ACEPTAR LOS “NO” IMPLICA MADUREZ

 

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Me vuelvo iracundo cuando me dicen ¡no!
Frustración es posponer la gratificación de algo que deseamos para disfrutarse aún más cuando por fin se consigue.
Mucha gente alude a este término para designar a personas que no han logrado sus propósitos, es decir que no hay ganancias visibles que justifiquen sus esfuerzos. También para aquellos que viven con resentimiento por no haber logrado éxito, dinero, fama o suficiencia y que van por la vida salpicando de amargura a quienes les rodean.
La baja tolerancia a la frustración implica una actitud aversiva hacia todo lo desagradable, que funciona como una lente de aumento, amplificando el lado no deseado de cada situación. Lo feo es espantoso, lo malo es horrible, lo molesto es insoportable. De este modo la vida de estas personas está llena de tragedias y acontecimientos estresantes. Frecuentemente albergan sentimientos de ansiedad, tristeza, agitación, resentimiento, humillación y enfado se creen víctimas, se quejan continuamente, culpan a los demás y al mundo.

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Cuando reprueban un examen, los deja la novia o no obtienen likes en sus publicaciones se quieren suicidar ¿qué significa esto?, que hay una anemia emocional.
Algunas generaciones formamos a nuestros hijos con la creencia de que ellos no debían padecer por nada, cualquier deseo que ellos manifestasen nosotros de los debíamos de conceder, pues ellos no soportarían sufrimiento como pasó con nosotros. Hemos criado hijos intolerantes, mal agradecidos, tiranos, groseros, y sobretodo desnutridos emocionales ante cualquier tipo de obstáculo. Tolerar la frustración es aceptar < los no>, < muchos no>, <todos los no que la vida va ir poniendo en nuestro camino>.

Es generarnos recursos y lograr nuestros propósitos enfocando nuestras energías, es hacernos merecedores de un sinfín de oportunidades, experiencias y regalos que el universo no da por el simple hecho de existir. . Es saber que hay una ley de correspondencia y que todo lo que va, regresa, que no podemos recibir solamente, sino también nos toca devolver.

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Como padres podemos reafirmar en nuestros hijos el ser persistentes, tener autocontrol, automotivación, desempeño, que no se rindan ante las dificultades. Moldear actitudes de fortaleza ante las derrotas, ante los golpes, ante la adversidad. De lo contrario cualquier experiencia de este tipo los hará pedazos.
La gente con baja tolerancia a la frustración mantiene una serie de creencias que están condicionadas por su forma de ver el mundo e interpretar la realidad sin tener mucha conciencia de ello. Es decir, siguen manteniendo un modo inmaduro de ver las cosas, tal y como hacían en la infancia. Creen que tienen que obtener todo lo que quieren y para ello exigen, ordenan e insisten para que se satisfagan sus deseos a toda costa. Son irracionales, mandones, amargados, tiranos, déspotas. Personas con quienes la convivencia es una tortura.

La negativa a complacer todas las demandas de nuestros hijos, y muchos caprichos entre ellos, el posponer o aún más el retarlos a conseguir eso que desean mediante otras fórmulas ejercita en ellos el músculo de la tolerancia a la frustración son ingredientes de formación que les darán voluntad y carácter para enfrentarse al mundo que les toca vivir.

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 Una segunda y posteriores relaciones se deben construir sobre el amor de la anterior

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Aceptar con  una sonrisa en los labios la ruptura de una relación amorosa  es sumamente difícil, pues casi siempre hay  mucho enojo, resentimiento, culpa, dolor, abatimiento y mucha tristeza, emociones que nos remiten a  aquello que callamos, a lo que dimos y dimos sin jamar poner límites, y la  aceptación estoica lo que nuestra media naranja nos quiso dar. Esas rupturas civilizadas ausentes de gritos, enfado y reproches no son comunes en nuestra cultura.

Duele también todo aquello que nos reprochamos por no estar a la altura  del otro, los debería se asoman por todos lados, exceso de  preguntas obsesivas del como, cuando, donde, con quién? se apoderan de nuestra mente y   el desmerecimiento se instala en una balanza que oscila hacia ambos lados e inclinándose tendenciosamente según nuestro estado de animo, según nuestras racionalizaciones y también según la opinión de los que nos rodean.

