice que lo son la envidia y los celos

El exceso de autoestima consiste en una visión desproporcionada de nuestras propias cualidades.

El embotamiento es un término ligado a la meditación, aunque tiene manifestaciones mucho más ubicuas y consiste en una falta de claridad mental.

El budismo considera la fe como una virtud, pero no ocurre lo mismo con la fe ciega, en este sentido la fe inteligente se basa en la realidad.

El olvido es un término procedente de la literatura meditativa que se refiere a la falta de atención o falta de interés.

La petulancia es un tipo de ilusión en la que uno pretende de manera consciente y deliberada tener cualidades que, de hecho no posee o exagerarlas desproporcionadamente.

La desvergüenza se deriva de una falta de conciencia en la que, independientemente de que los demás nos descubren o no, uno carece de toda sensación de dignidad.

La inconsciencia es una actitud de completa indiferencia hacia las acciones, las palabras y los pensamientos sin la menor preocupación por su adecuación. La distracción se asemeja al olvido y tiene que ver con una mente incoherente que se ve arrastrada por todo tipo de estímulos.

-Según la tradición tibetana todas las aflicciones mentales son procesos que desestabilizan el equilibrio de la mente, independientemente de que posean un componente fuertemente emocional o no.

Para contrarrestar a las aflicciones mentales o emociones destructivas es importante la introspección o conocimiento de uno mismo, control emocional, la meditación y la auto-reflexión.

Nuestras actitudes erróneas acompañadas de emociones negativas como la culpabilidad, búsqueda de atención, la hostilidad, la tristeza, la fe ciega, la inconsistencia, la soberbia y muchas otras más deben considerarse como las causas más severas de desequilibrio físico, mental y emocional.

Cuando el cuerpo nos habla a través de un malestar o una enfermedad, lo hace para ayudarnos a tomar conciencia de una forma de pensar que no es benéfica para nosotros. Esto, aunque sea de forma inconsciente perjudica a todo nuestro ser, es la razón por la que enfermamos.

Las emociones destructivas, Daniel Goleman en colaboración con  el Dalai Lama.Edit. Vergara México, 2005

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