DESIDIA Y APATÍA

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Ya he concluido un proyecto que tomó años hacerlo realidad, ahora por fin lo he puesto andar, es muy satisfactorio haber podido llegar hasta aquí, en el pico de una colina, y ahora desde aquí visualizo la subida para conquistar nuevas colinas… ahhh que sensación tan fuerte, miro alrededor hay mucha gente a mi lado también subiendo, y muchas otras se han quedado abajo, mil emociones: alegría, miedo, coraje, incertidumbre, totalidad, integración total.
Y de pronto el apagón energético, entra por la puerta grande la desidia, el abandono, la apatía, los problemas de salud, como si de repente todo fuese una película en blanco y negro en cámara lenta.

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¡Quien me estará jugando una broma pesada! -no hay creatividad- el tedio se instala, ¡por más que quiero seguir un ritmo pareciese que arrastro una piedra de hierro atada al tobillo!. Lo que antes me hacía reír, ahora es causa de disgusto, de un ser primavera ahora me volví otoño, gruñona, malhumorada medio insoportable. ¿Qué pasa? ¡Qué alguien me explique esto!
Que se sienten a dialogar la prudencia con la necedad, la rigidez con la elasticidad, el tedio con el sentido del humor, esos antagónicos groseros que solo sirven para crear culpas.
Hasta ahora he perseverado en alcanzar mis metas, no me he rendido, siempre en la búsqueda, en los nuevos aprendizajes, ¿porque se me apaga el foco?, ¡que significa esto!, ¡socorro! ¡auxilio!, ¡dolores! ¡llamen a inocencia!
Desbordada, enérgica, locuaz, jocosa e iluminada, -esa era yo hasta hace unos días-. Adonde fueron a parar mis mil sonrisas, mi confianza sólida, mi fe inquebrantable.
¿Es una crisis existencial? ¿es el principio de mi declive?, ¿me ha secuestrado la señora indiferencia? ó ¿díganme de que se trata?

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Cuando estaba llena de energías y de salud, no podía entender que hubiese gente que en todo el día no se quitase la piyama, o que permaneciera en su casa acostada viendo la televisión durante horas. Sentía un gran recelo por personas que se la pasan bostezando y haciendo nada.
¡Quiero días soleados! ¡quiero afectos renovados! ¡deseo recuperar la que era! ¡la quiero de vuelta! ¡no admito sucedáneos!
Me acabo de dar cuenta que pasa, mi cuerpo me pide a gritos descanso, holgura, nada de compromisos, vaciar y vaciar, para volver a llenar, reunir nuevas energías, mente clara, cierre de etapa, final de juego.
Así como los árboles que se vacían de sus hojas, es necesario desprender, soltar, dejar marchar todo aquello que nos mantiene anclados, por ello el invierno una estación del año propicia para  vaciar los cuartos, limpiar la casa, mudar los trastos. Acariciar un sueño, abrir los ojos, escoger el tema para seguir soñando.

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SUMISIÓN A CAMBIO DE AMOR

 

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Una vorágine de emociones y sensaciones que te  precipitan al vacío, porque la relación  con tu compañero no aporta lo que te hace sentirte unida a él, y del odio al amor hay solo un paso.

Con cierta frecuencia el muy cretino saca a relucir la parte instintiva de ti, sabe muy bien cómo ejercer la crueldad contigo. Él adopta una postura total de independencia, muy libre y a sus anchas: puede desligarse por horas y días enteros, no llama ni contesta, después regresa como si nada, no permite preguntas ni da explicaciones, puede permanecer con sus amigos un tiempo que no concuerda con el que dedica a estar contigo, rara vez te pregunta cómo estás, todo gira en torno a él. Su ego es del tamaño del infierno, no hay presencia real contigo pero eso si, invade tu espacio cuando eres su última opción, no consulta qué te agradaría o cómo hacerte sentir bien, y se va cuando así le apetece. Estas y muchas otras maniobras aplicadas de manera sistemática dañan la relación, se van haciendo huecos cada vez mayores, porque no hay reciprocidad, no hay empatía hacia tu persona y menos aún hacia tus necesidades.
La crueldad consiste en castigar, es una de las armas de sometimiento más poderosas que hay. Se castiga con silencios, con olvidos, con exclusiones, con distancia emocional, con ironías, cuando nos tornan invisibles, cuando vulneran nuestras debilidades y se aprovechan de ellas. En una relación de dos si alguien somete o permite ser sometido hay abuso de poder aplicado mediante: amenazas sutiles, golpes bajos dirigidos a debilitar la valía personal. Y en la mayoría de los casos, nosotras mujeres, las sometidas, no nos damos cuenta de la forma en que cedemos todo lo que somos: nuestra integridad, sentido de vida, propósitos y hasta nuestros sueños a cambio de una relación.