Me gusta mucho la propuesta de Joan Garriga autor del libro “el buen amor en la pareja” para abordar este tema cuya propuesta es la siguiente:

“Cuando se rompe una relación es muy natural experimentar enfado y rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y sacar el enorme malestar si es preciso. La rabia es el resultado de la frustración de las ilusiones y proyectos comunes, de las expectativas de vida. Es una forma de rebelarse contra lo ocurrido y mostrar nuestro desacuerdo. Para salir del enfado y la rabia es necesario rendirse, aceptar la situación, la ruptura, el dolor de la pérdida” Llorar, gritar, patalear, meterse en el dolor hasta la médula, le hace bien al cuerpo, y también al alma. No es posible hacer como que no pasa nada cuando había tantas esperanzas, afanes y promesas” Al final si somos capaces de sostener el dolor, nos mantendremos en el amor, ya que dolor y amor son dos caras de la misma moneda”.

“Cómo se cierra bien el pasado? Primero entregándonos al dolor, abriéndonos al dolor de la herida, de la decepción y de la frustración. Y, durante un tiempo viviendo la turbulencia emocional que toque, la culpa o la tristeza, o el enfado, o la sensación de fracaso o desesperación, o miedo”

Y después cuando se empieza a acomodar, a aceptar e integrar esta experiencia como parte de nosotros desde una postura de aceptación evitando el victimismo y el resentimiento.

Cuando asumimos una posición de víctima no estamos siendo adultos y tampoco nos estamos responsabilizando de lo que hicimos a la relación, al reconocernos sujetos activos de la misma recuperamos nuestro poder y logramos mirar con mayor objetividad lo bueno y lo malo de esta misma.

“Cuando podemos ver lo que nos ha aportado una relación y lo que hemos aprendido de ella, estamos en disposición de cerrarla y abrirnos al porvenir”.

“Un proceso de ruptura concluye cuando:

…Podemos mirar atrás con paz y alegría

…logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra anterior relación

… le damos internamente las gracias a nuestra ex pareja por lo que fue posible y lo que nos aportó;

…podemos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida

…reconocemos el amor que hubo y lo guardamos como un regalo;

…somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor, y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor;

…alojamos al otro en el lugar interior de los vínculos significativos en nuestra alma y pasa a formar parte de la narrativa que configura y da sentido a nuestra vida.

En definitiva, el gran reto para todos consiste en aprender amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos, ponemos nuestros errores al servicio de la vida y de un camino feliz, sea en pareja o no.”

Agradecer a la vida por haber tenido cerca alguien a quien amar, con quien crecer, a quien mirar y ser mirado es símbolo de grandeza moral y espiritual.

“Se construye mal sobre las cenizas y los escombros, y que al contrario, se edifica bien sobre los aprendizajes anteriores, sobre la integración nutritiva de nuestro pasado, sea el que sea. De ahí lo imprescindible de aceptar nuestra historia afectiva”

“Una segunda y posteriores relaciones se deben construir sobre el amor de la anterior, sobre lo bueno de la anterior, dignificándola por así decirlo”

“Edificamos mejor cuando tenemos buenos cimientos y cuando podemos reconocer el amor que hubo en lo anterior y sus límites, y rendirnos a esos límites”.

Cuando permitimos que el odio se instale en nosotros a causa de una ruptura nos envenenamos y lejos de reconocer nuestros aprendizajes que hacen posible nuestro crecimiento, retrocedemos, nos contaminamos y va a ser imposible el abrirnos a otras experiencias que continúen nuestro desarrollo evolutivo.

“El buen amor en la pareja, Joan Garriga,Edit.Paidós,Méx. 2014 pp. 150- 164

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Disciplina? como para qué?

Cuando un  padre lleva mucho dolor emocional, frustración y amargura, muy probablemente será agresivo y cruel con sus hijos, lo cual de seguro le generara una enorme culpa, y después…a lavarla! Y a dejar que ellos lo maltraten cumpliéndoles todas sus demandas

La disciplina es una misteriosa cara del amor y de nuestra comprensión de la misma puede surgir la convicción de lo necesaria que resulta y de que puede proporcionarnos entre otras cosas: una vida  más fácil, exitosa, saludable y feliz.

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Para Bruguera Mexicana de Ediciones: “Disciplina es la capacidad de actuar ordenada y perseverantemente para conseguir un bien. Exige unos lineamientos para poder lograr los objetivos deseados, soportando las molestias que esta ocasiona. Para adquirir este valor se necesita la capacidad de pedirnos a nosotros mismos”

La disciplina desarrolla la tolerancia a la frustración

Frustración es el sentimiento de impotencia, desilusión, decepción, tristeza e ira que se origina cuando queremos y no podemos, cuando lo queremos YA y tenemos que esperar, cuando queremos que la realidad sea verde y sabor chocolate pero es rojo y sabor vainilla.

La tolerancia a la frustración es la fuerza de carácter, la fortaleza interior que nos permite soportar y sobrevivir a las tormentas de la vida, lograr metas, soportar obstáculos, realizar sueños, ser productivos, independientes y capaces de resolver problemas. Una persona que no la tiene es dependiente, débil de carácter y no puede hacerse responsable ni de su propia vida. Quien no tiene tolerancia a la frustración sufre más, pues cuando la vida no es como la desea o no suceden las cosas como las espera, no puede soportarlo.

Esos hijos que no soportan un NO, un “tienes que esperar”, una realidad diferente de la que deseaban, es porque no tienen tolerancia a la frustración, y esto les afectará más allá de lo que imaginamos en todas las áreas de su vida. El hijo siempre está en su derecho de enojarse o frustrarse cuando no obtiene lo que quiere y sus sentimientos son muy respetables, pero esto no debe ser motivo para dejarnos manipular por esos sentimientos y las reacciones que generan.

Para realizar sueños por lo general se tienen que tocar muchas puertas, hasta que por fin una se abre; se tiene que pasar por estrecheces económicas, intentos fallidos, esfuerzos que parecen no dar resultado, sobreponerse a la desaprobación de quienes no creen en uno, esperar más tiempo del que quisiéramos, invertir dinero que a veces se pierde o tarda mucho en regresar, trabajar duro en la siembra, sin ver la cosecha y ser capaces de sobreponerse a todas esas cosas y seguir adelante.

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La Disciplina proporciona seguridad y confianza

Ejercer disciplina equivale a tener un compromiso con uno mismo y en el seno familiar constituye lineamientos y acuerdos que los padres  han de establecer cuando los niños son pequeños y negociar otro tanto  cuando ya son adolescentes.

Un hijo con reglas bien claras y consistentes se sentirá seguro, protegido y confiado; sabe dónde está parado, sabe que esperar, y esto le proporciona seguridad y confianza.

Un hijo con reglas inconsistentes o sin ellas es como un barquito en altamar, sin un timón: se sentirá inseguro, desprotegido y extraviado.

Por paradójico que parezca una persona que es capaz de reconocer y respetar reglas y observar una disciplina en la vida desde que es pequeño, será capaz de discernir de manera sabia cuando una regla debe ser obedecida y cuando estorba a su desarrollo o su bienestar y, por lo tanto no debe ser obedecida.

La Disciplina es un factor que incrementa la autoestima

La disciplina nos ayuda a desarrollar nuestros recursos internos, a volvernos responsables, seguros, fuertes y maduros, que son condiciones necesarias para ser exitosos  todas las áreas de la vida. El poder realizar sueños, el sabernos fuertes y capaces para hacernos cargo de nuestra propia vida, todo esto incide en el concepto de nosotros mismos y proporcionalmente en nuestra autoestima.

Un hijo mimado y sobre-protegido no tiene disciplina,  deja sus proyectos a medias, necesita que le resuelvan y faciliten todo, no se le permite correr riesgos ni enfrentar retos, así su concepto de si es pobre, limitado y  quizá desagradable.

la disciplina evita conflictos entre los miembros de la familia

Es importante que los padres establezcamos normas bien claras de acuerdo con nuestra realidad, costumbres, creencias, convicciones y la edad en que se encuentran nuestros hijos, tales como no se comen golosinas antes de los alimentos, cada uno se encarga de lavar los trastes un día por semana, los niños se van a dormir a tal hora, no se enciende la televisión hasta haber terminado la tarea, la hora de llegar del antro es tal.

Es bueno señalar que las normas se hacen necesarias cuando hay  situaciones de conflicto.

La disciplina nos previene de sentir culpa

Cada vez que un hijo se porta mal, reaccionamos según nuestro estado de ánimo, esto nos genera muchos sinsabores, por tanto hay que dejar claro que si existen reglas también hay una sanción para quien no cumple con ellas. Por ejemplo si no regresan del antro a la hora acordada, esto puede provocar una reacción exagerada de los padres poniendo un castigo enorme y quizá hasta absurdo como: “no vuelves a salir el resto de tu vida”,  cuando baje el coraje, esto desde luego les causará culpa, y además. De seguro no van a cumplir, perdiendo así toda credibilidad y autoridad ante sus hijos.

Así pues la disciplina trae muchas cosas buenas; y a fin  de cuentas, el esfuerzo y el tiempo que se invierte para establecerla es menor del que invertimos en gritar, batallar y lidiar día a día con nuestros hijos.

Resúmen del libro, Hijos tiranos o débiles dependientes Martha Alicia Chávez edit.Grijalbo México 2008 Cap.2 págs. 39-54