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¿Pero por qué el sometimiento?, ¿por qué el castigo?, ¿acaso en este siglo post-moderno no hemos evolucionado a formas más simétricas de relacionarnos?
La masculinidad tiene mandatos y una de ellas es la predisposición a la crueldad, porque en su entrenamiento de supervivencia desde épocas ancestrales, ellos los hombres, ejercen el rol de guerreros implacables, con poca empatía consigo mismos y con los demás.

Nuestro complemento o especie masculina no sabe ni puede conectar con sus debilidades y necesidades afectivas, en este sentido es urgente un programa de salud emocional para desarrollar habilidades en ellos y aprender a conectar con la energía femenina. Ellos no saben dar algo de lo cual carecen.
¿Es esta falta de empatía, esta forma tan desconsiderada de ellos hacia nosotras la que nos va separando, es esto un motivo de tantos divorcios?

Porque la mujer se sigue preparando y el hombre se ha ido quedando atrás, anclado en la creencia de que es el rey de la manada, de que en el planeta tierra hay más mujeres que hombres y que entre nosotras debemos competir y dividirnos para obtener un pedacito de ellos, aunque sólo sea para ostentarlo como trofeo.

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Todas nosotras, las mujeres, deseamos ser aceptadas, queridas, entendidas, comprendidas aunque al mismo tiempo aparece el miedo detrás del anhelo de reconocimiento, tememos la hostilidad del hombre, nos contraemos ante la falta de delicadeza hacia nuestra subjetividad. Miedo al abandono, rechazo, aislamiento o exclusión, entonces para permanecer o sobrevivir adoptamos posturas de sumisión, un aprendizaje que traemos impregnado en el ADN, siendo así que nuestra madre, abuelas, tatarabuelas aceptaron ser dominadas, sólo para retener a su hombre.
Reviso mi andar por este mundo y me doy cuenta que la sumisión forma parte del aprendizaje de los roles que me corresponden como ente femenino.
Cuando percibo amenazas, me callo. Mi conciencia conecta con un malestar, depresión, ansiedad. Pero no puedo enfrentarme porque no sé hacerlo. Me siento atacada, amenazada, herida y no sé muchas veces por qué. Quiero agradar, caer bien, ser escuchada, discutir los desacuerdos abiertamente y aún más. Necesito que se me reconozca en las relaciones desde mi diferencia… ¿por qué desgasta tanto la aproximación hombre mujer?

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Muchas mujeres estarán de acuerdo con esto que planteo como relevante: explicamos nuestros inicios en la relación de pareja: El enamoramiento como un estado perpetuo y fijo. Hablamos de la idealización del otro, de la entrega total al otro y en consecuencia de la pérdida de nosotras mismas. Es como, sin darnos cuenta pretendiéramos materializar la fantasía social de la idealización de la pareja, donde se llega a la perfección cuando dos partes se transformarían en una unidad total. Vivir la vida a través del otro, satisfaciendo todas sus necesidades, fusionándonos con él. Renunciado a nosotras mismas. Vivo pendiente de mi amado, estoy atenta a sus necesidades, vivo para ser su mejor compañera, no antepongo nada, siempre él es lo primero, no pido nada, sólo estar ahí para adorarlo.

 

El día que despertamos, y decidimos emprender el vuelo sucede así: En nuestro intento por separarnos, se genera un enfrentamiento y la violencia es explicita. Se evidencia la posesión de uno que no quiere desprenderse y nuestro vacío al enfrentar la soledad, recuperar nuestros espacios y retornar a nuestra autenticidad.

 

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